<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408</id><updated>2011-11-03T19:08:10.890-07:00</updated><category term='cuento'/><title type='text'>Conciencia en offside</title><subtitle type='html'>En búsqueda de lectores. En offside pero jugando...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>100</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8263272357499088330</id><published>2011-11-03T17:28:00.000-07:00</published><updated>2011-11-03T17:36:35.782-07:00</updated><title type='text'>El Centepost: el final (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"No digas nada, vete de aquí". &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un día de diciembre del 2007 el fruto de varias introspecciones insomnes se hizo realidad y emprendí en la blogósfera el atormentado camino de Conciencia en Offside. Lo hice con el propósito de que los textos que de vez en cuando me dignaba a escribir dejasen de apolillarse en los archivos de la computadora de mi familia, aquella máquina gigante que reposaba en el tercer piso de una casa que ya no existe. Hice público el acontecimiento mandando la dirección a todos mis contactos del Messenger, ese hoy obsoleto campo de batalla, y recibí con simpatía las respuestas de varios de ellos, llenas de felicitaciones y pedidos de que siga escribiendo. Eso hice. Aunque mi ejercicio de postear con religiosidad cada cierto tiempo fue inversamente proporcional a la frecuencia de aquellos halagos iniciales que marcaron un debut y despedida. Pero el blog siguió. Y siguió para beneplácito de mis verdaderos lectores: los incondicionales (amigos íntimos y familiares) y los que se fueron sumando sin necesidad del Messenger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi cuatro años después, ya alejado de aquella casa de mi familia, me encuentro escribiendo el post número 100 de la vieja conciencia, esa que me atormentará para siempre pero a la que prometo alejarla algún día de la embustera trampa del offside. En el camino el objetivo de “desapolillar” mis textos fue cumplido, llegando a posicionarme entre mi entorno, no como un escritor, pero sí como alguien que escribe. El blog me permitió ganar la batalla por un puesto en el trabajo que hoy me acoge, dejándome la certeza de que su existencia es la viñeta más importante de mi currículum. Y por el blog pude tentar algunos “freelos” que pararon mi escueta olla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo más significativo de la existencia de Conciencia en Offside radica en el hecho de que dándole vida me he convencido de mi estatus de escribidor. He aceptado la condena del que se siente incompleto sin la página en blanco al acecho. Y he decidido vivir como tal, con las penumbras e incertidumbres, con los halagos que no incrementan bolsillos, con el agudo guiño de la indiferencia, con esa maldita devoción por la tristeza que jamás le dará cobijo a la palabra satisfacción. De todo aquello se desprende la razón del por qué escribo, que bien podría ser el motor de mi sobrevivencia en un mundo que cada vez le deja menos espacio a los de mi calaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo escribo porque es la manera más sólida que he encontrado para comunicarme. La timidez, esa huella indeleble, me ha ganado casi todas las batallas, salvo las que sucumben con el punto final de un texto, que son mis favoritas. Ahí la timidez, esa diosa posesiva que me domina desde que tengo uso de razón, no puede conmigo. Escribiendo adopto personalidades que no afloran con mi voz. Transmito sentimientos impensados para mis gestos. Me muestro con la seguridad que mi postura no tolera ni dos minutos. Escribiendo, sobre todo, puedo sacar a flote un ser humano que me agrada, hecho que no ocurre ni con mi voz, ni con mis gestos, ni con mi postura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conciencia en Offside conserva todo lo que escribí en casi cuatro años. Se han quedado en el cajón algunos cuentos que no llegaron a buen puerto y, quiero creer, aún guardo en mi cerebro lo mejor de mi narrativa. Mi blog resume toda una etapa en la que empecé como el hijo mayor que se resistía a dejar su estatus de eterno estudiante en una familia que podía perdonarle sus estupideces. Y lo termino hoy, con el post número 100, siendo un orgulloso padre de una niña que perdona mis errores, y que es la única persona que ha sido capaz de desligarme de mis inmadureces, trasladándome a los dominios de esta sociedad impía. En el trayecto he visto cómo algunas cosas se han desmoronado. Los lujos, la comodidad, el relajo, el amor, mis sueños indecisos. Pero se han afianzado otras: el nuevo amor, las amistades verdaderas y el poder de la sangre, de la familia, el único vínculo eterno que dibuja mis sueños definitivos en la silueta de mi hija Inés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada es para siempre y considero que Conciencia en Offside, en un reconocimiento a la perseverancia y a la desfachatez, ha caminado lo suficiente. Ahora me toca trascender buscando otros medios que aún desconozco, tratando de seguir por el sendero que insinué con cada post, volviendo realidad las promesas tácitas; y en esa índole, el blog se estaba convirtiendo en una barrera. Bauticé así a mi página porque mi conciencia me decía que algo debía hacer con la escritura, que no debía escribir para fantasmas y que debía presentarme ante el mundo como alguien que necesitaba decir cosas, comunicar, susurrar, gritar cosas. El offside llegó porque siempre supe que tener un blog era tan sólo el punto de partida, que aquello no significaba ningún tipo de mérito ni de premio. Y que en lenguaje futbolístico, con mi blog yo andaría aún fuera de juego. Pero ya me cansé del juez de línea...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les agradezco a todas las personas que algún día le hicieron clic a esta página que se caracterizó por ese fondo negro tan enemigo de la vista. A los que alguna vez, pese a eso, gozaron con la lectura. A los que les pude robar una sonrisa, una carcajada, una lágrima, pues como diría uno de mis mejores amigos, si eso ocurre, escribir “será un premio más valioso que el dinero”. A los que anclaban en Conciencia y se decepcionaban con mis épocas de sequía. A los que no aguantaban y me reclamaban el abandono. Al que me leía en silencio. A la que me leía en silencio. Al que me dejó algún comentario. A los comentarios desconocidos. Al que me recomendó entre sus allegados. A la que me “marketeó” alguna vez. Al que se volvió mi seguidor. A la que me dejó de leer. A la que me leyó con amor. Al que me leía los viernes. A los que me leían desde lejos. A los que se merecieron una dedicatoria. A los que me agradecieron una dedicatoria. A los que partieron en este período y tuvieron un post de despedida. A los que vieron en mi blog un termómetro de mi estado de ánimo, que son los que más saben. Y al muchacho que se apoderó de mí estos años para darle eternidad a las frases que se amontonaban en mis pensamientos, y me llevó a aceptar por fin que me quiero y que me respeto. Y que me admiro. Nos volveremos a ver. &lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8263272357499088330?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8263272357499088330/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/11/el-centepost-el-final-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8263272357499088330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8263272357499088330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/11/el-centepost-el-final-y.html' title='El Centepost: el final (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2701794308792968815</id><published>2011-09-29T15:00:00.000-07:00</published><updated>2011-10-03T14:16:33.811-07:00</updated><title type='text'>Caligrafía (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Anduve de viaje hace unas semanas, y escribí estos textitos en mi cuaderno. Descubrí que no soy nada sin la computadora. Mi letra es exageradamente fea.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;I&lt;br /&gt;Arribar al aeropuerto; dejar el equipaje; esperar hora y media para ingresar a la puerta de embarque porque has llegado tempranísimo; recorrer con una mezcla de tranquilidad y vértigo todo lo recorrible; el vértigo te lleva a pensar en lo de siempre: los huevos (o la verdadera necesidad) que deben de tener los burriers, pues de sólo pensar en la posibilidad de cargar con medio troncho en los bolsillos te cagas (literalmente) de miedo; en la zona de embarque jugar a adivinar el destino de los que te rodean, inventándoles excéntricas historias, llegando a la conclusión de que estaría bueno que te asignen una compañía agradable en el asiento del costado; subir al avión, no sin antes sacar desde el fondo de tu ser ese espíritu religioso que ignoras en el día a día; comprobar que de todas las compañías posibles, la tuya es la peor: brazos anchos que te quitan espacio, dudoso higiene y vejiga inquieta, permiso; llegar al destino; hallar tu maleta mientras te dices que esta vez no tomarás uno de los taxis que se encuentra al acecho en el aeropuerto; por flojera y cansancio (has caminado mucho para salir del aeropuerto con un par de maletas en las que guardas exagerado equipaje), no regateas el precio al taxista de turno, apenas inferior al de la última vez; encontrar la forma de embarcarte a tu destino final, a cinco horas de distancia; soportar un camino que si tiene una recta, dura dos segundos; sentirte asorochado, cansado y malhumorado; encontrar a tu contacto; instalarte en un hotel; hacer zapping hasta descubrir en qué canal está Fox Sports, memorizar el número y que te sirva de punto de anclaje en esa actividad absurda (y adictiva) de apretar botones sin ver nada y viendo todo; tomar una ducha que mengüe tu cansancio y tu hediondez; notar que el agua caliente no funciona; llamar a recepción; esperar cinco minutos con el agua corriendo; cambiarte; salir; empezar a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;He pedido una crema de tomate como entrada. La última vez que ingerí una fue también en Cusco. No recuerdo en qué local pero con seguridad no fue en este, que debe ser de lo peorcito en esta ciudad gastronómicamente cada vez más amiga del turismo. Necesito gastar 15 soles y aquí el menú, que incluye si lo deseas una lasagna, cuesta así. La última vez mi crema llevaba queso parmesano en abundancia, derritiéndose con arte en el sombrero del plato hondo. No me han traído queso esta vez, y me digo a mí mismo que se lo pediré al mozo, un muchacho muy delgado con rasgos andinos que por cuestiones que atribuyo a la nacionalidad del propietario del local (a quien imagino panzón y renegón) se dirige hacia mí con acento argentino. Tarda mucho el mozo. Soy el único comensal del restaurante, así que intuyo que no volverá hasta que haya acabado con mi deliciosa, aunque carente de queso, crema de tomate. No me equivoco, y desde lejos lo escucho hablar (con su acento original) con el cocinero, y de vez en cuando se oyen carcajadas. No recuerdo en cuál de mis viajes a Cusco fue la última vez que consumí la crema de tomate. Tengo dos posibilidades en la cabeza, y la más nítida me traslada a un amigo que no veo hace tiempo. Sólo sé con certeza que fue aquí, y que pese a que me maravilló el plato, no lo volví a probar, se quedó náufrago en el escueto mar de mis antojos. Sé que la próxima vez que lo pida será también en Cusco. Y que como aquella vez de mis recuerdos y como hoy, no le dejaré propina al mozo. Así me venga atiborrada de queso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;Yo no podría vivir en la sierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;He viajado mucho por el Perú últimamente. Es una de las bondades de mi trabajo. Un acto que me genera ansiedad y molestias pero que siempre desemboca en placer. Lo hago sin compañía, como hoy que le doy una pausa a mi caminata y me ubico en las escaleras de la Catedral del Cusco. Siempre me he llevado bien conmigo mismo. Estar solo no me mortifica, todo lo contrario. Me doy cuenta, mientras observo de reojo a la gente pasar por la cosmopolita Plaza cusqueña, que estos viajes solitarios son la única posibilidad de confrontarme que poseo actualmente, el único espacio en el que puedo hacer una pausa y meditar en qué va mi vida. Lima se ha vuelto un vértigo para mí. Y tengo motivos suficientes para someterme a eso. Ahora pienso en el pasado. Mis ojos captan la panorámica de un ambiente multicolor y el aire frío y seco hace que me sienta tan extranjero como el par de gringos que me acaban de regalar una sonrisa. Debo sonreír yo también. Entonces recuerdo a la Lima sin el vértigo y retornan el letargo aplastante, el desinterés por los días soleados, la depresión graficada en un cuarto oscuro y pequeño desde donde decidí una noche empezar a morir. Y de pronto, vuelve el vértigo. Y aparece un gustito asolapado por el pudor que me indica que el vértigo es triunfo. Y me digo a mí mismo que si algo debí hacer mientras deambulaba por mi ex Lima fue alejarme. Viajar como lo estoy haciendo ahora hubiese significado un respiro más que necesario. Eran épocas en las que estar conmigo mismo no fue tan grato. Y de haber aterrizado tal vez en Cusco, como hoy, ese hombrecillo abatido y yo nos hubiésemos reconciliado. Quizás así estaríamos más preparados para afrontar el vértigo actual, y ya no necesitaríamos marcharnos lejos para recordar que coexistimos, y que somos lo más importante, y que pese a las tempestades y a la presencia sigilosa de ese cuarto oscuro, nos soportamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&lt;br /&gt;Tengo hambre. Estoy en Abancay. Acabo de llegar luego de un viaje interminable. Son casi las cinco de la tarde y tengo en el estómago un mísero paquete de galletas que me entregaron en el avión que me trasladó al Cusco, para luego subirme a una combi y a un taxi para llegar a mi destino. Abancay está lleno de pollerías y de chifas, como todo el Perú. Pero yo quiero una pizza. En mi último viaje, en Sicuani, una ciudad cusqueña, encontré una pizzería extraordinaria en donde almorcé y cené los tres días que permanecí ahí. Llegué a la conclusión de que el hecho de que exista una buena pizzería levanta las bondades de una ciudad de manera automática y eterna. Sicuani y su frío y su melancolía y sus noches solitarias serán para mí siempre una pizza artesanal con la música de fondo de un disco en portugués repitiéndose y repitiéndose. Me han comentado que hay una buena pizzería aquí en Abancay. Se llama “Adriana”, y según una señora que conocí en el camino, ahí preparan “la mejor pizza del mundo”. La señora también me dijo que Abancay era precioso, y a juzgar por lo que veo, aquello de la pizza bien puede ser una vil mentira. Llego hacia “Adriana”. El restaurante está cerrado. Nunca sabré si la pizza que hacen ahí es la mejor del mundo (ahorita mi estómago sólo me dice que la mejor está en Sicuani). Comeré medio pollo a la brasa. Y Abancay pasará por la película de mi vida viajera sin pena ni gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;Quisiera que estuvieras aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VII&lt;br /&gt;Una vez lloré de frío. Fue en Espinar, una ciudad en el Cusco más autóctono a la que llegué para cubrir un evento de deporte de aventura. Dentro de las actividades estaba programada una fiesta al aire libre entre los cerros de una zona denominada “Tres cañones”, que fungiría luego como “cancha” para los deportes extremos. Andaba con un abrigo suficiente como para contrarrestar la garúa en Lima, pero en la noche de Espinar me estaba congelando. No cesaba de moverme en búsqueda de calor. Extrañé la presencia de una mujer. Estaba dispuesto a abrazar a cualquiera. Llegó un punto en que la desesperación se apoderó de mí, y por primera vez sentí empatía por esa gente que literalmente se muere de frío. Era un viaje numeroso. Había varios periodistas y un grueso grupo de turistas extranjeros, pero yo me sentí más solo que nunca. Hasta que divisé a lo lejos una fogata. Llegué a un paso del desmayo y santo remedio. Poco a poco el fuego fue calmando mi cuerpo. En este viaje he ido hacia una zona alta en Ayacucho a entrevistar a unos beneficiarios de la ONG en la que trabajo. El frío que deben soportar por las noches es verdaderamente inhumano. Llegué de día y en un momento el clima empezó a tornarse gélido. ¿Qué pasa?, me dijeron, ¿tienes frío? No, les respondí. Y me juré jamás volver a llorar de frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIII&lt;br /&gt;Una vez más, pasaré la noche en el Cusco. La última vez me dediqué a deambular por la ciudad hasta cansarme y terminé en un local a punta de chilcanos, música electrónica y conversaciones con un barman. Hoy me he cruzado con un par de amigos con los que he quedado en encontrarme luego, por lo que mi noche no será tan solitaria. Igual, sé que la acabaré con ganas de más. Subiré a un avión mañana y Cusco habrá sido nuevamente un bonito paréntesis de mi jornada laboral. Hasta que vuelva inmerso en un viaje de placer, será siempre mi paréntesis favorito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IX&lt;br /&gt;En el romance pactado por la escritura, el cuaderno es el escenario propicio; pero la tinta la novia que siempre amenaza con dejarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X&lt;br /&gt;En Lima, qué bien. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2701794308792968815?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2701794308792968815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/09/caligrafia-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2701794308792968815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2701794308792968815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/09/caligrafia-y.html' title='Caligrafía (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8145000881058854230</id><published>2011-09-02T09:20:00.000-07:00</published><updated>2011-09-02T09:21:42.626-07:00</updated><title type='text'>Tus pasos: mi orgullo (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Muchacha "Pequeños pies" no corras más; tu tiempo es hoy"&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace un par de semanas la siempre difícil liturgia de dejar a Inés en su casa tuvo un matiz de triunfo. Me abrió su mamá, y antes de entregarla a sus brazos, la coloqué en el piso en posición erguida y le solté las manos. Inés recorrió los cuatro pasos que nos distanciaban y llegó a la meta, disfrazada de un abrazo y gritos de emoción. La escena me sirvió para cerciorarme de lo que había sospechado minutos antes: yo le había enseñado a caminar a mi hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O bueno, conmigo había dado por fin los primeros pasos en autonomía. Inés desde hacía varios meses andaba a ritmo veloz cuando se sentía protegida por las manos de cualquiera. Pero en un período que tuvo altas y bajas, no se decidía a soltarse. Empezó con mucha viada dejando en el resto la esperanza de que sería una de esas niñas de las que se dice “aprendió antes del año a caminar”. Pero en un impulso que tuvo mucho que ver con el miedo o el pueril sentido del peligro, había decidido quedarse quieta, retrocediendo en lo aprendido, dejando sus dotes de superdotada como un paréntesis en su aún breve historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esa noche de hace un par de semanas, mientras estaba en mi casa, aquel departamento resbaladizo encallado en la barranquina calle Junín que de vez en cuando le sirve a Inés para dormir con su padre y para poner de vuelta y media absolutamente todos los objetos que estén a su alcance, había caminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento Inés ha dejado de ser una bebé. Ahora es una niña de 15 meses que se desenvuelve por diversas zonas sin requerir apoyo. Ahora es una persona que puede decidir hacia qué punto desplazarse, hacia qué brazos anclar; en qué espacio jugar, en qué espacio descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida también ha cambiado desde que Inés camina. Fuera de gozar de la dosis de quietud que anhelaba mientras me hacía añicos la espalda por servirle de andador, ahora debo estar mucho más alerta, pues en cualquier momento se puede caer, en cualquier momento se puede dar un mal golpe, en cualquier momento me puede sorprender husmeando por los enchufes o metiéndose sin que lo note cualquier objeto a la boca. La responsabilidad ha aumentado ahora que es más libre. Es la ley del padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto va a llegar el día en que me anuncie con su vocecita ronca que se irá a la tienda a comprar, y aunque me retuerza de miedo, tendré que dejarla salir. Por el momento es un ser encantadoramente pequeño que entiende absolutamente todo, incluso la manera en la que puede enfadarme y cómo lograr que sucumba a sus órdenes. También la forma en que me derrite de amor, con esos gestos y muecas que cada día comunican más. Por el momento es un ser que camina libre pero sabiendo que aún tiene a alguien que la protegerá hasta del viento, sabiendo que todavía forma parte de mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se manda a decir “papá”, pero cuando le preguntan por mí, me lanza sus ojos profundos y le dice a su receptor: “ahí-taaaa”. Ya aprenderá a hablar, y como en toda gran historia, muchos querrán sumarse al reparto y adjudicarse méritos del tipo “yo le enseñé eso” o “conmigo fue la primera vez que hizo lo otro”. Por eso me adelanto al mundo y digo que fue conmigo que aprendió a caminar. Que yo fui su primer testigo en esa difícil prueba con su destino. Y que al hacerlo, aún con mis tropiezos y mi desordenada manera de educarla, aún con mi inmadurez y mi aprehensión a la irresponsabilidad, me regaló ese sentimiento que es más sincero cuando es potestad de los padres, y que me lleva a afirmar que me siento orgulloso de mi hija.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8145000881058854230?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8145000881058854230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/09/tus-pasos-mi-orgullo-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8145000881058854230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8145000881058854230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/09/tus-pasos-mi-orgullo-y.html' title='Tus pasos: mi orgullo (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5528702131987232906</id><published>2011-07-25T10:20:00.000-07:00</published><updated>2011-09-30T13:11:10.086-07:00</updated><title type='text'>Amor exagerado (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"Hoy es hoy; ayer fue hoy ayer".&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi amigo Haruki Murakami, haciéndole compañía a mi pánico en un vuelo Lima – Cusco, me contó que en algún período de la antigua Grecia se tenía la creencia de que los seres humanos podían ser de tres maneras: hombre-hombre, hombre-mujer o mujer-mujer; y que los dioses, en un inexplicable arranque de furia (a los dioses no se les puede reclamar nada, me dijo) los habían cortado de un sablazo por el medio, condenando desde entonces a todos a buscar a su otra mitad alrededor del mundo. Murakami utilizó la anécdota para hacerle entender a uno de sus personajes que su actitud de estar en constante paz con él mismo no le sería eterna, y a mí me hizo pensar en Vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que desde hace unos seis meses se me hace inevitable evocarla, tanto en momentos profundos como en los banales, tanto en las noches que me regala su indispensable compañía como en los días que la siento lejana, y me convenzo una vez más de mi posición de enamorado, y le agradezco la posibilidad de impregnarle a mi vida la V mayúscula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mensaje de Murakami iba a la imposibilidad del ser humano de afrontar su existencia en soledad, y mientras me decía a mí mismo que en este mundo hay de todo y para todos, le daba gran parte de la razón. Yo anduve soltero algo más de cuatro meses (poco tiempo teniendo en cuenta mis antecedentes) y jamás me tembló el labio para decir que lo que yo buscaba en el fondo del desenfreno y los gritos de libertad era dejar de serlo. Pero el hecho de que haya ocurrido tan pronto se debió en un 100% a la (re)aparición de Vida en mi vida. Si no era ella no era otra, de eso estoy seguro. Con ella todo fluye, con ella todo es más sencillo, más promisorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vida a veces me mira con sus ojos de caramelo y sus pupilas me dicen que todavía no se convence del amor que le profeso. Lo hace como si no se sintiese merecedora de una relación reposada, ajena a lo que le fue enseñando el destino y sin espacios para la actitud que había decidido adoptar para el futuro tras largas jornadas de introspecciones. Al minuto la convenzo y la reconquisto, y me retribuye el afecto de una forma desconocida para mi alma, como si fuese yo el verdadero salvador y no ella la que por fortuna fue capaz de encontrar mis pedazos regados en alguna calle de Barranco y de reconstruir una mejor versión de mi persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vida tiene el escudo más terco que el mío, pero de corazón somos muy parecidos. Por eso nuestras reservadas cursilerías encajan perfecto, aunque las mías son recibidas con pequeñas dosis de ficción. No me cree cuando le digo que los sentimientos que me llevaron a acercármele una noche con aromas a nuevo año datan del pasado, y mucho menos cuando le juro que fue ella la primera mujer que me condenó al insomnio, en épocas en las que el actual milenio recién amenazaba con posicionarse en la mente de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo recuerdo perfecto la noche que no pude dormir pensando en ella. Vida era una amiga muy cercana de mi hermana en el ocaso de la infancia, cuando los besos, los romances y los problemas se resolvían (o se anhelaban) en cuchicheos de madrugada y cartitas adornadas con stickers y huachaferías. Y había pasado casi todo el verano en mi casa de San Bartolo. Era linda y entretenida, era tierna y “mosquísima”, combinaciones que poco a poco me llevaron a pensar en ella más allá de los panes con mantequilla que compartíamos en las sobremesas de mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero recién un par de años después fue “legal” involucrarme con las amigas de mi hermana. En los tiempos de Vida pensar en eso era casi un delito. De hacerlo, o siquiera de intentarlo, la diferencia de edad (de 17 a 14) me depositaría en un indeseable estado entre el “roba cunas” y la pedofilia. Por eso me carcomía el cerebro y luchaba contra mí mismo por alejar los sentimientos que se generaban cuando la tenía cerca. Todo acabó con esa noche de insomnio. Al día siguiente la volví a ver. Volvió junto a mi familia a San Bartolo a seguir volando, y amparado en la obligada resignación, le dije adiós sin que se enterase jamás de mi saludo. Nunca comenté lo que me pasaba con nadie, y decidí empezar a quererla como se quiere a una prima, o a un familiar cercano. Pese a que para ella, que se hacía mujer sin que nos diéramos cuenta, siempre fui pan con mantequilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años pasaron, y al fin y al cabo yo también era un niño que empezaba a hacerse hombre, y me enamoré de otra quizás al día siguiente, y luego otra se enamoró de mí, y una distinta me volvió a quitar el sueño, y apareció por fin la que me dijo que sí. De Vida cada vez supe menos, pero con el ojo del cariño, estuve pendiente de sus movimientos lo más que pude, hasta que se convirtió en alguien que me podía cruzar por la calle y por esas cosas del destino, quizás ni saludar con las cejas. Su vida entró en una vorágine intensa, con la energía de una banda sonora sostenida por fuertes platillos de batería, y yo fui la voz cantante de un dueto que acostumbró al público a los grandes éxitos, pero que internamente fue pasando de moda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero como diría uno de mis mejores amigos, “no vale la pena hablar de aquellos años pasados”. En todo caso, el único pasado que vale es el que nos incumbe sólo a los dos, con esas primeras aproximaciones en nuestros días de enero, cuando a Vida la luz de la desconfianza no le permitía dejarse abrazar del todo, y yo me empecinaba en enamorarla sin contar con que en el ínterin me estaba enamorando yo. Ahora el presente nos acoge cada vez más íntimos. Con muchas cosas aún por aprender, por supuesto, pero con el deseo de hacerlo juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy muy feliz con ella, exageradamente feliz. Con el tiempo Vida ha multiplicado los atributos que me llevaron a quererla hace años de años, y que son precisos para volverme loco: linda y entretenida, tierna y “mosquísima”; inocente y madura, libre y pese a eso, mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que llevamos poco tiempo de novios, que aún son prematuras las sentencias, y que tanto ella como yo tenemos la histórica predisposición de entregarnos por completo a nuestras parejas, y eso es gasolina infalible para el motor de nuestra unión. También es verdad que conocemos aspectos duros e inevitables de los romances, como el fracaso, las peleas y la llegada de la rutina, esa diosa agridulce. Pero Vida me ofrece con su compañía el alejamiento del temor, el deseo de ponerme una vez más la camiseta y de salir a jugar el partido con la confianza de que lo haré (lo haremos) de la mejor manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustan cada una de sus sonrisas, llevándose el premio las que aparecen cuando se enternece, arrugando su pequeña nariz. Me gustan sus carcajadas cuando festeja mis ocurrencias o encuentra por el camino algo gracioso, contagiándome de su jocosidad. Me gusta cuando me habla de cosas serias y se entusiasma con su monólogo veloz, y hace una pausa para tomar aire y sigue y sigue. Me gusta la humildad con la que me da la razón cuando la tengo y la sinceridad con la que pide perdón si es debido. Me gusta su gesto de viejita cuando está concentrada y la exagerada manera en que la chicha le dibuja las comisuras de los labios. Me gusta dormir con ella así sea en su camita chiquitita. Me gusta despertar con ella y que al despedirnos me diga que me va a extrañar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vida a veces sucumbe a los golpes de la vida en minúscula, y sus ojos de caramelo dejan de brillar. Yo me conmuevo y me frustro por no poder resolverle los problemas, por no poder devolverle la encantadora manera que tiene de ayudarme a sobrellevar los míos. Pero he aprendido que cada persona es distinta, que cada relación es distinta, que todo, inclusive (y sobre todo) el amor y la confianza, tienen sus propios procesos, y llegará el día en que le pueda retribuir esos “favores”. Ella está acostumbrada a ganar la batalla sola, a surcar con un ingenio digno de admiración las trabas que aparecen en su camino. Y por el momento mi presencia actúa como su principal motivación para sacar a flote todo su talento, y eso es suficiente. Por eso cuando la luz retorna a sus ojos yo sonrío. Y mi vida vuelve a empezar con mayúscula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya nunca más seré pan con mantequilla para Vida. Ahora soy el hombre al que le pregunta dónde estuvo todo este tiempo, y en el que cada día confía más. Ella sigue siendo la niña hermosa de siempre, convertida en la mujer que contemplo de madrugada, en el pasaporte perfecto para reconciliarme con el mundo de las relaciones de pareja. Porque estoy seguro, los de mi calaña fueron los que más la sufrieron con el sablazo de los dioses mencionado por mi amigo Murakami, y a su lado me siento en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vida me dice a menudo que soy un exagerado, tanto por mis achaques de hipocondríaco empedernido que ha aprendido a manejar rapidísimo, como con mis reacciones, atiborradas de perdones, cada vez que mis torpezas me llevan a meterle un pisotón o a golpearla ligeramente al pasar. Es que cuando Vida se alejó de mi mundo, una indescifrable tarde entre finales de los noventas e inicios del dos mil, deseé con todas mis fuerzas que sea feliz, que no sufra más de la cuenta, que no aparezca nunca el bichito del dolor por su camino. Y ahora que depende de mí colaborar en aquello con amor, exageraré y exageraré. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5528702131987232906?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5528702131987232906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/amor-exagerado-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5528702131987232906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5528702131987232906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/amor-exagerado-y.html' title='Amor exagerado (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-3817071926586561531</id><published>2011-07-14T20:36:00.001-07:00</published><updated>2011-07-14T20:38:23.174-07:00</updated><title type='text'>En reemplazo de las flores (Y)</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Parece que fue ayer cuando se fue al barrio que hay detrás de las estrellas"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Alguna vez, en uno de los pocos cursos que llevé en la universidad  que en verdad me sirvieron para algo, me encomendaron elaborar una  crónica sobre la locura. En búsqueda de un personaje acorde al tema  recurrí a mi tío-abuelo Gerardo Vargas Herrera, más conocido como “El  tío Pavo”, apelativo que obedecía a su piel colorada cuando joven, y no a  su manera de ser, pues parte de lo que el Pavo no supo en su vida fue  ser pavo, lorna o cojudo. Acudí a él porque era el único hombre que  conocía que bien podía ser catalogado como loco. Y no me equivoqué. La  crónica obtuvo buenas críticas de mi profesora de entonces, reconocida  por destrozar las ilusiones de los incipientes redactores, y se enganchó  tanto con el personaje que meses después me la pidió porque la quería  utilizar en una recopilación de buenas historias de sus alumnos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;En  aquel encuentro con el Pavo tuve dos certezas: la primera, que  efectivamente estaba loco; y la segunda fue que jamás lo volvería a ver.  Y así ocurrió. Aquella tarde del 2004, acomodado junto a mi padre, mi  hermano y mi tío-abuelo en la mítica casa de la calle Amazonas en  Magdalena, en donde pasé alucinado por la criollada, el amor y los  curiosos objetos gran parte de mi infancia, me despedí del Pavo para  siempre. Lo hice prometiéndole una nueva visita pronto y sintiendo  lástima por un personaje marginal, complicado, amargado, encantador y  solitario.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Me he enterado hace unos minutos de su muerte,  acontecida hace siete días. Y ha sido tal como lo imaginé, un día se  cansaría de la soledad y le diría adiós a este mundo, no estaríamos en  su entierro pues desde el asilo en el que a duras penas sobreviviría no  tendrían registro nuestro, y yo no derramaría ninguna lágrima.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;La  indiferencia que tuvimos con él nos va a pesar toda la vida. Al fin y  al cabo fue un hombre que llevaba nuestra sangre, que alguna vez supo  cuidar a mi padre y a sus hermanos (sus sobrinos), que paseaba por su  barrio largas horas a mi hermana bautizándola orgulloso como “la reina  de Magdalena”, que nos hizo carcajear con sus ocurrencias y sufrir con  sus recaídas en el alcoholismo y la drogadicción. Pero parte de culpa de  ese voluntario alejamiento la tuvo él. Sin querer, pues la suerte no le  sonrió jamás, y no llegó entre otras cosas a casarse ni a tener hijos  que velen con todas las de la ley por su bienestar; y queriendo, pues  colaboró con decepciones en la faceta impuesta de seguirle los pasos  hasta el punto de cansar a todos, y tuvo la osadía de hacerle la vida  imposible a su hermana Alicia, mi abuela, y los Reaño tenemos la  consigna de que el que se atreve a meterse siquiera un poquito con ella  muere para nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;El Pavo fue la oveja negra de mi  familia, un ejemplo a no seguir. Lo invocaban conmigo cuando recién  empezaba mi relación con el alcohol, y me decían: “cuidado, tú tienes en  los genes ese vicio”. Y todas las últimas y esporádicas noticias que  teníamos sobre él eran negativas: volvió a tomar, insultó a mi tío, ha  hecho de la casa de Amazonas un muladar. Pero el cartel de “héroe” que  toma un hombre al morirse es inevitable, incluso en él, que toda la vida  nadó en el mar de la derrota. Hoy lo quiero evocar con felicidad, como  el personaje que conservaba en el cuarto más desordenado que veré en el  mundo cada uno de los regalos que le hacíamos por Navidad (el  pendenciero guardaba hasta las envolturas, no sé si los vendería después  pero jamás lo veíamos con las prendas, relojes o, mucho menos, perfumes  que le obsequiábamos). El amigo que “hacía la juerga” con sus  ocurrencias y cuya colaboración en la “chancha” para el trago fue  siempre ir a comprarlo a la bodega. El chacotero que patentó en mi  memoria frases como “salud por ellas… las botellas”, o “mujer que no  jode es hombre”, o su famosa “si lo ves lo saludas”, utilizada al  despedirse de cualquiera sin referirse a nadie en particular.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Mi  viejo me cuenta que cuando murió su padre, esposo de la hermana del  Pavo, este se lamentaba metiéndose cabezazos contra la pared diciendo  “¡por qué no me morí yo conche su madre!”. Confieso que años de años yo  me hice la misma pregunta, por qué se tuvo que morir mi abuelo cuando mi  papá tenía 13 años, por qué crecí con su ausencia y con las huellas del  dolor, y en su “reemplazo” me quedé con un personaje como mi  tío-abuelo. La respuesta la obtuve la última vez que lo vi, en aquella  visita “convenida” en búsqueda de material para mi crónica. Lo vi  genuinamente feliz por nuestra presencia, en un ambiente tristemente  conmovedor que incluía botellas de plástico llenas de agua regadas por  la casa que le servían para calmar su sed sin trasladarse mucho, pues  tenía la pierna destrozada. Al despedirme de él sentí que lo quería, que  lo aceptaba tal como era, y con la conclusión de que no lo volvería a  ver jamás, aprendí que el amor puede ser genuino y espontáneo, pero  también se construye. Y ahí fallaste, Pavito.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Descansa en  paz, querido Gerardo. Gracias por las mil anécdotas, en unos días las  seguiré recordando y me seguirás arrancando emociones hasta que tu  huella se extinga, como tu presencia fugaz pero imprescindible para mi  camino. Perdón por la indiferencia, pero gracias por enseñarme con tu  vida la antítesis de lo que quiero ser. Te debo la continuación de la  crónica, que será el punto de partida para algo importante que anhelo  escribir. Y disfruta eternamente. El cielo para mí es una continuación  sin fin de lo que más nos gustó hacer en la tierra, así que dedícate a  chupar con licencia de los mejores whiskies (aunque conociéndote  escogerás el ron más barato), terquéale a Dios hasta las certezas más  avaladas, pásale la voz golpeándolo fuerte con los dedos para que te  escuche (tu marca registrada) y de cansancio, harás que te dé la razón. Y  a cambio de las flores ausentes de tu entierro, acepta como regalo mis  palabras, para que las conserves, con envoltura y todo, por los siglos  de los siglos. ¡Ah!, y “si lo ves lo saludas”.        &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-3817071926586561531?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/3817071926586561531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/en-reemplazo-de-las-flores-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/3817071926586561531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/3817071926586561531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/en-reemplazo-de-las-flores-y.html' title='En reemplazo de las flores (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5210923271099672820</id><published>2011-07-06T08:41:00.000-07:00</published><updated>2011-07-06T08:45:46.340-07:00</updated><title type='text'>El valor del "Mago" (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Todos los peruanos (también) somos DTs&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una frase cada vez más sustentada en el fútbol dice más o menos que “la mayor virtud de un entrenador no es hacer jugar bien a los buenos, sino hacer que los no tan buenos, rindan”. Eso es evidente sobre todo a nivel de selecciones, donde la tarea del DT escapa al día a día, y se resume en pocas horas de trabajo, algunas charlas técnicas, muchísimos videos y una constante (y obsesiva) observación del universo de jugadores que tiene para elegir. En un país como el nuestro, que el universo se resume a seis o siete elementos, ¿alguno tenía a Cruzado, Balbín, Advíncula, Yotún o Guevara cuando elegíamos nuestro once para seguir en esa vieja faena de ilusión-decepción?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada de Markarían a la Videna nos ha devuelto (por fin) a un entrenador. Hartos de los incompetentes como Del Solar; los improvisados como Ternero, Cardama o Navarro; los “verseros” como Uribe y Maturana; hemos hallado en don Sergio la mixtura entre Autuori y Oblitas, es decir, entre el estratega reconocido y el motivador paternalista que todos los peruanos (de toda índole) parecemos necesitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es un loco Markarían, y algo debe haber rescatado aún sin aterrizar en el Jorge Chávez mientras observaba a la Selección naufragar en un océano que nos trasladó con absoluta justicia al último lugar de Sudamérica. Porque ha decidido sobrellevar a nuestras estrellas (y sus poses) sin excederles la responsabilidad; ha rescatado jugadores que estaban para el retiro (como Cruzado) y le ha dado espacio a otros cuya carrera oscilaba entre la mediocridad y el olvido (como Guevara y Carlitos Lobatón). Venir a dirigir al Perú después de Chemo le suscitaba dos alternativas al “Mago”: o la certeza de saber que peor no se podía trabajar, o la posibilidad de confiar en que el objetivo se podía cumplir. Ha elegido lo segundo. Y el objetivo, no hay que engañarse, no es clasificar al Mundial. El objetivo es competir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las frases más discutidas del “Mago” los últimos meses ha sido aquella de que “la Copa América es sólo un proceso para lo más importante, que son las Eliminatorias”. A los fanáticos (que amparados en sus buenos antecedentes y en el aura que transmite, confiamos a ciegas en nuestro DT) nos han dejado sus palabras un sabor agridulce. Nosotros, ilusos, queremos rendir como Brasil que pese a haber empatado con Venezuela ha mostrado el clarísimo mensaje de que si no sucede nada atípico, será el campeón; o le tiramos a nuestra bicolor la responsabilidad que tienen Uruguay, Paraguay o Chile de trascender. La Copa América debe ser el inicio del re-posicionamiento de Perú en Sudamérica. Nada más. Debe ser el punto de partida para formar un equipo que genere el mismo respeto de los otros ocho que competirán por cinco cupos para Brasil 2014. Estamos hartos de despedirnos de la competencia en la fecha cuatro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a mi entender, en esa línea, lo de ayer ha sido fantástico. No hay que olvidarnos quién fue nuestro rival, que en el mismo sendero que busca Perú con Markarián, ha obtenido en Tabárez el equilibrio para poder rendir de acuerdo a lo que dicen su pasado y su presente; porque hace poco luchaban con el cuchillo entre los dientes y su indiscutible garra por alcanzar los repechajes, y ahora tienen un equipo bien afinadito capaz de superar a cualquier selección del mundo (por algo son los cuartos del Mundial, y tienen a Forlán y a Suárez). Y Perú se le plantó con lo que tenía a su alcance: un once comprometido pero limitado, sin dos hombres importantes como Pizarro y Vargas (Juan Manuel está lesionado, es evidente) y sin nuestro elemento clave, que es Farfán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del partido y del resultado (o de los resultados que pudieron haber) podemos decir que dependimos en un 90% de Paolo Guerrero. Porque tuvo el segundo en una jugada cuando el partido agonizaba que a mi entender resolvió como debía, y si no hubiera estado en la cancha estaríamos hablando sin ningún tipo de dudas de una derrota. Qué capacidad para jugar, para aguantar la pelota, para pararla con una clase de otros tiempos, para tocarla siempre al pie, para tirar un lujo, para meterle la patada que todos soñamos con meterle al pesado de Lugano, para definir en el uno a cero como lo habría hecho un brasilero de los buenos. Si fuese más constante (y las lesiones no se hubiesen entrometido en su aceptable carrera) seguiría en el Bayern, o estaría en un equipo dentro del top 10 de Europa. Pero lo que nadie le discute es su amor por la blanquirroja. Ese temple que fuera del dinero y la fama que pueda poseer, lo lleva en la sangre, por provenir de una familia que adornó la sala de su primera vivienda con una foto de la Selección con él como “mascota”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ha sido un buen arranque, querido Perú. Se ha plasmado el trabajo. Se ha sentido la presencia del entrenador. Sabemos que faltan seis océanos para soñar con llegar al Mundial, y que aún falta mucho para salir siquiera del hoyo en el que nos metió Del Solar. Pero hemos dado el primer paso. A mantener la humildad y no engañarnos con aquello de que los mexicanos son chibolos, o que a Chile le vamos a ganar. A seguir dándole minutos a esos hombres “no tan buenos” que tenemos para que puedan rendir noventa minutos de manera aceptable (y no cometan estupideces como regalar la pelota a los 46’ para que nos vacunen de contragolpe); y a dejar a “los buenos” (a dejar a Paolo) que hagan lo que saben y tienen que hacer. Por ahora la ilusión está. No sé si tendremos Copa América, pero más allá de la fecha cuatro, Eliminatorias vamos a tener. Aún no tenemos equipo, pero tenemos DT. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5210923271099672820?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5210923271099672820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/el-valor-del-mago-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5210923271099672820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5210923271099672820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/07/el-valor-del-mago-y.html' title='El valor del &quot;Mago&quot; (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5250434699963356198</id><published>2011-06-22T16:13:00.000-07:00</published><updated>2011-06-22T16:15:04.741-07:00</updated><title type='text'>Réquiem por el "Churre"</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A mis primos Barriga, los aliancistas de mi generación.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo me ha bastado verlo en un par de jugadas para tener la certeza de que Paulo Hernán Hinostroza será mejor que su padre, el recordado “Churre”. A decir verdad, y con el perdón de los más románticos aliancistas, la meta no es muy alta. El “Churre” fue un empeñoso mediocampista que representó a punta de altibajos a una generación que cargó con varios años de frustraciones, y que se valió de otros más para poder salir de la maldición. Con un fútbol que oscilaba entre la intrascendencia más desesperante y la genialidad, entre disparos inofensivos y golazos como el cuarto en el inolvidable 6 a 3 a la U, Hinostroza se inmiscuyó casi sin pedirnos permiso en el imaginario de los aliancistas de mi generación, que cada fin de año anhelábamos un refuerzo capaz de reemplazarlo (que no llegó nunca) y que recordamos con amor sus lágrimas el día que festejamos en Matute el haber acabado con la sequía de 18 años sin vueltas olímpicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paulo Hernán tiene del padre sólo el apellido, porque hasta su rostro se asemeja más al de su tío Jhon. No tiene el andar impresentable del “Churre” (aquellos pasitos cortos que merecían robarle la chapa al Pato Quinteros) ni se le ocurre tirar una bicicleta en el medio campo para el deleite del aficionado poco conocedor. Tampoco simula una tragedia cuando a un rival se le pasa la mano (o el pie) en su afán por detenerlo. Paulo Hernán, a un paso de sacar DNI, tiene la concha del mejor Reimond Manco, la inteligencia para trasladarse por el medio sector del Ciurlizza de inicios de la década pasada, y la genialidad, graficada en ese hermoso taco que desembocó en el tercer gol de anoche contra Flamengo, que es patrimonio aliancista, le duela a quien le duela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hijo del “Churre” es la más grata sorpresa de este equipo de jóvenes muchachos dirigidos por nuestro querido Pepe Soto. No es el mejor, pues Hurtado ya es un jugador para la Selección adulta y Bazán es un crack, pero pese a su corta envergadura y su juventud, Paulo Hernán resulta el equilibrio entre una defensa lejos de ser sólida y el vértigo que le impregnan los de arriba cuando se enchufan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Copa Libertadores sub 20 nos ha regalado a los aliancistas un equipo acorde a lo que anhelamos siempre: con chicos de la casa sin las poses de los adultos, que destilan travesura y humildad, que juegan lindo a la pelota y que convierten las noches de La Victoria en una fiesta, demostrando, cuándo no, que somos la hinchada más fiel del país. Esto es fútbol y como todo clásico, el del jueves por la semifinal es de pronóstico reservado, pero queda la conclusión de que buenos jugadores tenemos, y de sobra. Y de no ser por el inefable que soportamos de Presidente, que con seguridad los vende a toditos pasado mañana, tendríamos la base para ilusionarnos con un gratísimo futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “Churre” Hinostroza no fue convocado jamás a la Selección en sus casi veinte años como futbolista profesional, en tiempos flojísimos de nuestro fútbol, y nunca tuvo las armas para hacer de eso una queja sustentada por la masa. Para hacer más trágica su existencia le trasladó el hechizo a su hermano Jhon, que a duras penas ha alcanzado, a los 30 años y luego de varias campañas sobresalientes en el Descentralizado, un micro ciclo de Markarían. Paulo Hernán le ha sumado a su prometedor talento un detalle importante para los cabalísticos: no usa la 15 que calzó su viejo. Lleva la 17 con la que debutó en Alianza su tío Jhon. Yo lo interpreto como una manera de despojarse de la maldición y a la vez de conmemorar sus raíces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá siga creciendo Paulo Hernán. Que le agregue músculos a su talento y que conserve esos lujos que nos aceleran el corazón. Que debute en Alianza y luego de un par de temporadas completas, pasee su fútbol en el extranjero, a diferencia de su viejo que hizo su vida en el club siendo capitán años de años. Y que mantenga el andar que ha insinuado a partir de que pisó la pelota por primera vez frente a nosotros, diciéndonos que desde ya es más jugador que el padre. Qué mejor homenaje de un hijo. La jugada más valiosa del “Churre” ha nacido una década después de su retiro de las canchas, y llega con un aviso hacia La Videna: que le vayan guardando sitio al apellido Hinostroza en la Selección. Ahí si quieres, Paulo Hernán, pide la 15.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5250434699963356198?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5250434699963356198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/06/requiem-por-el-churre.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5250434699963356198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5250434699963356198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/06/requiem-por-el-churre.html' title='Réquiem por el &quot;Churre&quot;'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4938852346870140008</id><published>2011-06-09T16:18:00.001-07:00</published><updated>2011-06-09T16:20:43.533-07:00</updated><title type='text'>Conclusiones de un knockout amazónico (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A Vidita, como quien empieza a pagar la deuda.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El verbo viajar, en su primera aproximación, aviva lo peor de mi ser. Me coloca cara a cara con mis más obstinados demonios, aquellos que tienen que ver con mi desidia y mi apego a la rutina, con mi temor a lo desconocido y mi mediocre afición por la aventura. Abandonar el cómodo sillón de mis días grises para embarcar hacia promisorios palacios tornasolados es algo que genera en mi anatomía más tedio que ilusión, más ganas de estacionarme que de pasarla bien. Rápidamente compruebo que he estado equivocado, y ya instalado en mi destino de turno, disfruto como cualquier hijo de vecino de la apacible posibilidad de respirar otros aires alejados de la responsabilidad del día a día. Pero en un inicio, siempre, siempre sufro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso no tuvo nada de raro que posponga mis citas con la clínica para vacunarme contra la fiebre amarilla y la hepatitis cuando me encomendaron un viaje laboral hacia Moyobamba, o que extienda mis quehaceres para así poder responder con un pendiente cuando me indicaban que debía comprar mi pasaje de una vez. Lo único que sabía de Moyobamba era su ubicación en la selva del Perú, y que en ese lugar, no hacía mucho tiempo, un miembro del staff de la ONG en la que trabajo había muerto con un diagnóstico que los médicos locales decidieron sellar como dengue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fecha ineludible llegó, asumida en mí con la misma desazón del que espera el último día para iniciar el trabajo final de un curso, y me embarqué al aeropuerto Jorge Chávez para pasar cuatro días en la selva como quien se va por un fin de semana a San Bartolo, con exactos y ligeros ropajes, con sólo un par de zapatillas y con aquello de la vacuna para la fiebre amarilla como asignatura pendiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rápidamente comprendí que uno no puede menospreciar a la selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a Tarapoto (desde donde tenía que embarcarme en un colectivo hacia Moyobamba) no sin antes comprar sobre la marcha en el aeropuerto de Lima un pomo de repelente que sería fundamental para sosegar los inminentes (ay, mi fatalidad) ataques del dengue, y comprobé por primera vez que estaba solo en un lugar inhóspito. A partir de ese momento los mototaxis, los mosquitos y el calor agobiante de la selva serían mis compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El knockout llegó en el primer asalto. Ya instalado en Moyobamba y luego de un reconocimiento de la zona, me di con la desagradable sorpresa de que mi maleta había sido ultrajada, y que para mi desdicha, me habían dejado cada uno de mis míseros ropajes a cambio de la ausencia del setenta por ciento de mis viáticos (que por una estupidez retiré del cajero íntegramente en Lima), la cámara de fotos y la grabadora que me habían proporcionado en la chamba, y una laptop prestada por mi novia, con ese adorable gesto de desprendimiento que tiene para conmigo. A la lona. Uno, dos, y hasta diez. KO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería que me enterrasen ahí mismo. O que me envíen por un tubo hacia Barranco para esconderme en mi casa de este mal sueño. Pero había que pelearse con el administrador del hotel (sospechoso principal del hurto), había que hacer la denuncia, había que confesar frente a mi chica, y lo peor, ¡había que trabajar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi regla eterna de ahuyentar los malestares una vez inmerso en el viaje se rompía por primera vez. Estaba desahuciado, y la única voz capaz de ofrecerme calma en ese momento andaba lamentándose porque el descuidado de su novio había extraviado acaso su pertenencia más preciada, alejándola para siempre de todos sus archivos, entre los que se encontraba la música que había bajado especialmente para mí cuando le deslicé la posibilidad de llevarme su laptop a un viaje de trabajo. Nunca antes me había sentido tan miserable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la selva tenía reservado algo más para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de las labores que me asignaron estaba la visita a una tecnología implementada por la ONG en una localidad llamada Shampuyacu, donde habitan los awajunes, esos hombrecillos amigos del café y el cacao que se comunican en una lengua peculiarmente tosca. Para llegar al destino (una captación y una represa capaz de llevar agua potable a toda una comunidad), había que realizar una caminata aparentemente sencilla, pues el núcleo del milagro tecnológico estaba en un pozo subterráneo, en la profundidad de un cerro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enrumbé a la travesía junto a dos awajunes vestidos como si salieran a dar un simple paseo (uno calzaba unos elegantes zapatos en punta y el otro caminaba en sandalias), así que no me preocupé por mi jean viejo y mis zapatillas con suela gastada. A los dos minutos de la caminata descubrí que me había equivocado de plano. El sendero era simple para un selvático, pero para un citadino como yo resultaba inhóspito por donde se lo mirase. Había que trepar entre cerros con pinta de no haber recibido huellas humanas jamás, húmedos por la lluvia y el rocío de las plantas, y de vez en cuando, había que saltar entre alejadas rocas para no caerse al río. En la primera prueba dificultosa mi par de zapatillas se enterraron en lodo, y en la segunda perdí el equilibrio y mi peso venció la rama que había fungido de soga en mis compañeros, y caí al río, mojándome para siempre el jean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un viajero eventual, pero algo he viajado. Y pese a no ser un montañista, varias caminatas he realizado en mis casi 30 años de existencia. Pero juro que como la que viví junto a los awajunes no hay otra. Ni por asomo. Poco a poco, mientras lamentaba mi suerte y hasta sospechaba que mis compinches me estaban trasladando a un terreno olvidado para matarme, me fui mimetizando con la amazonía, y logré surcar las demás dificultades: atravesar campos protegidos por alambres con púas, doblegar unos perros salvajes que hicieron chillar hasta a los awajunes, caer entre matorrales dominados por extraños insectos que devoraron mi cuello, trepar pendientes apoyado por un palo que en un mal movimiento casi me destroza la pierna, saltar entre rocas acrecentando una vieja y terca lesión que tengo en el muslo… todo eso a cambio de un sudor infinito y de diversos raspones cuando no picaduras de sutiles embajadores del dengue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al llegar a mi destino, y tras captar la felicitación de los awajunes, graficada en el alejamiento de las posturas desconfiadas con las que me recibieron, cambiando el tono burlesco de su lengua nativa por unas voces amables y dispuestas a resolver mis interrogantes, me sentí muy bien. Más aún al notar la importancia de la tecnología para ellos y su agradecimiento para con mi trabajo. Al menos me hicieron sentir, en el medio de la más auténtica selva, más útil que el grueso de mis contemporáneos que comentaban con poses y rabia sobre política a través de sus Blackberrys en Lima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino de regreso lo hice con mayor destreza (sin duda influyó mi decisión de mandar al baúl de los recuerdos a mi jean y a mis zapatillas), y aún con los golpes del knockout post robo, llegué a la conclusión de que había valido la pena la pelea. Por la noche decidí entrar a una cabina de Internet para sentir el hueco contacto de mis días grises, y por fortuna tenía un email de mi novia (ya sin su laptop, escrito tal vez desde otra cabina), que entre otras cosas me pedía que esté tranquilo, que a pesar de las malas noticias, me andaba extrañado. Yo le respondí contándole sobre mi travesía exagerando mis pesares. E impulsado por la fuerza de su apoyo incondicional, me dije a mí mismo que quería la revancha. Y que en mi próximo viaje, esta vez con los guantes bien puestos, le sacaría la concha de su madre a cualquiera. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4938852346870140008?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4938852346870140008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/06/conclusiones-de-un-knockout-amazonico-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4938852346870140008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4938852346870140008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/06/conclusiones-de-un-knockout-amazonico-y.html' title='Conclusiones de un knockout amazónico (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6066259886842502046</id><published>2011-05-24T15:09:00.000-07:00</published><updated>2011-05-24T15:16:26.947-07:00</updated><title type='text'>Amores perros (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Algún día supe de mascotas. Todo nació con la aproximación de Aika, la primera perra de los Reaño Barriga. Era un inquieto ejemplar de los Schnauzer, esos canes en miniatura poblados de pelos plomos. Nos cayó de regalo una tarde de 1996 (si mal no recuerdo) y creo que escenificó el triunfo de una familia que había pasado de vivir en un pequeño departamento a una casa de dos pisos, con jardincito en la entrada y patio trasero. Aika fue en teoría la perra de mi hermana Paloma, aunque ella desde el primer día le dio la espalda a su papel de “ama” (o “dueña”). Al primer amague de mordiscazo decidió cambiar de ilusión, y se dedicó a sus quehaceres de incipiente adolescente. En su lugar, como quien alcanza el regalo anhelado, Aika, traviesa e imparable, encontró en mi viejo a su primer y único amor. Durante años fue literalmente su “perra guardiana”. Ni bien el hombre se asomaba por la casa, a punta de gruñidos y mordiscos a ras del pie, lo “defendía” hasta del saludo de cualquiera. Pobre del que osaba con tocarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre le perdió la paciencia rapidísimo, y con mi hermano menor mantuvo una tormentosa relación repleta de celos, que alcanzó el ápice con una frase patentada para la historia de las sobremesas de la familia: (mi hermano –voz aún aguda y desatinada-) “papi, ¿a quién quieres más, a mí o a Aika?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conmigo primó siempre la indiferencia. Hice el intento alguna vez de encariñarme con su torpeza y su muy desagradable aroma pero más pudieron mis autoritarios encierros cada vez que se me ocurría patear la pelota en el patio o los gritos de “¡cállate!” cuando importunaba con sus aullidos. De todas maneras mentiría si dijese que no le agarré cariño. Pero fue un cariño que disminuyó con el pasar del tiempo. A punto de sentir por ella lo que sentía, no sé, por la mesa de noche en la que guardaba mis más oscuros secretos o el control remoto de la cochera que fungía de llave cuando aterrizaba juergueadazo los fines de semana de mi alargada dependencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace unas semanas mi hijita Inés me ha hecho pensar en Aika. No porque compare el vértigo de los primeros años de mi mascota con la actividad que manifiesta mi más preciado amor cuando está a mi cargo, que terminan por dejarme igual de exhausto, pero mucho menos malhumorado. He recordado a Aika porque Inesita, a un pasito de cumplir su primer año en el mundo, a un pasito de mandarse a caminar por sí misma, a un pasito de que ¡por fin! le florezcan los dientes, ha desarrollado un cariño inédito por los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por algo los llaman “el mejor amigo del hombre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inés es una criatura muy bien estimulada. Recibe amor a borbotones desde sus dos familias, que mueren y matan por ella. Va a cumplir un año recién y ya se ha dado cuenta de que puede variar de comportamiento según el área en la que se desenvuelve. En su “casa uno” (la de su mamá) es más dócil y obediente (aunque no llega nunca a ser una bebé fácil). En su “casa dos” (que son dos, la mía y la de mis padres) hace lo que le viene en gana. Es una batalla cambiarle el pañal, es un trabajo de Estado darle de comer. Ha captado que tiene en mi figura (y por ende en la de mis afectos) un pasaje a la tierna rebeldía. Porque no le puedo decir “no” a ninguno de sus caprichos. Porque cuando suelta esos llantitos improvisados con lágrimas de cocodrilo me dan ganas de regalarle hasta lo que no tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ese maravilloso accionar que es su descubrimiento del mundo, los perros representan su primer acto unipersonal. Nadie le ha enseñado figuras de perritos dibujados, nadie le ha impostado ladridos, nadie le ha regalado (adrede) un peluche canino. Además, no tiene en sus genes ninguna ilación con las mascotas. Pero ella se muere por los perros. Es un vacilón pasearla en su coche por el parque y notar su pequeña anatomía impaciente al cruzarse con un perro vecino. Se levanta del asiento, los quiere tocar, les “habla” de manera especial. A veces, cuando quiero llamar su atención, hago torpísimos “guau-guaus” y ella automáticamente sale en búsqueda del animal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era reacio a creer todo esto pero me convencí cuando en una de esas noches difíciles y apasionantes en las que estamos solos los dos le puse un video en la lap top de una canción equis, y apareció un perro en la trama: casi destroza la pantalla. El colmo ocurrió hace dos días (noche similar), me disponía a darle de comer y desde mi balcón se escuchó un ladrido. Sus gestos me llevaron a que la retire de su silla con cinturón y la llevé a tirar lente desde mi segundo piso. No encontramos al animal y ella, desconocedora aún del peligro, luchaba por desprenderse de mis brazos en una escena que me hizo pensar en Michael Jackson, y de purito vértigo, me la llevé, muy a su pesar. No se calmó hasta que tuve que abandonar la faena de sus alimentos y la saqué a la calle para toparnos con cuatro perros distintos que fueron colmando su sed de “domadora”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Inés es el anhelo de mi futuro y la frutilla de un presente que me sonríe. Pero también es la reconciliación con mi pasado, la rectificación de mis errores. Las impredecibles vueltas del destino han colocado a mi familia de nuevo en un departamento. La casa en la que fuimos felices muchos años forma parte de nuestros recuerdos más sinceros, y junto a ese gran espacio en el que me hice hombre, también se fue Aika, que murió acogida por la tristeza sin despedirse de mi papá. He decidido que, así no tenga jamás un patio trasero ni mucho menos un jardín, si Inés continúa con su fascinación por los perros me compraré uno (tal vez esta vez no será un Schnauzer). Y por ella y por las huellas de Aika en mi alma indiferente, juro que lo trataré muchísimo mejor. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6066259886842502046?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6066259886842502046/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/05/amores-perros-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6066259886842502046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6066259886842502046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/05/amores-perros-y.html' title='Amores perros (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4243307033388152452</id><published>2011-04-29T18:06:00.000-07:00</published><updated>2011-04-29T18:07:21.122-07:00</updated><title type='text'>Carreteras (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Buscándote sin saber dónde voy.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los encargos laborales habían concluido y mi compañero y yo tuvimos tiempo libre desde las cinco de la tarde. En lugar de quedarnos a deambular por la Plaza de Armas de Ayacucho, decidimos arribar a alguno de los destinos turísticos de la ciudad, y elegimos el más cercano: las ruinas de Wari, a poco más de media hora del terrapuerto de Cruz del Sur, desde donde acabábamos de comprar nuestros pasajes de regreso. Después de disfrutar con los monumentos arqueológicos y de conectar con la naturaleza en una recomendable caminata, llegó la hora de partir. Salimos a la carretera en búsqueda de un taxi, notando que en los primeros cinco minutos de nuestra misión no se había asomado vehículo alguno. Mal augurio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a pensar en las carreteras. Esos laberintos imprescindibles. Y recordé algunas anécdotas que los tuvieron de protagonistas. Aquí relato algunas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Yo no bailo solo:&lt;/strong&gt; volvió a mi cerebro un viaje realizado con mi familia a Huaraz, allá por el año 96, y la manera en que había tolerado los achaques de la altura sin necesidad de ningún medicamento. A la hora de retornar, un sentimiento de todopoderoso se apoderó de mi cerebro, y en el desayuno me empujé un mate de coca con tres panes con huevo frito. Viajaba junto a mis padres, mi hermana y una prima que había venido de paseo desde Los Ángeles. En otros carros, los demás miembros del clan Reaño nos hacían caravana. Ellas no cesaban de darle vueltas a un cassette de un dueto femenino que se hacía llamar “Ella baila sola”, y las constantes curvas me instaban a odiar sus voces chillonas cada vez más. De pronto mi estómago me indicó que debía pedirle a mi padre que estacione el auto, ahí, en pleno camino, porque estaba a punto de fabricar mi propia carretera para las hormigas del suelo serrano, que cual tsunami, padecerían ante unas olas gigantes con olor a huevo frito. Hasta hoy recuerdo las risas burlonas de mi prima y mi hermana. Y mi venganza al momento de recuperar el color en mi rostro de decirles que su “interpretación” a dúo había sido tan nauseabunda que no lo pude evitar. Y hasta hoy, cuando mi neurona musical le ordena a mi cerebro que debo cantar, aparece de vez en cuando la frase “de mayor quiero ser mujer florero”, de la canción más absurda de “Ella baila sola”. Y ese día no como huevo frito ni cagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cousin on the rocks (mushroom mountain):&lt;/strong&gt; éramos jóvenes y teníamos licencia para experimentar. Andábamos bien acompañados y con los estímulos de una vida sin ajetreos pre rupturas, migraciones, soledades y bolsillos flacos. Mi primo y yo, sin tener aún en claro que de aquel grupo de viajeros seríamos los únicos en patentar una relación hacia la eterna posteridad, nos sumamos a la iniciativa de alguno de ingerir unos champiñones a lo natural que nos despertaron absolutamente todas las neuronas de la felicidad. El escenario era perfecto: la laguna de Llanganuco y su exquisito frío y sus paisajes aledaños con espejos minerales y árboles sonrientes. A la hora del retorno, por un camino plenamente de trocha y una Station Wagon zigzagueante, dejé el disfrute colectivo para meterme de lleno en mis introspecciones, en ese entonces, un film por el que desfilaban todos mis afectos, hasta los lejanos, sazonados con el infalible insumo de la sonrisa, llegando a la conclusión de que comentaría mi aventura hasta con mis padres, y que recomendaría aquel platillo al natural a todo el mundo. Tiempo después, cuando la licencia estaba por caducar, volví a saborearlo, con la misma intensidad pero con resultados diametralmente opuestos. Ahora me alimento con champiñones muy de vez en cuando, pero los alejo de su naturaleza contaminándolos de una manera gastronómicamente correcta. Las carreteras de trocha sólo me generan dolores de cabeza. Y de las compañías de Llanganuco sé poco y nada. Eso sí, a mi primo, felizmente, lo sigo teniendo cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gargantas de lata y eternas:&lt;/strong&gt; la agencia de turismo que me regaló mi primera experiencia laboral pagada se empecinaba en mandarme a cubrir las más inertes comisiones, casi siempre acontecidas en algún lugar donde se celebraba la apertura de un nuevo destino de alguna aerolínea, el Workshop de algún hotel, el aniversario de cualquier empresa relacionada al turismo. Lo triste es que chambeaba de 9 de la mañana a seis de la tarde, y estas comisiones generalmente ocurrían a partir de las siete u ocho de la noche, por lo que me pasaba prácticamente el día entero trabajando (bueno, si podríamos llamar trabajo a tomar sin ganas un par de fotos y a devorar bocaditos con poco pudor). Pero un día la cosa pasó a mayores, y fue el primer indicio fuerte que me llevó a pensar que los 500 soles que cobraba cada fin de mes no tenían sentido: me mandaron de viaje a Lunahuaná todo un fin de semana, a cubrir un festival de deportes de aventura. Acudí a regañadientes, dejando varado mi clásico plan de verano sanbartolino. Fui junto a un pata de mi chamba que hasta ese momento me resultaba indiferente, pero que terminó convirtiéndose en mi primer amigo del trabajo. El primer día yo cumplí como todo un practicante (mi puesto en Comunica2, mi primera chamba) con mis obligaciones mientras él descansaba en la piscina del hotel o se “perdía” por el pueblo. En la noche se celebraba una fiesta con todos los periodistas y deportistas. Allí me crucé con un par de amigos de El Comercio que estaban en las mismas, y junto a mi broder, hicimos buenas migas. Terminamos en otro tono en Cañete, parloteando como si fuésemos íntimos de toda la vida. Al día siguiente mi amigo decidió seguir descansando y yo me uní al dúo de El Comercio saboteando su empeño y conminándolos al siempre rico hueveo. No sé cómo llegó una botella de pisco a nuestras manos, y decidimos caminar y caminar por la carretera en la que descansa el valle de Lunahuaná. Nos dio la noche mientras escuchábamos el relato de uno de ellos, que decía que el pisco en Lunahuaná era mágico, y que su mejor atributo tenía relación con la longevidad. No le hubiésemos creído si es que no aterrizábamos en una cabaña al borde de la carretera a comprar nuestra segunda botella de pisco, y compartimos la tertulia con un par de ancianos que bordeaban los noventa años, y que chupaban con el hígado más entero que nosotros. Siempre recordaré ese viaje. A veces cuando no me basta con mi salario me acuerdo de mis 500 soles. A veces cuando ingiero pisco puro me acuerdo de mis compinches de aquella vez. A veces cuando me siento viejo me acuerdo de Lunahuaná.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un copiloto con piel de gallina:&lt;/strong&gt; viajar es siempre positivo. Así lo hagas sin mapa y sin brújula, así te ampares a las reglas del destino sin tener la más remota idea del desenlace. Pero a veces uno tiene la dicha de hacerlo en los dominios de una cápsula capaz de trasladarte a lugares apasionantes. Eso me ocurrió en una travesía que hice de copiloto junto a mi tío más viajero en un año nuevo, a bordo de su histórico Hyundai rojo, con el que atravesamos de hachazo diversas regiones y climas del Perú. Desde Pachacayo y sus casitas de campo con bríos europeos y el calorcito siempre tierno de San Ramón; pasando por Tarma, donde recibimos las 12 en una fiesta de pueblo al ritmo de una orquesta que repetía sin envidiarles nada todos los hits del “Grupo 5”; o las peripecias contaminantes de La Oroya, ese pueblo a 3 mil 800 metros sobre el nivel del mar que te vuelve de metal las fosas nasales en pocos segundos. Fue un viaje redondo. Lo pasé atento a las anécdotas de mi tío, sorprendiéndome de su familiaridad con los lugares más recónditos, conociéndolo un poco más, sintiéndome orgulloso de formar parte de sus afectos. Y en mi misión de copiloto, tuve que adoptar facetas de su recia personalidad para no desentonar, y creo que encontró en mi compañía una grata sorpresa. En nuestra primera noche, que pasamos en Pachacayo, mientras tomábamos whisky sin hielo y disfrutábamos de unas ínfimas galletas con queso serrano que habíamos encontrado en el camino, el frío, el hambre y el deseo de aventura se apoderaron de nosotros, y por sugerencia de mi tío salimos en búsqueda de un restaurante en la carretera donde vendían “un caldo de gallina espectacular”. Lo malo fue que nos agarró la lluvia. Una lluvia que de tímida pasó a ser torrencial mientras el Hyundai rojo esquivaba las maniobras egoístas de los camiones y buses interprovinciales. Teniendo al volante a mi tío me sentía seguro en medio de una montaña rusa al natural dominada por la niebla, las fuertes gotas de agua y la aparición imprevista de los enemigos de ocasión: los demás vehículos. Al llegar a nuestro destino, los otros tripulantes del auto bajaron raudos con las glándulas salivales anhelando el caldito de gallina. “¿Qué tal el camino? Un poco bravo, ¿no?”, me dijo mi tío, y por primera y única vez en ese viaje fue un ser humano normal. Su pálido rostro y su agotamiento se impregnaron automáticamente en mí. Cuando llegaron los platos todos devoraron dispuestos a la tertulia, pero mi tío y yo nos pasamos en silencio ese momento, dejando intactos nuestros caldos, acaso pensando que nos quedaba todavía el camino de regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas cuatro mini-historias pensaba mientras se hacía de noche y ningún vehículo osaba por pasar por nuestro lado. Mi compañero andaba metros atrás, captando imágenes que se perderían al ratito en los archivos desordenados de su laptop. Mi angustia se agigantaba conforme pasaban los minutos, y ya me imaginaba durmiendo en plena carretera tiritando de frío a la espera de que un puma o cualquier otro animal salvaje acabe con mi vida. De pronto, cual Coca-Cola en el desierto, apareció una combi destartalada atiborrada de pasajeros. Ya en su interior llegué a la conclusión de que algo debería escribir al respecto. Y bueno, aquí está. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4243307033388152452?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4243307033388152452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/carreteras-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4243307033388152452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4243307033388152452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/carreteras-y.html' title='Carreteras (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6001860258303055451</id><published>2011-04-29T18:04:00.000-07:00</published><updated>2011-04-29T18:05:17.076-07:00</updated><title type='text'>Oda a la pulga (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A todos los niños del fútbol.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo cuando te veo en ese escenario verde fabricado para ti, estoy de acuerdo con el salario que se les paga a los futbolistas. Cuando llega hacia tu pie izquierdo ese objeto redondo que muy pronto aprendemos a amar, el mundo parece un lugar feliz. El fútbol, definido por alguno como lo más importante de lo menos importante, es como la vida misma, esa estación inexplicable, esa condena llena de arrebatos sobrenaturales que muchos buscamos explicar con un Dios. La diferencia en el fútbol aparece contigo, la certeza de que lo sobrenatural es palpable, que lo inesperado resulta rutinario, que los dioses respiran y visten la 10 del Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los fanáticos de mi generación te debemos los últimos rayos de emoción en tiempos en donde un tal Mourinho vende más que los futbolistas, en días donde cada vez hay menos espacio para los Zidanes o los Riquelmes. Vivir es jugar, diría un amigo, y vivir (yo agrego) es contemplar tu juego. El juego y los ídolos están reservados para los niños, y cada vez que asomas en la pantalla me siento orgulloso de seguir siendo un niño…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…el niño que bordeando las tres décadas tiene un afiche con tu imagen en su cuarto, y que cambió la hora de su almuerzo en el trabajo para coincidir con tu danza en el segundo tiempo, acaso sospechando que alguito me regalarías, un lujo, un pase genial; y que fue recompensado con ese oportunismo tan tuyo para poner el primero y con esa genialidad tan tuya (y ya no maradoniana) para hacerme saltar y gritar que el hambre y la angustia del minuto a minuto habían valido la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por existir, querido Messi. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6001860258303055451?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6001860258303055451/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/oda-la-pulga-y_29.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6001860258303055451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6001860258303055451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/oda-la-pulga-y_29.html' title='Oda a la pulga (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8965012174252614637</id><published>2011-04-18T15:13:00.000-07:00</published><updated>2011-04-18T15:27:34.363-07:00</updated><title type='text'>Políticamente nulo (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Desde que Alan García tomó el poder del país, en el 2006, han pasado muchas cosas en mi mundo. Cinco años es un período considerable en el ciclo de vida de un ser humano. En toda circunstancia, define el cambio de una etapa a otra. Yo tenía 24 años cuando Toledo le entregó el sillón presidencial a Alan. Y hoy, a puertas de unas nuevas Elecciones, bordeo los 29. Durante el gobierno que está por concluir, acabé a regañadientes la universidad. Me posicioné en un trabajo, no sin antes navegar entre el desempleo y la incertidumbre. Viajé mucho por el Perú. Salí del país una vez. Viví con pasión dos Mundiales y una Copa América. Sufrí con la Selección y sus absurdas decisiones dirigenciales. Disfrute de un título de Alianza Lima. Me enamoré del juego de un tal Lionel Messi. Viví en tres hogares distintos. Abandoné la casa de mis padres. Me convertí en padre. Terminé una relación de pareja. Empecé otra. Leí algunos libros. Descubrí a Daniel Alarcón y a Haruki Murakami, y me volví uno de sus fans. Me compré un Play 3 y pasé de ser el rey, a pelear la baja en el Winning Eleven. Me creé una cuenta en Facebook. Empecé un blog. Escribí con regular frecuencia. Pasé sin pena ni gloria por diversos concursos literarios. Obtuve una mención honrosa en uno. Acudí al cementerio a despedir a cuatro seres muy queridos. Tuve unos dolores espantosos en el estómago que me llevaron a pensar que yo sería el siguiente. Una tarde cualquiera, medité arduamente sobre la triste sentencia de que pronto tendré 30 años. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Traté de ser más abierto en diversos temas. Decidí ser un hombre medianamente informado (bienaventurada la Web de El Comercio). Logré entablar largas conversaciones más allá del fútbol. Desde que tuve una hija, me preocupé por el futuro. Vi que las noticias hacían alarde de un crecimiento económico en el país, pero a mí, como a millones de compatriotas, no me tocó ni media tajada. Como buen peruano, olvidé pronto los antecedentes de Alan García y me dediqué a mis quehaceres. Parece que fue ayer cuando voté en contra de Ollanta Humala. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muchas cosas han cambiado. Menos la política, con la salvedad de que ahora la discuten con pasión improvisada los jóvenes por las redes sociales (y esto es el despegue, ojalá, de la formación de muchachos muchísimo más informados que yo). Yo me he mantenido al margen. Me incliné por Toledo en un inicio pero terminé por sucumbir ante la falsa salvación denominada PPK. Hoy quisiera tener alguna opinión cuajada sobre el tema. Pero no la tengo. Muchas cosas han cambiado por mi mundo desde que Alan García tomó el poder del país en el 2006. He envejecido. He madurado. Pero mi relación con la política (no sé qué tanta culpa tengo) sigue siendo infantil. Sigue siendo la del jovenzuelo de 24 años que escribió este texto tras votar por el clásico “mal menor”. Y perdón por la franqueza:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Alan Presidente. &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El triunfo del mal menor &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Acostumbrado a mirar de reojo la política y a juzgar benévolamente y sin criterios fijos a nuestros gobernantes, este 2006 hubo un hecho que me impulsó a dejar de lado mi indiferencia y a empaparme, al menos en algo, del acontecer electoral: la posibilidad latente (y cada vez más fuerte) de que el ex mandatario Alan García sea el sucesor de Toledo en el sillón presidencial. Al principio me causó risa. Y hasta llegué a tildar de ilusos a los simpatizantes apristas que, entre las sombras primero, y luego con mucha arrogancia, lo daban como ganador. Luego me sumé al coche de la mayoría de limeños de mi condición (económica y social) que apoyaron a Lourdes Flores sin tener siquiera un argumento sólido. El problema era cómo hacer para que Alan no sea Presidente. Y Lourdes era la elección más fácil, ya que Susana Villarán, Diez Canseco, Lay o Paniagua eran sinónimos de terquedad o reservados para soñadores, pues su popularidad era escasa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por otro lado, siempre observé con respeto (y miedo) el fenómeno Ollanta Humala. Es evidente que el Perú es un país centralizado en el que Lima ata y desata, y en el que las demás provincias o departamentos son prácticamente arrojados al abandono, generándose así la aparición de muchísimos “Miniperúes” (si vale el término). La consecuencia lógica es la generación de un resentimiento gigante y entendible originado sobre todo en la sierra, la zona más pobre del país, ante los incontables años de gobiernos que no han hecho más que acrecentar las diferencias sociales y económicas entre Lima y el resto. Y Ollanta apuntaba a ese gran sector. Y lo hacía a la altura del rencor enorme de la gente de esos “Miniperúes”. No es necesario ser un gran orador o medir un metro noventa para decirle al pobre que es pobre por culpa de unos cuantos, y que el nacionalismo (se pudo llamar hasta “chichanismo” y daba igual) es la solución. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Confieso que hasta el día de las elecciones de abril, cuando observé a la gente de “mi país” (Lima pituca) vitorear a Lourdes Flores e insultar a Humala, pensé: lo hemos logrado. Sin darme cuenta que esta vez el iluso era yo. A escondidas, Alan García tomaba fuerzas, y los resultados al final de esas fatídicas semanas que se llamaron Onpe indicaron que Ollanta era ganador con algo más del 30 % y que en segunda vuelta su rival era Alan. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una bomba. Escuché a más de uno en mi entorno frases con el “me voy del país” como título. Había que elegir: un asesino o un ladrón. El famoso mal menor quedaba como único salvavidas en medio de un naufragio. Lourdes pecó de honesta tal vez. O se equivocó de aliados. Le faltó entender que para dominar un país hay que ser un poco hijo de puta. Y para dominar el Perú, algo más. Los días siguientes hasta ayer 4 de junio fueron una constante, que cambió de giro y de villano: hay que tumbar a Humala. Hay que ver la manera de que no gane este individuo amigo del rencor de la sierra y del descontento de la selva. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En eso el periodismo y los medios de comunicación en general fueron claves. Periódicos que otrora escribían pestes de García esta vez lo hacían de Ollanta, y hasta Jaime Bayly, enemigo de Alan, se mostró a su favor, con tal de que Humala no siga avanzando y aquello del fusilamiento de los gays (que en realidad envolvía otros aspectos mucho más serios y reales) pase al olvido. Nunca vi una competencia tan desigual. El fascista contra el candidato de todos. El asesino contra el arrepentido. El que estaba con el serrano y con el olvidado, contra el que prometía extraer del abandono al de la sierra pero sin dejar de lado los engreimientos hacia nosotros, los limeños. En síntesis, el malo contra el bueno. ¿Qué bueno? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No recuerdo exactamente (repito, nunca fui muy político, y tal vez era muy pequeño) el gobierno anterior de Alan García. Sí recuerdo los años siguientes, cuando el terrorismo nos colocó al borde del colapso y cuando “un chinito cualquiera” nos dominó durante 10 años. Sí recuerdo los tiempos en que la palabra Alan era sinónimo del diablo. El tren eléctrico, la inflación. Su exilio. Las frases de “Alan Vuelve” en las paredes tan amenazantes y semejantes para mí como las que decían “Viva el Presidente Gonzalo”. La canción “Las torres” de los “No sé quién y los no sé cuántos” cuya “lisura” más fuerte era “Alan García y su compañía”. Los no tan lejanos años en los que pensar en un triunfo de García y su APRA era un pasaporte a la destrucción. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pese a que siempre dije que votaría en blanco o viciaría mi voto me ganó el miedo. Tuve claro desde que perdió Lourdes Flores que mi voto, muy a regañadientes, sería para Alan. Ollanta se equivocó y mucho. Su peor enemigo fue Chávez y tal vez también Abugattás, y al menos para mí, su antipática esposa. Sólo en el Perú ocurre el fenómeno que indica que cada vez los candidatos a la presidencia son peores. A la fuerza y con violencia no se gana, y quizás si hubiese sido más medido en sus declaraciones y con sus allegados, Humala sería el ganador. Las estadísticas y los números dicen que mal no le fue. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ayer caminaba por Miraflores cuando me dieron las cuatro de la tarde, y en un pequeño restaurante frente a Ripley escuché gritar de alegría a la multitud. Alan García era el nuevo Presidente del Perú, y la gente festejaba. Señoras que seguro hicieron esas colas por el arroz y la leche que nuestro nuevo líder ha prometido que no existirán; señores que quizás algún día fueron apristas y luego fujimoristas y luego toledistas, que no hacen más que resumir la incertidumbre del pueblo y la posibilidad inexistente de poder solidarizarnos con alguien de la política para siempre, porque nadie sabe si mañana aparecerá envuelto en la corrupción. Yo cerré mi puño en señal de triunfo. Como festejando un gol de Alemania contra Ecuador en el Mundial. Sabiendo que el gol de las elecciones no era el gol del enemigo, pero tampoco el mío. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;No logro entender el fenómeno de Alan García con la gente. Es cierto, muchos no lo pasan, sólo lo consideran el salvador ante la casi arremetida de Humala, pero hay quienes lo aclaman. Quienes en realidad sí festejaron su gol como el gol del Perú. Eso obedece tal vez al deseo del pueblo de identificarse con alguien. A falta de ídolos deportivos desde hace rato, bienvenidos los ídolos de la política. Imagino que Alan en el 85 para estos que festejan era como el Maradona a puertas de gritar su triunfo en México 86 para los argentinos. Joven, de verbo florido, ni cholo ni gringo, grande. Quién mejor que él para gobernarnos. Pero ese ídolo sí fue de barro y decepcionó a todos. No consiguió el título ni mucho menos. No hizo sufrir de pena al pueblo por una suspensión por doping, pero “sólo” los depositó en el cruel castigo de la pobreza. Y en un camino maldito con pinta de círculo vicioso, que continúa hoy, 16 años después de que el ídolo abandonara el país casi como un criminal. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese Alan hoy no existe más, pero el constante ir y venir del Perú lo ha hecho renacer entre sus tinieblas. Espero que esas canas que hoy adornan su ex cabellera de galán mexicano y esos kilos demás que han ensanchado su papada y su abdomen no sean sinónimos de aspirar una tajada más grande aún, sino que muestren su madurez y su capacidad para que al menos esta vez, no nos friegue tanto. No quiero ni imaginarme en cinco años cuando la “sierra exportadora” sea una quimera y pase al olvido. Cuando la centralización cada vez sea más reducida. Cuando la educación en el Perú siga paupérrima. Y cuando Chile acentúe su diferencia contra nosotros y nos siga sacando ventajas, y la meta de Alan de superarlos cause una de esas risas que sirven para aguantar un poco el llanto. Y tenga que decidir mi voto por un Ollanta más cuajado y con más experiencia. La regla en mi Perú indica que aparecerá en cinco años, si es que no en menos, un candidato peor. Y que volveremos a festejar el gol del mal menor. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gabriel, junio 2006. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8965012174252614637?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8965012174252614637/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/politicamente-nulo-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8965012174252614637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8965012174252614637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/04/politicamente-nulo-y.html' title='Políticamente nulo (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8741381873743298168</id><published>2011-03-23T10:36:00.000-07:00</published><updated>2011-03-25T12:24:44.208-07:00</updated><title type='text'>Un sentimiento, no un verbo (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Líneas asorochadas. Nostalgia provinciana.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Perú es maravillosamente lindo sobre todo cuando salimos de Lima, o de la rutina, o del tedio gris, que es lo mismo. El Perú es enigmáticamente lindo porque al llegar al corazón de una provincia aún nos golpean las huellas de Lima y su falsa (u obsoleta) aristocracia y su tarjeta de crédito. El Perú es injustamente lindo porque el paisaje que nos sacude más el cerebro está escondido en un pueblito recóndito habitado por la cruel regla del pobre, o la lejanía en peligro, o la soledad ignorante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ayacucho ya no es terror. Ayacucho es positivo. Lo compruebo con mis contactos laborales de estos lares, que empiezan llamándome "ingeniero" y terminan gastándome bromas sanas pero irreproducibles luego de que les cuento un poquito sobre mi vida. En Ayacucho los miedos se quedan en la puerta. Dentro de las casas asoman crucifijos y santitos estáticos junto a unas fotografías antiguas que nos relatan que por acá ocurrió algo crucial para esta patria, algo injusto y (tristemente) comprensible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero la gente de a pie es amable. Y cuando escuchan PPK se cagan de risa. Pero si hablan de Keiko hablan del Chino, de sus obras, de su supremacía ante los (más, un poco más) malos de la película. Y Toledo no hizo nada, y si volvió Alan… pues voto por Keiko. Humala está loco (vaya, una buena). La gente de a pie sigue siendo amable. José, el del hotel, me saluda con afecto y mirándome a los ojos; Sandra, la de la bodega, se sonroja con optimismo; y Soledad, en la inmensidad del campo y de su titánica faena de cuidar vacas de una a seis de la tarde, es Madeinusa (y no Magaly), y no acepta posar para la cámara porque no le gusta la ropa que lleva puesta (que a mí me parece hermosa).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Viajar es un sentimiento, no es un verbo. En mí: es tensión, nerviosismo, flojera… y al final, disfrute máximo. Viajar también, y sobre todo, es volver.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y volver es añorar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Inés aparece en cada rostro feliz. En cada distracción del piloto. Inés está en mis vacilaciones cuando la imagino conmigo en la sierra; y en mi preocupación porque con este frío, no se me vaya a enfermar. Inés está en la canción "&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=JkjLr2pz1Ds"&gt;Ay Carmela&lt;/a&gt;", que una noche le hizo Sabina a su hija. Y mientras la escucho con atención por primera vez en mi cuarto de hotel, debo salir porque se me anuda la garganta, y necesito plasmar en bonito estas cojudeces que vengo arañando en mi libreta de apuntes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces le doy un click a la pantalla y recuerdo a la otra mitad de mi amor, a la actual protagonista de mis satisfacciones humanas, y noto que el Perú es chévere fuera de Lima, pero más chévere si la tuviese a mi lado, y que estoy en Ayacucho muriendo de frío, bajo la resaca tétrica de un camino poblado de lodo patinante en una inhóspita carretera lluviosa y un mágico arcoíris a las 5 y 29, y la evoco diciéndome que ya quiere que llegue el invierno, y no acepto sus argumentos, y como se da cuenta, me dice que también anhela el invierno para tomarse un café conmigo. O mejor un tecito, mi amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siento que viajar es satisfactorio porque siempre hay que volver a casa ("a alguna casa"). Y es lindo redescubrir que el Perú es mucho más que la Lima de los problemas y de los embaucadores de vehículos. Y en un cielo diferente, te palpita el alma pensando en Inés, y maquinas con emoción en cuál de las frías esquinas le encontrarás el regalo perfecto. Y recuerdas que estás en Ayacucho en un insólitamente helado mes de marzo. Y que rodeada de sol, tu "princesa vampira" respira. Y te mira. Y te acepta pese a lo que eres y lo que no serás jamás. Y la extrañas, porque Barranco se parece tanto a Órganos… y le pedirás a los Dioses o a las pastillas que te permitan dormir pese al frío, y aunque añores con el alma las últimas olas del verano, soñarás con ese café desabrigado. O tienes razón, un tecito está bien.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8741381873743298168?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8741381873743298168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/03/un-sentimiento-no-un-verbo-y_23.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8741381873743298168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8741381873743298168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/03/un-sentimiento-no-un-verbo-y_23.html' title='Un sentimiento, no un verbo (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4251484165103633513</id><published>2011-03-08T14:18:00.000-08:00</published><updated>2011-03-08T14:21:24.139-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Los monstruos y la mujer noche (F)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Creo en los fantasmas, terribles, de algún extraño lugar (y en mis tonterías para hacer tu risa estallar).&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tiago fue el primero en hablarme de la mujer noche. Ocurrió una tarde de primavera, mientras paseábamos en bicicleta por el malecón de la brisa, y yo le repetía las mismas frases que atormentaban mi cerebro desde hacía unos meses, y él respondía siempre amable, siempre positivo, aún a sabiendas de que yo reconocía de memoria su naturaleza, y lo que escondía entre las sombras de sus ojos tristes. Lo hizo casi pidiendo permiso, como si estuviese rompiendo el tácito pacto que colocaba a nuestra amistad en el espacio en el que él actuaba como receptor y yo como el ególatra paciente de un psicólogo barato que a la larga me ofrecería las frases que requería escuchar, con tal de no sufrir, con tal de no reír, con tal de no despegar del letargo en el que me había encallado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He conocido a una chica, me dijo sin variar la suavidad de su voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo conozco a Tiago desde que tengo uso de razón. Lo he visto crecer y moldear esa personalidad tan inquietante, esa mezcla de tormento y encanto. Y sé que cada vez que me menciona una chica es porque se trata de “la chica”. Por eso decidí prestarle atención y olvidarme de mis rollos repetidos. Tiago me hablaba de una presencia ineludible. De un volcán en medio del fuerte ruido silencioso de una discoteca al que bautizó como mujer noche. De unos ojos de caramelo. De una sonrisa fácil. De algún amigo que le jugó algunas bromas. De una mirada fija de dos segundos. De sus párpados escondiéndose. Y se me hacía facilísimo imaginarlo. Y hasta sentir ternura por sus vacilaciones, por la maldita coreografía de avispas en su estómago. Por su callar. Por su extrañar. Por su escribir luego para borrar después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo representaba en mi cerebro su figura en la discoteca, con un vaso de cerveza en una mano y tolerando el humo de los cómodos parroquianos pese a cargar en el pecho con el cartel de no fumador. Por eso perdí un poco el hilo de su discurso mientras me posicionaba junto a él en la imaginación, con la certeza de que nada hubiese cambiado yo, que en nada hubiese contribuido. Y tal vez por el atardecer, no me percaté del todo de que nos habíamos cruzado con un grupo de gente en el malecón mientras pedaleábamos, y la única chica del grupo se le quedó mirando, y entonces volvió en nuestro silencio su relato. Y las avispas y el humo y el dolor. Era ella, me dijo cuadras después, era la mujer noche. Uno de ellos debe de ser el novio, sentenció, y las emociones de hacía instantes se dilataron en esos tremendos ojos de tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiago y yo somos esos ojos tristes. Por eso lo quiero tanto. Y por eso me esmero en tenerlo cerca pese a que nuestra unión está muy ligada al fracaso. Antes de aquella bicicleteada por el malecón y de la aparición de la mujer noche en nuestras conversaciones el único tema era mi insomnio. Había pasado meses sin poder dormir por las noches, sin conocer la clara luz del día, adentrándome en pensamientos dolorosos que no me permitían producir ningún párrafo hacia el futuro, y Tiago había sido mi aliado. Mi compañía fiel. He llegado a pensar que por purita consideración él tampoco dormía, y que aquello de compartir el insomnio era una excusa para no abandonarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi insomnio tenía nombre de mujer. Y Tiago conllevaba la angustia. Éramos cómplices los tres de una parte importante de nuestra relación de a dos que nos había llevado a pasar las páginas calcadas de un calendario con disfraz de eternidad, y que se había roto intempestivamente en el séptimo mes. Insomnio, entonces, era mujer, y por ella había conocido a Octavio. El segundo personaje en hablarme de la mujer noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octavio sopesa la melancolía de Tiago. Su compañía es, también, indispensable. Pero desde el otro lado del cristal. A él me lo presentó insomnio cuando aún podía dormir, cuando aún el día me era familiar y no se había convertido en un deseo cada vez más lejano. Y fuera de tenerle celos, lo utilicé para usurpar sus pensamientos y para impregnar en insomnio el virus mentiroso de mis anhelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las noches se hicieron más largas Octavio dejó de recorrer nuestro sendero. Y vaya coincidencia, había vuelto a aparecer con un discurso opuesto al de Tiago pero con la misma protagonista. Para Octavio la mujer noche era una presencia alcanzable, vulnerable además, y el supuesto novio un escollo baldío. Me hablaba también de una discoteca aunque distinta a la de Tiago. Me hablaba de un malestar narciso que lo había depositado en un extraño estatus antisocial, y de la mujer noche rondándole en más de tres oportunidades con genuino interés. Siempre se me ha hecho difícil creerle a Octavio pero pocas veces me ha decepcionado. Suele ser un conquistador pero le falta moderar su ímpetu. Su principal virtud no radica, como él cree, en su facha; figura en su ágil sentido del humor. Y según lo que me contaba de la mujer noche, era ella una persona propicia a la carcajada. Podía ser verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí despojar la pena y alejar a Tiago de la conversación para seguir averiguando aspectos de la mujer noche desde la retina de Octavio. Uno se da cuenta cuando una chica está interesada, me dijo, y ella lo está. Necesito saber en qué frecuencia anda, porque no me quiero enrollar en nada serio con nadie. He estado amarrado mucho tiempo y ya sabes, se viene el verano. Para Octavio mucho tiempo era poco tiempo. Y era de los contados personajes que metía el bichito de las terceras personas entre insomnio y yo. Lamenté la suerte de Tiago. Su silencio y su contemplación exagerada. Y hasta sentí misericordia por la mujer noche. Las chicas que se obsesionan con gente como Octavio nunca acaban bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero debo confesar que algo en el accionar de mi amigo me generaba cierta envidia (sana). En pos de alcanzar la luz, semanas atrás, uno de los primeros manotazos de ahogado apareció anhelando esa coraza para mí. Deseando esa armadura para enfrentar la bulla y atrapar corazones. Lo necesitaba con urgencia por esos tiempos de madrugadas palpables. Había muchos peces en el agua y muchos andaban con la temperatura apta para sumarse a la puntería de mi anzuelo. Pero la mujer noche se había convertido de pronto en alguien especial en mi cerebro y el mar me había dejado de interesar. Pese a que no la había visto de frente, me era familiar. Más aún cuando una noche cercana al verano la reconocí sentada en el mismo malecón en el que Tiago la había encontrado, conversando con Esteban, el tercer hombre en hablarme de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esteban es un amigo peculiar. Sé que compartimos muchas cosas, que tenemos muchos rasgos en común, pero extrañamente nuestros encuentros son exiguos, y nunca llegamos a sentirnos cómodos frente a frente. Es como si cada uno supiese algo del otro que no se atreve a mencionar, pero que sabemos trascendente. Somos parecidos, lo acepto. Pero no queremos serlo. Si no fuera por la intriga que me generó su encuentro con la mujer noche no lo hubiese buscado. Así ha sido siempre nuestra amistad. Esporádica y fuerte. Genuina e impertinente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me saludó con más cariño del habitual. Sabía perfectamente de mis peripecias con insomnio. Más allá de mis ojeras y mi andar amortiguado, intuí en él una conexión con mi interior. Me dio gusto. ¿Qué ondas con la mujer noche? Le solté la pregunta sin pestañear. Él me respondió como si estuviese a la espera. Y me dijo que sabía de lo que sentía Tiago por ella, y que ella, además, no era tan ajena en su respuesta. Pero que no dudaba en afirmar que Octavio la había conquistado. Y había algo más: Esteban también la quería, y la quería desde antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca te lo mencioné pero es verdad, me dijo Esteban. Ha pasado mucho tiempo desde que ella frecuentaba mi espacio pero su presencia, aún en la distancia, jamás resultó intrascendente. Esteban me hablaba de un cariño casi familiar. De días de infancia. De huellas en orillas. De idilios prohibidos. De corazones rotos. De un encuentro furtivo. He seguido sus pasos siempre, me decía. Y creo que nos hemos tenido a nuestro modo un cariño cómplice, aún sabiéndonos inalcanzables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero había algo esta vez que empujaba a Esteban a dejar de lado el simple cariño. Algo que no podía describir pero que lo llevaba a pugnar por conquistarla. Vista desde sus ojos, la mujer noche alcanzaba el clímax en mi inquietante curiosidad. Entré en un dilema moral. Me sentí el emperador de la hipocresía. Tres de mis amigos más íntimos se disputaban, a su manera, el amor de la misma chica. El amor enigmático de la mujer noche. Y en lugar de tomar partido por alguno veía cada una de sus historias como el estímulo fundamental de mi propio despegue. Cuando insomnio no era insomnio este tipo de vacilaciones quedaban rápidamente en el olvido, o dibujadas en forma de letras en pantallas unipersonales. Ahora no había excusas. Esa fue la egoísta conclusión a la que llegué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiago jamás daría el paso crucial. Octavio andaba preocupado en demasiados detalles. Y Esteban había perdido su oportunidad. Al despedirme de él, me habló de otra discoteca. Una distinta a las frecuentadas por mi par de amigos. Pero esta vez, no mencionó el pasado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De pronto estaba yo sumido en el humo de los parroquianos. Tolerando el ruido silencioso de un antro olvidado. Con las huellas de insomnio escondidas para siempre en el bolsillo. La descubrí entre las sombras y noté que los ojos tristes a veces cargan mercurio. Y cuando los párpados se vuelven fulminantes, superan la barrera de los dos segundos. Sabiéndome poco agraciado, solté un chiste al aire y asomó el cálido brío de una carcajada. Era tal como me la había descrito Tiago, pero diferente. Avispas danzaban en un pasadizo de dulzura. Un volcán ahora en reposo. Y me acordé de Octavio a la sonrisa número tres. Entonces noté que como Esteban, yo la podía haber amado en tiempos lejanos, pero eso ya no era relevante. ¿Nos conocemos? Me preguntó casi afirmándolo. Y yo la tomé de la mano para no soltarla. Y aprendí a cerrar los ojos para despertar y despertar al lado de la mujer noche, conociendo la real magnitud de sus encantos a plena luz del día.    &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4251484165103633513?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4251484165103633513/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/03/los-monstruos-y-la-mujer-noche-f.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4251484165103633513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4251484165103633513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/03/los-monstruos-y-la-mujer-noche-f.html' title='Los monstruos y la mujer noche (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-9131972208916304568</id><published>2011-02-14T12:34:00.000-08:00</published><updated>2011-02-14T14:03:05.218-08:00</updated><title type='text'>Todos somos Ronaldo (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ronaldo acaba de decirle adiós al fútbol. Lo ha hecho entre lágrimas, aburrido de tanta lesión y de la pobre imagen que ofreció en sus últimos partidos. Nos ha partido el alma a los que crecimos con él. Se ha ido nuestro primer Maradona (el segundo es Messi). Todos tenemos anécdotas con Ronaldo. Todos nos cortábamos a ras el pelo para imitarlo. Todos lo usábamos en el Winning pese a que su estado era siempre de color plomo, pues pasó varias temporadas sin jugar por sus malditas lesiones. Todos nos sorprendimos de su mágica reaparición en el 2002. Y todos después nos dijimos que habíamos sido unos estúpidos por sorprendernos, ¿acaso no lo conocíamos? Todos gritamos su gol número 15 en los Mundiales. Todos festejamos que Klose se haya quedado en el camino por igualarlo. Todos soñábamos con la Kappa del Barcelona. Todos nos compramos en Polvos Azules la réplica de su número 11 en el Madrid. Todos llegamos a la conclusión de que el 99 era un buen dorsal si era rossonero y llevaba su apellido. Todos nos ilusionamos con el quimérico título en Copa Libertadores del Corinthians. Todos teníamos 13 años cuando lo conocimos una tarde de verano y decidimos adoptarlo. Todos tenemos ahora 28 y vemos en su despedida una connotación de los ciclos de la vida que nos deja sin excusas. Todos hemos buscado en nuestros baúles una digna manera de homenajearlo. Y todos hemos encontrado este artículo que hicimos todos una madrugada del 2002, cuando tener 20 años significaba seguir disfrutándolo, y tener la dicha de ver un último Mundial sin responsabilidades que atender. Todos decidimos reproducirlo (y eternizarlo) en este blog que sabe alguito de fútbol y mucho de agradecimiento. Y todos nos volveremos a emocionar leyéndolo pese a las fallas en la redacción, y volveremos a encontrar en la vida un nuevo motivo para decir que sí, todos somos Ronaldo. Ayer, hoy y siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Al “Fenómeno”, gracias por tanto papá! Los mitos del fútbol nunca se extinguen.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Apareció Ronaldo&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el correr de los años mi visión del fútbol se ha ido perfeccionando hasta haber encontrado mi propio estilo. Mi propio estilo de equipo perfecto, mi propio estilo de buen jugador, mi propio estilo de emoción. Soy admirador del buen juego, del juego ofensivo. Me gustan los equipos que son contundentes en ataque y no tan recatados en defensa. Me encantó el Ajax del 94-95 con una generación de jugadores espléndida, que de la mano de Van Gaal llegaron a ser campeones de Europa y del mundo una temporada, y la siguiente quedaron segundos. Admiré mucho el orden táctico que propuso Fergusson en el Manchester las temporadas 99 y 2000, que con un esquema ordenado, casi insuperable atrás, se dio maña para convertir a su equipo en uno de los más ofensivos del mundo. Campeón de Europa y del mundo también, e innumerables campeonatos locales. De todos los jugadores que vi en mi ya considerable trayectoria de ocho años entendiendo fútbol, el que más me ha emocionado ha sido sin duda Ronaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos, lo vi en su mejor momento la temporada 96-97 en el Barcelona, donde sencillamente era imparable. Estaba asombrado de ver a un jugador con una potencia física avasallante y aparte, una técnica mágica, digna de crack brasilero, y un olfato de gol propio de los dioses. Ronaldo fue la década pasada el mejor jugador sin duda. Lejos. Una lesión nos lo robó. Sus incontables esfuerzos por regresar caían en la pena de verlo salir del campo en camilla, con lágrimas de dolor que seguramente compartíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, en Japón-Corea, los amantes del buen fútbol hemos vuelto a sonreír. Ante tanta mezquindad de técnicos defensivos y jugadores simples y amarretes, ha aparecido entre las sombras, Ronaldo. Su carisma, su pelada y sobre todo, su juego, han hecho que este Mundial obtenga valor, porque su sola presencia con la 9 “verdeamarelha” nos llena de satisfacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Alemania ya instalada en la final, Brasil veía en Turquía a su último escollo hacia el camino anhelado. Luego de un partido muy cerrado en donde los turcos se mostraban seguros atrás e inquietantes en ofensiva, a los 4’ del segundo tiempo aparecería la magia. Un desborde de Gilberto Silva acabó con el balón en los pies de Ronaldo unos metros antes del área. Sin despegar el balón de sus botines y con un par de amagues indescifrables, dejó en el camino a tres defensores turcos y se introdujo en el área. Justo antes de la barrida final del último hombre turco, el “Fenómeno” punteó el balón y este se coló en el ángulo izquierdo de Rustu. Partido resuelto. 1 a 0 para Brasil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a que fue un buen rival, Turquía no pudo contra el peso de la historia. Parecía que el destino quería que Brasil esté en la final, por tercera vez consecutiva además. El equipo de Scolari es candidato serio a ser el campeón. Ya encontró lo que se buscaba y no aparecía en el Mundial: un equipo ordenado tácticamente. Que sumado al peso de sus individualidades, que aparecieron desde el comienzo del torneo, es muy difícil que sea superado. Hoy rindieron todos. Marcos seguro cada vez que fue intervenido. La defensa muy ordenada, segura. Cafú y Roberto Carlos en una doble función de volantes ofensivos y de marcadores defensivos extraordinarios. Klébersson le ha dado al medio campo más marca, pero a la vez más variantes. Gilberto Silva ya es una realidad. Rivaldo, pese a exagerar con la jugada individual, se encuentra en gran nivel. Y Ronaldo ahí. En lo suyo. Pasó desapercibido en el primer tiempo, pero cada vez que la tocó hizo daño. Hizo el gol y no apareció más. Pero definió el partido. Definió la semifinal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos viene una final esperada. Los equipos más ganadores en la historia de los mundiales se enfrentan por primera vez. Ambos a la espera de su séptima final. Un partido para cualquiera, pero si los sudamericanos amanecen inspirados, lo ganan seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ahora deleitarnos con el regreso del hijo mimado. De aquel muchachito con sonrisa bonachona y dientes grandes que una vez fue considerado como el heredero al trono de las grandes figuras. En lo que a mi respecta, ya se quedó en mi memoria como el mejor de todos. El resumen a mi propio estilo de grandeza. La perfección ante la exigencia de mis ojos sedientos de goles y jugadores hermosos, diferentes. Con arte y magia. Un genio. Simplemente Ronaldo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Gabriel, 26 de junio del 2002&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-9131972208916304568?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/9131972208916304568/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/02/todos-somos-ronaldo-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/9131972208916304568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/9131972208916304568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/02/todos-somos-ronaldo-y.html' title='Todos somos Ronaldo (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6449128178314746652</id><published>2011-01-11T15:40:00.000-08:00</published><updated>2011-01-11T15:49:03.969-08:00</updated><title type='text'>Cosa de locos (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A los nuevos visitantes. Les debía un post hace un tiempo. Y esta confesión es lo mejor que les puedo ofrecer.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace un par de meses acudí a una conferencia para comunicadores sociales organizada por Telefónica en la Universidad Pacífico. Los tres expositores del evento nos informaban sobre la relación de su empresa con la responsabilidad social, término muy en boga los últimos tiempos. Los pormenores de sus discursos los olvidé al cabo de unos días, y de aquella mañana sólo conservo el sabor de los bocaditos ofrecidos en el coffee break y el par de elegantes cuadernos que nos regalaron junto a un USB con máscara de madera que fungía de ecológico. Y sobre todo, me quedo con las diversas impresiones que aparecieron en mi cerebro al notarme nuevamente en una universidad. Los pasillos uniformes con olor a nervio, las oficinas de los bancos con disfraz de robo, el andar de los muchachos tan ajenos al acontecer de su país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La universidad fue una etapa compleja y larga en mi vida. Un estigma maldito que muchas veces amenazó con liquidarme. Y también el espacio donde arañé la felicidad, en el que me desligué de la niñez y aprendí a valérmelas por mí mismo. Mi currículum universitario acumula anécdotas de todo tipo. Y también decisiones cruciales. Mi tiempo como estudiante anduvo a la par de mi desarrollo personal. Tuve mi primera clase siendo un asustadizo adolescente poco familiarizado con la calle y al terminar mi último examen era un hombre de ideas y opiniones claras, con una perspectiva (buena o mala) de lo que quería para mi futuro. ¿Eso se logra en cinco años? Creo que no, o en todo caso, es muy difícil. Yo me tomé más tiempo. Mucho más tiempo. Y aunque a veces el mundo laboral me ha pasado factura, no me arrepiento de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo acabé mis estudios en la Universidad de Lima, pero no fue mi única “Alma Mater”. Llegué a ese recinto a punto de cumplir 22 años, y lo hice trasladado de la Universidad San Martín de Porres. Pero antes de arribar a esa popular casa de estudios donde predominaba la gente de barrio y que albergaba a la facultad de Comunicaciones en la avenida Brasil, pasé por su antítesis: la acaudalada y modernísima UPC.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo fui continuamente un alumno “caleta”, y aunque no me considero miembro del club bautizado por mi profesor Julio Hevia como “los que pasaron por la universidad pero la universidad no pasó por ellos”, mantuve siempre un perfil bajo. Y pese a mi introspección y a la timidez, encontré muchos amigos y me llegué a posicionar como alguien “respetable” para algunos (mis favoritos) profesores. Pero la UPC fue mi cruz. Mi primera experiencia universitaria fue un ring de boxeo con el Tyzon de inicios de los noventa como rival. Un knockout absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observando desde el pasillo “V” de la Pacífico a los alumnos que socializaban en la rotonda me acordé mucho de mis tiempos en la UPC. “Yo debo haber sido así”, me decía mientras analizaba a un muchacho solitario de pasos apurados abandonar su salón con dirección a la puerta de salida de la universidad. “Chicos como esos yo odiaba”, recordaba mirando a los típicos extrovertidos que se ganan con los abrazos empalagosos de las mujeres más bonitas. Cuando ingresé a la UPC no había cumplido los 18 años y provenía de un colegio hermoso, en donde me habían tratado durante diez años con un cariño maternal. Y sabemos que las madres en su afán de protección delegan ciertas taras muy difíciles de superar. Entonces no contaba con las armas para socializar más allá de los límites de la avenida Cajamarca en Barranco, donde gobernaban Los Reyes Rojos. Veía con sumisión a los que aparentaban más carácter y look (que en la UPC parecían ser todos). Y lo que es peor, no tenía ni la más puta ambición por estudiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anduve poco más de un año en la UPC, y fuera de arranchar del bolsillo de mi padre apoteósicas cantidades de soles para pagar boletas cada 20 días, en mi desarrollo, digamos, intelectual, no obtuve nada a cambio. Me la pasé con mucho más pena que gloria por las asignaturas introductorias de esa universidad que tenía la patética regla de aprobar a los alumnos con 13 y no con 11. Y al descubrirme en la “Bica” en un par de cursos que se me hacían imposibles, decidí tirar la toalla. Pero personalmente sí aprendí mucho en la UPC. Entendí que existían profesores distintos a los de mi colegio, y que a partir de ese momento sería un código y a lo mucho un apellido. Encontré entre las sombras a varios semejantes con los que me metí mis primeras juergas bravas. Descubrí lo mágico de ser libre mientras me tiraba la pera para mataperrear en la cancha de fulbito o en el billar más cercano. Y me acomodé al sistema de los universitarios, aquel que consiste en almorzar a deshoras en guariques para regresar a clases por la tarde, sacar fotocopias en cantidades siderales y chapar combis en lugar de taxis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda primera vez es trascendente, y la UPC, con sus certeros golpes de puño y sus poses de mujer inalcanzable, tiene un pedacito de mi alma escondida por algún rincón de sus modernos edificios (quizás en el baño del pabellón “A”). Es rarísimo porque fue una etapa que no sumó nada a mi situación de estudiante, porque al fin y al cabo, pese a que me convalidaron pocas asignaturas, algunas notas de mis tiempos en la San Martín están en mi registro final de la De Lima, pero de la UPC no existen rastros. Los amigos que he escogido como compañeros eternos de mi vida aparecieron después, e incluso mi única ex novia era una perfecta desconocida para mí por esos días. Pero es verdad, yo estuve ahí. Conocí gente, conversé con algunas (poquísimas) mujeres, jugué fulbito, aprobé exámenes, hice trampa, me decepcioné con un 12.3 en un curso por el que me había esforzado mucho. Me enamoré de alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad me enamoré dos veces. Por esos tiempos mis amores eran platónicos, y no me dolía aceptarlo. Venía aún con las huellas de un idilio por una chica de mi colegio a la que jamás me animé a hablar, y no estaba preparado para cambiar de estigma en mi primera experiencia universitaria. La primera chica que me gustó se llamaba Araceli. Hay que obviar su nombre de night club e imaginar a una mujer que podía volver loco a cualquier chiquillo de 17 añitos. Alta, de pelo castaño, mayor que yo, de cara preciosa. Con ella desarrollé mi vocación de espía. Sabía las horas en las que coincidíamos en la universidad y la veía llegar, siempre sola, a sus salones de turno. Soñaba con alguna posibilidad de hablarle, de encontrarla en la combi, de recogerle algún cuaderno olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca pasó nada. La única vez que su mirada se cruzó con la mía fue casi al finalizar mi primer ciclo, cuando se acercaba el verano y me pasaría sin verla tres meses o más. Yo estaba en el cuarto piso del pabellón por el que siempre la observaba, y a sabiendas de su total indiferencia, lo hacía sin reparos. Hasta que un día casi a la par de los primeros movimientos de mis ojos (que eran suyos en esos momentos) ella alzó la mirada. Me descubrió. Mi primer instinto fue cambiar de dirección, pero algo me llevó a quedarme quieto. Tuvimos conexión visual durante tres larguísimos segundos. Y juro que me sonrió. Ella era mayor que yo, y tal vez mi anatomía de ese entonces (escuálida y de rebelde cabellera) le pareció tierna, pero me sonrió. Quedé con el corazón extasiado y el rostro enrojecido de pasión. Me convertí en un zombie enamorado esa tarde y hasta el final del ciclo. Nunca más la volví a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si Araceli poseía una belleza mitológica y los dominios de su cuerpo estaban reservados para alguien mucho más cuajado que yo, la segunda chica por la que perdí la razón llevaba el aura un poco más alcanzable. Se llamaba Rocío, y a diferencia de Araceli, tenía mi edad, y coincidí con ella en un par de cursos del segundo ciclo que llevé en la UPC. Tenía la piel canela pero el pelo rubio. Unos ojos de gata y semblante de antagonista de novela juvenil. Habían rondando chicas más bonitas que Rocío, pero ella nos traía locos a todos los hombres del salón. Todos los hombres que no la conocíamos, pues ella paraba con dos o tres mequetrefes que no la soltaban así estuviesen regalando ropa en los eventos culturales de la universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Rocío tampoco corté mi “afición” por la contemplación, y su amor jamás dejó de ser platónico. Pero la tuve más cerca. Tristemente cerca. Con ella llevé un curso denominado “Nivelación de Matemáticas”, el abanderado del famoso “Ciclo cero” de la UPC, conocido por ser un asalto a mano armada. Fue el curso que desaprobé con 12.3 luego de haberme topado con un profesor particular que iba a mi casa en los horarios más inverosímiles, y que en mi “Bica”, con el apasionado estímulo de tener a Rocío en mi clase, me preparó como a un futuro ingeniero. Rocío era la típica chancona de un colegio al estilo San Silvestre, y así como destilaba sensualidad en cada paso era también la alumna más aplicada del salón. Eso hasta que llegó el primer examen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían pasado tres semanas desde el inicio del ciclo, y pese a que no había faltado a ninguna clase, el profesor de turno no sabía de mi existencia hasta que repartió las notas. Rocío fue orgullosa a recoger su 18 y miró con desprecio a los que empezaban a preocuparse por sus diez u onces. Pero lo que nadie tenía era que había un examen mejor: el mío. El profesor se sorprendió al descubrir que el 19 le correspondía a un muchacho que no había abierto la boca en todo el ciclo. Y yo me desparramé en mi asiento agobiado por tanta gloria repentina, como lo hubiese hecho Messi si el protocolo no le exigiría un discurso al recibir todos sus premios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los siguientes exámenes y hasta el Parcial, Rocío y yo entramos en una disputa por ser lo mejorcito del salón. Ella me superó en alguno, yo en otro, pero siempre estábamos en el podio. Y como suele suceder, me gané su antipatía. Yo quería ser su cómplice, resolverle las dudas que asomaban con algún tema nuevo (vamos, jamás fui un dotado en las matemáticas pero era mi “Bica”, y además, me había preparado como un condenado para aprobar desde mi primera vez, así que estaba muy familiarizado con el curso); o por último ofrecerle mi decoroso retiro de la competencia a cambio de un besito tímido o de la sonrisa con la que le guardaba el asiento a sus tardones amigos. Pero ella me quería ver por los suelos. Su complejo de “primer puesto” la tenía desbocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rocío sabía perfectamente quién era yo, pero si acaso nos cruzábamos por las afueras de nuestro salón, era un poema al desprecio. Recuerdo claramente habérmela topado en la puerta de ingreso a la universidad una vez. Ambos andábamos apurados, ella por llegar a su clase, yo por salir en búsqueda de unas cervezas para calmar la sed y el sudor delegados tras un ardiente partidito de fulbito. Casi, casi, nos chocamos cara a cara, y cuando me disponía a regalarle como saludo una tímida sonrisa sazonada por una línea negra de mugre por la frente, ella puso tal cara de asco que me llevó a regresarme a mi casa, olvidando a mis amigos y a las cervezas. Y en taxi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así empezó mi caída. Días después nos tocó una práctica dirigida en el salón que consistía en una especie de concurso en el que el profesor escogía a dos personas para competir en la pizarra por quién resolvía un ejercicio primero. Teníamos la mejor nota del examen Parcial, y era obvio que mi rival sería Rocío. Decidí dejar mi idilio de lado y me dediqué a observarla como lo que ella quería: como mi rival. La vi nerviosa a unos metros de distancia mientras yo alucinaba con lo lindo que sería devolverle la indiferencia con una paliza frente al resto del salón. Cuando llegó nuestro turno yo estaba listo y decidí pararme de mi asiento con una convicción ganadora que muy pocas veces ha regresado a mi vida. Pero no conté con una máxima fehaciente que indica que los cuentos de hadas sólo se hacen realidad para las princesas, y no para los plebeyos. La UPC debe haber sido la primera universidad en colocar elementos audiovisuales en los salones de clases, y en aquel de “Nivelación de matemáticas” había un televisor acomodado justo encima de mi esquinada carpeta. El impulso triunfalista que tomé para derrotar a Rocío me llevó a meterme uno de los golpes más fuertes de mi existencia. Un cabezazo de lleno frente al pedazo de metal que cuidaba al televisor de los alumnos cleptómanos me dejó un profundísimo dolor físico y uno acaso más fuerte desde el lado emocional. Obviamente las burlas no tardaron en aparecer. Todos se carcajearon. Todos menos Rocío. Nada ni nadie la pudo abstraer de las ganas que tenía por liquidarme matemáticamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviamente mi golpeado cerebro no me permitió resolver ni medio ejercicio y perdí estrepitosamente contra la que sería categóricamente la mejor alumna del salón al final del ciclo. Los días siguientes los pasé como lo que fui en general en toda mi etapa universitaria, un alumno relajado y conformista. Empecé a faltar a las clases y mis notas descendieron a niveles risibles. Aparecieron los jalados hasta que terminé por aprobar el curso con un escueto 13.5, decepcionando a mi profesor, quien me consideraba un genio incomprendido, y pasando al lado más triste del olvido para Rocío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las últimas imágenes que conservo de ella data de la penúltima semana de clases, antes de los finales, cuando el curso se había convertido en asesorías donde estaban permitidas las conversaciones y el relajo. Rocío era la reina y yo un objeto grisáceo. Llegué al salón dispuesto a sentarme en la esquina de siempre a esperar que pasen las dos horas, y la vi a lo lejos destilando belleza y seguridad, cantando sin que le importe el repertorio una de esas cumbias que estaban de moda por esos tiempos de inicios de la década pasada, y que decía algo como “maldito corazón, ya deja de llorar, ya no sigas sufrieeeendooo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duré medio ciclo más en la UPC. Ese imperio morado me terminó de consumir al llegar a las asignaturas “post ciclo cero”. Confirmé al mostrarme como un buen alumno en Lengua 1 que lo mío iba más con la redacción que con otra cosa; y con la masacre que me dieron en Mate 1 decidí que era mejor depositar a mi aventura numérica con Rocío como una ilusión. A ella me la crucé un par de años después vestida y maquillada como si bailase flamenco, y desde entonces alejé el rencor para acomodarla en mis memorias con música y olés. Será mejor así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del grupo de compinches que me acompañó en la ardua aventura de estar en un lugar que no nos correspondía supe que uno a uno fueron desfilando a otras universidades. Asumo que encontraron la calma que perdían a menudo cuando llegaban los consolidados de notas y observaban que les faltaba un mundo para llegar a la cima de ese carísimo infierno. Al menos yo la alcancé tiempo después, pero eso forma parte de otra historia. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6449128178314746652?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6449128178314746652/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/01/cosa-de-locos-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6449128178314746652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6449128178314746652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/01/cosa-de-locos-y.html' title='Cosa de locos (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-1526670474876347371</id><published>2011-01-03T14:11:00.000-08:00</published><updated>2011-01-03T15:29:29.707-08:00</updated><title type='text'>2011 (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El que pasó fue un año camaleónico. Fui un inexperto, un conviviente, un esposo, un hombre de familia, un hombre en peleas, un moribundo, un divorciado. Fui un futbolista venido a menos, un cantante de duchas y pasillos, un blogger esporádico, un caminante, un usuario de buses enormes. Fui un decepcionado, un “decepcionador”, un melancólico, un rencoroso, un resignado. Fui unos lentes de contacto, un guatón, un ser que encontró su primera cana. Fui un asalariado, un ocioso, un soñador, un emprendedor, un conformista. Fui un conductor renegón, un conductor apurado, un conductor saltarín, un conductor asaltado. Fui un solitario, un hombre libre, un egoísta con licencia. Fui un soltero. Un soltero agazapado, un soltero tímido, un soltero perfil bajo. Un soltero monse, un soltero floro monse, un soltero lenteja. Un soltero atrevido, un soltero ganador, un soltero hostigante, un soltero feliz. Fui un barranquino. Fui un san bartolino. Fui un limeño irresponsable. Fui un aliancista. Y sobre todo fui el súbdito, el hincha y el papá de Inés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 2010 ha sido el año más intenso de mi vida. Nunca antes había atravesado por tantos cambios, por tantas pruebas duras. Aún con la resaca de los feriados y de mis minivacaciones, he llegado a la conclusión de que dentro de todo lo triste que me pasó, fue un buen año. Un año clave. Recibí las 12 al lado de tres hombres en situación parecida a la mía, y todos, a nuestra propia manera, coincidimos en afirmar que el 2010 había sido el año en que por fin nos dimos cuenta de qué iba la vida, que el relajo y la despreocupación habían quedado en el pasado, y que no volverían. En mi caso, obviamente, el punto clave fue la llegada de Inés a mi mundo, que sumada a la despedida de su mamá, se convirtió en un renacimiento para mí. Soy otra persona. Y aunque el futuro incierto me llena de miedos antiguos, la luz de mi niñita me ofrece un arma nueva e infinita para contrarrestarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero llega con los bríos del cambio, de la vuelta de página. Es por eso que prefiero obviar detalles de lo ocurrido en el 2010 para pensar con buen viento en el 2011. A vivir el presente. A ser menos camaleónico, pero a reinventarme positivamente siempre. A nadar en ese tormentoso mar con la meta tatuada en la frente: ser feliz para poder hacer feliz a Inés. ¿Qué otro aliciente necesito? Bienvenidos los que quieran sumarse a mi travesía. Tendrá altas y bajas. Habrá calma y revolcones. No prometo un jardín de rosas ni tampoco la sucursal del infierno. Ofrezco, eso sí, un camino constante, porque no voy a rendirme nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feliz 2011 &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-1526670474876347371?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/1526670474876347371/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/01/2011-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1526670474876347371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1526670474876347371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2011/01/2011-y.html' title='2011 (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-596022596519906885</id><published>2010-12-16T15:22:00.000-08:00</published><updated>2010-12-16T15:32:49.873-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Aguardiente de mora (F)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La carne de este cuento fue concebida hace un par de años, una tarde solitaria en San Bartolo, desde la terraza de una casita hermosa en la que podía mirar el mar, y mientras pensaba en la muerte. Lo he venido editando mucho tiempo, tratando infructuosamente de impregnarle la madurez del presente, y estoy exhausto. El punto de partida es un hecho real, y está ambientado en un lugar de verdad, que es la chacra de los abuelos de mi ex novia. Podría escribir muchísimas cosas relacionadas a la chacra. Todas positivas y trascendentes. Lo podría hacer incluso con cursilería en una especie de merecida despedida, pero ese lugar, que ya no es mío, será de Inés muchísimo tiempo, y eventualmente habrá que regresar. Por eso alejo el pudor y hago públicos a todos estos falsos personajes (sobre todo al narrador). Felizmente hoy están de moda frases célebres diciendo que la ficción es la mejor manera de hacer interesante a la vida. Que “inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”. En el momento en que escribí este cuento mi lado más hijo de puta quería tal vez esa vida. Quién sabe. Así salió. Se lo dedico a Adrián (mi verdadero compañero de la chacra), quien fue hasta hace unos meses mi cuñado, y será mi amigo y mi familia (escogida) para siempre. Por el gusto de habérmelo cruzado la otra noche. Por el gusto de redescubrir su esencia buena. Por sentirme partícipe de ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Pensando en la Terrano, el Chilco y en Pablito. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He tomado una ducha un sábado por la mañana y mi cerebro no tiene la palabra resaca en su repertorio. He separado un billete de cincuenta soles de mi billetera que terminará en las arcas de un grifo y Luciana me ha preguntado ya en siete oportunidades qué tal le queda la ropa. Todo es parte de la liturgia que implica visitar la chacra de su familia al sur de Lima. Esta vez la excusa es irrechazable. Es el cumpleaños número 80 de su abuela materna, la única que le queda con vida y una de las personas que más ha querido en sus 27 años de existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son esporádicas las reuniones en la chacra, y casi siempre tienen que ver con cumpleaños. He recorrido los 75 kilómetros que separan mi Miraflores del lugar desde hace casi una década. Al inicio, cuando no contaba con auto, era muy tedioso. Esperar un ómnibus veloz hacia el sur es complicado. Luego se me hizo más llevadero, pero no puedo negar el estrés que me genera manejar por la carretera, sobre todo en épocas de verano como ésta, y aún, pese a las repeticiones, no logro captar el atajo que me lleva a la puerta de ingreso al lugar sin consultarle a Luciana. Ha pasado más de un año desde el acontecimiento que marcó el futuro de su familia, y la chacra me vuelve a recibir con retazos de la felicidad de antaño por primera vez, desde que un arisco infortunio se filtró en sus planes. Hasta las flores parecen haber despertado de su letargo. Hay música de moda en el añejo pero eficiente equipo de sonido. Y las botellas de ese aguardiente delicioso en base a moras, cuya existencia es exclusividad de los árboles en este gran espacio anaranjado por el que deambulan vacas y caballos escuálidos, han reaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último cumpleaños de la abuela no se festejó en la chacra. No había entonces espacio para sonrisas ni felicitaciones. El aroma a hospital y la resignación de los médicos estaban en carne viva. El abuelo no soltó las manos de su esposa en todo momento. Tampoco derramó una lágrima en público. Le restaba oxígeno para seguir exteriorizando su torso inquebrantable ante la humanidad acongojada. Mi suegra desecha. Su optimismo fue más una negación hasta que los dibujos en la angustiosa pantalla se salieron de la línea. Y Luciana ida. Como yo, que no entré a la habitación en ninguna de mis visitas a la clínica. Como yo que no tuve el valor de despedirme. Como yo que había olvidado el rostro de mi padre pero ya era sabio para entender incluso a los cuatro años de edad que la vida también estaba acabando para mi madre. Ese gesto cómplice fue quizás mi principal motivo para seguir llenando de meses y monotonías una relación por la que desde hace mucho había dejado de luchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chacra se ha llenado de sus habituales visitantes. He saludado amable como siempre a todo el repertorio mayor. Un beso en la mejilla y un fuerte apretón de manos acompañando a las palabras “hola” y “bien” serán suficientes. Por eso amo llegar a la chacra. Nadie me pregunta nada. No se meten en mi vida ni me cuestionan. Ser ignorado es para mí un halago. Detesto las comparaciones y Ernesto, el esposo de Marisol, la única prima contemporánea de Luciana, me supera en todo lo que podría interesarle a un grupo en los vientos de los cincuentas. Ernesto tiene dos años más que yo y es mi antítesis. Viste una camisa elegante y llega en pantalón desde que era un aprendiz de veinteañero. Se involucra en conversaciones “adultas” sin aparentar aburrimiento. Y no calla ni con el pensamiento a su mujer cada vez que se impone más de la cuenta en voz alta. Pese a eso, cuando ya cumplió con el protocolo, este hombre de hielo es mi complemento, mi “amigo de la chacra”. No me imagino su compañía en otro escenario pero sólo gracias a él he soportado las largas ausencias de Luciana, siempre colaborando en la cocina, entreteniendo a sus primos más chicos, y desde que Marisol es mamá, sin despegarse de Mariel, el dulce retoño de dos añitos de la pareja perfecta de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Voy a dejar a Luciana”, le he dicho a Ernesto. Y automáticamente ha roto el hielo a nuestro modo: sirviendo un par de vasos puros de aguardiente de mora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;Marisol siempre ha sido un enigma. Manifiesta su felicidad sin siquiera desplegar una pizca de su sonrisa. Llegó al mundo medio año antes que Luciana, y eso la torna especial en la familia. Su condena es que sin importar el rubro, debe superar a mi mujer en todo. Dar un poco más. Eso sólo genera malestar y sacrificio en ella. Luciana ni se inmuta, pues es una persona relajada, no se hace problemas. Está acostumbrada a darle pelea a la vida sin estacionarse mucho en lo negativo. Por eso quizás lleva conmigo tanto tiempo. Por eso aceptó la convivencia antes que el matrimonio, el mismo año en que Ernesto y Marisol festejaron su unión en una derrochante ceremonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisol se las ha ingeniado para cumplir el ritmo de lo establecido. Se lo inculcaron sus padres desde que la colocaron en un colegio para mujeres de carácter religioso. De esos que antaño significaban “clase”, tan fuera de la coyuntura mundial. Y respondió con las mejores notas del salón. Luego una carrera de cinco años exactos, el novio, el trabajo a los 22, el matrimonio, la hija y un embarazo como meta próxima. Por eso se esmera en presentar a Ernesto a los octogenarios primos lejanos de su abuela que acaban de llegar a la chacra y lo separa de mi lado justo cuando esperaba su respuesta. A Luciana, por supuesto, no se le ocurre hacer lo mismo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy apoyado en una de esas rocas que fungen de sillas bordeando la piscina de la chacra. Los primos menores de Luciana se lanzan clavados y simulan surfear trepados a antiguas tablas hawaianas con la genuina libertad en sus ojos que no varió ni con los acontecimientos del año pasado. A algunos los conozco desde las panzas de sus madres. A otros he visto crecer. Luego de Marisol y Luciana hubo una pausa prolongada en la procreación de la familia. La tercera es Micaela, una niña que ya cumplió 18 años, y que recuerdo desde cuando le llenaron de fierros la dentadura y no le interesaba realizarme los más básicos trucos de magia acomodando las piernas sin cubrirse el calzón. En el último cumpleaños de Luciana que festejamos en la chacra ella ya tenía 16, y mis amigos no dejaron de observarla con una morbosidad que me incomodó. Micaela se alejó de mí conforme fue creciendo. Hoy sólo nos saludamos y nos gastamos durante cuatro segundos la misma broma de siempre. Después me entero de sus cosas por mi suegra, que a veces comenta sus desdichas, disfrazadas de un español encallado en Lima algo mayor que ella con ojos lindos y traviesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He prolongado mi decisión mucho tiempo. La idea de alejarme de Luciana ha estado latente desde que me descubrí indiferente a mis pecados, y noté en su capacidad por tolerar mis silencios una serena resignación. Continúo siendo el equilibrio de sus actos pese a que sin ella, al igual que en el camino para entrar a la chacra, ando desorientado por la vida. Sin embargo son lejanas en mi memoria las imágenes de la Luciana enamorada. Nos siento como dos hermanos compartiendo una casa acordándose de vez en cuando que se aprecian. Nuestra propia pantalla angustiosa hace rato que colapsó, pero decidimos ignorar su desborde. La observo desde la piscina mientras un clavado me salpica la camisa. Está junto a la homenajeada, y me pregunto si el tiempo le alcanzará a la señora para conocer al próximo hombre de su nieta favorita. Te voy a extrañar, digo para mí mientras me sirvo ahora mi tercer vaso de alcohol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El licor de mora que preparan aquí es un manjar. Una variante eficiente del pisco, aguardiente bandera del Perú. Navega suavecito por la garganta y desencadena, mientras adormece, las neuronas de la felicidad. Hoy día es indispensable. Después de tiempo están permitidas las sonrisas en la chacra. Algunas señoras allegadas a la abuela, de esas que sólo se asoman en su cumpleaños, se dedican a divertirla. La hacen hasta bailar, y la multitud celebra con carcajadas sus esforzados pasos danzantes. Ella sonríe arrugadísima y tierna, con el pelo más blanco que veré en el mundo y los ojos fuertes que comunican que por hoy día, su ausencia descansará efectivamente en el lujoso jarrón lleno de cenizas de la capilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es hora de comer. Marisol y Luciana entran en una competencia por quién atiende mejor a la gente. Una competencia que sólo conoce la primera. Cuando ya todos tienen sus platos, nos acomodamos los cuatro en la misma mesa. Ahora Marisol propondrá un tema incómodo y Ernesto no la frenará. Me preguntará por mi trabajo para que quede claro a quién le va mejor. Comentará su próximo viaje junto a Ernesto o sus planes de adquirir una nueva camioneta. Yo ya ni muestro incomodidad. Mi mediocridad ha sido mi aliada en la decisión de aceptar ser el segundo frente a los éxitos de Ernesto. Más aún ahora que conozco su secreto. Más aún ahora que la dosis de antítesis ha disminuido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue sin querer. Nunca habíamos tenido una conversación tan íntima, y sin duda lo descuadré cuando mencioné lo de Luciana. Sentí su alejamiento largos minutos, hasta que me lo crucé en el baño. Mientras se lavaba las manos escuchando la melodía de mi orina alcoholizada, me dijo: “es iluso creer que uno le puede ganar a la vida, que uno escoge su destino”. Luego de secarse las manos me cogió el hombro y me dijo: “pero hay cosas que ayudan”. Automáticamente sacó de su bolsillo un papelito doblado de forma archiconocida. “Pídeme cuando quieras”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca imaginé a Ernesto involucrado en drogas. Me hubiese aliviado algunas mentirillas para escabullirme entre los matorrales de la chacra a meterle tres o cuatro pitadas al cigarro de marihuana que me suele acompañar. Hubiese fumado conmigo tal vez, o servido de cortina de humo (aunque no literalmente) para hacerlo con menos tensión. A la coca le tengo respeto. Y aunque de vez en cuando retorno a ella, desde que vivo con Luciana es más complicado. Se hace la desentendida pero más de una vez la he pillado husmeando entre las esquinas de mis tarjetas. En otras épocas la juerga fue su peor enemiga, y no se despegaba de mi lado ni me dejaba salir sin ella por temor a que mi nariz se blanquee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa, pese a ser un cemento por dentro, Ernesto actúa como siempre. Amable ante los adultos que le dirigen bromas, educado para servir el refresco tanto a Marisol como a Luciana. Su esposa ahora toma la batuta de la conversación. “¿Y ustedes? ¿Para cuándo?” me dice señalando a Mariel con sus ojos inexpresivos y su estática sonrisa. Luciana responde como suele hacerlo ante esa pregunta, con un gesto sarcástico y acústico para dejar en claro que no depende de ella. Yo prefiero callar e imaginar la posible reacción de Marisol al descubrir a Ernesto jalando. Lo último que supe de ella a propósito de las drogas fue que estaba en contra. Que jamás las había probado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue unos meses antes de la aparición de la punta del iceberg de la tragedia, en la última celebración en la chacra con todas las de la ley. Cuando los hospitales y los médicos eran parte de lejanas anécdotas. Luciana es una escritora magnífica que desaprovecha su talento en una frívola agencia de publicidad, y en una oportunidad se adjudicó el primer puesto en la categoría de cuento de los reconocidos juegos florales de su universidad. Coincidimos el siguiente fin de semana todos en la chacra. Creo que se celebraba la primera comunión de alguno de sus primos. Mi suegra hizo público el asunto y no se hablaba de otra cosa en la reunión que no sea del premio de su hija. Todos querían leer ese cuento que me tenía como protagonista oculto. Una especie de “yo” mejorado. Menos dubitativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marisol no sabía cómo actuar. Sentía la derrota por primera vez. No había felicitado a Luciana de antemano y no tenía con qué excusa retroceder. Faltó en la cocina un insumo, como suele suceder, y la abuela, al notarme cerca, me pidió por favor que vaya a conseguirlo. Tenía que usar el auto, el establecimiento más cercano queda lejos. “Yo te acompaño”, dijo Marisol, “quiero comprar unas cosas”. Hasta ahí todo estaba en orden, pero yo recordé que mi viejo Honda Civic no había sido lavado en semanas, y que sin duda, desparramados por la guantera o los posavasos, aparecerían residuos de mi idilio marihuanero. No tuve ni tiempo ni armas para limpiar la escena del crimen. Marisol andaba inquieta y yo sabía que era por el premio de Luciana. Movía con nerviosismo las piernas y no paraba de conversar y de mirarme fijamente. Justo cuando la situación estaba llegando al pico de la incomodidad, notó pequeñas ramas verdes por la caja de cambios, y la curiosidad la obligó a abrir la guantera, donde descansaba una latita de la que era fácil adivinar su contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo que continuó a la escena me descuadró. Marisol se olvidó de su conversación y con voz autoritaria me dijo: “para, estaciónate acá”, y me obligó a detener el auto en plena carretera, como si se hubiese averiado o bajado una llanta. Antes de que pueda hacer cualquier gesto, se dio maña para desprenderme del cinturón de seguridad y desabrocharme el cierre del pantalón. Segundos después se había levantado la falda y cabalgaba con ferocidad mientras me llenaba de besos húmedos y automáticos. Los autos pasaban raudos no muy a menudo y ella no llevaba ropa interior. Eso bastó para que mi excitado cerebro no descargue el freno hacia mi erección. “¿Desde cuándo fumas?”, me decía alternando sus gemidos embusteros. Yo trataba de mentir pero no podía. Me sentía en el más enardecido de los interrogatorios. “¿Y Luciana fuma?”. Cuando le respondí afirmativamente mientras acomodaba con violencia mis dientes en sus gruesos pezones, afianzó la velocidad hasta que segundos después, acabé dentro de ella. No soltó ningún gemido más. Luego se reacomodó en su asiento y dijo: “sabía que era una fumona. La marihuana me parece desagradable”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca más hablé del tema con Marisol ni con nadie. Ella siguió actuando como siempre. El día de la consumación de la tragedia, todos los hijos, nietos y demás familiares habían ofrecido sus condolencias a la abuela, y con todos, Marisol incluida, ella había actuado con serenidad, pero cuando se acercó Luciana, rompió en llanto. En algún momento de la ceremonia me llegó un mensaje de texto: “te espero afuera”. Era Marisol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche va a llegar pronto. El baile se ha generalizado. Hasta el abuelo ahora danza al ritmo de huachafos hits. Es en vano decir que después del almuerzo le solicité el papelito a Ernesto, y al aguardiente de mora le hemos añadido varias latas de cerveza que han entrado a nuestro organismo sin que nadie externo las pueda notar jamás. He olvidado por un momento mis vacilaciones. La coca me sensibiliza. También me excita y no dejo de mirar con lujuria a Marisol. Ella me ignora. Más tarde le diré que quiero tener un hijo con Luciana, que de este año no pasará, que una gran noticia se hace urgente en estos momentos. Ella caerá en mi trampa y seguro se las ingeniará para en algún descuidado dormitorio o entre los matorrales, plasmar su poder a su manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luciana baila conmigo y soporta mis besos como cuando éramos una pareja de verdad. “Te voy a extrañar”, me consuelo en silencio otra vez introspectivamente. Luego nos tomamos un descanso. Está agotada, pero yo no ceso de beber. Ignora que ese hombre ideal que bailotea robóticamente con su prima me ha proporcionado la coca, tanto como Ernesto ignora que conozco de memoria todos los rincones ocultos del cuerpo de su esposa. Luciana acomoda su rostro en mi hombro y contempla a la multitud que se mueve como en una ola. “Qué increíble que ya haya pasado un año”, me dice, y ambos suspiramos con dirección a la capilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es tiempo de la foto de rigor. La misma que todos los años discrimina a los invitados que no son de la familia. Es una costumbre. Sólo aparecen en la imagen los abuelos, los hijos y sus parejas, y los primos. Desde que se casó con Marisol, Ernesto forma parte de la foto. Mi relación no goza del consentimiento de Dios, así que yo siempre quedo aparte junto a los invitados que han llegado con paracaídas. Pero hoy la abuela hace una pausa y me llama por mi nombre para luego dirigirse al grupo de rechazados. “Acérquense”. Yo acudo casi con regocijo y tomo de la mano a Luciana. “Esta vez no quiero que falte nadie”, sentencia la abuela. Y ensaya para el flash la más arrugada de las sonrisas.   &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-596022596519906885?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/596022596519906885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/12/aguardiente-de-mora-f.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/596022596519906885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/596022596519906885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/12/aguardiente-de-mora-f.html' title='Aguardiente de mora (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-25151765927264124</id><published>2010-11-30T14:26:00.000-08:00</published><updated>2010-11-30T14:33:31.013-08:00</updated><title type='text'>Cinco goles más (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Nos vamos levantando. Y gracias al Dios Fútbol.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;1- No pude ver en directo el partido de ayer. De tres a cinco de la tarde me la pasé en la oficina con ganas de matarme cada vez que actualizaba la página virtual de El Comercio y me llegaba la noticia de un nuevo gol. Felizmente al regresar a casa me encontré con el derbi completito, y aunque no es lo mismo, disfruté como todos, al punto en que también me di tiempo para ver la tercera repetición bordeando la medianoche. En espectáculos como el de ayer sobran las palabras. Fue un partido mágico. Una demostración certera de que el fútbol todavía puede ser arte. Y la confirmación de una frase que ya debería ser un consenso: el Barcelona de Guardiola es el mejor equipo de la historia. ¿Con qué argumentos negarlo? ¿Hay algún equipo superior? Los futboleros de mi generación hemos crecido con tres posibilidades en el tapete: el Brasil de Pelé, la Holanda de Cruyff y el Milan de Arrigo Sacchi. Hablamos de un cuadro repleto de jugadores finos, otro revolucionario en cuanto a tácticas ofensivas y un tercero implacable y muy eficaz. Bueno, el Barça de Guardiola posee todo eso. Y con el agregado de plasmarlo en tiempos donde el fútbol ha dejado de ser un deporte estético. Hoy, amarrado firmemente al marketing y al dinero, prioriza el resultado, amparándose en esquemas ultradefensivos donde prevalecen los jugadores físicos sobre los talentosos. Y el Barça se da maña para ofrecer un fútbol casi setentero, de toque y paredes en primera, de lujos y goles en cantidad. Y a mil por hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2- ¿Cuánto mérito tiene Guardiola? Mucho. Ha encontrado su equipo ideal. Cuenta con once guerreros que lo comprenden a la perfección, que interpretan como propias las partituras de su orquesta. En el Barça actual no hay espacio para nadie. Guardiola no quiere a nadie. Incluso Víctor Valdés y su conocido segundo plano frente a Casillas en la selección española, incluso Eric Abidal y su aparente simpleza, incluso Pedro pese a que en su puesto existe un tal Cristiano Ronaldo, son indiscutibles. Los ocho jugadores restantes de su escuadra son actualmente, con amplia diferencia, los mejores del mundo en su posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3- Hablar del Barça y no mencionar a Xavi e Iniesta es peyorativo. Ayer definieron el clásico a los siete minutos. Iniesta con un pase excepcional y Xavi con la posterior definición con sutileza. Pudo haber sido perfectamente al revés la jugada. Ambos hacen bien las dos cosas. Poseen un conocimiento de la pelota que asusta. Ellos la acarician con el pie, pero la dominan con todo el cuerpo. Por ello pese a ser jugadores de escasa estatura y no muy corpulentos, dan la impresión de ser insuperables. Para robarles el balón hay que hacerles foul. Y un foul fuerte además, porque si los empujas o los desestabilizas apenas con las manos, no pierden el control, salen airosos siempre. Xavi e Iniesta son los cimientos más fuertes del Barça porque pese a ofrecer mayormente su talento alejados del área rival, son dos jugadores determinantes. Y si ya tener a Villa y a Messi en la delantera es un terrible dolor de cabeza, si los dos que los resguardan son ellos, se necesitan más de once para neutralizarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4- Y la frutilla del postre es Lionel Messi. Porque Puyol y Piqué se complementan a la perfección, Dani Álves es un genio, Busquets el mejor volante tapón de los últimos tiempos y David Villa un asesino frente a la red, pero todos ellos (e incluso Xavi e Iniesta), juegan con el plus de saber que su número 10 va a desequilibrar en cualquier momento, y que aparecerá mínimo cinco o seis veces por partido con una genialidad que se grafica en un golazo o en un par de asistencias como las que le dio a Villa ayer. Y así todo es más fácil. Messi es lo mejor que vi en mi vida. Es, además, parte del mejor equipo de la historia, y eso vuelve cada vez menos insólito el decir que individualmente, es el mejor también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5- ¿Y el Madrid? Florentino Pérez debe estar dándose de cabezazos. ¿Qué más puede comprar para ganarle al Barcelona? Tiene al segundo jugador más desequilibrante del mundo en Cristiano Ronaldo y ni bien aparece un crack de mediano nivel en Europa (Ozil, Di María, Khedira), es fichado por el Real. Encima tiene a Mourinho, el único entrenador que se podía jactar de haberle aguado la fiesta al Barça de Guardiola. Mourinho es un DT cuya virtud está en plasmar lo mejor de cada jugador de su plantel. Con él mejoró una barbaridad Marcelo, con él Xabi Alonso volvió al fútbol, con él Carvalho no es un central en bajada, con él Cristiano Ronaldo es un jugador de PlayStation. Pero el Barcelona, el Barça de Guardiola, con la pelota a ras del suelo tiene como principal virtud el sacar lo peor de sus rivales. Ayer todo el Madrid, incluso Iker Casillas, quien es a mi entender (siguiendo con dictámenes absolutos) el mejor arquero de la historia, tuvo una actuación de tres puntos. Florentino Pérez debe haber pasado toda la noche en vela, pensando en cómo hacer para comprar el próximo año a los once jugadores con la piel azulgrana que ayer le mostraban la mano abierta. Sabe que sólo así podrá ser mejor que el Barça. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-25151765927264124?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/25151765927264124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/cinco-goles-mas-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/25151765927264124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/25151765927264124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/cinco-goles-mas-y.html' title='Cinco goles más (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8101080527202954891</id><published>2010-11-24T14:58:00.000-08:00</published><updated>2010-11-24T15:05:15.433-08:00</updated><title type='text'>Esperando las gaviotas (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"Puedo (quiero) resumir un poco, porque todo lo que toco se rompe".&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Admiro a la gente con fe. A los que encuentran algo rescatable en medio de la tormenta más fiera. A los que profesan las frases “no hay mal que por bien no venga” o “todo pasa por algo”. Asumo que es el consuelo inmediato cuando se observa a un semejante caer en desgracia, y muy pocas veces el emisor se cree el mensaje. Pero al que de verdad se lo cree, lo admiro. Nunca antes había estado tan familiarizado con esa premisa. Mi vida hasta hace unos meses era un juego apacible, sin sobresaltos importantes. Lo he repetido hasta el cansancio pero el destino no me da tiempo de procesarlo, así que lo volveré a decir: contrapesando y descontando lo mágico de conocer a mi hijita, una racha negativa se ha posado sobre mi aura. Desde el lado emocional y afectivo hasta en la inspiración; y en el colmo de la intromisión, se ha colado en lo material. Ayer mientras salía de la casa de unos tíos me di con la sorpresa de que me habían robado la computadora del carro, que es como dejar sin corazón a un ser humano. Fue rapidísimo. En cuestión de minutos los choros habían realizado la tarea. Al salir a la calle los descubrimos con las manos en la masa, pugnando por seguir desmantelándome. No tuve miedo ni cuando hicieron el amague de mostrar una pistola. Estuve impávido largo rato, como preguntándole al guardián de mi cerebro hasta cuándo podría soportar tanto bajón. Ido y derrotado, observé lo que ocurría a mi alrededor. Un guachimán “distraído”, ineficientes policías, alarmante comprobación de pérdidas, distintas reacciones de mis familiares. Recordé que hace algunos años, con otro auto, me había sucedido lo mismo, y que desde esa fatídica noche, de vez en cuando interrumpía mis sueños con la misma pesadilla: llegar a mi carro y encontrarlo sin la computadora. Recordé también que cuando empezaron a caer como granizo las malas noticias a mi vida llegué a pensar que “lo último que falta es que me roben el carro”. No lo podía creer. Quería teletransportarme a mi cama y dormir un día entero. Reconstruir un ataque como el acontecido a mi Honda Civic no cuesta menos de mil dólares, y a razón de mis actuales gastos y mi presupuesto, el carro permanecerá así hasta diciembre… pero del 2011. Pero al fin y al cabo estamos hablando de algo material. Lo triste, y lo que me llevó a desahogarme frente a gente que me quiere pero que no me veía llorar desde hace mucho, fue la presencia desafiante del mal karma. Como si estuviese pagando por un pecado que desconozco. Pensé en el mail que me había mandado hace algunos días un viejo amigo que no veo hace más de un año, y conocedor de mi situación actual, me adjuntaba un poema que decía: “Pasarán estos días como pasan/ todos los días malos de la vida./ Amainarán los vientos que te arrasan/ se estancará la sangre de tu herida./ El alma errante volverá a su nido/ lo que ayer se perdió será encontrado/ el sol será sin mancha concebido/ y saldrá nuevamente en tu costado./ Y dirás frente al mar: ‘¿Cómo he podido/ anegado sin brújula y perdido/ llegar a puerto con velas rotas?’/ Y una voz te dirá: ¿Qué, no lo sabes?/ el mismo viento que rompió tus naves/ es el que hace volar a las gaviotas”. Lo paradójico es que, lo juro, estaba tomando muy bien los pesares. Los venía sobrellevando. Luchando contra tercos demonios, me disponía poco a poco a adentrarme a mi nuevo mundo alejando la pena y el rencor, con ganas de salir en búsqueda de desconocidos estímulos. Me había dicho “hasta acá llegó todo, ahora a subirla”, pero este nuevo golpe me deja una duda disfrazada de certeza: “¿Hasta acá? Las huevas”. Cualquier otro golpe puede aparecer, así que es mejor guardar la calma, dedicarme a resistir los fuertes vientos y esperar, agazapado y sin pedir mucho a cambio, que regresen las gaviotas a mi cielo.           &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8101080527202954891?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8101080527202954891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/esperando-las-gaviotas-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8101080527202954891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8101080527202954891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/esperando-las-gaviotas-y.html' title='Esperando las gaviotas (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2559943305686052624</id><published>2010-11-16T21:47:00.000-08:00</published><updated>2010-11-16T22:05:17.824-08:00</updated><title type='text'>Medio año de papá (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Festejando el medio año de mi hijita, este texto me lo autodedico.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace seis meses Inés entregó sus primeros suspiros a este mundo y desde entonces todo lo demás ha dejado de ser importante. Hace seis meses, colándose en el silencio de una fría y confusa madrugada, Inés se desprendió de su madre para convertirme en padre, llevándome a descubrir la versión más genuina del amor. Desde hace seis meses hasta la oscuridad cobra sentido y el dolor profundo tiene su recompensa. Porque a la par de la llegada de mi hijita el destino se ha encargado de colocarme frente a situaciones difíciles, frente a una racha de noticias desalentadoras que en otro momento de mi vida me tendrían cuesta abajo, pero las he sobrellevado con firmeza, hallando por primera vez la medicina en su sonrisa. Inés tiene magia cuando me sonríe. No miento. No exagero. Sus ojos encapotados, sus cachetes dulces y su boca aún sin dientes brillan cuando me reciben, y son el pasaje a un sentimiento más poderoso que la felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la felicidad y el amor son tesoros pasajeros. Breves y embusteros instantes dominados por el final, y el final es siempre negativo. Con Inés lo negativo no existe. Con ella el final no existe. Han sido una aventura maravillosa estos seis meses pese a que en el camino atravesé por obstáculos tremendos, como el tener que decirle adiós a su mamá. Me tuve que enfrentar a una faceta de la relación de pareja que desconocía notando que algo se había roto para siempre, y debí aceptar sin protestar una sentencia que jamás imaginé para mi futuro: "tendré una hija que no vivirá conmigo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ese detalle, difícil y doloroso en demasía, le ofrece tonalidades acaso más literarias a mi aventura. Ser padre soltero te da una distinción, una dosis de personaje de ficción. Por que me conozco, y sé que si la situación hubiese sido distinta y yo seguiría con mi ex, me ampararía hasta lo máximo en ella, y mi labor sería hasta hoy la que fue cuando Inés era una recién llegada, y yo actuaba como el solucionador de los aspectos que no la incumbían demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo hasta después de separarme he aprendido, por ejemplo, a cambiar pañales, y ese es un acto no menor cuando se trata de bebés. Recuerdo que la primera vez que lo intenté aún vivía en pareja, y valga la redundancia, era la primera vez que me quedaba a solas con Inés. De pronto un olor inconfundible me indicó que se había cagado. Su mamá no tardaría mucho, así que decidí no hacerle caso. Pero pasaron los minutos y el aroma incrementó. Pensé en que por mi culpa sufriría su primera escaldadura, y no me lo perdonaría. Opté por aventurarme. Luego de una ardua batalla, le alcancé a colocar el pañal, y encima me di maña para cambiarle la ropa. Cuando llegó su madre a casa nos encontró a los dos echados en el sofá. Me felicitó sorprendida, pero algo la llevó a desconfiar, y decidió revisar el trabajo: le había puesto el pañal al revés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la mayoría del tiempo que paso con Inés estamos sólo los dos, y cambiarle el pañal es cuestión de rutina. Claro, hay días difíciles en los que me sorprende con una diarrea que le mancha hasta la espalda, pero incluso así, salimos airosos. Mis errores son cada vez menos contundentes y se resumen en regresarla con una ropa que no combina en absoluto o con los pies fríos porque olvidé ponerle la media a su pie derecho, pero poco a poco los superaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inés tiene apenas seis meses pero ya ha entendido cuál es mi rol en su vida. Pese a ser una niña muy sociable y de sonrisa fácil, tiene conmigo un flechazo distintivo, sólo superado por la química que la une a su mamá. Cuando Inés me ve llegar toda ella es luz, se inquieta, se separa de quien la tenga y me estira los brazos. Puede que a los dos segundos de haberla cargado se aburra y me retire, o se distraiga con facilidad, pero para mí el simple (y vital) hecho de que me reconozca se convierte en el regalo más hermoso que me ha dado el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra muestra de su amor aparece cuando la enfrento a gente que no conoce mucho. Al inicio suele estar cómoda y sonreír y jugar y generar en cualquiera la sensación de que es especial para ella, pero llega un momento en que se fastidia. De la nada coloca sus labios en posición de puchero y me busca con la mirada. Al encontrarme empieza a llorar, y sólo se calma cuando regresa a mis brazos. Se calma automáticamente. ¿Qué he hecho yo para merecer eso? ¿Por qué pese a no vivir con ella y no estar presente al momento en que empieza un nuevo día sigo siendo en su pequeño universo alguien tan familiar? Es un misterio de la vida. Un milagro. Tal vez algo químico que tiene que ver con el olor, o una cuestión de energía, de buena vibra generada desde que estaba en el vientre de su mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo un poco más de dos meses separado de Inés. Felizmente la distancia de nuestras casas es sólo de una cuadra, y todo se me hace más fácil. Me la llevo caminando cargadita en su asiento y en los tres o cuatro minutos que me separan de la meta ella no deja de observarme fijamente, como diciéndome “por si acaso acá estoy, no me olvides”. Yo soy una oda al cuidado, y de vez en cuando hago una pausa para hacerla reír, y al volver a mis pasos, le canto cualquier cosa para que entienda que jamás la voy a abandonar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a mi casa ella primero hace un estudio veloz del espacio. Lo reconoce al cabo de unos minutos. Saluda con una sonrisa a mi primo (que es su tío y vive conmigo) y queda lista para su show. El show con Inés es encontrar la postura que mejor le acomode y hacerla reír. Luego entregarle poco a poco sus juguetes y alucinarse viéndola interactuar con ellos (interactuar significa cogerlos un segundo y medio para llevárselos a la boca). Inés no causa molestias. No llora ni hace rabietas. Sólo acusa malestar cuando tiene hambre, y cuando no tengo a mi primo cerca para darme una mano, la cosa se dificulta un poco. Ella con hambre no acepta que la deje solita, la tengo que cargar sí o sí, se va desesperando, y yo no tengo en mi pecho su alimento. Debo retirar la mamadera de la refrigeradora, prender la cocina para hervir el agua, enfriar su leche. Y todo con sólo una mano libre. Cuando ella reconoce la mamadera empieza un espectáculo algo cruel: se inquieta, la quiere coger, hace sonidos acústicos. Finalmente se la toma íntegra. Luego viene el chanchito y cada vez con menos frecuencia, un certero vómito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más complicado con Inés llega esporádicamente, cuando me toca pasar la noche con ella. Es a la vez una actividad apasionante, un vínculo espectacularmente mágico. Pero conlleva ciertas dificultades. Para empezar, aún no tengo una cuna en mi cuarto, y debe dormir conmigo. Inés es la primera (y espero no sea la única) mujer que ha pasado la noche en mi colchón de soltero. Pese a manifestar calma cuando está en mi casa, dormir conmigo es para ella un acontecimiento que la aleja de su rutina, y me tiene en constante amenaza mientras lo hace. Ella ya pasa cinco o seis horas seguidas durmiendo por la noche, pero cuando lo hace conmigo se suele despertar en la madrugada. A veces se pone a llorar con intensidad y aún con los ojos cerrados, como si estuviese inmersa en una pesadilla. La tengo que cargar y consolarla unos minutos hasta que se duerme, pero alejarla de mi pecho resulta casi imposible. Entonces hay un par de horas en las que ella se entrega al sueño plácidamente sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser un padre soltero ha mandado al universo del olvido mis planes de formar una familia tradicional con Inés, de educarla en la armonía de un papá y una mamá juntos. Mi nueva situación se aleja mucho de lo establecido históricamente en mi familia. Pero a lo hecho, pecho. También tengo ilusión. Estoy ansioso de forjar una relación sólida con mi hijita, pues el tiempo que pase con ella jamás va a ser parte de ninguna rutina. Me imagino caminando a su lado por el malecón de nuestro Barranco (pese a todo, nuestro) o por San Bartolo; me imagino con ella en la playa o recogiéndola del colegio y no puedo evitar sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que parte de esta nueva vida será incluir a otras personas en su desarrollo. Mi próxima mujer, por ejemplo, tendrá que aceptar la importancia de mi niña, y ese será el único requisito para poder abrirle mi corazón. Y llegará el momento en que Inés se acueste y se despierte en los dominios de la nueva familia de su mamá. Cuando me embargan la pena y la negatividad, me genera muchísimo miedo eso. Pero me recupero cada vez que la voy a buscar e Inés me regala sus gestos luminosos. Este es el amor genuino, me digo, y ella no me va a cambiar por nadie.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2559943305686052624?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2559943305686052624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/medio-ano-de-papa-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2559943305686052624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2559943305686052624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/medio-ano-de-papa-y.html' title='Medio año de papá (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4447236601060521691</id><published>2010-11-15T08:12:00.000-08:00</published><updated>2010-11-15T08:26:29.620-08:00</updated><title type='text'>Señor banquero, devuélvame el dinero (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Un texto cargado de bilis. Un paréntesis a lo habitual. A veces las anécdotas negativas mueren recién acompañadas del teclado.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace algunos años, más o menos a mediados del 2003, un amigo con el que compartía mis horas universitarias (que tenían muchísimo más de ocio que de estudio) me incitó a buscar trabajo. Ya es el momento, me dijo, conozco un lugar en el que te dan chamba de hecho y no tienes que hacer mucho. Estudiábamos periodismo y llevábamos largo rato entendiendo que para poder destacar en esa rama en este país había que empezar literalmente desde el subsuelo, con largas jornadas de trabajo en lugares en los que no te remuneraban ni con un sencillo para el pasaje. Entonces lo único que atiné a preguntarle fue si el laburo era con paga. Claro que sí, me dijo con la genuina autosuficiencia que conserva hasta hoy cuando tratamos de aprovechar nuestras largas y pajeras conversaciones, ideando futuros y variopintos negocios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así que llegamos a postular al BCP, el banco con más clientela del Perú (este es un dato avalado por mi mera observación). Nos fuimos bien al terno y sin abandonar nuestras esencias: él no me lo decía pero ya se veía próximamente escalando puestos hasta aterrizar en la gerencia del banco, y yo le rezaba a todos los santos para que el taxista que nos transportaba se pierda o sufra algún percance que nos prive de llegar a la hora pactada, y así terminar en algún café de mala muerte de la avenida Brasil para meternos nuestros por entonces clásicos desayunos. Al fin y al cabo la vida para mí a los 21 años era eso: faltar a las clases para perder el tiempo junto a mi amigo con dos sánguches mixtos cada uno. El tema del trabajo y la independencia no me quitaban el sueño por el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, mis oraciones casi se disfrazan de realidad, y el tráfico de la mañana sumado a un conductor despistado nos hicieron llegar con las justas al lugar, tanto que estuve a punto de convencer a mi amigo de abandonar la faena. Pero entramos. Y nos enfrentamos a nuestra primera batalla con el temible mundo laboral. Lo primero que llamó mi atención fue el grueso grupo de postulantes a los puestos vacantes. Mierda, me dije, cuánto huevón quiere ser cajero de banco. El hecho es que nos separaron en dos grupos, en uno estuve yo y en el otro mi amigo. Primero rendimos una eterna prueba psicológica y si mal no recuerdo también un sencillísimo examen para medir tu nivel numérico y verbal. Y después pasamos a una entrevista grupal en la que aprovechaban para conocer un poco sobre uno mientras analizaban tus facultades para enfrentarte a los clientes. Luego de cerca de tres horas en ese martirio, en mi grupo dieron los nombres de los primeros eliminados. Creo que el mío fue el tercero o el cuarto. Morí rapidito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué vergüenza, me dije. Y encima tengo que esperar a que acabe este huevón. Salí con la autoestima por los suelos en búsqueda de un kioskito para comprarme una bolsita de chifles para menguar el agujero que tenía en el estómago y con lo primero que me encuentro en la calle fue con el cacharrazo de mi amigo. Habla, me dijo, ¿te escogieron? No, le dije a secas. A mí tampoco, sentenció desatando las carcajadas que han caracterizado todos estos años nuestra amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo si acabamos en algún huarique o si optamos por ir a la universidad a levantarnos la moral con las desgracias de algún compañero. Lo cierto es que hicimos un pacto para no volver a postular a ese tipo de trabajos. Decidimos, sin dejar de observar nuestro ego por los suelos, que lo nuestro iba más con el ingenio poco comprendido de la redacción, y que eso de andar en terno era para los cojudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta anécdota hubiese permanecido en algún escondite de mi memoria de no ser por lo que me ocurrió hace un par de semanas, algo que me llevó a pensar en el poder abusivo de los bancos y en la manera en la que el destino me alejó de sumarme a sus dominios. El día jueves 28 de octubre se corrió el rumor por mi oficina de que habían pagado el sueldo. Por una cuestión de rutina y para ver por fin de nuevo mi cuenta con saldo a favor entré a la banca virtual del BCP, y me di con la sorpresa de que el monto que figuraba en mi poder era superior al que debería tener. ¿Ya pagaron la grati? Para nada, me dijeron. En la pantalla figuraba que habían hecho un depósito de 2800 soles el martes 26, y que ese mismo martes, habían retirado del cajero 1420 soles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviamente yo desconocía de dónde diablos habían caído esos 2800 soles, y más aún, me preocupaba el hecho de que habían utilizado mi tarjeta, mi clave y mi DNI para retirar un dinero del cajero. Inmediatamente fui al banco a reclamar, y ahí empezó una larga racha de situaciones que me sacaron de mis casillas. La primera señorita que me atendió me bloqueó la tarjeta y al instante me dio una nueva. Me dijo sutilmente sobre el dinero extra (unos 1380 soles) que “quedaba en mi conciencia” si lo tomaba o no. Lógicamente yo ya andaba saltando en un pie pensando en cómo iría a gastar ese monto, en que pagaría mis deudas y hasta me sobraría para comprarle algo útil y bonito a mi hijita y el par de zapatillas de fútbol que se me hacen urgentes. Pero la señorita me dijo “eso sí, has tu reclamo, pero hazlo por el hecho de que han retirado dinero sin tu consentimiento, no reclames por la plata extra”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le hice caso. Hablé desde los teléfonos que hay en el ingreso del BCP de Pardo. Me atendió una voz de hombre joven y poco servicial, indicándome que en 24 o 48 horas resolverían el caso, y que me llegaría a mi correo la respuesta. Yo colgué con más ganas de retirar el dinero extra que de sacarme las dudas, pero acto seguido, tenía bloqueada también mi nueva tarjeta. Quise acercarme a ventanilla para hacer la operación de retiro desde ahí pero me ganó el tiempo, debía regresar al trabajo y sin almorzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese jueves mi jornada laboral acabó casi a la par de la clausura de las oficinas del banco, y no tuve más remedio que esperar al día siguiente, fin de mes, fecha de pago y de cobranzas y de transacciones en todo el país. Me hice un espacio entre las nueve y diez de la mañana y llegué al banco a solicitar que me desbloqueen mi tarjeta, pero otra señorita, la tercera protagonista de esta historia, me dijo, parca y pedante, como si me estuviese haciendo un favor o como si yo fuese un cliente moroso, que no había sistema, y “no se sabe hasta qué hora”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya andaba preocupado. Se avecinaba un fin de semana largo y no tenía más que centavos en la billetera. Acceder a mi cuenta era algo sumamente urgente. Tuve que comerme el día laboral con la cabeza en otro sitio, contando los minutos y rezando para que no aparezca algo de último momento que me retenga en la oficina más de la cuenta. A las cinco en punto, felizmente, salí como un rayo hacia el banco. Tenía hasta las seis para de una puta vez acabar con este trámite. Por la cantidad de gente aglomerada en el BCP me atendieron en Plataforma a las seis en punto. La cuarta protagonista de este tormento me retuvo mientras hablaba cojudeces por teléfono, y al comentarle mi situación, siendo las seis y tres minutos, me dijo que era imposible, que mi caso estaba siendo analizado por la sección Fraude del banco, y que ellos sólo atendían hasta las seis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le insistí, le dije que esto era ya un abuso, que debía realizar una serie de pagos y que me estaban perjudicando en demasía. Me comunicó por teléfono con la quinta despreciable de esta hecatombe. Se mostró atenta y predispuesta a resolver mi caso. Pero fue una trampa. Sólo actuó con velocidad y eficiencia para consultarme si yo conocía de dónde provenía una transacción a mi cuenta de 2800 soles. Error de principiante o de hombre desesperado, le dije que no. Ya, me dijo, en estos momentos la señorita que lo está atendiendo le va a entregar un papel que usted debe firmar permitiendo que el banco retire esa cantidad de su cuenta. Pero ya han retirado la mitad sin mi consentimiento, y desde un cajero, le contesté. Ah sí, me dijo algo nerviosa, entonces el banco va a retirar la diferencia. Sólo atiné a preguntarle si se vería perjudicado mi salario, y me dijo que no. Y después de solicitarle que por favor se me permita hacer uso de mi dinero, le pregunté por qué diablos había ocurrido todo este embrollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí su voz empezó a tambalear, ya no hablaba con la misma fluidez con la que me había exhortado a firmar la bendita autorización. Me dijo que desconocía de dónde provenía el fraude, pero que sí se sabía con certeza que el dinero que se me había depositado correspondía a “otro cliente”. Agotado, decidí dejar de indagar para casi implorarle que me resuelva el desbloqueo de mi tarjeta. Siguió tambaleando y me dijo que era imposible, que incluso por ser feriado el lunes, no atenderían hasta el martes, fecha en la que el banco retiraría mi “no dinero” para que recién vuelva la normalidad a nuestra “relación”. Luego de que le alcé la voz y me desparramé con un trágico discurso sobre pagos y deudas y moras, me hiperjuró que al día siguiente, el sábado, podría retirar el 100% de mi sueldo en cualquier ventanilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me retiré a mi casa derrotado y con ganas de matar a medio mundo. Demás está decir que el sábado, en lugar de aprovechar la mañana para descansar, estuve a primera hora en la sucursal del BCP de mi distrito, Barranco, para que la sexta protagonista, esta vez más amable pero no menos ineficiente, me reconfirme que sería imposible hacer uso de mi sueldo hasta el martes. Juro que sentí ganas de llorar. Felizmente conseguí alguien que me preste un dinero para poder sobrevivir todo el fin de semana largo. Claro, sin posibilidad de ningún lujo y vetando mis ganas de salir en búsqueda de la noche al menos en el puto Halloween.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me puse a pensar en la importancia de los bancos en la vida de las personas. En cómo dependemos inevitablemente no sólo de sus horarios y de sus impuestos y de sus habilidades para la cobranza, sino también de sus errores. Y con la sed de venganza que me embargó, me sentí una hormiga en medio de la jungla. No hay nada por hacer, sentencié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final he llegado a la conclusión de que el fraude no fue hecho por un “clonador” o un ratero monse. ¿Con qué motivo me depositaría un dinero para retirar sólo la mitad? El “choro”, el vivazo, proviene del mismo banco. Un trabajador ambicioso encontró un dinero extra, perdido por algún otro colega suyo en un acto de imbecibilidad, y lo colocó en la primera cuenta que encontró (me niego a aceptar que haya escogido la mía adrede), para luego, conocedor de códigos y contraseñas, hacer el retiro caleta. No me sorprendería que la misma señorita nerviosona que me mintió por teléfono obligándome a salir de mi cama por la mañana del sábado mientras ella dormía sin ningún tipo de remordimiento, esté involucrada en la faena. Sea cual sea el caso, la “aventura” que han tenido conmigo es muy grave, y habla muy mal de un banco ¿prestigioso? como el BCP.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuestión de 48 horas estuve en el cielo por la dicha de haber sido bendecido con un dinero extra y en el infierno de los trámites absurdos y la poca predisposición de ayuda. Lo jodido de los bancos es la habilidad de sus trabajadores de “pelotearte” de mano en mano, de teléfono en teléfono, de ventanilla en ventanilla con la clara misión de no comprometerse contigo. Uy, te entiendo, te dice uno, pero no te puedo ayudar, te comunico con otro. Y ese otro, lo mismo. Qué sarta de ineficientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue difícil, entonces, remontarme a la anécdota del inicio de este relato. No fue difícil acordarme de mi amigo y de lo mal que nos sentimos, en público y sobre todo en privado, por no haber sido escogidos para trabajar en el BCP. Ahora le puedo decir que nos chotearon por que vieron mucha honestidad en nuestros rostros y actitudes, y que si no estamos hasta ahorita vestidos de terno y corbata en las vacías y embusteras oficinas de los bancos es porque nuestra esencia, incomprendida y relajada, no tiene nada que contarle a la ineficiencia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi amigo y yo seguimos soñando con algún proyecto juntos. Nos reunimos a veces y (siempre) prometemos pronto novedades. Aún trabajamos en zapatillas y despreciamos a la burocracia, y nuestras reuniones “laborales” siguen desembocando en carcajadas y tragaderas. Lo triste es que a la hora de pagar, lo hacemos con tarjeta. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4447236601060521691?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4447236601060521691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/senor-banquero-devuelvame-el-dinero-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4447236601060521691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4447236601060521691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/11/senor-banquero-devuelvame-el-dinero-y.html' title='Señor banquero, devuélvame el dinero (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-7295402371738001949</id><published>2010-10-26T13:22:00.000-07:00</published><updated>2010-10-26T13:40:16.804-07:00</updated><title type='text'>No es lo mismo (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"Vivir es lo más peligroso que tiene la vida".&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No recuerdo exactamente cómo dejé de ser hincha de Alejandro Sanz. Cuándo empecé a entender a sus críticos. Cuándo lo fui dando de baja de mis estuches de discos. Sin duda fue en mis primeros asomos al mundo de la adultez, al descubrir que en el amor y en la vida el territorio deja cada vez menos espacio para las “princesas de un cuento infinito”, y que la ondita atormentada del “Qué no te daría yo” no me servía para nada. De la mano de “Más”, su mejor material discográfico, Sanz se inmiscuyó en mis desvaríos adolescentes “Pisando fuerte”, y al son de temas como “Si hay Dios”, “Aquello que me diste” y “Corazón partío”, me regaló, al menos en el rubro musical, una sentencia muy difícil de alcanzar a esa tormentosa edad: la pérdida del miedo al qué dirán. Mientras mis contemporáneos se esmeraban en moldear su disfraz de rebeldía y “alpinchismo” dejando por sentado su virilidad y su desprecio a todo lo que consideraban cursi, a mí no me temblaban los labios cuando declaraba que me gustaban las canciones de un hombre que volvía locas a las mujeres dejándoles la huachafa duda de “¿Y si fuera ella?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy fácil imaginar las razones por las que Alejandro Sanz conquista a sus fanáticas: es melodioso y romántico, y físicamente tiene la pinta de ser alguien alcanzable. No es Brad Pitt ni Jude Law. Es un hombre que roza el metro setenta, de pelo negro y bastante orejón, pero hay algo mágico en su voz y en su look de inofensivo conquistador que las atrapa. ¿Pero qué tiene o tuvo conmigo para volverme uno de sus fieles hinchas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la reflexión del presente he llegado a la conclusión de que los atributos del intérprete de “El alma al aire” en mi caso estuvieron ligados a su mensaje de perdedor crónico. En un muchacho como el que fui a los 16 años, atiborrado de complejos y con el deseo explícito de palpar los cuerpos de cuanta mujer se me ponía enfrente aunque acostumbrado a terminar invicto todas las noches de cortejo, el hecho de enterarme de la existencia de un cantante que en la gran mayoría de sus hits sucumbía ante el amor pero que cosechaba fanáticas en gruesa cantidad, fue muy liberador. Sanz no es Sabina y su “tenían razón mis amantes en eso de que antes el malo era yo”, ni tampoco Calamaro cuando es capaz de decir “yo no quise lastimarte, solamente te dije que no”. A Sanz su novia le pone los cuernos luego de irse de viaje sin él a un hotel “tan romántico y lujoso”. Sanz extraña “Ese último momento”. Sanz recompensa al estúpido que llevamos dentro alguna vez todos los hombres que nos resignamos al adiós diciéndole a su chica “tú sólo has actuado, y yo aún sabiendo que mentías, me callé”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gasolina de mis actos, generada en esencia desde mi niñez pero moldeada en mi adolescencia, tiene mucho que ver con la resignación, con la baja autoestima, con el miedo. Y en ese auto pequeño e incoloro que fue mi vida largo tiempo, Sanz calzaba perfecto. Como el amigo cómplice que te sube los ánimos manifestándote que él anda peor. Entonces, mientras miraba desde muy lejos a la chica que me tenía loco, o me amparaba en el retraimiento para no socializar en mis primeras jornadas universitarias, o me era muy difícil creerme capaz de alcanzar un logro cualquiera, inspeccionaba por toda la carrera musical de Alejandro Sanz antes de “Más”, y le daba incontables oportunidades a las canciones olvidadas de sus siguientes discos por el mero placer de sentirme un conocedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es coincidencia que mi fidelidad hacia Sanz haya disminuido con los años. “A golpes contra el calendario” tuve que ir escapando de la burbuja mediocre y pesimista en la que me venía hundiendo, y comprendí que el amor, fuente de la vida, es una batalla en la que no nos podemos dar el lujo de mostrarnos desarmados. E inevitablemente desalojé del primer lugar de mi ranking musical al buen Alejandro, reemplazándolo por otros intérpretes que lograron tocarme el alma con la fuerza de sus letras, con analogías hacia situaciones “de verdad”, al punto en que llegué a catalogar a “El hombre que no podía dejar de masturbarse”, de Daniel F, como la canción de amor por excelencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el rol que he decidido interpretar hoy que tengo 28 años y una hija pequeña, la carga negativa tiene que desaparecer. En el rol que he decidido interpretar hoy que le toco las puertas a la base tres y soy un hombre sin mujer, la melancolía está prohibida. En el rol que he decidido interpretar hoy con la certeza de que la vida está repleta de momentos dificilísimos, Alejandro Sanz y su devoción por el sufrimiento deben descansar en el baúl de mis recuerdos más sinceros, esos que sólo aparecen “Cuando nadie me ve”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este 2010 Alejandro Sanz ha sacado un nuevo disco: “Paraíso Express”. Luego de tres años de ausencia, tres años fundamentales en mi desarrollo personal, ha reaparecido en las radios, y lo he escuchado por primera vez con el oído de un hombre adulto. Y no lo voy a negar: me ha vuelto a atrapar. Pero esta vez sin al vaho del pesimismo, esta vez a sabiendas de que a las dificultades hay que ponerles el pecho y que está vetado el que se estaciona en las tristezas. Entonces he llegado a la conclusión de que ni en mil años dedicaría “Desde cuándo” (su tema más romántico) a nadie; me he ilusionado pensando que aunque aún no me la presentan, existe la mujer por la que tendrá sentido en mí “Sin que se note” (su tema más ganador); y no ha sido necesario que me confirmen o me desmientan que “Tú no tienes la culpa” (su tema más sincero) lo escribió pensando en Manuela, su primera hija con una mujer que ya no es más su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último sábado se presentó en el estadio Monumental, y me obsequiaron una entrada. A riesgo de posicionarme para muchos como un homosexual aún en el clóset, debo confesar que sería la cuarta ocasión en la que acudiría a un concierto de Sanz, desde el 2001 por su gira “El alma al aire”, el 2004 con “No es lo mismo” y el 2007 con “El tren de los momentos”. Pero por primera vez lo hacía sin la efusividad de antaño. Y eso me dejó la calma de sentir que he crecido, y superado mi relación con el que fue durante mucho tiempo la insignia de mi derrota. Porque en el 2001 era un inexperto, el 2004 un hijito de papá, el 2007 un hombre al que se le acababa el crédito de sus excusas y este 2010, “Viviendo deprisa”, me ha recibido con una racha inacabable de situaciones muy fuertes, pero pese a todo, de pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento del concierto fue inevitable retroceder en el tiempo y sentirme de nuevo el adolescente temeroso que lo idolatraba, el aprendiz de conquistador que dedicaba “Aquello que me diste”, el muchacho con el corazón roto que una tarde de verano del 2003 adoptó a “¿Lo ves?” como el himno de su pesar, el viajero que no pudo ser feliz del todo en Argentina porque “Buenos Aires me dolió, pienso tanto en ti”, el soñador que alucinaba con cargar a su hijita mientras le susurraba “Y sólo se me ocurre amarte”, el enamorado que no deseaba ni imaginarse lo que sería sentir en carne viva las desgarradoras estrofas de “A la primera persona”. Al ritmo de Sanz empecé a recordar lo vivido desde el 2001 hasta este 2010, y volvieron como en una película vieja todas esas imágenes. “Todas menos una, que se olvidó de mí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando mi cerebro le estaba dando cabida a la depresión y al lamento, pensé en mi hijita Inés, que es el mágico emblema de todo lo complicado y hermoso que me queda por vivir. Entonces miré fijamente a la pantalla gigante del concierto en un primer plano del cantante al que había venido a “saludar”. Lo descubrí con varios kilos demás, el pelo algo entrecano y una sonrisa cómplice que me indicó que lo que fui no es lo que soy. Y le prometí en silencio que jamás me volvería a contagiar de su tristeza. Nunca más, Alejandro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Míranos aquí diciendo adiós”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-7295402371738001949?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/7295402371738001949/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/10/no-es-lo-mismo-y.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7295402371738001949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7295402371738001949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/10/no-es-lo-mismo-y.html' title='No es lo mismo (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-590947128141233733</id><published>2010-10-03T18:07:00.000-07:00</published><updated>2010-10-03T18:18:28.958-07:00</updated><title type='text'>Siete rimas (F)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;De todos los géneros o estilos abarcados por la escritura, la poesía es el que siento más distanciado de mí. Por esta (quizás) única vez, dejo el formato habitual a cambio de estos textitos que por respeto a los poetas, no puedo llamar poemas. Habrá que tomarlos como lo que son: un ejercicio atrevido. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1- Inés&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni aún mintiendo te alcanzo&lt;br /&gt;muñequita de tinta y dolor&lt;br /&gt;en tus ojos obtengo el descanso&lt;br /&gt;que ni en sueños me ofrece el amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me golpea aferrarme a la calma&lt;br /&gt;a mitad de carrera dormí&lt;br /&gt;lo intento y entrego mi alma&lt;br /&gt;por salir del infierno por ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedacito de cielo en verano&lt;br /&gt;en tu mirada empeño esta mano&lt;br /&gt;inspirada en tu próximo mes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginas en mí la grandeza&lt;br /&gt;y te escribo la palabra belleza&lt;br /&gt;que no alcanza a rozarte los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2- Domingos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Almohadas sin rastros de besos&lt;br /&gt;con meriendas al vuelo y silencio&lt;br /&gt;que me vienen calando los huesos&lt;br /&gt;como si bastase con poco de aprecio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nombras un mundo por conquistar&lt;br /&gt;de pasajes a anhelos de satisfacción&lt;br /&gt;Y me subo a tu idea sin poder reprochar&lt;br /&gt;que adiós no significa emoción&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me contagias de finos sabores&lt;br /&gt;de nuevos estímulos bailando en colores&lt;br /&gt;con permiso a morder la manzana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya no siento tan fría tu mano&lt;br /&gt;aún sabiéndome poco cristiano&lt;br /&gt;que moriré al terminar la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3- Viejo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale más el que no discrimina&lt;br /&gt;que el poderoso en perfumes y cremas&lt;br /&gt;Me lo dijo allá arriba en la cima&lt;br /&gt;y lo confirma sumido en problemas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me legó su capacidad de luchar&lt;br /&gt;la virtud de sacar adelante un partido&lt;br /&gt;Dejo todo por verlo ganar&lt;br /&gt;aunque nunca se da por vencido&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya le dio la vuelta a la vida y repite&lt;br /&gt;de memoria me sé su consejo&lt;br /&gt;afectuoso como rayo de sol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi corazón él con nadie compite&lt;br /&gt;sabe tanto y le pido a mi viejo&lt;br /&gt;que me cuente de nuevo su gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4- Salmona&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le tendrá que gustar Calamaro&lt;br /&gt;por si le nace un reclamo furioso&lt;br /&gt;cuando note en mi andar algo raro&lt;br /&gt;la que arriesgue a sumarse al negocio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El paquete parece agradable&lt;br /&gt;pero esconde mentira y maldad&lt;br /&gt;yo defiendo con uñas y sables&lt;br /&gt;el importe de mi libertad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Advertir siempre será positivo&lt;br /&gt;aunque a veces nos falte un motivo&lt;br /&gt;Andrés siempre me da una canción&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sólo a esperar la condena&lt;br /&gt;pues para la desilusión y la pena&lt;br /&gt;suficiente con un corazón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5- María&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esforzado en seguir en tu juego&lt;br /&gt;de bombardas a la melancolía&lt;br /&gt;sólo por ti me revelo ante el fuego&lt;br /&gt;y da igual si te llamo María&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A tu lado me siento un desastre&lt;br /&gt;pero cuántos recuerdos y risas&lt;br /&gt;añorando encontrarte en la tarde&lt;br /&gt;para mandar a la mierda a la prisa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué virtud la de algunas mujeres&lt;br /&gt;de conquistar aunque pasen los años&lt;br /&gt;renovándose en mar de promesas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te regalo mi tiempo si quieres&lt;br /&gt;aunque sé que prefieres a extraños&lt;br /&gt;no me cansa soñar que me besas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6- Rutina&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rutina es una amarga señora&lt;br /&gt;rencorosa ante malos momentos&lt;br /&gt;no distingue ni ocasos ni aurora&lt;br /&gt;en su afán por llevarte de encuentro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te golpea y te obliga a olvidar&lt;br /&gt;que algún día estuviste en su cama&lt;br /&gt;empeñado en querer contentar&lt;br /&gt;sus más arduos caprichos de dama&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mejor de empezar es mentira&lt;br /&gt;en la balanza el amor nunca pesa&lt;br /&gt;y se torna en chispazos de ira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor del final es la duda&lt;br /&gt;el temor de saber con certeza&lt;br /&gt;si ha llegado la hora más cruda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;7- Adiós&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habrá tiempo de adioses ni duelos&lt;br /&gt;es urgente cerrar el cajón&lt;br /&gt;la ventana se lleva los cielos&lt;br /&gt;compartidos en satisfacción&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En reemplazo aparece el momento&lt;br /&gt;de embusteras e impías mejillas&lt;br /&gt;frente en alto sin mentirte te miento&lt;br /&gt;si te digo que no hay más cosquillas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queda viuda la mitad de mi piel&lt;br /&gt;sometido al perdón ignorado&lt;br /&gt;me resigno a tus gestos de hiel&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me conoces en todo y lo sabes&lt;br /&gt;parte mía ya está con candado&lt;br /&gt;pero no me devuelvas las llaves &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-590947128141233733?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/590947128141233733/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/10/siete-rimas-f.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/590947128141233733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/590947128141233733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/10/siete-rimas-f.html' title='Siete rimas (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5264625581312652492</id><published>2010-09-20T19:28:00.000-07:00</published><updated>2010-09-20T19:33:39.600-07:00</updated><title type='text'>Te lo digo cantando (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"Cantar es disparar contra el olvido".&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A mí nadie me va a quitar de la cabeza la certeza de que tú, hijita mía, pese a haber cumplido apenas cuatro meses en este mundo, eres inteligente y perceptiva, y has notado en la primera monotonía a la que te venías adaptando unos cambios significativos. Te habrá sorprendido no encontrar mi voz en tus traviesos despertares de madrugada, ni mis manos hábiles para el cariño y las palmaditas en la espalda que te ayudaban a desinflarte. Habrás entendido que algo se rompía cuando nos descubrías a tu madre y a mí inmersos en discusiones indescifrables que desembarcaban en rostros ajenos a los habituales, y veías que de nuestros ojos, fabricados para contemplarte, brotaban unas gotitas como las de tu mamadera al salir del baño María. Y en un gesto que no me cansaré de agradecerte, me has demostrado que me extrañas cuando llego de visita y me sonríes, y no lloras, y luchas contra el sueño para permanecer más tiempo en mis brazos, y me cuentas de tu día con esa vocecita aguda que no conoce de rutinas ni de despedidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no hago más que pensar en ti, y aunque confieso que he estado preocupado y hasta convencido de que te estaba dañando, he llegado a la conclusión de que todo va a estar bien. Que la decisión tomada por tu mami y por mí es la correcta, y que nada tiene que ver contigo. La vida de los adultos suele ser así. Tiene cosas que se nos hacen difíciles de procesar, de aceptar. Pero a veces uno tiene suerte, y se cruzan por tu camino personas inolvidables, y te aferras a ellas para luchar contra las adversidades de un mundo complicado, y aún en los sombríos retazos de la derrota descubres un vínculo que los torna invencibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu mami y yo tuvimos esa suerte. En un ambiente cargado de estímulos individualistas y pegado cada vez más a lo efímero, nos conocimos, y nos dijimos al oído y en silencio que no concebíamos la vida sin el otro. Caminamos de la mano en contra de lo establecido con la promesa de que primaría el amor en cada uno de nuestros pasos y nuestras decisiones. Por eso hoy que ha llegado la noche nos podemos decir adiós mirándonos a los ojos. Y podemos ser cómplices en la tarea de darle brillo a la luz eterna que hemos formado, que eres tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú has llegado en físico a este mundo recién el pasado mayo, pero existes en nuestros pensamientos desde hace diez años. Si algo tuvimos claro tu mami y yo durante todo nuestro camino fue que en algún momento aparecerías. Que serías un ser maravilloso, que te entregaríamos todo el amor que nos tuvimos (nos tenemos) pero multiplicado, y que tu sonrisa sería el objetivo fundamental de nuestra existencia. Nada ha cambiado hoy que no somos una pareja. Por el contrario. Han aumentado las ganas de (re)conocerte, de descubrir en cada gesto tuyo el pasaje de retorno a los momentos más lindos de nuestras vidas. Nosotros estaremos juntos para siempre en ti. Y es en vano decirte que como a Inés Reaño León, jamás amaremos a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me voy, pero te dejo en buenas manos. Tu mami es una mujer espectacular. Bella por fuera y por dentro. Leal, comprometida, desprendida. Dulce, con sensibilidad, y con ese toque de inocencia que la torna adorable y que no ha perdido con los años pese a las trabas que le ha puesto un destino que la llevó a madurar antes de tiempo. Fue muy fácil enamorarme de ella y recibir con la mejor predisposición todo lo que me fue enseñando. Con su sonrisa descubrí que podía ser importante para alguien, cuando la adolescencia y las miradas no correspondidas me hacían pensar en lo contrario. Aprendí a su lado a vivir en empatía, sin egoísmos. Y me embarqué en esa mágica faena de ser su compañero en las buenas y en las malas; su motivo de carcajada y su hombro para las lágrimas. Yo le enseñé a confiar. La llevé a puro corazón a creer en el amor verdadero, ese amor que no te abandona y te acepta con esos oscuros y eternos rasguños que acoplamos en el alma conforme vamos haciéndonos grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el camino tropezamos, nos perdonamos, dejamos pasar algunas cosas; viajamos, soñamos, caminamos muchísimo de la mano. Y sin que nos diéramos cuenta nos hicimos adultos en un mundo en el que ser adulto es muy difícil. La vida en mi opinión es una carrera hacia la cima de un cerro que puede ser empinado o pequeño, pero del que inevitablemente hay que bajar. A tu mami y a mí nos tocó mirar el mundo desde la cima. Desde una cima enorme. Y llegó el momento de descender. Nunca te daré una respuesta satisfactoria al por qué de nuestra separación, sólo se me ocurre decir quizás con una dosis de egoísmo que cuando analizamos el camino de regreso nos dimos cuenta de que no volveríamos a ser los mismos, que lo que habíamos cosechado para llegar hasta arriba era demasiado intenso y hermoso como para desmoronarlo en un viaje que inevitablemente tiene como meta a la muerte. Decidimos entonces afrontarlo de otra manera. Y dejar de ser Flora y Gabriel para convertirnos en mamá y papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo así podremos descender sin hacernos daño. Sólo así se ha hecho realidad lo que soñamos desde la primera vez que descubrimos que nos amábamos: estaremos juntos para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú eres la causa, tú eres ese regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie sabe lo que le deparará el futuro. No sé dónde estaremos ubicados tu mamá y yo cuando seas capaz de leer estas líneas, pero sé que lo que no te va a faltar en esos momentos es amor. Amor multiplicado. Un amor que lleva diez años floreciendo, y que a partir de hoy sólo tiene un objetivo: tu felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás te cuestionarás muchas cosas, hasta te enfadarás por algunos detalles ineludibles, pero quiero que te quede clarito que a ti te estuvimos esperando desde hace mucho, y que tu sonrisa escenifica el triunfo de una relación que fue hermosa, una relación que iluminó a las dos personas que más te aman en la tierra, y a los que nos vieron de lejos o de cerca caminar firmes cuando todos se caían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira si no es linda nuestra historia que quedará en el recuerdo que lo último que vivimos juntos fue tu nacimiento. Tu mami aumentó su belleza contigo dentro. Y yo fui un orgulloso testigo de ese florecimiento, de esa conexión que tuvo a tu lado desde que se enteró que llegarías. Ahí creciste mientras yo te hacía compañía por las noches, y te acariciaba anhelando descubrir esa sonrisa que cuando fue realidad, superó con creces mis expectativas. Y era inevitable cantarte todo el día. Por eso cuando llegaste reconocías mi voz, y pese a que parezca imposible de creer, cesaba tu llanto cuando te repetía las mismas canciones que escuchabas cuando estabas en esa mágica cuevita del vientre de tu mami.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu padre canta todo el día. Eso ya lo tendrás clarito desde antes de que seas capaz de leerme. Sea cual sea mi estado de ánimo, siempre canto. Tu mami se sorprendía a menudo por eso, y me decía “¿de dónde sacas esas canciones? ¿Cómo se te ocurren?”. Y yo nunca le respondí lo que te digo hoy por primera vez: antes de conocer a tu mami yo vivía en silencio, pero al aceptarme como suyo, ella impregnó de melodía mi mundo. A partir de eso sólo canto. Y cantaré para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me ha escuchado interpretar a muchísimos cantantes, incluso hemos cantado a dúo muchas veces mientras caminábamos por alguna calle escondida de Miraflores. A veces podía elegir un tema de un artista que ella no toleraba, pero por el sólo hecho de escuchar mi voz, le llegaba a gustar. Así pasó desde el inicio de nuestro romance con un cantante español que le puso música a un poema que decía: “por eso, vida mía, por el día a día, por enseñarme a ver el cielo más azul; por ser mi compañera y darme tu energía, no cabe en una vida mi gratitud”. Una canción que le dije a tu mami que sería nuestra cuando llevábamos apenas días como enamorados, y ni sospechábamos todo lo que el destino tenía reservado para nosotros. Hoy cada rincón de ese poema se ha hecho realidad. Dile a tu mami que tú eres esa ilusión, que con esa &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=X5d1n1DvcNo"&gt;sabia canción de despedida&lt;/a&gt; me voy. Y que a la vez (capaz de ganar y de perder) me quedo. Tú y yo, hijita linda, tenemos muchísimos conciertos por delante. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5264625581312652492?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5264625581312652492/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/09/te-lo-digo-cantando-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5264625581312652492'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5264625581312652492'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/09/te-lo-digo-cantando-y.html' title='Te lo digo cantando (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-1980135982939687341</id><published>2010-08-03T10:18:00.000-07:00</published><updated>2010-08-03T10:21:59.853-07:00</updated><title type='text'>Divagaciones en la patria (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"Llevo tus marcas en mi piel, y hoy sólo te vuelvo a ver"&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto una tibia garúa con olor a mañana mansa, el cielo gris asolapado por la brisa y mis pasos coordinados en una calle que me conoce demasiado me llevan a pensar que efectivamente, podría vivir en San Bartolo todo el año. Contagiado por el optimismo sin que importe mucho que me alisto para ir a trabajar, que debo llegar al auto surcando ladridos mendigantes de perros escuálidos y hambrientos, y que la vasta de mi pantalón se empapa sin tregua de húmedo barro, digo para mí mismo que con un auto a gas, una casa con cochera y cable pirateado me pasaría los inviernos en mi playa, yendo y viniendo hacia y desde la Lima de las combis, la bulla y los aires sobrepoblados. Aquí podría educar a Inés en sus primeros años de vida. Aquí la contagiaría del amor por el mar (pese a que nunca pude adoptarlo del todo). Aquí le enseñaría que es posible y hermoso caminar sin esquivar transeúntes apurados y conductores distraídos. Inés podría contar con un espacio, a media hora del mundo real, donde la naturaleza sea venerada, y el silencio y la soledad vistos como fuentes de inspiración y no de aburrimiento. He llegado a San Bartolo para el feriado por el cumpleaños del Perú. Creo que es la primera vez en diez años que no he salido de Lima. Antes, con el plus de las vacaciones universitarias y las ganas de escapar, pasaba las Fiestas Patrias en el Cusco, Máncora, Iquitos, Huaraz; o hasta en las desérticas playas del norte chico. Esta vez no ha habido tiempo. Esta vez tengo a mi cargo una niña de dos meses y medio. Pero ante la posibilidad de “honguearme” en mi casa, con el húmedo y letal aire de Barranco como protagonista, mi San Bartolo querido me ha cobijado, como tantas veces. Esta vez no ha sido “por último a San Bartolo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inés no lo sabe, y no lo entiende cuando se lo cuento con voz alta mientras la llevo en su coche en su primer paseo por el malecón donde crecí, por las veredas donde me caí y me levanté, por la esquina en donde me emborraché junto a mis cómplices compatriotas de mi patria veraniega, por el pasaje donde conversé por primera vez con su mamá. Pero es inevitable emocionarme. Es inevitable desear toparme de nuevo con los personajes que hicieron más atractivo el cuento de mi vida, para que me descubran junto a mi logro más preciado, junto al fruto de mi futuro tan lejano y tan cercano de mis recuerdos de tardes sin zapatos y ganas de todo menos de Lima. Aquí fue, le digo, y ella sonríe, se estira y bosteza al mismo tiempo, y guardo para mí la continuación de la frase porque evoco tantas posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flora nos dará el encuentro. No se lo dije, pero necesitaba un momento a solas junto a Inés y San Bartolo. Porque San Bartolo tiene en mí dos etapas, en una está Flora y en la otra no. En una soy un niño y en la otra un aprendiz de padre. E Inés ocupa tanto mi mundo que hasta la quiero partícipe de mi despedida hacia esa niñez de la que jamás me despedí a solas, y su coche corta el viento y no es difícil la nostalgia, por mis primos que se han casado o se han ido a Barcelona o a Canadá, por los paseos a toda velocidad de copiloto en la bicicleta de un amigo que ni sabrá hoy que soy papá, por el lujoso inmueble que ha crecido sobre el patio de la casa en donde jugué mis primeros partidos junto a mis primeros compinches y por la noche tuve mis primeras fiestas con las primeras chicas que no pude besar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya no hay nadie. Ya nada es igual. Ni siquiera en el verano. Y no es justo, pienso para mí mismo, querer impregnar de un amor que fue y es mío a mi hija. No es justo que ella crezca con las anécdotas de un pasado con niños a montones y bicicletas y casas abiertas cuando a lo mucho tendrá como compañeros a mis propios amigos, mientras se emborrachan en la playa junto a mí y mis recuerdos, y la contemplan, y piensan que ellos pronto, muy pronto, pero todavía, y ya nadie anda en bicicleta porque los sábados la gente chupa desde temprano y no sabes si te toparás con un borracho con complejo de Ayrton Senna o con un mañoso que te ha estado observando hace semanas pero no te diste cuenta, y las casas están cerradas y los autos en cocheras que te cuestan cinco soles y te empujan a la flojera y a caminar sin ganas en el retorno, porque si te descuidas te rompen la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flora está con nosotros ahora. Y vuelve la felicidad a mi mente. Esta es mi familia. Lo he logrado. Aquí fui parte de un sueño cuando mis abuelos paternos y maternos coincidieron en San Bartolo. En este suelo fui una realidad junto a mis padres, y les regalé una familia con tardes de postal como esta, comprando “bombas” y “quequitos” en la panadería que hoy ofrece hasta Ciabattas. Aquí finalmente mi semilla ha crecido, y lo que sembré con entusiasmo, aciertos y muchos errores lanza frases indescriptibles en un idioma mágico que me lleva a la genuina carcajada. ¿Vivirías todo el año en San Bartolo?, le pregunto a Flora. Y ella responde afirmativamente. Y sin dudarlo. Lo vamos a hacer, pienso, se lo debo a mi balneario. Se lo debemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El parque principal de San Bartolo tiene jardín. El verde prevalece en lo que fue color arcilla por primera vez desde que tengo uso de razón. Es sin duda una buena gestión del alcalde actual. Igual que las veredas del malecón, que hoy son lisas y ya no apestan a desagüe camino al bufadero. El progreso se ha llevado las huellas de mil caídas y heridas. El alcalde actual persigue en estas épocas electorales su segunda reelección. Es decir, lucha por seguir en el podio por tercer proceso consecutivo. Mal no lo ha hecho. En realidad, pienso, para destacar no tenía que hacer mucho, porque antes de él los alcaldes se dedicaban a regalar terrenos en pos de votos y aceptación, y a robar y a chupar mientras le abrían todas las puertas a la “invasión”. Hoy San Bartolo tiene agua potable. Increíble. Increíble que en estos tiempos “modernos” eso resulte “increíble”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el parque que hoy está verde y donde se encuentra la iglesia en la que bautizaron a mi hermano y a la que desde ese momento, en febrero o marzo del 92 o 93, habré regresado sólo un par de veces, hay una construcción obra de Sedapal. Un mini imperio cercado de colores metálicos donde yacen un par de máquinas grandes que fungen de desaguadero (según la “casera” que me vende guargüeros y bolitas y alfajores de miel y manjarblanco). Ese es el principal motor del progreso en San Bartolo. La principal obra del alcalde. Qué más da, que gane de nuevo. Dicen que esta vez tiene once competidores, pero cada uno más incapaz que el otro. Conozco a uno, pero no lo suficiente como para catalogarlo como capaz o incapaz. Esa construcción de Sedapal, no podía ser de otra manera, tiene fama de “trucha”. Anda en líos con la ley por evasión de costos (asumo). Frente a ella hay un pedazo de concreto donde se ha escrito la frase “Bienvenidos a San Bartolo” (o algo parecido). Decido que le quiero tomar una foto a Flora junto a Inés con ese letrero de cemento como fondo. Y casi al instante un policía veterano, chaparro y con bigotes de nazi salta de su guarida y me ordena que me retire, que aquí están prohibidas las fotos. Recuerdo de inmediato haber leído algunas noticias y pienso, “no quieren periodistas y me han confundido con uno de ellos”. Opto por retirarme, pero Flora quiere explicaciones. Obvio, no pueden expulsar a nadie de un parque público. El tombo, amaestrado sin duda por el alcalde, no desea discutir y alza la voz. Flora contragolpea y el infeliz le grita “¡retírese!”, con autoridad de escuela militar. Me deja frío y no logro contestarle más que con una mirada de odio. Flora se termina por largar del lugar y echa humo de la rabia. Y yo no la he defendido. En esa guerra interna por conquistarla de todos los días que es la convivencia, hoy he perdido. Y mal. Y por culpa de ese hijo de la gran puta que encima ha hecho llorar a mi hija. El primer llanto por susto de su vida. El primer grito autoritario que escucha, de esos que me he jurado jamás lanzarle. Me lleno de rabia. Soy muy tranquilo, me digo. A veces eso es malo. Y pienso que ya no quiero vivir en San Bartolo. Y que no quiero que gane la reelección el actual alcalde. Y no siento pudor al desear, frente a la iglesia del bautizo de mi hermano, que le de un cáncer terminal en no pocos años a ese tombo de mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi feriado por Fiestas Patrias se cortó el viernes 30, y debí regresar a Lima por la mañana para volver en la noche, como lo hacían mi padre y mis tíos en los veranos de mi infancia. Nunca le he dado espacio en mis pensamientos a esa liturgia. Hoy que soy el protagonista recuerdo que varias veces, sobre todo los viernes, venían acompañados, en grupos de dos o máximo de tres. No sé si lo hacían por ahorrar gasolina o por hacer más divertido el trayecto. A veces llenaban de latas de cerveza los interiores del auto, y tal vez sea esa la razón que envuelve todo. Hubo varios veranos, sin embargo, que mi padre regresaba todas las noches sin compañía hacia San Bartolo. Escuchaba noticias de fútbol por la radio, o algún cassette que repetía sin cansarse. No es sencillo, pienso hoy que estoy en su lugar. Pero tiene su lado placentero. Es de noche. El trayecto de ida pasa más rápido por la responsabilidad. Me he portado como todo un padre de familia. He salido de mi trabajo, he recogido la ropa sucia de mi casa para llevarla a la lavandería, he ido al supermercado a comprar algunos insumos y estoy surcando el tráfico detestable de la avenida Huaylas. En algunos minutos menguará y estaré en la carretera, emulando a mi padre y a mis tíos. No me acompaña nadie. Tampoco abro ninguna lata de cerveza. Tengo el auto repleto de objetos propios de mi nueva vida, de esos que sólo por Inés estoy llevando. No escucharé fútbol. Mi tiempo es distinto al de mi padre, y ya por Internet y a mi ritmo, me he enterado de todo el acontecer deportivo, cultural y hasta político. Le he perdido paciencia al dial de nuestra FM, así que volveré a mis viejos discos piratas, escondidos en medio de bolsas de ropa, estufas, hervidores de agua, almohadas, edredones de plumas. Me cuesta dos semáforos encontrar el estuche con mi música y pienso que sólo por ese motivo, hubiese sido mejor viajar acompañado. Felizmente atrapo ese viejo objeto cuadrado de color negro, que los chicos que no son del tiempo de mi padre ni de mi tiempo han cambiado por una especie de cajetilla de cigarros de lustroso plástico al que llaman Ipod. Mi música se resume sobre todo a un cantante: Andrés Calamaro. Él, con diferentes versiones, ocupa el 70% de mi repertorio. Lo escojo sin protestar. Tomo un disco que recopila diversas canciones en vivo. Quiero casi a la fuerza que alguna me haga pensar en Inés, pero el buen Andrés se ha hecho padre tarde. Entonces me sumerjo en todo tipo de pensamientos. La noche tiene la facultad de ponerme negativo y melancólico y optimista y jubiloso a la vez. Como Calamaro. De pronto ya no estoy pensando en nada en particular. Y en todo al mismo tiempo. Me atrapa el cansancio y me pesa el alma. Imploro por fuerzas por ganar la guerra de esta noche. Y el equipo de música de mi auto ahora me regala a nuestro cantante favorito en sus tiempos de Los Rodríguez, y vuelvo a interpretar el papel del hombre que está por regresar a su casa, porque San Bartolo es mi casa, a encontrarse con la sonrisa de su hija. Y le creo al maestro cuando dice que “esta vez el dolor va a terminar”. Claro que sí. Y todo lo demás &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=Q9CPeRqo2lk"&gt;también&lt;/a&gt;.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-1980135982939687341?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/1980135982939687341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/08/divagaciones-en-la-patria-y.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1980135982939687341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1980135982939687341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/08/divagaciones-en-la-patria-y.html' title='Divagaciones en la patria (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4625465107761562737</id><published>2010-07-21T13:22:00.000-07:00</published><updated>2010-07-21T13:33:50.186-07:00</updated><title type='text'>Sudáfrica en 50 cracks (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Sólo para los que hubiesen querido hablar de fútbol conmigo en esa maravillosa etapa del 11 de junio al 11 de julio.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Mundial ha acabado hace algunos días, y la resaca futbolera se va apagando sin hacer ruido. Poco a poco se convertirá en un despertar más sereno y vacío, y la añoranza por esos sentimientos desaforados nos empujará a los fanáticos a sumarnos a cualquier fiesta que ose con asemejarse, así sea nuestro tercermundista campeonato Descentralizado. Los destellos de la Jabulani, de Sudáfrica, de Larissa Riquelme, del estúpidamente célebre pulpo Paul pasarán a la historia en no mucho tiempo, y sólo reaparecerán las imágenes pintadas de rojo español y de Andrés Iniesta catapultándose como genio inmortal cuando, en cuatro años, nuestros sentidos peloteros nos lleven de regreso a un jolgorio que siempre amenaza con ser mejor que el anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así de categórico es el fútbol. Al final el Mundial deja para la foto la imagen del campeón, y salvo en contadas excepciones (la Holanda de Cruyff en el 74, el llanto de Maradona en Italia 90, el cabezazo de Zidane a Materazzi), la participación de los perdedores permanece largo rato en la retina del cada vez más olvidadizo fanático. Yo he querido inmortalizar en este texto el accionar de los que no la hicieron. De los que fracasaron en el intento. De los que nadie hablará cuando los estímulos marketeros que envuelven al torneo preferido de la FIFA aspiren con contagiarnos de su espíritu, como si no bastase con el amor incondicional que sentimos por nuestro deporte rey. Lógico, también habrá un (vasto) espacio para ese maravilloso equipo de Vicente del Bosque. No hacerlo sería una falta de respeto para un campeón con holgado merecimiento; y sería privarme del placer narrativo que significa escribir sobre España, similar al disfrute que genera con su fútbol a ras del piso y el fino toque de sus excepcionales mediocampistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablaré brevemente primero de los países, pero los protagonistas del análisis (que pudo ser mucho más exhaustivo o imparcial de no ser por lo que explico &lt;a href="http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/07/mi-propio-mundial-y.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;) serán los jugadores. De las selecciones sólo puedo decir que España se consagró porque fue el que mejor fútbol hizo a lo largo del torneo, y porque derrotó en un partidazo al segundo mejor equipo del Mundial: Alemania. Y sobre todo, España es campeón porque Brasil, el único capaz de superarlo, fue eliminado insólitamente por Holanda en cuartos de final. Pese a las críticas a Dunga y a su sistema “defensivo” y poco vistoso, Brasil fue en mi opinión el mejor equipo hasta los fatídicos 45 minutos finales de su participación. Fue yendo, fiel a su historia, de menos a más, llegando a tener un altísimo pico en su rendimiento en pasajes de la masacre contra Chile y en el primer tiempo contra los holandeses, que debió terminar con un resultado más abultado. Con la eliminación de Brasil todo quedaba en manos de España o de Alemania, porque Holanda no llegó nunca a posicionarse como candidato. Por primera vez desde que tengo uso de razón primaron en el esquema naranja la marca y el amarre del juego. Acostumbrados a ver a equipos holandeses comandados por el talento de Bergkamp o la contundencia de Van Nistelrooy, presenciamos esta vez a una escuadra que jugó al ritmo de Marc Van Boomel. Y les bastó con la esporádica magia de sus dos mejores hombres, Sneijder y Robben, para ganar con lo justo y casi sin despeinarse sus partidos, en una primera ronda con rivales muy livianitos y la serie más sencilla de los octavos de final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Argentina es un párrafo aparte. Llegaron hasta donde puede llegar un equipo de excelentes jugadores sin la mínima intendencia de un director técnico. Maradona demostró que en el fútbol el entrenador y el futbolista son dos cuerpos totalmente diferentes. Diego armó mal el equipo al prescindir de Zanetti y Cambiasso, presuntamente vitales en reemplazo de dos puntos flacos del equipo: el lateral derecho y el mediocampista que acompañe a Mascherano. Después se contagió de las virtudes de sus “muchachos”, y plasmó un esquema digno de México 70, con un solo volante de quite y dos ofensivos, y tres puntas. Ni en el PlayStation se puede ganar así en estos tiempos. Menos contra un equipo versátil y lleno de variantes, como la insólitamente joven Alemania. Argentina debió prescindir de Tévez o de Higuaín para jugar con cuatro en el medio frente a los teutones. A Diego lo terminó por hundir el excelente nivel mostrado por Carlitos tanto en las prácticas como en los primeros partidos, y el oportunismo del “Pipita” para mojar cuatro veces en un torneo que lo tuvo lejos de sus mejores tardes madrileñas. Si sentaba a uno de los dos contra Alemania no se molestaba nadie. Ni que fueran Batistuta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palmas para los sudamericanos, con Uruguay como abanderado fundamental de nuestra raza latina. Qué equipazo. Maestro Tabárez. Ídolo Forlán. Correcto lo de Paraguay. Cumplió. Si no llegaba a los cuartos de final hubiese sido un fracaso, teniendo en cuenta que desde hace diez o doce años es potencia en Sudamérica, la plaza más difícil para jugar las Eliminatorias. Y Chile, ya lo dijo Zamorano, ganó contra los que tenía que ganar y perdió con los que tenía que perder. El fixture estaba hecho para que en el mejor de los casos tengan la campaña que tuvieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La decepción fue África, aunque ya los cables noticiosos nos daban un presagio de lo que sería un Camerún diezmado y una Nigeria sin un adecuado recambio generacional. La lesión de Drogba terminó por hundir a Costa de Marfil, que en su segunda cita mundialista en el “grupo de la muerte” (en el 2006 compartió grupo con Argentina, Holanda y Serbia) tuvo además de enemigo al fixture, que lo colocó frente a Brasil en el segundo partido, el que tenían que ganar sí o sí los pentacampeones. En Europa faltó categoría globalmente (Suecia, Rusia o Turquía hubiesen ofrecido un mejor papel que Eslovenia, Serbia y Grecia), pero al final pesaron sus tres mejores exponentes: España, Holanda y Alemania. Lo de Italia y Francia no fue una decepción. Aunque confieso que los imaginaba superando al menos la fase inicial, sólo un iluso podía apostar por su ingreso al podio de los semifinalistas. Domenech se debió largar a su casa ni bien acabado el Mundial del 2006, donde lo salvó la magia de Zidane; e Italia carecía del material hasta para fortalecerse con su “catenaccio”, sin contar que esta vez no había ni un Baggio ni un Del Piero ni un Totti que marque la diferencia. No hubo, siquiera, un Pirlo, lesionado y aburguesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El fútbol es de los jugadores&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A continuación presentaré una lista de los futbolistas que en mi opinión fueron protagonistas. Vale aclarar que su ingreso en este mini ranking está regido por las expectativas que tenía con ellos o por la cantidad de partidos en los que los pude ver. Estarán separados en cuatro grupos: &lt;em&gt;las decepciones, los que cumplieron, los que destacaron y los miembros del equipo ideal&lt;/em&gt; según mi criterio. Y estarán acomodados de acorde a sus méritos, de menor a mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las decepciones:&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1- Wayne Rooney:&lt;/strong&gt; el ariete del Manchester United fue la gran decepción de la copa del mundo. Llegó con el cartel de candidato a goleador, con todos los boletos para ser el abanderado de la selección que debía ser por fin protagonista, y pasó sin pena ni gloria. Errático hasta en jugadas sencillas, se despidió sin anotar un solo gol. Es joven y tendrá revancha, pero es el segundo Mundial en el que fracasa. El peor jugador del torneo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2- Fabio Cannavaro:&lt;/strong&gt; el último rey de la copa FIFA fue un fiasco. Protagonista tangible de lo que fue su selección en este torneo. La campaña de Italia en el Mundial se resume con un Cannavaro vencido tras un saque lateral de un eslovaco. Una actuación diametralmente opuesta a la del Mundial pasado, que amenaza con perjudicarlo en el podio de los más grandes de la historia. Franco Baresi, actualmente y sin estirar las piernas, hubiese cumplido un mejor papel.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3- Frank Lampard:&lt;/strong&gt; otro que caminó en el Mundial. Salvo contra Alemania y específicamente en el disparo que acabó con ese grosero error arbitral que lo privó de gritar su único gol en copas del mundo, no fue gravitante. Al igual que Rooney, fue su segunda decepción mundialista. Lampard es Dios en el Chelsea, pero ha quedado demostrado que con su selección no rinde.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4- Franck Ribery:&lt;/strong&gt; tuvo una asistencia en el último gol de Francia en el Mundial, pero estuvo irreconocible en todo el torneo. Desde que Ribery fue tentado por el Madrid y el Barcelona su rendimiento ha estado en constante picada. Peleas con su técnico, lesiones, expulsiones. Y un Mundial para el olvido.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5- Felipe Melo:&lt;/strong&gt; el villano de la eliminación de Brasil. Borró con su autogol y su absurda expulsión el gran pase a Robinho para el gol frente a Holanda. Era el “defendido” de Dunga y debió ser el más ecuánime cuando las papas empezaron a quemarse. Otro que al alcanzar protagonismo (con su pase a la Juventus) ha diezmado su accionar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6- Humberto Suazo:&lt;/strong&gt; el “Chupete” tuvo el infortunio de llegar lesionado a la cita mundialista. Su actuación hace recordar al “Diablo” Etcheverry, vital para la clasificación de Bolivia a USA 94 pero que en el Mundial anduvo lesionado. Etcheverry fue expulsado a los veinte minutos en su único partido en el 94, y al “Chupete”, errático como nunca antes, la crítica no lo recordará por algo mejor que al boliviano.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;7- Fernando Torres:&lt;/strong&gt; el “Niño” no estuvo en el Mundial. España mostró su mejor juego con él en el banco, ya sea con Llorente primero, o con Pedrito después. Ingresó por Villa en los últimos minutos de la final y se desgarró. Casi ni se le ha visto en los festejos de “la furia” en La Cibeles. Es el único español del mundo que no está 100% contento.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;8- Steven Gerrard:&lt;/strong&gt; anotó un golazo en el debut frente a Estado Unidos y anduvo batallador, pero su currículum prometía mucho más. Gerrard es uno de los jugadores más completos en la historia del fútbol a mi gusto, y lamentablemente tendrá que contarle a sus hijos que el Mundial no pasó por él. Es difícil imaginar que en Brasil 2014, con 34 años, pueda jugarse una revancha. Una lástima.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;9- Claudio Bravo:&lt;/strong&gt; el portero chileno fue protagonista de la jugada que terminó por hundir a Chile, cuando salió a cortar sin criterio un balón lejos de su arco dejándole servido el gol a Villa. Los años se encargarán de borrar de la memoria de la gente que el campeón del 2010 pudo quedar afuera en primera ronda a manos de un sudamericano. Para el bien de Bravo, nadie hablará con el tiempo de su estupidez.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;10- Julio César:&lt;/strong&gt; el mejor arquero del mundo falló cuando menos tenía que fallar. Era su Mundial, su oportunidad de pasar a la historia, pero los libros y las estadísticas dirán que Taffarel y Marcos, porteros con menores cualidades que él, fueron mucho más trascendentes. Un arquero de Brasil, equipo al que le llegan ocho veces por campeonato, no puede tener dos errores gruesos. Y Julio César los tuvo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;11- Samuel Eto’o:&lt;/strong&gt; anotó dos goles pero su selección fue la peor del torneo (sólo superó a Corea del Norte). Además el último gran número 9 del Barcelona estuvo lejos de su mejor nivel. No fue el Eto’o del Barza, fue el Eto’o del Inter, un jugador que con 29 años está viviendo un declive en su carrera. Camerún basaba sus esperanzas en él, y terminar con cero puntos en un Mundial en su continente, es un fracaso rotundo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;12- Cristiano Ronaldo:&lt;/strong&gt; anotó un gol y destacó en la goleada de Portugal frente a Corea del Norte, pero lo suyo frente a España, cuando su equipo más lo necesitaba, fue muy opaco. Cristiano le dio pie a los imbéciles que dicen que es un jugador producto del marketing. No se portó a la altura de lo que para mí es: un jugador excepcional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los que sólo cumplieron:&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;13- Didier Drogba:&lt;/strong&gt; con un solo brazo se dio maña para pesar siempre, y para ser una constante amenaza para los defensores rivales. Anotó un golazo frente a Brasil, y a diferencia de Eto’o, fue más gravitante en su selección. Llegó a contagiarlos, pero no alcanzó.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;14- Kaká:&lt;/strong&gt; le bastaron chispazos para destacar. Casi sin sudar tuvo tres o cuatro pases de gol, pero su rendimiento no pasó a mayores. Se esperaba mucho más de él. Se fue sin anotar y con una expulsión, ambas cosas rarísimas en su carrera.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;15- Robbie Van Persie:&lt;/strong&gt; fue el gran sacrificado de la selección holandesa. Jugó de nueve cuando él es extremo o media punta. Fue más lo que rebotó que lo que aportó. Igual fue titular en el sub campeón del mundo, y eso es meritorio.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;16- Javier Mascherano:&lt;/strong&gt; no le alcanzó para ser el ancla de su selección. Se vio superado en varios pasajes, sobre todo frente a Alemania. Pese a eso el “Masche” tuvo buenos momentos. Es un jugador que sólo sirve cuando está 8 puntos, y eso no ocurrió en el Mundial. Alemania 2006 lo gozó en mayor nivel.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;17- Robinho:&lt;/strong&gt; cumplió. No se puede esperar más de alguien que ha resignado gloria por volver a su país a recuperar la autoestima. Igual tuvo chispazos geniales. Individualmente, en el “mano a mano”, fue de los mejores del torneo. Hizo dos goles, pero da la impresión de que no logra asentarse en una selección de peso como la brasilera.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;18- Gonzalo Higuaín:&lt;/strong&gt; hizo cuatro goles (un hat-trick frente a Corea) y eso le basta para aprobar, pero no estuvo en un buen nivel. Salvo el golazo que hizo ante México, lo del “Pipita” no fue superlativo. Sigo pensando que a Argentina lo que le falta es un 9 de peso. Está claro que Higuaín no lo es, y Milito, de gran nivel en el Inter, no fue tomado en cuenta, y por su edad, no tendrá revancha al parecer. Argentina con Luis Fabiano, por ejemplo, sería otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;19- Maicon:&lt;/strong&gt; el segundo mejor lateral derecho que he visto en mi vida tuvo un Mundial aceptable. Anotó un golazo en el debut de Brasil, y hasta el segundo tiempo frente a Holanda tenía todos los boletos para ser el mejor lateral del torneo, pero se cayó.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;20- Xabi Alonso:&lt;/strong&gt; lo menos bueno dentro de lo excelso de la selección española. No fue protagonista pero cumplió. Falló un penal que le hubiese proporcionado más puntos. En la final fue cambiado en un momento clave. Su salida le dio visa para la historia a su reemplazante, Césc Fábregas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;21- Luis Fabiano:&lt;/strong&gt; demostró su calidad con tres golazos que son marca registrada. Tiene un guante en el pecho. Además, es ágil y con dribling, y posee un portentoso disparo. En un puesto picante como el centro delantero brasilero, ha demostrado desde hace rato que está a la altura. No es Ronaldo, pero con lo que tiene le ha bastado. ¿Seguirá para el 2014?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;22- Lucio:&lt;/strong&gt; pocas veces vi un partido en el que el central de un equipo ganador por 3 a 0 sea figura, y Lucio lo fue contra Chile. Tuvo un gran Mundial, aunque se diluyó en el peor momento. Ha sacado chapa para la eternidad al superar a Pelé como el brasilero con más presencias en la copa del mundo, y eso es suficiente para nombrarlo. Cumplió.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;23- Lionel Messi:&lt;/strong&gt; al 10% de su juego fue lo mejor de Argentina. Generó muchísimas situaciones de gol y estuvo fino con la pelota. Le faltó meterla, pero la tuvo ahí. Fue el mejor jugador de la primera fase en mi opinión. Y sin despeinarse. Contra Alemania fue una sombra. Messi llegó para ser la estrella y no lo consiguió, pero es tan bueno que incluso con un 4 a 0 a cuestas, y sin haber hecho un solo gol, no podemos decir que fracasó. Tendrá revancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los destacados:&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;24- Gabriel Heinze:&lt;/strong&gt; el “Gringo” fue la revelación de la escuadra de Maradona. Acaso el único acierto del entrenador albiceleste. Lo “bancó” a muerte, como dirían los “chés”. Y Heinze fue una muralla hasta que se topó con Alemania. Además, anotó el gol más importante para Argentina en este Mundial: el primero. Había que verlo al “Gringo” en la cancha. Su rostro no podía transmitir más compromiso, y con sus conocidas limitaciones, destacó.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;25- Tim Howard:&lt;/strong&gt; arquerazo. Fue la diferencia principal entre Estados Unidos e Inglaterra en el partido que empataron a uno. Ha demostrado muy buen nivel. Es rápido y sobrio. Y se nota que sufre cuando pierde.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;26- Justo Villar:&lt;/strong&gt; no tenía muchas expectativas con este portero que a mi gusto, es muy bajito para ser el número uno de una selección que se hizo grande con Chilavert. Pese a eso respondió. Contra España anduvo muy bien, y fue vencido por Villa tras varios rebotes. Ha pagado su deuda. Es el “1” de Paraguay.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;27- Antolín Alcaraz:&lt;/strong&gt; el abanderado de la defensa paraguaya. El destacado dentro de una defensa que cumplió con creces, como siempre. Pocos lo conocían y mostró su personalidad y su buen juego. Con un certero cabezazo abrió el camino en el empate contra Italia. Le ganó en el juego aéreo a una defensa conocidas por destacar en ese rubro.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;28- Landon Donovan:&lt;/strong&gt; un crack. El gringo no tendrá en este lado del continente el marketing que posee en su patria, pero qué jugador que es. Aparece cuando tiene que aparecer, es técnico, con temperamento. Hizo goles claves y ya pasó a la historia, en mi opinión, como el mejor futbolista estadounidense de todos los tiempos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;29- Carlos Tévez:&lt;/strong&gt; el “Apache” puso en aprietos a Diego con su gran nivel. Tuvo que variar su sistema para darle cabida en la oncena titular, cuando días antes había declarado que sólo jugaría con Messi e Higuaín en la delantera. Tévez se preparó como nadie para este torneo y en la cancha se vieron los resultados. Anotó un golazo contra México (y otro en offside pero oportunísimo) y ya tiene, sin hacer mucho aspaviento, tres goles en los mundiales.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;30- Miroslav Klose:&lt;/strong&gt; se quedó a un gol de igualar a Ronaldo como el máximo artillero en la historia de los mundiales. Nunca entenderé por qué diablos no jugó contra Uruguay, apelando siquiera a un penal o a una posibilidad de remate con la cabeza, que es casi como un penal para él. Hizo cuatro goles y demostró que es un delantero de temer. Cuando se pone la camiseta de su selección (o de la selección que lo ha acogido, porque él es polaco), la rompe.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;31- Eduardo:&lt;/strong&gt; arquerazo. Sólo fue vencido una vez, y el verdugo fue David Villa, nada menos. Portugal demostró que no era Ronaldo y diez más. Tuvo un equipo compacto (con Tiago y Meireles en magnífico nivel también) y hasta tuvo un buen arquero. Lástima que se les cruzó España. Fue el otro equipo al que el fixture le jugó una mala pasada.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;32- Lukas Podolski:&lt;/strong&gt; al igual que Klose (polaco también) rinde más en su selección que en su club. Literalmente se puso la camiseta, y se dedicó a trabajar en pos del conjunto. Ya no fue más el errático atacante catalogado como una eterna promesa, en el Mundial fue un extremo con un importante ida y vuelta. Contra Argentina, por ejemplo, lo vimos defendiendo en su área con el mismo ahínco con el que pugnaba por desbordar en la rival. Muy buen trabajo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;33- Mark van Bommel:&lt;/strong&gt; pegó más de la cuenta y jugó gratis la mayoría de los partidos (en la final fue un exceso), pero a van Bommel dámelo siempre. Es el “6” que todo equipo quisiera tener. Con presencia física para intimidar a los rivales, para marcar territorio y presencia. Y con buen pie para elaborar jugadas y para controlar los tiempos del partido. Muy buena labor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;34- Arévalo Ríos:&lt;/strong&gt; no lo tenía nadie al uruguayo, y fue un motor en el medio campo. La fusión perfecta entre Mascherano y el mejor “Chicho” Serna. Mete los noventa minutos, y en ocasiones puntuales, como en el desborde para el centro hacia Forlán en el mejor gol del Mundial según la FIFA, demuestra calidad. Ha incrementado en 500% su valor en el mercado. Uruguayo de pura cepa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;35- Luis Suárez:&lt;/strong&gt; con un inicio opaco, Luisito se ganó el corazón de todos a punta de sacrificio y con trascendencia en dos partidos claves: anotó los goles contra México y contra Corea, por lo que su accionar está sólo un escalón debajo de lo hecho por Forlán. Este inicio de temporada en Europa los teléfonos del Ajax deben estar reventando. Suárez no se va a quedar mucho más tiempo ahí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;36- Bastian Schwensteiger:&lt;/strong&gt; un crack que ha despertado en la retina del fanático. Venía pasando desapercibido las últimas dos temporadas, pero en la última reapareció con la magnitud que anticipó en sus inicios. De lo mejor de Alemania en el Mundial. Nadie extrañó a Ballack en la primera línea. Contra Argentina jugó para 9 puntos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;37- Mesut Özil:&lt;/strong&gt; junto a Messi, lo mejor de la primera fase en mi opinión. Manejó los hilos de Alemania, y fue el jugador diferente en un equipo lleno de vértigo y sacrificio. Es el 10 de estos tiempos, el hombre que flota detrás del 9 y que hace la pausa. En el Bremen nadie extraña a Diego. Özil es mejor.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;38- Sergio Busquets:&lt;/strong&gt; un crack. Simplemente eso. Tiene todos los requisitos para ser el volante del futuro. Presencia física, ubicación y excelente pie. Fue el ancla del equipo campeón. El soporte de la genialidad de Xavi e Iniesta, a quienes cada día conoce más. Un dignísimo ejemplar de las canteras del Barza. Se quedó a un pasito de entrar al equipo ideal.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;39- Arjen Robben:&lt;/strong&gt; demostró que después de Messi y Cristiano Ronaldo, es el jugador más desequilibrante del mundo. A diferencia de los cracks mencionados, con Robben todos sabemos lo que va hacer, pero lo termina haciendo. Todos sabemos hacia dónde va a amagar, pero deja en ficha hasta al más mentado de los defensores. Hizo añicos a Michel Bastos contra Brasil, y pese a llegar diezmado al Mundial, fue determinante siempre que le tocó jugar. Lamentablemente falló cuando menos debía de fallar. En la final se encontró con Casillas, quien en dos jugadas lo condenó al insomnio para siempre. Robben estuvo a un pasito de la gloria, pero no la pudo alcanzar. Otro que por poquito no está en el equipo ideal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El quipo ideal:&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;en este caso no están ordenados por méritos, simplemente es un equipo configurado así: arquero; lateral derecho, central, lateral izquierdo; un volante de primera línea, tres volantes de segunda línea; un extremo, un mediapunta y un centrodelantero.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;40- Iker Casillas:&lt;/strong&gt; no tiene que parecerle a nadie exagerado si digo que Iker Casillas es el mejor arquero de la historia del fútbol. Su actuación (aún con el gol de Suiza en el que culparon a su bella novia Sara Carbonero) ha sido excelente todo el Mundial. Contra Paraguay fue fundamental al atajarle el penal a “Tacuara” Cardozo, un hombre que hasta contando entrenamientos debe haber fallado dos penales en toda su carrera. Y en la final España tuvo tres goles: el de Iniesta y las dos tapadas de Iker ante Robben. Ha ganado como capitán y figura la Eurocopa y el Mundial. Tiene dos Champions en su currículum. Es el número “1” del Madrid desde hace más de diez años. ¿Se necesita algo más para ser el mejor de todos los tiempos? Si alguien me dice que sí, no importa, Casillas lo va a conseguir.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;41- Sergio Ramos:&lt;/strong&gt; qué capacidad para jugar siempre para ganar. Para no dar una sola pelota por perdida. Para llegar al área rival. Para golpear cuando es necesario. Gran actuación de este hombre, de los mejores en su posición desde hace rato. Sergio Ramos parece torpe pero con la pelota sabe, y mucho. Tiene look de relajado, pero juega con un compromiso ejemplar los noventa minutos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;42- Carles Puyol:&lt;/strong&gt; clave en el gol frente a Alemania, y muy seguro siempre. Al igual que Thuram en el 98 o Brehme en el 90, Puyol fue un defensor que definió una semifinal del Mundial. Con esta nueva consagración (ya había alzado la Euro en el 2008) “Tarzán” le pone el punto final a una apoteósica carrera con su selección. En el Barza, tiene para para rato.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;43- Gio Van Bronchorst:&lt;/strong&gt; recuerdo que cuando empezó el Mundial y lo vi como titular y capitán de Holanda, descarté a su país como candidato. “Un equipo que sigue contando con Gio no puede ser protagonista”, me dije. Es que Van Bronchorst desde hace varios años había desaparecido de la élite del fútbol, tras exitosos pasos por el Arsenal y el Barcelona. De regreso en la liga de su país lo imaginaba devaluado. Pero su actuación me tapó la boca. De las gratas sorpresas del Mundial. Gio plasmó su experiencia en la zaga, y podríamos decir que, a diferencia de la mayoría de laterales del planeta, en la marca ha mejorado con los años. Hizo un golazo ante Uruguay, y en la final tuvo una dignísima actuación.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;44- Diego Pérez:&lt;/strong&gt; si en las Eliminatorias pasadas nos enterábamos de que el “Ruso” jugaría contra Perú, no pasaba nada. Lo teníamos archivado como un volante batallador y no mucho más. Pero el nivel mostrado por el volante de contención uruguayo este Mundial ha sido superlativo. Una imagen que grafica su accionar está en el gol de Cavani para el provisorio empate contra Alemania: el balón lo tiene Schwensteiger, acaso el mediocampista más certero del equipo teutón, y el “Ruso” se lanza de carretilla para robarle el balón, demostrando que en una jugada de quite y sacrificio también se puede encontrar arte. Así empezó el fabuloso contragolpe de Uruguay. Eso fue el “Ruso” Pérez este Mundial. Un hombre que a los 30 años alcanzó la gloria. Y que ha sacado chapa de inolvidable en un país plagado de jugadores de su estirpe. Cuando nos volvamos a topar contra los uruguayos recemos para que el “Ruso” ande resfriado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;45- Xavi:&lt;/strong&gt; lo único que ha hecho Xavi este torneo es cumplir con lo que todos esperábamos de él. Desde hace un par de años se ha posicionado como el mejor del mundo en su posición, y con una amplia ventaja. Conoce de memoria el juego, y tiene una relación muy fuerte con la pelota. Parece dotado de algo mágico que nos hace pensar que tenerlo en un equipo es trampa. Está siempre bien ubicado y participativo. Es imposible que pase desapercibido porque la pelota está siempre con él. Manejó los hilos de España como viene manejando los del Barcelona desde hace mucho. Y cuando está enchufado, es poco probable que su equipo no gane. E imposible que su equipo no tenga absolutamente el control de la pelota. Un crack.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;46- Wesley Sneijder:&lt;/strong&gt; apareció en los momentos justos. Fue vital contra Brasil y contra Uruguay. Plasmó su técnica y su inteligencia siempre. Tuvo una gran temporada en el Inter, pero en el Mundial la superó. Llegó repleto de confianza y los resultados fueron claros: 5 goles para un volante en un Mundial es un mérito casi inalcanzable. Como para que los dirigentes del Madrid se sigan arranchando los pelos por haber prescindido de sus servicios.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;47- Andrés Iniesta:&lt;/strong&gt; fue a mi gusto el mejor jugador del Mundial. El complemento perfecto de Xavi. Iniesta flota en la cancha. En todo momento parece que está por perder el balón, pero no se la quitan nunca. A diferencia de Zidane, que con su porte y su estampa daba la impresión de que todo lo hacía fácil, con Iniesta todo parece difícil, hasta improbable, y lo termina haciendo. Para mí fue el mejor jugador del torneo por encima de Forlán, porque su equipo salió campeón y él, siendo mediocampista, anotó el gol del título. Además apareció en los momentos claves. Contra Chile con esas caricia a la red que fue su gol, contra Paraguay para hilar la pelota hasta el gol de Villa, contra Portugal para empezar con la jugada que definió el partido. Y en la final no se amilanó con las patadas y luchó hasta el final por romper el cero. Que él haya hecho el gol del título es un premio merecidísimo para una actuación descollante. Al igual que Xavi, Iniesta ha patentado un estilo. No se los puede comparar con nadie. Son y serán ellos, nada más.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;48- Tomas Müller:&lt;/strong&gt; la revelación del torneo. Hizo cinco goles, plasmando así toda su eficacia. Además es táctico y colabora. Puede jugar de extremo, de volante o de delantero. Un jugador completo. Tuve la suerte de verlo en uno de sus primeros partidos en la Primera del Bayern, y lo jugó como si tuviese 15 años en el fútbol. Fiel al estilo alemán, Müller parece uno de esos aplicados estudiantes que al encontrar su primer trabajo se adecuan al instante, y se tornan imprescindibles. Así vive el fútbol. Lo vi también en su primer gol en la Bundesliga, casi ni lo festejó. Como cuando anotó por primera vez en el Mundial, que sólo se abrazó con alguno de sus compañeros y regresó para continuar el juego. Tiene hielo en la sangre, y esa es su principal virtud. Si mi equipo tuviese un penal definitorio en el último minuto, mataría porque lo patee él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;49- Diego Forlán:&lt;/strong&gt; el personaje de la Copa del Mundo, sin dudas. El diferente de una selección compacta y con compromiso. Forlán fue para Uruguay el Maradona del 86 en Argentina. Hizo cinco goles, dejando en claro que fuera de ser un delantero con mucho oficio para armar el juego y manejarlo, es sobre todo un goleador de raza. Daniel Peredo lo describió como el único crack sudamericano que rinde igual en su club como en su selección. Nunca tan acertado el periodista de Cable Mágico. Forlán fue ídolo en Independiente, se las ingenió para sumar minutos en un Manchester que contaba con el mejor Van Nistelrooy y con suplentes históricos como Ole Gunnar Solskjær, fue Pichichi de la Liga en el Villarreal y repitió el plato en el Atlético de Madrid. Siempre está. Tiene idéntico remate con ambas piernas, ejecuta tiros libres y no se le recuerda un penal fallado. Además posee lo que necesita todo delantero: química con la red. El arco es para él como la sala de estar de su casa en Montevideo. Lo visita comodísimo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;50- David Villa:&lt;/strong&gt; no anotó ni en la semifinal ni en la final, pero definió los partidos contra Honduras, Chile, Portugal y Paraguay. De no ser por lo superlativo de Andrés Iniesta en la recta final, hubiese sido a mi gusto la figura del Mundial. Es un delantero con alma de volante de contención. Le sobra temperamento. Es peleador y valiente. Y cuando le toca hacer lo suyo, los goles, no tarda en aparecer. Al igual que Forlán, usa ambos pies para disparar, y es certero con la pelota parada. Es determinante además. Fue el goleador de la Eurocopa 2008 que consagró a su selección, y con sus cinco goles en el Mundial se ha catapultado como el español más efectivo en la historia del torneo, superando a ilustres cracks como Butragueño y Raúl. A diferencia de este último, que ha realizado toda su carrera en el Real Madrid, un equipo que facilita el mito de los delanteros, el “Guaje” Villa la ha peleado desde abajo. Debutó en el Sporting de Gijón, pasó por el Zaragoza y alcanzó prestigio internacional con el Valencia. Debutó con 24 años en su selección, y hoy, a punto de cumplir los 29, puede decir que lo ha ganado todo. Y en un lapso de seis años. El premio a su admirable carrera es su reciente fichaje con el Barcelona. Un motivo más para seguirle los pasos a ese mágico equipo. Un motivo más para disfrutar, domingo tras domingo, de la base del último campeón del mundo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4625465107761562737?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4625465107761562737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/07/sudafrica-en-50-cracks-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4625465107761562737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4625465107761562737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/07/sudafrica-en-50-cracks-y.html' title='Sudáfrica en 50 cracks (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-7184384503540065332</id><published>2010-07-09T14:15:00.000-07:00</published><updated>2010-07-09T14:30:06.020-07:00</updated><title type='text'>Mi propio Mundial (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;A los que esperan mi análisis de la Copa del Mundo. He aquí la razón de su ausencia.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es imposible que Inés, mi hija, no sea la protagonista de absolutamente todo lo que me pasa. Lamentablemente para mi pedazo futbolero, su llegada ha estado ligada casi exactamente al Mundial, y ha acaparado en cada gesto, en cada movimiento, una importante porción de mi cerebro que en cualquier otro momento de mi vida hubiese estado cien por ciento sumido en el rodar de la pelota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puedo decir que este de Sudáfrica ha sido el primer Mundial de los últimos que me quedan por vivir. Inés ha marcado con tinta indeleble un antes y un después en mi existencia, y el fútbol no es ajeno a esa sentencia. Llego a esa conclusión porque mi hija tiene una relación directa con el hecho de que este haya sido el primer Mundial que me descubre trabajando, que me recibe con responsabilidades. Y a partir de ahora no hay marcha atrás. Hasta el 98 viví la cita más importante del planeta fútbol en el colegio, y para el 2002, en mi condición de relajado estudiante universitario, acomodé horarios de tarde-noche para que las madrugadas me encuentren lúcido, y así disfrutar de todos los partidos del torneo jugado en Japón y Corea. Me di el lujo de escribir una reseña por cada choque, y me quedó un documento de 53 páginas con un detallado análisis de todo lo vivido en el Mundial que consagró a Ronaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el año 2006 conseguí mi primer trabajo, al que renuncié un mes antes de que ruede el balón en Alemania aduciendo que necesitaba más tiempo para culminar mis estudios, pero con la clara intención de no pasarme un Mundial en la oficina con un sueldo de practicante (y de practicante de periodismo incluso) ni cagando. Por mi edad tenía la certeza de que el 2006 sería mi último Mundial con privilegios, pero uno nunca sabe lo que le tiene reservado el destino en cuatro largos años. En mis pensamientos más optimistas me veía trabajando en un periódico deportivo, y si no me mandaban a Sudáfrica, al menos tendría la obligación de ver toditos los partidos para cuajar mi análisis. Cuando me ponía pesimista me imaginaba desempleado y solo, viviendo de propinas cada vez más misias pero con el tiempo del mundo para encerrarme en mi cuarto a escuchar en mute a Eddie Fleischman. Encima mi experiencia como “perdedor de tiempo” profesional me indicaba que nunca iba a faltar un partner en idéntica situación, y que pese a los bolsillos flacos, siempre se puede hacer “chanchita” para las chelitas. ¡Cuánto me envidiarían mis amigos oficinistas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, el destino quiso que Sudáfrica 2010 me halle como padre de una hermosa niña. Viviendo con mi novia en un departamento con un televisor que ni por una broma de mal gusto estuvo en los recientes catálogos de electrodomésticos. E inmerso en los vaivenes de una oficina con horarios vetados para los partidos más importantes. Supe de antemano que no me quedaba otra, y planeé mi estrategia. Coloqué mi despertador a las seis de la mañana para poder apreciar al menos el primer partido del día en primera fase y me compré por 20 soles un VHS de segunda para grabar el partido más chévere del día. Pero todo fue en vano…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inés entró a tallar con más fuerza que la defensa de Paraguay, con más compromiso que los uruguayos, y me dio la estocada con más contundencia que los inspirados alemanes contra Argentina. Sus despertadas clamando por alimento en las madrugadas fueron como la eliminación de un favorito en primera ronda, y me hacían llegar machacado y con un ojo cerrado al partido de las seis y media. Sus agudos chillidos, justito cuando la acomodaba en su cuna luego de haberla adormilado en mis brazos largo rato trabajando en su pueril psicología (diciéndole bajito que el partido de Brasil estaba por comenzar), fueron como groseros errores arbitrales. Y cuando todo era propicio para un ambiente a cien por ciento fútbol, arremetía con una ocurrencia, con sus primeras sonrisas genuinas, y ni siquiera los espectadores que vieron los partidos de Paraguay junto a &lt;a href="http://www.infobae.com/adjuntos/imagenes/10/0341051B.jpg"&gt;Larissa Riquelme&lt;/a&gt; estuvieron tan dichosamente distraídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así me pasé este Mundial. Sólo Inés ha sido capaz de sustraerme del fútbol sin generar en mí el mínimo disgusto. Igual me he dado tiempo para ver varios partidos (los de Argentina y Brasil, por ejemplo, los vi toditos; a Alemania y España también los he seguido), y siempre están los programas deportivos y las páginas de Internet para mantener a uno al tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese punto quiero mencionar a la otra figura que ha tenido mi propio Mundial: mi hermano Marcelo. Si Inés ha sido la protagonista excluyente, mi hermano ha sido la simpática revelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he manifestado desde chico mis deseos de pertenecer al periodismo deportivo, pero por diversos motivos, jamás lo he conseguido. Mi hermano, como todo muchacho de veinte años, no tiene claro qué es lo que quiere hacer por la vida, y luego de haber ingresado a la Universidad Pacífico a la rama de administración sin animarse a llevar al menos un curso, pasó a las filas de la De Lima, en la misma carrera. Al descubrir que los números no le llenaban el alma, y también apoyado por cierto tufillo adolescente que empuja al hueveo más que al sacrificio, ha encallado en la facultad de comunicaciones, desentendiéndose de mis malos ejemplos, y siguiendo la misma línea que han tomado también los primos que más quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cosas de la vida él no ha podido estudiar este ciclo, y fuera de deprimirse y de estacionarse y de dedicarse a pasar la vida; fuera de actuar como hubiese actuado yo, decidió buscar trabajo. El destino lo llevó a sumarse a las filas de un conocido portal (peru.com) en la sección, vaya paradoja, de deportes. Mi brother ha sido contratado para cubrir el acontecer deportivo todo el tiempo que dure el Mundial, siendo una de sus funciones narrar el minuto a minuto de los partidos, para deleite de los que como yo, estamos presos en la oficina mientras nuestros ídolos sudan la camiseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano ha tenido la suerte que anhelé yo hace cuatro años: que te paguen por ver el Mundial. Me he guiado por sus comentarios para saber, por ejemplo, qué tal juega Corea del Sur, o hasta qué punto debí apostar por Ghana antes que por Estados Unidos. Él ha tenido este 2010 lo que yo tuve el 2002: un Mundial completo. Pero al fin y al cabo, trabajo es trabajo, y la vez pasada me rompió el alma cuando me dijo: “pucha, yo antes anhelaba que empiece el Mundial, pero ahora ya quiero que acabe”. Claro, no creo que a ningún fanático le agrade la idea de levantarse a las 5 y media de la mañana para salir al trabajo un domingo mientras ves por la calle a la gente que recién llega de su juerga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los mundiales de mi vida están ligados a mi hermano de una u otra manera, porque él llegó al mundo en el 90, cuando yo viví mi primer Mundial con intensidad a los ocho años de edad (aún recuerdo, y él lo ha comprobado, cómo se conformaban todos los grupos de ese torneo). En el 94 me dejó la anécdota más graciosa. Al ver la tanda de penales de la definición por el título entre Brasil e Italia, él estaba efusivo gritando junto a mi familia los goles de Brasil. En un penal convertido por Italia su cerebrito de cuatro años gritó el gol con mucha fuerza, pero al notar el silencio del resto como respuesta, atinó a decir, vivazo y sobre la marcha, y sin bajar la intensidad de su voz, “qué pena, qué pena”. En el 98 se le dio por ser grande, y quería estar a la altura de los conocimientos que teníamos mi viejo y yo, que tertuliábamos a menudo sobre fútbol junto a él. Y un día agarró uno de esos cards con la estampa de los jugadores y empezó a leer los nombres de algunos con mucha familiaridad. Y empezó con Seedorf (había que tener un mínimo conocimiento futbolero para saber que la doble “e” en Seedorf se pronunciaba como “i”) pero él leyó el nombre con “e”, y encima, confundido por el holograma, le agregó otra “e” al final, entonces sonó “Sedorfe”. Las burlas no tardaron en aparecer, acentuándose cuando en lugar de leer Alcorta, dijo “Alcorrata”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el 2002 le llegó el principio de la adolescencia, y decidió bajar esa barriga rolliza que amenazaba con quedarse de manera perenne, y en medio de dietas que lo privaron de sus tortillas de fideos inter diarias y de sus canchitas de mantequilla (con su chupada de bolsa más), fue formando al muchacho fuerte y esbelto que es hoy. De paso ese año dejó de jugar conmigo a otra cosa que no sea PlayStation, y tanto nuestras mechitas a lo Dragon Ball como nuestras pichangas en el jardín de mi casa pasaron a la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el 2006 encontró el amor, y acabó el colegio y se hizo más alto que yo y aprendió a “chupar” al ritmo de mis amigos más borrachos, y contra todos los pronósticos, se hizo un jugador de fútbol importante. Y este 2010 lo ha pasado trabajando, en un acto por el que jamás dejaré de sacarme el sombrero, y por el que lo felicito y le agradezco. Ha cobrado su primer sueldo, y bondadoso como siempre, me hizo el único regalo que recibí en mi primer día del padre. Marcelo no tiene el talento que tengo yo para jugar al fútbol, pero en base a garra y temperamento, me ha ido superando. Hoy le digo, y no le miento, que en el 2002 escribí 53 páginas sobre el Mundial, las mismas que hoy reviso y me avergüenzan. Y que él ya dio los pasos para superarme en todo, hasta escribiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi hijita Inés le contaré más adelante que el año en que nació fue un año de Mundial. Que mientras yo me iba enamorando de su sonrisa, en Sudáfrica los mejores representantes del deporte más hermoso del mundo pugnaban por la gloria. Se enterará que por el segundo gol de Tévez a México le arranché fuerte de la boca la mamadera haciéndola llorar, y que por limpiarle un vómito travieso me perdí el gol de Robinho a Chile. Le contaré que contra mi pesar no fue el Mundial de Maradona ni de Messi; menos de Dunga ni de Kaká. Le diré que para mí fue el Mundial de ella, y que sin que importe el ganador entre España y Holanda, el campeón fue mi hermano, su tío Marcelo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-7184384503540065332?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/7184384503540065332/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/07/mi-propio-mundial-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7184384503540065332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7184384503540065332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/07/mi-propio-mundial-y.html' title='Mi propio Mundial (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2916333615510375620</id><published>2010-06-01T13:30:00.000-07:00</published><updated>2010-06-01T13:41:45.220-07:00</updated><title type='text'>Iba yo a salir papá (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Para Florita en su cumpleaños.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"Fueron nueve meses de angustias e incertidumbres,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;hoy es el momento cumbre&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;por fin ha empezado el show"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ser padre es difícil. Fuera del cliché, esa frase se resume en un hecho tangible: la imposibilidad de dormir. Porque se podrá tener un buen trabajo, se podrá gozar de un buen salario, se podrá contar con todos los utensilios sugeridos por los manuales, pero si a tu hija le da por llorar en las madrugadas, fuiste. Inés llegó a mi vida hace 17 días, y desde entonces mis horas de sueño se traducen en cortos e interrumpidos intervalos que me vienen dejando magullado, sin fuerzas y cada vez más amigo del café de la oficina. Apelo al optimismo y pienso que la cosa mejorará, que en algunos meses mi hijita habrá encontrado por fin la comodidad en el mundo, y entenderá que la noche es para descansar. Pero estoy convencido de que dormir para mí jamás será lo mismo, y que esos chillidos ronquitos de mi bebita clamando por su leche o por sabe Dios qué otra necesidad, son apenas un entrenamiento para la noche en que le de fiebre, le duela el oído o me tenga agonizando de la angustia porque le dije que regrese a las doce y son la una y media y no llega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida antes de Inés no existe más, y las madrugadas en vela son un baldazo de agua fría para que de una vez lo capte y lo acepte. Mi persona ha dejado de ser prioridad. Mis anhelos y caprichos han pasado a un segundo plano. Mi vida hoy es dominada por ese pedacito de gente que cada día se me hace más conocido, y que tiene la potestad de moldear mi ánimo a niveles superlativos. Inés no lo sabe pero dependo de ella. Porque si llora me manda a la lona, y si acepta que la tenga en mis brazos y me mira como quien descubre el cariño, me acoge un sentimiento que va mucho más allá de la felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser padre es acaso más complicado que ser madre. Flora me dice a cada momento que Inés me reconoce, que mi voz le es familiar, pero es innegable que para mi hija su madre es lo más importante. Podría decir incluso que es lo único importante. Inés depende las 24 horas de su mamá, y sólo en el mágico fruto de su pecho encuentra el consuelo. Sólo con ella le puede hacer frente a un mundo tan ajeno a la impermeable cuevita en la que pasó sus primeros nueve meses de vida. Yo soy simplemente un contemplativo testigo de ese vínculo maravilloso, y mi función actualmente está más ligada a ofrecer apoyo y a estar alerta que a verdaderamente trascender en el desarrollo de mi niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay algo fisiológico irrefutable en la relación de una madre con su hijo. Las mujeres se preparan nueve meses para el gran acontecimiento. Lo van conociendo en cada pequeño movimiento, en cada náusea, en cada cambio hormonal. De manera innata saben qué hacer, cómo reaccionar desde las primeras aproximaciones del recién nacido. Lo veo clarito en Flora. Su instinto de mamá es conmovedor. No duerme, no descansa, y pese a ello está siempre presente para saciar los pedidos de Inés. Nunca de mala gana, siempre con amor. Ha guardado en el cajón sus demonios para adoptar un papel de súper héroe. Atrás ha quedado su desidia, su mal humor. Hoy su semblante es sublime, entregado; al fin y al cabo, maternal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los papás el paquete es diferente. El instinto aflora con el paso de los días. Y muy lentamente. El embarazo es para nosotros sólo una tímida etapa de transición, entonces de golpe nos encontramos frente a un ser que desconocemos, que respira, bosteza y sonríe en miniatura, pero que llora con holgura. En primera instancia el cariño por el hijo es una extensión del cariño hacia la madre. Por eso asumo que un mal esposo (o un mal compañero sentimental) no podrá ser jamás un buen padre. Inés ha llegado a mi vida días antes de que cumpla 28 años, y me ha hallado inexperto, diría que hasta incapaz. Aún me sigo sintiendo un hijo, conservo todavía aficiones inmaduras y me cuesta aceptar el rótulo de señor. Pero cada vez que veo a Flora dándole vida a mi niña ruego porque me contagie, imploro por el momento en que Inés me descubra como su papá. Y trato de olvidar que hasta hace unos días era un muchacho con ganas de jugar Play Station y que compraba con ludópata devoción, figuritas del álbum del Mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarea es difícil, está clarísimo. Inés sólo conoce el llanto como medio de comunicación, y comunica muchas cosas. Me abruma la impotencia con cada lágrima, y fuera de lo auditivo, su llanto me destroza porque imagino que le está doliendo el alma, y yo a su lado, parado y palpando su mínima anatomía, me reconozco vetado para calmarla. Creo que ese es el primer mensaje fuerte que te dan los hijos: tú vas a estar siempre ahí, a la mano para tratar de socorrerlos, pero no podrás evitar que sufran, no impedirás que conozcan la frustración, la sentencia de que la vida no es el cuento de hadas que imaginaron mientras flotaban en el vientre de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser padre es difícil, y lo es cada vez más. Pero ser padre también es maravilloso. Y lo es cada vez más. Inés es increíblemente hermosa. Tiene unos ojos que comunican desde ya, pese a que la sabiduría popular nos cuenta que por el momento están preparados para ver apenas manchas. Su nariz y su boca parecen dos botones de caramelo. Bosteza y estornuda en colores y musicalmente. Tiene el significado genuino de la ternura tatuado en sus cachetes. Sus pies invitan a la sonrisa. Sus manos son mínimas, pero conllevan un estilo, el estilo de su madre. Y de su cuerpo brota un aroma que quisiera impregnármelo para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros y los pediatras nos cuentan que sus acciones hoy en día son dominadas por algunos reflejos, pero a mí me dan la pauta para imaginar cómo será más adelante. Está llena de muecas, tiene una en particular empequeñeciendo los labios como si estuviese silbando o mandando un beso que me derrite. A veces parece enfadada, y mueve esas pequeñas pelusitas que fungen de cejas en señal de desaprobación. Otras veces, en el clímax de su belleza, sonríe, y llego a la conclusión de que no habrá jamás un paisaje o una obra de arte capaz de superarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inés ya llegó al mundo. Existe. Se mueve. Respira. Está sanita. Es un pedacito de mi cuerpo que no conoce la maldad, ignora las injusticias, escupe a la timidez y a la desconfianza. Es una personita que brota amor en cada milésima de segundo, y con cada movimiento, me incita a imaginar por primera vez el futuro con optimismo. Inés a veces está inquieta y fastidiada, entonces acepta que la cargue, y yo le canto canciones melódicas y se da el trabajo de escucharme para después dormirse. Inés se fusiona con su mami para obtener alimento, y me invitan a contemplarlas mientras descubro que los milagros existen. Inés me regala con su mirada una nueva oportunidad para ser mejor persona, y no me va a alcanzar la vida para agradecérselo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5477907112936869666" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TAVvfvswDyI/AAAAAAAAAF8/cPlHil5Swlg/s320/Inesita.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2916333615510375620?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2916333615510375620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/06/iba-yo-salir-papa-y.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2916333615510375620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2916333615510375620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/06/iba-yo-salir-papa-y.html' title='Iba yo a salir papá (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TAVvfvswDyI/AAAAAAAAAF8/cPlHil5Swlg/s72-c/Inesita.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4091750260313607372</id><published>2010-05-12T15:28:00.000-07:00</published><updated>2010-05-13T09:56:50.484-07:00</updated><title type='text'>Digo tu nombre (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;"No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón..." &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Ahora sí, hasta que llegues, estas son las últimas líneas que te escribo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;La historia del por qué de tu nombre.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si la criatura que se resiste a salir, y navega plácida e indiferente en el vientre de Flora fuese varón, ya tendría nombre desde hace mucho tiempo. Se llamaría Diego con el prematuro consentimiento de ambos, y el conserje de mi edificio tendría en algunos días a un nuevo mini tocayo. No nos haríamos bolas. Se llamaría Diego porque es el nombre que quise para mí desde niño, y acentuó su fortaleza cuando me enteré que existía sobre la tierra un tal Maradona. Se llamaría Diego porque a diferencia del resto de nombres de futbolistas que propuse, Flora lo aprobó con simpatía, y con un poco de ingenuidad se comió el “no” cuando me dijo: “¿no será por Maradona, no?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si reviso las peripecias y contradicciones de la decisión de bautizar a nuestra futura niña es fácil sospechar que Diego hubiese sido uno más de la lista de descartados, y tendríamos en estos momentos a un nombre impensado, tal vez a uno de los que negué tajantemente cuando dije que ningún hijo mío se llamaría de manera rara u original. Llegar al consenso en el nombre que figurará en los documentos de nuestra hija ha sido una batalla difícil. Un proceso áspero en el que no han faltado la desilusión y la pena; el efímero triunfo y la piconería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El arte de escoger nombres ha aparecido en realidad desde hace mucho en mí, en las cada vez más esporádicas e infructuosas aproximaciones al mundo de la ficción. En esa índole no se me hacía difícil bautizar a los personajes masculinos. En ellos, generalmente extraídos de los retazos más oscuros de mi alter ego, a veces hasta un nombre feo calzaba bien. Además aparecían los básicos complementos, los compinches o rivales del protagonista. Y vamos, a quién le molesta el nombre de los amigos; a quién coño le interesa cómo se llama el desgraciado con el que tu chica te pone los cuernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escoger en cambio el nombre de la protagonista era (es) más complicado. Tendría que sonar bien, tendría que llevarme al suspiro, a las ganas de seguir dándole vida a ese personaje del que me venía enamorando, y que saciaba en cada párrafo el travieso impulso de tentar otros labios en la vida real. Por eso propuse Lucía como la alternativa más profunda y duradera. Hasta hace muy poquito mi hija se llamaría así, y de no ser porque Flora se desencantó en algún momento clave, nos estaríamos ahorrando tanto rollo. Lucía es un nombre hermoso que me evoca a mujeres encantadoras por más que no haya conversado más de dos minutos con alguna de sus cuantiosas representantes. Lucía me suena a mujer más que cualquier otro nombre, y no sé qué pedazo de mi subconsciente es el responsable de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al personaje femenino del primer cuento que me recuerdo le puse Lucía. Fue mi debut en el arte de bautizar a la gente. Lo escribí a mediados del 2002, y pese a que imprimí un par de copias, desapareció de mis archivos y de mi vida. Desde cualquier punto de vista literario e incluso desde el modesto control de calidad de este blog, el cuento era impresentable, pero le guardo un cariño súper especial porque con él descubrí que era feliz escribiendo, que podía sortear mis angustias y mis temores en la azotea de mi ex casa, mientras el mundo amenazaba con llevarme de encuentro. Lucía se llamaba aquella muchacha de mi cuento, y era la novia del mejor amigo e ídolo del narrador (y protagonista), que en silencio la amaba. La trama era sencilla y previsible, propia de un muchacho de veinte años atormentado, con un final triste y solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa Lucía me la llevaré siempre conmigo por más que su historia se haya extraviado en los herméticos vientos de la cibernética, mucho antes del blog y del USB que cargo cual llavero hoy en día. Y creí que una tierna manera de compensar su existencia sería eternizando su nombre en mi hija. Pero no se pudo. Hubo algo en su fonética o en su popularidad que no terminó de cuajar en Flora, llegando a convencerme incluso, y lo descartamos una tarde de verano con mucha pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Lucía no es el único nombre que ha formado parte de mis escritos. Durante mucho tiempo, amparado en la masoquista y solitaria actividad de anhelar un imposible, creé una musa con la que me jugaba la revancha ante los partidos que la realidad me ganaba por goleada. Fue la protagonista hasta de mis incursiones (aún menos célebres) a la poesía. Se llamaba Fiorella, un nombre que Flora rechazó de plano, alegando que bastaba con una F en la familia, pero acaso a sabiendas de la existencia, aún en mi cerebro, de esa musa imprescindible que calzaba aspectos de ella, pero no completamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiorella, la mujer de mis sueños, la chica por la que más he sufrido en la vida, tampoco le dará el nombre a mi hija. Será mejor así. Las poquísimas oportunidades en que se dignó a sonreírme no pesan tanto como sus desprecios, como su indiferencia, y agasajarla de una manera tan sincera me sonaba injusto, acaso una resignación. De plano llegaron los rechazos hacia las otras habituales compañeras de mi incipiente narrativa, y tanto Isabel, Marisol y Micaela, no ingresaron siquiera a la lista de pre-convocadas. Entendí que sería yo el indicado de postular candidatas, pero el dictamen final sería responsabilidad de Flora, así ella se niegue a aceptarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de lanzar casi por compromiso y sin ningún motivo literario que las proteja nombres como Nadia, Isabela (con una L para que se distinga) y Alisa (con una S y no tanto por Allysa Milano como por Alianza Lima), me dediqué a sabotear la elección favorita de Flora: Mariel. Mariel era a mujer lo que Diego a hombre cuando jugábamos a imaginar el futuro, mucho antes de que los fríos números de unos análisis nos digan por Internet, una larga noche de agosto, que nuestras vidas cambiarían para siempre. Mariel, por ser la candidata de Flora, lideró la elección casi toda la campaña. Fue una versión antipática del Alianza de los noventa: se cayó al final. Y fui cien por ciento responsable de su bajón. Me propuse mencionar cada vez más a menudo que empecé a querer ese nombre por una chica que me tenía loco en las épocas más lindas y pueriles de mi San Bartolo; y la terminé por convencer cuando le dije que se vería opacada por una de sus ex alumnitas favoritas, que se llama Mariel, y que sustrae de toda objetividad pedagógica a Flora cada vez que le sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces llegó la hecatombe. Estábamos a mes y medio de la fecha pactada y nuestra niña no tenía nombre. Habíamos descartado los principales candidatos, habíamos discutido hasta airadamente en el camino, habíamos hecho sorteos fraudulentos con papelitos, y nada. Volví a mis orígenes y me amparé de nuevo en mis escritos. Con una salvedad, no deberían ser parte del pasado, tendrían que representar el futuro. Y decidí por primera vez arrebatarle parte de lo que me ha quitado (y me quitará) el tiempo (o la desidia, que es mucho peor) cuando juego a representar a un escritor, y mis historias sólo toman vida, y hasta de manera estructurada, en mi cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recogí la historia que me ha venido rondando desde hace meses, desde que me mudé a Barranco, que por esas cosas de las musas no he podido colocarle ni un párrafo en el ordenador. Entonces casi como adentrándome a la sala de reunión donde se sella un pacto inquebrantable, y capeando el temporal, le solté el nombre de la protagonista a Flora: ¿qué te parece Inés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su reacción lejos de conmoverme o entristecerme, me dejó perplejo. Sólo atinó a aprobar el nombre con un gesto dominado por los labios. Inés pasó a ser la sorpresiva candidata que se tumba a los favoritos, en una mezcla del Fujimori de los noventas (rebeldía hacia los poderosos) y el Alan del 2006 (en contra del feo enemigo). Ahora el dubitativo era yo. Si es tan bonito, ¿por qué no se me había ocurrido antes? ¿No es un nombre de vieja? ¿Estoy seguro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo confesarlo, volví a retroceder. Necesitaba una señal divina, tal vez algo místico para re-convencerme. Pensé en todos los acontecimientos que llegaron con la concepción de mi hija. En cómo su alumbramiento escenificaría el triunfo de la vida justito después de un par de años caóticos, sumido en la depresión y el pesimismo, coronados malamente con la repentina e inexplicable partida de mi tía Cecilia. Y sucedió el milagro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche luego de aterrizar fallidamente en Larcomar para ver una película, mientras nos engullíamos un par de sánguches del Burger King, Flora me comentó que había estado conversando con Melissa, la hija de Constantino, hermano favorito de Cecilia y que como ella, no está más con nosotros; y como ella, personaje vital en la historia de mi vida. Melissa le había preguntado por el nombre de la futura bebé, y Flora le había dicho que estaba pensando en Inés. Ella respondió diciendo que le gustaba mucho, que era ese el nombre que su papá quería para ella. Que ella era incluso Melissa Inés. Dejé de masticar como un ex presidiario recién liberado, y con la boca aún llena, le dije: ya está. Se va a llamar Inés. La protagonista de mi nueva historia se va a llamar Inés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, me dije en silencio, la Ceci va a estar contenta, y junto a Constantino, no tendrán otra alternativa que cuidar y proteger desde su cielo a mi hijita como me cuidaron y me protegieron tanto tiempo a mí. Y así será más simbólico el acontecimiento cuando mire a los ojitos a Inés, y sienta que es verdad, que después de tanto dolor, la vida será más fuerte que la muerte. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4091750260313607372?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4091750260313607372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/05/digo-tu-nombre-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4091750260313607372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4091750260313607372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/05/digo-tu-nombre-y.html' title='Digo tu nombre (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6340314078379030005</id><published>2010-04-30T15:15:00.000-07:00</published><updated>2010-04-30T15:17:33.767-07:00</updated><title type='text'>Se va abril (F)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Se va abril y con las últimas gotas de su rutina se lleva paisajes de aprendizaje, desprendimiento y muerte. Se cierra abril y su libro parece tan corto y tan largo. Se despide abril y desde mi cueva se asoma la semilla gigante con letras de colores que dibujan la palabra vida. Se va abril y carga con veintisiete soledades y me deja el camino servidito y me susurra que la cuenta regresiva será maravillosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril no existe más. El mundo será otro. Individualismo en extinción. Amor correspondido. Abril duró por nueve. Abril pateaba fuerte por las noches. Abril sentía mi voz. Para abril no habrá mañana. Abril es el pasado. Es la llave hacia el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta está cerquita. Es el epílogo de la eterna sombra. La alcanzo de puntillas. Y no me espera más que luz.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6340314078379030005?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6340314078379030005/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/04/se-va-abril-f.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6340314078379030005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6340314078379030005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/04/se-va-abril-f.html' title='Se va abril (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2500838227327708569</id><published>2010-04-07T14:01:00.000-07:00</published><updated>2010-04-07T14:05:55.906-07:00</updated><title type='text'>Servinacuy in the Junin street (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;A mi primo Gonzalo, en calidad de su más fiel y querido guardián.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es imposible ser un hombre de 27 años de la Lima “clasemediera” y no guardar un cariño especial por Barranco. Un distrito relacionado entrañablemente con la juerga, con lugares como Sargento, Wahios, La Noche, Mochileros; guariques a los que jamás se llegaba con un propósito disímil al de consumir serias cantidades de cerveza a un precio más cómodo que el de las discotecas que se volvieron top, casi siempre acomodadas en ese homenaje al comercio que es Larcomar. Yo no escapo a ese pronunciamiento, he juergueado cerca al boulevard Sánchez Carrión más de diez años de mi vida, pero Barranco forma parte de mis afectos sobre todo porque en uno de sus rincones, en la avenida Cajamarca, se encuentra mi colegio, un lugar al que acudí mañana tras mañana durante diez años seguidos siendo alumno, y que sigo frecuentando con regular frecuencia hasta hoy. Barranco, entonces, siempre ha sido mi segundo distrito. Ese espacio al que llegamos con la mentalidad exclusiva de pasarla bien; ese terreno en el que podemos carcajearnos, hacer deporte y hasta cometer algún delito con la seguridad de que en algún momento del día lo dejaremos, y retornaremos al hogar verdadero, al calor monótono y apacible que te acepta hasta cuando roncas, hasta cuando lloras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hubiese dependido de mí el escoger un distrito para mi primer hogar como independizado, Barranco se llevaba todos los boletos. Por eso estoy agradecido al destino (el verdadero artífice de nuestras decisiones) el haber confabulado una serie de episodios para que mi deseo se haga realidad, para tener la dicha de mencionar luego de haberlo tenido cerca durante veinte años, que pertenezco a Barranco, que soy un barranquino. Que vivo en la bella calle Junín, cerquita al mar, y que cuando miro la noche desde mi balcón me acoge una felicidad indescriptible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a que aún no lloro, Barranco me acoge por primera vez en madrugadas sin que mi cerebro esté distorsionado, y me tolera roncando, despertando y hasta desnudo. Comparto el hogar con mi novia mientras esperamos la llegada de nuestra hija. Y coincidimos al afirmar que mejor lugar que este no le hubiésemos podido ofrecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La prueba de fuego&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Todos sabemos que el matrimonio es una etapa crucial en la relación de pareja. Que en tiempos pasados era acaso la única posibilidad de independencia para cierta gente. Hoy que el mundo ha avanzado lo suficiente como para tachar de obsoletos a ciertos pensamientos la convivencia es cosa de todos los días. Y la comparto. Pienso que toda pareja que decida sellar su amor con un anillo de compromiso debería pasar primero por esta prueba de fuego. Y en caso no se llegue al objetivo, pese a que la ruptura siempre es dolorosa, podría ocurrir sin papeleos ni etiquetas terribles e imperecederas como el divorcio. Yo hoy vivo con mi novia, y estamos aprendiendo a aceptarnos con la mayor voluntad del mundo. Porque hay algunos detalles que pese a la cercanía de la pareja reservamos exclusivamente para el hogar. Y aunque, valgan verdades, Flora y yo tuvimos una pequeña gran prueba años antes de compartir el mismo techo, posicionando nuestro romance en una vorágine en la que yo me pasaba cinco de los siete días de la semana despertando en su casa, había momentos de mi vida sólo para la mía, para mis manías, para mi desorden. Había espacios que sólo podía explorar yo, objetos que sólo tomaban vida gracias a mis órdenes autoritarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Guerrillas internas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hoy he perdido sobre todo el control absoluto del televisor. Ahí empieza la primera guerra de los sexos. Es que el ocio es fundamental en la vida, y la tele ha colmado ese espacio de una manera contundente. Todos al llegar a la casa luego de pasar horas en el trabajo queremos una cama y el control remoto. Yo había acostumbrado mis horas de zapping a todo tipo de programas relacionados al fútbol. Y para mi pesar, Flora no soporta ese maravilloso deporte. Basta que mis manos naveguen por canales como el 3, el 50, el 51, el 52 y el 53 (sí, tenemos cable a la antigua) para que ella suelte sonidos desaprobatorios. Algún puchero, algún gemido, o frases de todo tipo con el mensaje tatuado: fútbol no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para poder ver fútbol, salvo contadas excepciones tramitadas con días de anticipación, debo esperar a las once u once y media de la noche, la hora en la que Flora ingresa al mundo de los sueños. Entonces encuentro razón al horario del programa de Barnechea y Coki Gonzáles en Frecuencia Latina, los domingos justito después de Jaime Bayly, cuando antes me burlaba del gordo de Philip Butters (el conductor anterior) con la frase: “pobre, su programa sólo lo ve él mismo, y a punto de quedarse dormido”. El precio de mi independencia es ver el resumen de los goles del fin de semana tal como imaginaba a Butters, con una mano en el control y la otra en un vaso de Coca-Cola; con un ojo en Messi y el Barcelona y con el otro pidiendo permiso para sumarse a la aventura de Flora en el terriblemente corto (sobre todo el domingo) mundo de los sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tele es fundamental. Más aún en una pareja como Flora y yo, que sólo nos acercamos a la computadora para aspectos relacionados al trabajo. Porque si fuese ella, por ejemplo, una adicta al Facebook, me dejaría algunas horas el reinado a mí. Y si yo le proporcionaría el tiempo que en verdad requiero a mis escritos, ella andaría sumergida en esos programas de maternidad que me ponen nervioso o en ese bodrio televisivo llamado “Ghost Whisperer”, que inexplicablemente le fascina a Florita y que yo rechazo tal vez de puro picón por el veto al fútbol. La idea, entonces, es llegar al consenso. Y lo hemos ido construyendo desde antes de nuestro arribo a Barranco. Cuando sabemos que hay tiempo de sobra, compramos un DVD pirata y nos despanzurramos a ver una película. En ese rubro siempre concordamos. Y cuando llega la hora del zapping nos hemos hecho amigos (y perdón por la franqueza) de “Desperate Housewives”; y si se trata de confesar, “Los Exitosos Gomes” nos mantienen ocupados de nueve a diez de la noche. Después coincidimos en las series que todo el mundo ve, como “Friends” (aunque Flora la sigue cada vez con menos ahínco, y yo la defiendo ya por una cuestión de principios) o “Two and a Half Man”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La hora de los caprichos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que sí he ganado es en las comidas. Un triunfo a medias, una victoria mentirosilla. Ahora depende de mí el alimento a ingerir por las noches. Flora no se mete conmigo en ese terreno y me da libre albedrío sin protestar. Como almuerzo en la casa de mis padres, y por costumbre tengo el pésimo hábito de no ingerir ni medio pan en el desayuno, mi presupuesto alimenticio se reserva para la cena, para el lonche, para el momento del día en que se come mejor. Y ahí manda mi estado de ánimo, la elección la rige lo que voy alucinando a golpe de seis de la tarde, cuando lo engullido en el almuerzo ha pasado a mejor (o peor) vida. Lo negativo aparece también ahí, en la mismísima elección, generalmente dominada por comidas poco sanas. Así desfilan por mi repertorio alimentos como las hamburguesas con queso, los sánguches mixtos dos por uno (dos quesos y dos jamones por pan) o las pizzas caseras, que gracias a un hornito que me regalaron mi hermana y su novio, me salen exquisitas. De esta manera, mientras colmo de colesterol mi organismo y me disfrazo del más elemental de los chef, soy preso de una sensación similar a la que tuve al descubrir que podía viajar en micro solo, que se incrementa cuando de vez en cuando Flora me acepta un bocado, y lo aprueba con una mezcla de felicidad y tierna consideración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La responsabilidad&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que descubrimos al dejar el hogar de nuestros padres, y después del período de exaltación y júbilo que significa hallar un terreno para uno mismo, es todo lo que nos ahorramos siendo hijos. O mejor dicho, todo lo que gastaremos a partir de nuestra independencia. La vida es cara aún sin lujos, aún con ayuda de la familia, aún gorreando almuerzos, aún sin hijos. Mi sueldo es un plastiquito de color azul con naranja que funge de vale ante las cajeras de Metro. No había caído jamás en la cuenta de lo doloroso que resulta esa liturgia: la registradora anunciando dígitos que afectan directamente a tu economía y sin siquiera haber pagado por, no sé, un buen plato en el “Antica” o una entrada al cine para ver una película en 3D. Para nada. Hoy gasto 30, 40 hasta 100 soles y mi canasta está repleta de productos que antes me llegaban gratuitos y que jamás me di el tiempo de agradecer. Hablo de consistentes rollos de papel higiénico, pastas de dientes, líquidos para limpiar platos y vasos, venenos para liquidar insectos, desodorantes, shampoos, jabones, frutas, verduras, tallarines, corn flakes. Eso sin contar los que pagaría con gusto, como el queso, el jamón, los salames, la leche condensada, las gaseosas. Felizmente el lado cleptómano que tengo me permite escabullir en mis bolsillos una bolsa diaria de M&amp;amp;M's, que devoro con gusto y pensando cojudamente que el vivo soy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Metro de Barranco queda muy cerca de mi casa, y es un punto de encuentro para toda la comunidad del distrito. Ahí me topo siempre con la misma gente en mi mismo plan, consumiendo y consumiendo para sobrevivir. A veces me pregunto si sufrirán tanto como yo; si mientras retiran sus billeteras de sus bolsillos accederán a la tristísima conclusión que me atormenta, esa que me indica que la vida laboral es simplemente llegar a un lugar de nueve de la mañana a seis de la tarde para perderte los partidos de la Champions League y el crecimiento de Lionel Messi, y así poder venir a Metro a comprar el lonche. Pero cada loco con su tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me pregunto cómo sería mi vida independiente sin una mujer al lado. Porque la diferencia entre sexos aparece en momentos claves de la convivencia, y las compras forman parte de ellos. Me pasa mucho esta escena: Flora y yo llegando a Metro con la misión de comprar cinco panes y un par de paltas. Mientras nos adentramos en esos pasillos subliminalmente amarillos vamos de la mano. Luego escoge un producto fuera de los planes. La suelto para poder cargarlo. Luego toma otro. Tengo que ir en búsqueda de la carretilla. A pagar. Pensé gastar siete soles. Mi boleta de compra dice 32.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después veo mi casa impecable. Que no me falta un solo utensilio. Y tengo que aceptar que absolutamente todo lo que Flora escoge es imprescindible. El panorama en soledad se dibuja diametralmente opuesto. No tendría refrigeradora pues sin su empuje no me hubiese puesto las pilas para recoger la que me han prestado. Mis caprichos caducarían y a la larga gastaría más al renovarlos. Viviría en armonía con el polvo que me ofrece gratuitamente el fuerte viento de Barranco, acumularía semanas de ropa sucia, no habría una sola planta, no hubiese cambiado jamás el foco que se me quemó en el baño y habría pasado más de los dos días que pasé alumbrándome en la ducha con una lámpara vieja. Me dejaría vencer por la flojera, esa enemiga que sólo sucumbe cuando Flora me pide un favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los nuevos roles: unas de cal, otras de arena&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Por Flora he adoptado algunas acciones que si supieran en mi casa se caerían de espaldas. Por ejemplo yo soy el encargado, en la mayoría de las ocasiones, de lavar los platos, vasos, ollas, licuadoras, sartenes y equis utensilios que utilizamos. Eso es un paso gigantesco si tomamos en cuenta que he crecido sin siquiera levantar el plato hacia la cocina luego de comer. Hoy me aviento a la aventura de abrir el caño y contrarrestar el ruido del agua cantando temas de toda época con una voz que seguramente todos mis vecinos deben reconocer (y detestar). Y en el camino me enfrento a escobillas y restos de comidas, a polos manchados de espuma y a pedidos como el de la última navidad, cuando en mi imaginaria lista de regalos, junto a las zapatillas que alcancé a comprar con las justas, coloqué un mejor escurridor para aligerarme la tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me encargo de botar la basura. Y eso es quizás lo único que detesto hacer. Todo bien con la de la cocina (pese a que a veces se filtran incontables hormigas en diversas cáscaras de granadillas o tunas), pero la liturgia de extraer la bolsa del tacho del baño es realmente desagradable. Por eso cuando nos caen nuestras pocas visitas ruego porque ninguno tenga que defecar, y si veo a alguno con toda la pinta de querer evacuar lo mando directamente al baño del fondo, donde ni siquiera me he dignado a colocar un tacho, sin importar que los papeles cagados interfieran en las tuberías de todo el edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra de mis tareas es tender la cama. O mejor dicho, hacer la finta de que la tiendo, estirando las sábanas y acomodando malamente los pijamas entre las almohadas. Flora está embarazada y me he propuesto aliviarle la carga de esas labores domésticas, pero tampoco soy un fanático. Lógico que tengo otros errores. El cuarto que será de mi hijita está poblado de mis pertenencias y cada vez que Flora llega del trabajo tengo que cerciorarme de que la puerta esté cerrada sino la puedo matar del disgusto. “Cuándo vamos a tener listo esto”, me dice mientras yo intento desaparecer con la mirada tres o cuatro maletines que tengo en el suelo desde que me mudé, mis zapatillas de fútbol con sus pedazos de caucho incluidos, una caja con mi colección de revistas “El Gráfico” que me niego a regalar, y mi objeto más valioso, mi PlayStation 3, que la vez pasada osé en colocar en la cuna que espera a mi bebé, y por poquito me salvé del divorcio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Dulce espera barranquina&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Tengo más de seis meses en la calle Junín, ese pedacito de Barranco que me llevaré para siempre cuando me tenga que mudar. Y he sido exageradamente feliz. Me encanta desenvolverme por las calles como si fuesen una extensión de mi casa. Adoro tener cerca a las boticas, a una bodega completita, al emolientero, a diversas sangucherías, a la Tapa, a Los Reyes Rojos, al malecón, a mi casero que me vende a tres por nueve las películas que ya no veo en el cine. Me aligera la vida tener a todos los bancos a paso de caminante, a un cambista de dólares fiel, a improvisados cuidadores de carros con pinta de asesinos pero que me consideran su causita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hogar tiene además un aura novedoso a cada momento, y se prepara poco a poco para recibir a la personita que lo seguirá iluminando. Inconcientemente (o tal vez más concientes que nunca) todo paso que damos es por ella. Para Flora tal y como está la casa sería imposible que la albergue, pero para mí está perfecta, sólo falta la hermosa cereza del postre. El techo del cuarto de la bebe se viene pelando por culpa de una inundación en el piso de arriba y quizás es sencillo sospechar que mi desorden continuará por los siglos de los siglos. Pero no es así. Hemos demostrado que nos habituamos a lo que nos dice el destino, y estoy seguro de que cuando la niña llegue todo será hermoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos viviendo una etapa linda, que no se da muy a menudo en la vida, y trae consigo mucha responsabilidad. Somos unos verdaderos inexpertos y particularmente ando lleno de miedos. Pero me supera la emoción. Quiero inundar de llantos mis madrugadas, quiero tener que odiar más de la cuenta a Metro por comprar los pañales. Quiero conocer la felicidad verdadera con sonrisas nuevas, con descubrimientos mutuos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me he llevado bien conmigo mismo, y la soledad es una compañera muy agradable para mí. Hace un par de meses Flora se fue de viaje dejándome solo por una semana. Aunque de antemano sabía que la extrañaría, confieso que parte de mí tuvo un ligero bochorno de emoción. Podría hacer lo que me diera la gana, ahora sí, con todas las de la ley. Pero por una extraña razón, pese a que jamás le he temido a los fantasmas, no pude dormir. Me agobiaba una añoranza nueva, nunca antes descubierta. Un dolor en el pecho similar a la angustia, rebotes en la cama, malos pensamientos. Entendí entonces que me hacía falta Flora, pero también esa presencia mágica, esos latidos y susurros que valen por dos y que la convierten en la persona que más me importa en la tierra. E interpreté la ausencia como la sentencia de que jamás disfrutaría del despertar solo. Que no volvería a dormir sin ese nuevo amor que venimos forjando desde hace años, pero que recién nació en Barranco, en la mágica e inolvidable calle Junín. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2500838227327708569?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2500838227327708569/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/04/servinacuy-in-junis-street-y.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2500838227327708569'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2500838227327708569'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/04/servinacuy-in-junis-street-y.html' title='Servinacuy in the Junin street (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8605414535051334259</id><published>2010-03-15T14:10:00.000-07:00</published><updated>2010-03-15T14:18:05.773-07:00</updated><title type='text'>Que el corazón no se pase de moda (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"Brindo por el momento en que tú y yo nos conocimos... y por los corazones que se han roto en el camino".&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nueve años es mucho tiempo. Es casi una década. En nueve años una persona ha vivido lo necesario como para que ya se le exijan algunas cosas. En nueve años alguien que tiene nueve años pasa a tener 18, y se cree grande, y luce con orgullo el cartoncito celeste y contundente del DNI. Nueve años es el tiempo suficiente como para escoger una carrera, seguirla, fracasar, escoger otra y terminarla. En nueve años la piel sufre una metamorfosis lapidaria que te invita a pensar que hace nueve años eras tan solo un muchacho con ganas de pasarla bien, y ahora eres un padre de familia con deudas y responsabilidades que acabarán con la muerte. En nueve años pasas de ser un cuarentón interesante a ser un hombre encallado en los pesados oleajes de los cincuentas. Hace nueve años yo tenía 18. Lucía el pelo largo y más abultado que el que luciría hoy si me lo dejase crecer. Eran parte de mí los medicamentos contra el acné, las pizzas Dominos los martes y jueves, las canchas de fulbito en las que jamás acusaba cansancio y las ganas de conocer, por fin, a una mujer con la cual pasar el rato y darle algunos besos y si se daba el caso, ofrecerle también un poquito de mi corazón adolescente e inexperto. Hace nueve años conocí a Flora. Y hace nueve años, el 14 de marzo del 2001, nos hicimos enamorados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó como empiezan los romances a esa edad. Ella andaba aún en el colegio y tenía planes a corto, mediano y largo plazo que no me tomaban en cuenta. Yo me había mudado de universidad. Acababa de llegar a la San Martín, y cargaba con demasiados estímulos como para imaginar una relación más allá de algunos meses y una ruptura, en el mejor de los casos, no tan abrupta. Poco a poco llegamos a intimar, y a complementar nuestros demonios de una manera inteligente. Así pasó el tiempo. Y descubrimos que juntos la pasábamos bien, y pese a todo lo que nos decía el mundo, no había porqué hacerle caso. No había porqué ponerle fin a lo que construíamos día a día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada 14 de marzo nos mirábamos un rato a los ojos y nos decíamos en silencio que sí, había pasado un año más. Y aunque siempre aparecía el “hasta cuándo”, preferíamos creer en el presente. Ese presente que hoy es ajeno a los anteriores. Pues nuestra relación ha evolucionado también en la forma y el modo. Hoy compartimos la vivienda. Nos dormimos y despertamos juntos todos los días. Y mientras yo me esmero en dejar de lado mis malos hábitos y en adoptar poco a poco las mañas necesarias para formar un hogar en armonía, ella afronta con amor la responsabilidad de llevar a nuestra hija en el alma, y es feliz cuando por las noches me toma de la mano y se la acomoda en su barriga para que yo también disfrute y participe de las pataditas más hermosas de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poca gente me lo dice, pero estoy seguro de que muchos se preguntan cómo lo hemos logrado. Cómo nos hemos hecho grandes juntos, sin tropezar con las dudas, sin preguntarnos para qué. Hay gente que nos debe creer unos locos, unos muchachos confundidos. Gente que no cree cuando les decimos que somos felices. Es que el mundo te abruma a cada momento con datos del estilo los matrimonios son un fracaso, que estamos en la época del individualismo, que hay que vivir intensamente conociendo y probando de todo un poco porque la vida es corta. Y en esa línea Flora y yo estamos en nada. Fuera de foco. Tal vez tengan razón. Pero sólo puedo decir que me seguiría equivocando mucho tiempo más, me volvería a equivocar si retrocediera el tiempo, si eso significa tenerla al lado. Si eso significa contar con la certeza de que alguien me ama de verdad, y que en verdad me necesita. Al final la vida es una constante búsqueda de la satisfacción, de una satisfacción efímera. Y qué mejor que haber encontrado el complemento para duplicar la búsqueda, para alargar la satisfacción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ha sido fácil. En nueve años pasan muchas cosas. Nos hemos peleado mucho. Nos hemos odiado a veces. Incluso llegamos a ponerle por cuatro meses el punto final a nuestra aventura. También nos hemos reconciliado. Hemos viajado por el Perú y el extranjero, hemos caminado interminables cuadras, nos hemos cagado de la risa. Y en el tintero nos hemos dado a conocer, nos hemos posicionado ante el resto como pareja. Casi como un solo ente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el camino hemos coincidido con muchas otras parejas. Algunas que ya eran sólidas antes de que nos conociéramos, otras que se formaron junto a nosotros, otras que se fueron uniendo después. Todas con sus pros y sus contras. Quizás más intensas que nosotros, hasta más comprometidas. Pero al final las hemos visto derrumbarse, hasta maltratarse, mientras nosotros seguíamos inmunes al adiós, vacunados contra el olvido. ¿Cuál es el secreto? ¿De qué está hecha la fórmula?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero creer que para Flora yo soy alguien importante. Algo valioso le debo dar para que haya permitido que esté a su lado durante más de un tercio de su vida. Ella es mi complemento. Mi reconciliación con el mundo. No me imagino al lado de otra. Hasta me da flojera pensarlo. Tendría que remar mucho para alcanzar lo que tengo junto a ella. La búsqueda sería infructuosa con seguridad. No sólo es una mujer extraordinaria, llena de virtudes que me hacen pensar que desde ya es una buena madre. Aparte tiene la capacidad de adoptar todos los roles que necesito. La mala cara cuando tengo que enderezarme, la dulzura cuando lo merezco, la sapiencia cuando hay que guardar la calma, la inocencia y la ternura cuando le tomo el pelo. Además ella es la única persona que se recontra caga de risa con mis chistes. Así sean absurdos, siempre la hago reír, y creo que ahí radica la sal de nuestra unión, el insumo imprescindible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hemos hecho adultos juntos porque cuando nos conocíamos éramos al fin y al cabo unos niños. Unos niños que hoy que los evoco me generan ternura. Y aparecen los recuerdos. Nuestra primera cita formal en Pollos Pierrs de Miraflores, ese antro preciso para todo tipo de artimañas. Recuerdo que mientras caminábamos hacia el lugar la quise tomar de la mano para “ayudarla” a cruzar la pista, y me dijo que ella estaba más que acostumbrada a caminar sola. Me dejó huevón un buen rato. Luego nos tomamos unas cervezas y tuve que ser sincero con ella por el bien del futuro: cuando tomo, le dije, voy al baño como mierda. Así apacigüé las ganas de mear que no me dejaban escucharla con atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me recuerdo recogiéndola del colegio cuando me tiraba la pera a mis clases de la universidad, y ella me recibía con su uniforme de educación física, y yo pensaba que tenía que contar con tres años de ex alumno para que una niña con los colores de mi colegio (en el que pasé diez años) por fin me recibiera con un beso en los labios. Y muchas otras anécdotas. Las primeras cartitas que me enviaba y mis primeros mails (mis primeras insinuaciones a la escritura). Los regalos en navidades y cumpleaños, los viajes con permiso de los papás, las citas en su casa hasta una hora prudente. Qué increíble que hoy nuestras preocupaciones vayan por alargar los salarios al extremo, y nuestra meta más próxima esté en la cunita que descansa aún solita en el cuarto vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente pensará que nos hemos perdido de muchas cosas. Al final ni ella ni yo hicimos realidad el deseo de estudiar en el extranjero, por ejemplo. Y nuestras respectivas carreras como conquistadores se diluyeron pronto. Pero yo estoy seguro de que más es lo que hemos ganado. “Nadie tiene a nadie y yo te tengo a vos”, diría Fito Páez. Y le doy la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué pasará después. Uno nunca sabe lo que le tiene reservado el futuro. Lo que sí es cierto es que en este noveno aniversario Flora y yo le estamos poniendo punto final a una etapa. Una etapa que fue hermosa, y que se coronará con la niña que aún descansa en su vientre. El próximo 14 de marzo nos recibirá distintos, y será quizás una fecha más del calendario. Nueve años es un montón de tiempo, es toda una vida. Hemos mutado, hemos cambiado de parecer, hemos adquirido otras manías. Hemos conocido muchísima gente. Nos hemos despedido de otra. Pero nuestro mayor logro es haber permanecido juntos, inquebrantables. Contra la corriente del mundo, como el salmón. “Qué increíble que pese a todo el tiempo que tienen juntos, Flora y Gabriel se sigan llevando así”, he escuchado esta frase alguna vez. No seremos los más entretenidos, tampoco los más bonitos. Pero pese a que jamás lo acepten en voz alta, creo que coincido con todo el que nos ha conocido a lo largo de estos nueve años cuando digo que si hubiera un ranking de las parejas más chéveres, nos llevamos el premio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el corazón no se pase de moda. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8605414535051334259?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8605414535051334259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/que-el-corazon-no-se-pase-de-moda-y.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8605414535051334259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8605414535051334259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/que-el-corazon-no-se-pase-de-moda-y.html' title='Que el corazón no se pase de moda (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2996231419766341883</id><published>2010-03-01T11:53:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T11:59:19.362-08:00</updated><title type='text'>Aire (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Este textito lo escibí mientras volaba de regreso a Lima desde Chiclayo. Fue mi retorno a un avión luego de casi tres años. Ha sido la primera vez que he escrito cagándome de miedo. Se lo dedico a mi hijita, que cada vez está más próxima. En ella pensaba mientras me ahogaba en el pesimismo. No puede ser, me decía, moriré sin conocerla. Felizmente estoy aquí. En la rutina feliz que es la espera en tierra firme.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca encontraré la comodidad en un avión. Incluso hoy, que se trata de un viaje corto y sin sobresaltos, el tiempo que paso en el aire es lo más parecido a la muerte. Tal vez por masoquismo he elegido, en la ida y en la vuelta, un asiento en la ventana. La ciudad se empequeñece segundos después de haber estado en una cápsula que simula con perfección a un gran auto de Fórmula 1. Luego la inmensidad del mar, con sus olas estáticas. Y ese gigantesco colchón de nubes que son el vértigo en fotografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi espíritu es a ras del suelo. Podré correr, caminar a prisa, pero si la meta incluye un gran salto, prefiero desistir. El cielo no es el límite de mis anhelos. El cielo es para los pájaros…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… Y la aeromoza que anuncia el cinturón de seguridad. Y la palabra turbulencia es la espera con resignación al diagnóstico final del médico en el hospital. El ticket de entrada al juicio final. Y yo que me he portado bien, prefiero bajar que quedarme arriba. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2996231419766341883?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2996231419766341883/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/aire-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2996231419766341883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2996231419766341883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/aire-y.html' title='Aire (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5297872158992847610</id><published>2010-03-01T09:52:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T09:57:50.959-08:00</updated><title type='text'>Zorrito eterno (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Mis vecinos los Rey se han mudado, y me han dejado sin su WiFi. No he podido conectarme al Internet y eso, sumado a un viaje de trabajo, no me permitió colgar este texto escrito al día siguiente de la hazaña de Alianza Lima, el club de mis amores, frente al Estudiantes de la Plata. Algo tenía que escribir. Algún sello personal tenía que guardarme para la eternidad. Para todos los aliancistas del mundo. En especial a mi primo Frankie, grone acérrimo en Los Ángeles, California.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siempre se me ha hecho muy fácil decir que soy amigo de Paolo Guerrero. Por más que no lo vea desde hace más de un año, por más que no haya sido capaz de mandarle ni un mensaje cuando supe de su terrible lesión. He contado a menudo, entre los diversos grupos en los que me he desenvuelto, que él formó parte de mi colegio, que fue de la promoción de mi hermana, que ya de ex alumno jugué incontables partidos de fulbito con él, que cuando empezó a ser famoso nos paraba la juerga sin pudor. Entre los invalorables recuerdos que me dejó mi colegio está el hecho de que varios actuales futbolistas compartieron espacio conmigo allá por la década del noventa, y que los vi crecer y poco a poco perfeccionar la técnica que los llevó a ser profesionales en ese rubro tan amado y respetado por mí. También he contado que Wally Sánchez está presente en los momentos más jocosos de mi adolescencia, y que con el hombre que acostumbra a desparramar rivales vestido de blanquiazul tengo anécdotas de todo tipo (hasta incontables en este espacio). Pero muy pocas veces he dicho que Wilmer Aguirre, el “Zorrito”, también pertenece a esa especie. Que es en edad con el que más vínculo educativo tuve, que fue el delantero estrella de la selección de mi colegio en el año 98, cuando yo estaba en quinto de media, y conseguimos, creo que por primera vez, el título de campeones de Barranco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que el “Zorrito” jamás ha sido motivo de orgullo. Ha generado una tormentosa relación con el hincha aliancista, y con el futbolero peruano en general. Todo debido a una cantidad apoteósica de goles errados y por manifestar torpeza cuando se imponía una sutileza. Aguirre es de los jugadores más resistidos por la hinchada. No muy poca gente pedía su cabeza al finalizar la temporada pasada, y notarlo entre los titulares al empezar la Copa Libertadores fue más una resignación que una alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a que siempre lo he defendido, señalando sobre todo que lo prefiero en mi equipo (aunque de suplente) que de rival, jamás he sacado pecho diciendo que lo conozco, que sabe perfectamente quién es mi viejo, que alguna vez osó con sirear a mi hermana, o que en algún partido colegial, de puro goleadorzote que era, me dieron ganas de decirle al oído que era un genio, y que me sentía respaldado por su sola presencia. Ayer el “Zorrito” fue por fin ese crack que deshacía defensas en mi época escolar, pero lo hizo contra la zaga del mejor equipo de América. Aguirre fue el goleador de Los Reyes Rojos contra el equipo sub campeón del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alianza Lima ayer me regaló la mejor noche de mi vida futbolera, la velada más dulce de ese idilio blanquiazul que tengo desde los diez años. La goleada por cuatro a uno contra Estudiantes, con todo lo que traía y trajo consigo el partido (se trataba del último campeón de la Libertadores; nos hicieron un gol a los ocho segundos de juego), ha sacado boleto en la historia de mi hinchaje como el momento más sublime. Nunca antes vi jugar a Alianza de esa manera. Superior en todos los metros del campo, sobrio durante noventa minutos, certero en el área. Y con actuaciones sobresalientes en los once (o catorce) que entraron a la cancha. Y ahí el Zorrito fue el mejor. Ni siquiera en los mejores partidos de Jéfferson Farfán vi una actuación individual tan descollante. Aguirre no sólo hizo tres goles, además estuvo lúcido con la pelota (algo tan poco observado en él) y se dio el lujo de asistir a Fernández en el último gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si Wilmer Aguirre vuelva a jugar siquiera remotamente parecido a lo de ayer en un futuro. Incluso aún hablando con el corazón agitado por su proeza contra los argentinos, no me animo a decir que lo logrará. El Zorro lleva muchas temporadas en el fútbol y todos sabemos hasta cuándo puede rendir en buenas rachas y todo lo que puede desquiciarnos en algunos partidos. Por eso mismo jamás ha logrado posicionarse en el cariño del fanático, por eso no aparece en mis anécdotas colegiales cuando quiero impresionar a un nuevo amigo futbolero. Aguirre no tiene carisma, y no le interesa tenerla. Siempre fue así. Su timidez y retraimiento se convirtieron en ciertas posturas de divo con eternos problemas. Escondiendo en desplantes sus complejos, y tomando las críticas como quien se enfrenta al recibo de la luz. Quizás ahí radica su éxito. Cualquier otro hubiese renunciado. Él utilizó el silencio como coraza frente a los silbidos y cuando le tocó reaparecer luego de ser relegado a la suplencia, siempre respondió con goles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, no hay que pedirle lujos a Aguirre, no hay que pedirle festejos de portada, no hay que pedirle siquiera una distinción, un sello. Deben haber muy pocos hinchas que deseen comprarse la camiseta de Aguirre, deben haber pocos niños que jueguen a ser el Zorrito. Porque encima el aguafiestas ha elegido como dorsal el número 15. ¿Y quién se compra la 15? En Alianza el 15 tiene que ver con el sacrificio y la perseverancia, con correr con la lengua afuera y entregando un diez de calificación interna, pero externamente un seis, como lo hizo siempre el “Churre” Hinostroza, el último 15 duradero en el club. Yo crecí con el “Churre” en mi equipo. Y de niño jamás jugué a ser él, y de más grande jamás se me ocurrió comprarme la número 15. Yo jugué a ser César Cueto, a ser Marco Valencia, a ser Waldir Sáenz. Y tiempo después me compré la 7 de Marquinho, la 9 de Claudio Pizarro, la 14 de Palinha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ninguno de los arriba mencionados (incluyendo al “Churre”, ícono de la proeza que hasta ayer consideraba como el éxtasis de mi hinchaje, en aquel inolvidable 6 a 3 a la “U”) me regaló nunca una noche como la del Zorrito contra Estudiantes. Wilmer fue el de siempre en apariencia, pero en la cancha reencarnó lo mejor de la historia del Club Alianza Lima. A la actuación del número 15 ayer le pongo como calificación, del uno al diez, once. El Zorro se puede morir en paz. Se puede retirar mañana del fútbol y quedará grabado positivamente para siempre en la memoria de los aliancistas del mundo que ayer lo vimos jugar. Podrá volver a sus torpezas el próximo partido, podrá desperdiciar goles si quiere hasta frente a Fernández, pero igual lo voy (lo vamos) a querer siempre. A comprarse la número 15 muchachos, a guardarla en el cajón más hermoso de nuestro idilio grone. Que los niños jueguen a ser el Zorrito, ese superhéroe que al menos una noche sacó chapa del más fuerte de una historia repleta de ídolos con poderes eternos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias Zorro, como en aquel partido de 1998 contra la selección de Chincha, cuando me cagaba de miedo por enfrentar a ese equipo de abetunados jugadores con pinta de que nos golearían y nos pegarían encima, y apareciste tú para meter cinco goles en un contundente 5 a 2. Gracias porque ayer, como en esa tarde calurosa, te volví a sentir un genio. Ese genio incomprendido y que parecía haber extraviado su talento en el patio de Los Reyes Rojos, o acaso en las maltrechas canchas auxiliares de los menores en Matute. Y que en el momento más difícil apareció más lúcido que nunca, y me regaló una anécdota que le podré contar a mis nietos: yo disfruté del mejor triunfo de la historia de nuestro equipo, allá por el año 2010, frente al Estudiantes de la Plata de un tal Juan Sebastián Verón. Les ganamos 4 a 1 a los que eran los campeones de América y sub campeones del mundo. Y lo hicimos con una actuación sobresaliente del Zorrito Aguirre, mi amigo. &lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5297872158992847610?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5297872158992847610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/zorrito-eterno-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5297872158992847610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5297872158992847610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/03/zorrito-eterno-y.html' title='Zorrito eterno (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6010960178706095277</id><published>2010-02-01T13:48:00.000-08:00</published><updated>2010-02-01T14:01:02.611-08:00</updated><title type='text'>Elogio al tocayo más querido (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A mi viejo, por darme el nombre. Y por compartir este homenaje.&lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy que la vida ha avanzado lo suficiente como para dejarme de niñerías y tirar para adelante, tengo un sueño: quiero ser escritor. Sí. Escribir y publicar un material con un mínimo de validez para que se convierta en un libro. A eso se reducen mis anhelos profesionales. No quiero ser un cronista reconocido. No quiero ser imprescindible en algún diario. No quiero ganar un premio. Quiero posicionarme en el amplio y embustero rubro de los escritores. Sólo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero antes, cuando la ilusión era gratis de verdad, y soñar formaba parte del juego para matar la tarde, tuve otro sueño: quería ser futbolista. Quería jugar en mi equipo favorito y meter goles a estadio lleno. Que me vitoreen los fanáticos, que los empresarios se peleen por mis servicios. Quería levantar trofeos y que me capten las cámaras para convertir mi imagen en un afiche. En un póster como los que adornaban mi cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tocayos son parte de uno. Están en todos lados. En el salón de clases, en el trabajo. También en la televisión, y si tienes suerte, en un personaje admirable. Mi tocayo más mentado en relación a mi sueño actual es García Márquez. El escritor colombiano que una tarde de 1982 se adjudicó el Premio Nobel de Literatura, y a partir de esa fecha (del año en que nací) dejó en el mundo la sentencia de que jamás habría un escritor llamado Gabriel que pudiese trascender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis viejos me cuentan que antes de que elijan mi nombre tuvieron otros en carpeta, y siguiendo una ley que hasta el momento voy emulando al pie de la letra, decidieron bautizarme al conocer mi rostro. No recuerdo qué nombre había pensado mi madre, pero mi viejo me quería llamar Omar. Cuando yo llevaba minutos en el mundo y mi mamá yacía adolorida en el hospital, mi padre le dijo emocionado que era hora de ponerme el nombre. La respuesta de mi mamá fue contundente: ponle cualquiera, menos Omar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué bichito apareció en la cabeza de mi viejo para que elija Gabriel, pero sé que por muchos años le agradecí el haber descartado por completo el nombre Omar. Hasta que un día de mi infancia conocí a un delantero argentino que llevaba la número nueve, y que con una cabellera larga que al viento se tornaba imponente y un par de misiles en ambas piernas, destrozaba cuanta red se le posaba al frente. Y le dije, “pucha pa’, ¿por qué me pusiste Francisco como tú? ¿Por qué no me pusiste Gabriel Omar?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día como hoy hace cuarenta años, en Reconquista, un pueblito en la Provincia de Santa Fe en Argentina, llegó al mundo Gabriel Omar Batistuta, el Gabriel que mejor ha tratado a la pelota de fútbol en toda la historia de la humanidad. Para mis tocayos futboleros, el primero de febrero debería ser feriado. El Bati se retiró de la actividad en el 2005. Lo hizo casi en el anonimato, en el lejano Qatar. Y hasta hoy no se le rinde el famoso partido de despedida. Tal vez porque el fanático aún se resiste a creer que ya no está. Tal vez porque la selección argentina no ha encontrado a su reemplazo. Tal vez porque la camiseta número nueve de la Fiorentina sólo tiene razón de ser con su apellido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Batistuta hizo su debut en el Newells Old Boys de Rosario, y luego pasó sin pena ni gloria por el River Plate. Después lo compró Boca en una transacción que hoy forma parte del mueso del club. Ahí se lee la ficha del Bati, y el precio por su transferencia: cero pesos. Esa jugada de algún cazatalentos con buen ojo es festejada como un campeonato por la hinchada de Boca. “Mira lo que te quitamos sin que te des cuenta”, parecen decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Bati pasó luego a la Fiorentina de Italia, club en el que alcanzó la madurez de su juego, la efectividad de su sola presencia. Y hasta hoy es un Dios en el equipo violeta, con el que marcó 207 goles en 332 partidos, y consiguió en 1996 la Copa y la Súper Copa de Italia. La Fiore es el equipo del “Loco” Vargas para los peruanos, pero para el mundo entero es y será el equipo de Batistuta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hambre de gloria lo llevó a dejar Florencia en el 2000, y llegó a la Roma para gritar su primer Scudetto junto a Francesco Totti. Pero su paso por el equipo capitalino no caló tanto en el hincha como su dominio en Fiorentina. La única camiseta que supo vestir a la par, con igual ímpetu, compromiso y efectividad, fue la de su país. Batistuta es el mejor número nueve de la historia del fútbol argentino. Consiguió con su selección la Copa América en el 91 y el 93, y desde esa época, Argentina no sabe lo que es levantar un trofeo a nivel profesional. Jugó además tres Mundiales (94, 98 y 2002), anotando en total 10 goles que lo posicionan como el argentino más efectivo de todos los tiempos. Pero el mayor galardón del Bati es, pese a formar parte de la generación post Maradona, el hecho de ser el primer jugador en superar a Diego al menos en un rubro: Bati es el máximo goleador de la albiceleste con 56 goles oficiales. En 1996 desplazó a Maradona, que calzaba ese récord con 34 tantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy está de cumpleaños, el número 40 además, y quise rendirle un homenaje. El Bati formó parte de mi selección de pósters en toda mi infancia, y fue el estandarte principal de mis sueños en esa folclórica generación antes del Internet y la velocidad en la comunicación, cuando el look era fundamental para destacar, y él sobresalía pelucón y goleador. Era imposible ser delantero y no creerte Batistuta. Era imposible meter un gol y no compararlo en la ilusoria repetición de la memoria con los goles del Bati.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Batistuta es vital para mí porque le dio aires de imprescindible al nombre Gabriel en el fútbol. Hace algunos años, cuando yo empezaba a darle a la redacción y de vez en cuando, en épocas donde no había blog, mortificaba a mis amigos en sus bandejas de entrada con mis textos, un amigo entrañable empezó a llamarme Gabo, en honor a García Márquez. Y me jodía, porque hasta hoy, cuando la ilusión le da chances a los sueños más auténticos, quiero ser el Bati, no Gabo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6010960178706095277?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6010960178706095277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/02/elogio-al-tocayo-mas-querido-y.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6010960178706095277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6010960178706095277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/02/elogio-al-tocayo-mas-querido-y.html' title='Elogio al tocayo más querido (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8532120074108892396</id><published>2010-01-23T08:25:00.000-08:00</published><updated>2010-01-23T08:34:43.658-08:00</updated><title type='text'>Serás mujer, ¿y ahora? (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"...mis problemas con las mujeres son humanos: o me aburren o estoy hasta las manos".&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Andrés Calamaro. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Una bomba". &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Honestidad Brutal (1999).&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Para mi futura hija. Con el perdón de todo su género. Texto entre sincero y exagerado. Entre machista y papanatas. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sólo desde hace algunos días lo que se mostraba como sospecha se volvió tangible, y el imaginario interno me propició definitivamente los colores que le faltaban a mi lienzo provisional. Serás mujer, hija mía. Serás mujer y así la ternura es más sencilla. Serás mujer y desde ahora me someto. Serás mujer y ya te adivino hermosa mientras colecciono días en un calendario cada vez más pequeño. Serás mujer ¿y ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que cuando supe de tu llegada fue más fácil pensar en un varón. Deseaba al muchacho que sería mi calcomanía mejorada, quería al niño al que le pudiese contar secretos y proveer de datos que ayuden a moldear una personalidad adorable, aún con las dificultades propias de llevar en la entrepierna un órgano tan inquieto. Sería más sencillo reconocer los demonios que asoman en un colega de género, y más fácil calmar sus dudas y moderar su ímpetu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy carezco de armas. Estoy indefenso. ¿Cómo educar a una mujer? ¿Cómo notar aspectos como sus gustos por las muñecas, la ropa o peor aún, por los hombres? ¿Cómo ayudarla a combatir sus frustraciones, sus tristezas? ¿Cómo saber desde qué momento la estoy aburriendo? ¿Cómo lograr que me crea cuando le digo que el mequetrefe que la corteja buscará la primera oportunidad para palpar partes que ni me quiero imaginar? ¿Cómo tolerar la sentencia de que en algún momento dejaré de ser el hombre de su vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hijita mía, no tengo por qué mentirte. Las mujeres me resultan complicadas. He tomado muy a pecho aquello de ser seres diametralmente opuestos y no me he preocupado mucho por interpretarlas en general. Con las mujeres mi nivel de timidez alcanza cifras exageradas, y por ejemplo, si estoy frente a una que recién conozco, balbuceo, suelto frases que no quise soltar, y sin duda dejo una impresión negativa. No me muestro con mi verdadera naturaleza, aquella que, me consuelo, es diferente. Creo que el motivo está en que siempre he visto a la mujer como un ser superior, y las he contemplado con una ligera dosis de temor. Y cada vez que ha aparecido el temor en mi vida, la solución, inadecuada por cierto, ha sido escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También, te lo confieso avergonzado, he sido un miserable, un superficial en la guerra de los sexos. Y así el físico ha intervenido más de la cuenta, y en las dos posibilidades, de manera negativa. Si era una mujer atractiva, la fobia al rechazo superaba al deseo de cortejo y me quedaba en silencio. Y si la chica era más bien feita, aplicaba la indiferencia. De hecho todas las féminas con las que he tenido un contacto, digamos, carnal, han dado el primer paso. Las veces que yo me he animado han ocurrido porque me han dejado el camino servidito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como con tu madre, por ejemplo, cuando el destino acomodó una serie de circunstancias en las que si no me le acercaba me tenían que fusilar por imbécil o empezar a tratar como gay. Felizmente el tiempo fue amable, y permitió que ella me acepte y me soporte aún con mis desatinos y metidas de pata. Y empezamos una relación que me ayudó a conocer una parte de la mujer. La parte más hermosa, y digamos, la más importante, pues es la causante de que tú estés en camino. Aprendí a querer con intensidad y que me quieran igual. Y tuve en el amor a la mejor excusa para seguir un sendero firme sin necesidad de sumergirme demasiado en el universo mujeres. Mi universo fue de una, y creí que sería siempre así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero existe otra parte en la mujer. La parte que indica que la luz puede aparecer más allá de la atracción física. Que puede ser divertido conversar con una chica descontando el deseo. Que la amistad entre géneros es posible. Y que si uno le pone empeño, la búsqueda por la eterna comodidad frente a una dama no tiene que ser infructuosa. Esa parte no la he obtenido. Al menos no del todo. No he tenido jamás una amiga. Y las “amigas” que me conocerás, antes fueron amigas de tu mami, y tal vez si fuese por mí, y sobre todo por ellas, jamás hubiesen sido mis amigas. Yo hoy en día no puedo conversar mucho rato con mujeres. No sé si por aburrimiento, temor o desinterés, pero evito el tema. Suelto chistes absurdos, esquivo el contacto visual, impido la confidencia. Si lo hubiese logrado tendría una perspectiva más adecuada para conocerte, una visión diferente a la que me ha podido proporcionar tu madre. Podría comparar otras carcajadas sinceras, otros arrebatos de dulzura; otros gestos de engreimiento, otras pistas para interpretar malestares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa manera de ser tan inexplicable, alejada de toda coyuntura, de toda época, me ha generado algunos inconvenientes en el pasado. Mis compañeras de colegio no tienen idea de cómo soy en verdad, conservan un recuerdo poco apreciable, aún me imaginan como el chico tímido que sólo podía tratar adecuadamente a una pelota, y que escondía con largos y resinosos cabellos los ataques del acné. Las chicas con las que compartí aulas en la universidad San Martín me rechazan por atorrante, desprecian mi indiferencia, y me señalan como un aprendiz de vivaracho por malentendidos que jamás me encargué de aclarar. Y las de la De Lima no saben ni mi nombre. Y por eso jamás me recomendarán a uno de sus bien remunerados trabajos. Acaso alguna me tiene simpatía por estupideces que hablé borracho en más de una ocasión, porque sobrio, la de siempre, escapista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tampoco quiero alarmarte. La vida está hecha para aprender y tú serás mi enseñanza más dulce. Y ya verás que si me tienes paciencia, contigo superaré mis demonios. El destino me viene ofreciendo la redención casi a la par de tu llegada, y en mi trabajo, ya fuera de mis épocas inmaduras y estoicas, tengo que enfrentarme a una población liderada por hormonas femeninas. En mi oficina por ejemplo, un salón de dos espacios, convivimos cuatro chicas y yo; y en general en toda mi área prevalecen las mujeres. Y ahí me tengo que dejar de niñerías y traumas antiguos si deseo permanecer cobrando un sueldo cada mes. Entonces trato de cambiar mi postura, de alejar lo máximo que se pueda a mi timidez. Claro, hay cosas que no cambian, entonces me someto a lo que me digan sin objetar, no converso si no me conversan, jamás comparto almuerzos. Pero también las voy interpretando en mi guarida solitaria. Las noto interesantes y cuajadas. Admiro sus capacidades e inteligencias. Y a la vez adivino sus miedos, su vulnerabilidad. Comprendo así que cuando aparece la necesidad, los hombres y las mujeres somos parecidos, y uno al final se adecua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso no tengo dudas, el mágico camino que emprenderemos me dará las pautas para poder educarte. Para saber decirte “no” pese a que me derritas con tus pucheros. Para ampliar mi universo, y contigo, (re)conocer al resto de mujeres que la vida se encargó de alejar de mis anhelos. Para que me describas frente a los demás como un papá sincero, entretenido y tierno. Jamás como un resinoso, como un indiferente ni como un evasivo nerviosón. Para que te encante compartir ratos conmigo y permanezcas en mi regazo mucho, mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hijita linda, que aún eres pataditas en el vientre por la noche. Preciosa criatura que no conozco pero que extraño. Te escribo todo esto a manera de catarsis y en el camino alejo para siempre las ganas de tener un varón. Te quiero mujer. Sí, mujer, mujer, mujer. Contigo me jugaré la revancha, y verás que pese a todo lo que te cuento, al final triunfaremos. Seré astuto y acomodaré mi estrategia desde el primer minuto. Multiplicaré mis pocas armas, y te cantaré canciones todo el día, te engreiré sin mesura, te contaré fantásticas historias, me haré el tonto con simpatía. Y en el camino adoptaré las otras: esconderé mi aburrimiento cuando me toque conversar con tus amigas, no manifestaré mi nerviosismo cuando te compre tu primer bikini ante la chica bonita de la tienda, entenderé tus gustos por las muñecas, las ropas y por los chicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aceptaré pese a la pena el momento en que ya no quieras caminar de mi mano. Y cuando te atrape la curiosidad e indagues por mi pasado te diré que no necesité de más mujeres, porque desde muy temprano encontré en tu madre al amor y a mi mejor amiga. Me dediqué a plasmar un universo de a dos con la chica que imaginé sería la más importante, y te contaré bajito que además era la más bonita. Claro, hasta que llegaste tú, hijita. Hasta que llegaste tú. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8532120074108892396?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8532120074108892396/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/01/seras-mujer-y-ahora-y.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8532120074108892396'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8532120074108892396'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/01/seras-mujer-y-ahora-y.html' title='Serás mujer, ¿y ahora? (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6815246865943412646</id><published>2010-01-08T12:14:00.000-08:00</published><updated>2010-01-08T12:16:10.215-08:00</updated><title type='text'>San Bartolo rules (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;"Yo te quiero desde lejos, y desde cerca te extraño"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy vivo en Barranco pero vengo de Miraflores. E incluso antes de llegar a ese distrito que me cobijó más de ocho años, anduve por Surco, San Miguel, Lince, Pueblo Libre. Sin embargo jamás me sentí parte de nada en todos esos lugares más allá de los límites de mi casa y uno que otro camino minúsculo hacia parques o bodegas. No tuve nunca amigos de barrio. Ni siquiera un vecino con el que podía intercambiar palabras de vez en cuando. Lo más cerca de socializar lo viví mientras observaba desde la ventana de mi cuarto, en el quinto piso de un edificio de la urbanización en la que pasé los últimos cuatro años de mi niñez, a un grupo de muchachos de mi edad que peloteaban a diario, y que manifestaban su odio hacia mí con miradas despectivas y uno que otro silbido por considerarme, sin razón monetaria que los avale, como el pituco del barrio. Sin embargo he crecido rodeado de amigos. Y no necesariamente amigos de colegio, que queramos o no aceptarlo, son amigos que te impone el destino. He tenido amigos de barrio porque gozo con la fortuna de haber pasado veintisiete veranos de mi vida en San Bartolo, balneario que me atañe desde hace muchos más, cuando las familias de mis padres coincidieron en casas vecinas y le gritaron al destino que si yo existiese, tendría que separar importantes momentos de mi felicidad para ese recinto playero. Hoy en día tan maltratado por el tiempo y el desorden, pero no por eso menos entrañable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los festejos por el año nuevo me llevaron, después de un par de años de ausencia, de regreso a San Bartolo. Y la sucesión de emociones fue exacta a la de tantas veces: cuánto hay por hacer por ti, querido amigo, qué capacidad la tuya de negarte a las leyes de la estética; pero qué calma me proporcionas, cuántos recuerdos florecen como la espuma (de tu mar y de tus cervezas, las más sabrosas de mi universo). El San Bartolo de hoy dista mucho del que adornó mis años de inocencia, allá por la década del noventa, cuando Asia era un terreno baldío y veranear aún era abandonar Lima tres meses al año. E incluso está más alejado del San Bartolo que escenificó las repetidísimas anécdotas de mis padres, con su Suizo y su Mirador, con su cine y su escasez de comercio. Hoy en día San Bartolo es casi un pueblo joven. Limita con invasiones, apiña restaurantes y bulla en el mismísimo terreno por el que jugaba junto a mis primos respirando brisa y no humos de micros y silbatazos de “jaladores” de locales. Y en año nuevo se torna hasta peligroso, cuando la avalancha de limeños tan ajenos a mis recuerdos, a mis raíces, conquista sin piedad las veredas por donde aprendí a que me fiaran y a montar bicicleta, con alcohol en exceso y drogas que los incitan a peleas dignas de barras bravas, que el último 31 sólo cesaron con disparos de bala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a eso San Bartolo es, como diría Calamaro, mi cloaca preferida. Sin importar que la casa de mis abuelos en la que pasé mis veranos de infancia haya sido vendida, o que este 2010 me reciba sin un hogar propio. Y lo es sobre todo porque me proporcionó lo que mis nueve barrios limeños no me pudieron dar: gente a la que quiero y gente que me quiere. En San Bartolo están aún mis mejores amigos, ahora con barrigas en camino a ser voluptuosas; y sigo compartiendo canchitas de fulbito y conversaciones con tipos que conocí hace 18 años. Hay otros que han partido, pero así estén en Buenos Aires o Barcelona, en Canadá o en California, la playita norte con sus sombrillas de paja y el malecón sur con su eterno aroma a desagüe figuran en su top five de lugares hermosos a los que siempre hay que regresar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sentido de pertenencia tiene que ver con el alma; como la personalidad, como la empatía. Creo que los sanbartolinos de mi generación tenemos un sello que no sé cómo describir, ese que nos empuja a retornar verano tras verano a un lugar gobernado por el desorden y cada vez menos bonito; ese que nos dice que aunque crecimos en grupos distintos, si nos cruzamos en un aeropuerto o en algún punto fuera de nuestra “patria trimestral”, nos saludamos por lo menos con las cejas. Y tiene que ver, sin lugar a dudas, con la felicidad. Está ligado a los recuerdos de un lugar que tal vez ya no existe, ese deseo de retorno a momentos mágicos, a tardes sin que interese el sueldo o las ganas de escalar de puesto, a noches de pies embarrados y tertulias sin profundidad a la espera de una mañana de playa, sol y nosotros. Nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este será un verano especial para mí. Será el último que me reciba solo. A partir del próximo tendré a mi descendiente a mi cargo, y ahí empezará la verdadera prueba de fuego. Porque la ley indica que nada es eterno. Que aparecen en escena muchos factores que te obligan a girar de rumbo sin plantearnos siquiera la duda. Y así como mi gente, los sanbartolinos de mi generación, hubo otros. Así como mi grupo de amigos ha cosechado anécdotas en cada pedazo de tierra de ese balneario, también lo hizo el grupo de amigos de mis padres. Y poco a poco se han ido despidiendo. Hoy sobrevive alguno inmerso ya demasiado en los vicios, u otro aferrado al romanticismo pero cada vez con menos ahínco. De todas maneras seguiré en la lucha. Trataré de contagiar en mi hijo(a) el idilio por el mar únicamente en las fronteras entre Curayacu y Peñascal. Al final uno nunca sabe, y San Bartolo no está necesariamente encaminado a ser (o parecerse) el balneario en el que fue posible engendrar el amor que hoy profeso. Pero la esperanza está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo soy sanbartolino porque pese a no ser muy amigo del mar, desde que tengo uso de razón he ido a la playa con religiosidad (eso no quita que no me pueda alejar más allá de un metro de la orilla en otro sitio). Soy sanbartolino porque tengo recuerdos de cuando iba a la playa bautizada por mis primos como “la mansita”, que hoy posee cada vez menos espacio para colocar la toalla, y mi madre me lavaba los pies de arena después de subir esas míticas escaleritas. Soy sanbartolino porque todas las cicatrices que tengo en la piel fueron fabricadas ahí, gracias a tropezones y varias sacadas de mugre en bicicleta. Soy sanbartolino porque para matar la tarde, pasé incontables veranos inmerso en pichangas en una improvisada cancha de tierra (bautizada como “el terrenal”), con arcos de dos piedritas que sin duda contribuyeron a mi olfato goleador. Soy sanbartolino porque sé lo que significa corretear al camión de agua, y sé también de las bondades de bañarse con agua calentada en la tetera, con un balde y una jarrita. Soy sanbartolino porque le he comprado barquillo, maní y maní a Manuel, y me he burlado de su dialecto y de su sombrero. Soy sanbartolino porque he hecho hora con Cuacuá, que vendía unos helados glaciales diferentes, a menor precio, y cada verano yo hacía interpersonales apuestas por si él seguía vivo. Soy sanbartolino porque conozco a Fresia antes que Gustavo, y más de una vez renegué por Liberata. Soy sanbartolino porque me hice pata de Martín, quien me fiaba a diestra y siniestra helados que no sé cómo pagaba después. Soy sanbartolino porque he visto envejecer a Pepe y a su esposa, la Pepa, y he sufrido con la decadencia de locales como el Tiburón y La Rosita, donde vendían unos locos mayo deliciosos. Soy sanbartolino porque mil veces fracasé al querer emular la receta de la delicia de limón de don Pedrito. Soy sanbartolino porque jugaba a ser grande por las noches en Miramar, y por las tardes, en la Gaviota, su bodega vecina, compraba con un sol, un chup y dos Tickets (ese bendito chocolate que venía con una galleta de vainilla encima). Soy sanbartolino porque alguna vez ingresé a la casa de los sodálites a jugar Risk y a escuchar sutilmente la palabra de Dios.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy sanbartolino porque mis primeras juergas me las metí en el Bufadero, y ahí también cayó a mis manos mi primer cigarrillo de marihuana. Soy sanbartolino porque el mercado pasó de ser el escenario en el que robaba juguetes y figuritas de diversos álbunes al lugar en el que hacía los previos para llegar empilado a las discotecas. Soy sanbartolino porque me metí varias bombas en Las Brisas. Soy sanbartolino porque “tonié” en el Volcán, Huayco y Peñascal, y siempre me parecieron la misma vaina. Soy sanbartolino porque miraba con devoción a Ericka Tello y a la “Che”. Soy sanbartolino porque pese a tener un sabor más bien rancio, me comí varias pizzas en Don Carmelo. Soy sanbartolino porque alguna vez llegué a decir que las hamburguesas de Nandos eran las mejores del Perú. Soy sanbartolino porque desde que tengo nueve años juego campeonatos en “la canchita”, y tengo el récord de haber recibido diploma de goleador tanto en Mini-mini como en Mayores. Soy sanbartolino porque fui discípulo del señor Cedó, y lo recuerdo jugando pichanguitas conmigo diciéndome: “todavía soy más rápido que tú”, tanto como en sus últimos tiempos, cuando ya no me reconocía. Soy sanbartolino porque pasé tardes y tardes en el “vicio” pese a no saber jugar Street Fighter. Soy sanbartolino porque “El rincón de Chelulo” sabe perfectamente quién soy. Soy sanbartolino porque entoné la canción “nunca tuvimos la oportunidad de ver a Micky campeonar”, y recibí ofertas para enrolarme a su equipo con ese virolo gesto suyo, entre pedófilo y pánfilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy sanbartolino porque he entrado al club Náutico millones de veces sin ser socio, y conozco el sabor de las yucas con mayonesa y ají que servían unos mozos con pinta de relajados. Soy sanbartolino porque alguna vez me “sampé” a Curayacu y me bañé en su piscina de agua dulce. Soy sanbartolino porque en el D’onofrio canjeé Sublimes con palitos premiados de Turbos. Soy sanbartolino porque conozco el vértigo de bajar por la Rivera Sur en bicicleta. Soy sanbartolino porque también cedí ante la presión grupal y me tiré de los siete metros pese a cagarme de miedo. Soy sanbartolino porque conozco el restaurante Rocío desde que era una tienda que nos vendía gaseosas después de calurosas pichangas de fin de semana, y el plato media suprema es por el que más veces he pagado en mi vida. Soy sanbartolino porque sé (y comparto) lo que se recuerda los 5 de enero, y pese a todo lo que se diga de él, extraño a Willy Miranda. Soy sanbartolino porque también, como el colegio Los Reyes Rojos, ese recinto me conecta con mi tía Cecilia. Soy sanbartolino porque pasé varios veranos templado de una chica a la que jamás me animé a hablar. Y soy sanbartolino porque en alguna de sus calles le di el primer beso a la mujer que será la madre de mis hijos.    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verdad, San Bartolo ha cambiado y mucho. Mis tiempos de reinado, cuando no hacía otra cosa que huevear tres meses por sus calles, son parte de la historia, y hoy en día lo visito con mayor responsabilidad. Sabiendo que los domingos por la noche me espera ese melancólico camino de regreso al mundo real. San Bartolo está horrible, con pistas y veredas en estado calamitoso y casas abandonadas, pero citando otra vez a Calamaro, “no me importa nada, San Bartolo es mío y no lo cambiaría, me lo quedo con toda su porquería”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy mis contemporáneos y yo nos sentimos invadidos por todos lados. Hay gente que se pasea como si nada por las calles sanbartolinas cargando sus malos modales y su indiferencia para con nosotros, que nacimos acá. A ellos los miro y es inevitable pensar en los amigos de mi viejo que me observaban cuando yo me creía un palomilla en el lugar que otrora les perteneció. Y se traslada a mi lado musical el coro de la canción de Ruben Blades cuando le brinda una revancha a Pedro Navaja contra el borracho que osó llevarse su puñal, el revolver y sus dos pesos: estos novatos qué (se) creen… si este es mi barrio, papá.   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6815246865943412646?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6815246865943412646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/01/san-bartolo-rules-y.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6815246865943412646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6815246865943412646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2010/01/san-bartolo-rules-y.html' title='San Bartolo rules (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-9221052085260144512</id><published>2009-12-11T12:07:00.000-08:00</published><updated>2010-11-18T12:29:52.452-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Lecciones de Carlitos (F)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;No sé qué más hacer con este texto. Nació de una conversación con Carlitos, que existe, y pensé: algo debo de escribir, lo que salga. En fin, se lo dedico a Carlitos, que nunca lo sabrá. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En ocasiones como esta me acuerdo de Carlitos, un amigo chofer que conocí en un viaje a Chiclayo hace algunos años. Se me viene a la memoria con poca frecuencia, sobre todo cuando mis pensamientos llevan largo rato divagando, y el tema de la infidelidad retoma la primera plana. No es que ande con ganas de “sacar los pies del plato”, ni que mi entrepierna goce de estímulos cercanos y ajenos. Ya verán que eso es lo más apartado de la realidad en estos momentos. Pero recuerdo las frases de Carlitos, alejadas de elegancia pero contundentes, esa tarde noche chiclayana que me llevó a conocer la calle de los burdeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo había llegado a Chiclayo por trabajo. Fue un viaje relámpago. De ida y vuelta. Sólo debía monitorear unos detalles que mi jefe de entonces despreciaba por flojera, generando mis malos deseos mientras le decía que sí, que podía viajar. Hoy que ocupo su puesto lo entiendo, y muy a mi pesar, lo imito de vez en cuando. Llegué de mal humor, sin dormir mucho y algo peleado con Luciana, y contaba con generosos viáticos que luego de un pálido almuerzo, un par de bolsas de chifles y un king kong, se me querían escapar de la billetera. Mi pasaje de regreso decía siete y media de la noche, y siendo las cuatro y diez, no tenía nada más que hacer. Llévatelo en la camioneta un rato para que conozca, le dijo mi contacto chiclayano a Carlitos, que me saludaba con respeto sin poder disimular del todo el rostro de reciente siesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo aprendí que en los viajes a provincias los empresarios, administradores, periodistas o chupes de oficina aprovechan para darle rienda suelta a sus instintos copulativos, y dejan el disfraz de maridos modelos para interpretar el patético rol del putero. En ese entonces no lo sabía, y me demoré en captar las indirectas de Carlitos. Acá la vida es barata, en Chiclayo las mujeres son fieles, es chiquito pero hay de todo, me decía; y la traducción correcta era: el polvo cuesta veinte soles, las hembras se prestan para todo y nadie se va a enterar de nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegué a un descampado espacio con pinta de escena de crimen montado en una Nissan cuatro por cuatro de llantas enormes pero silenciosas, siendo copiloto de un hombre que apenas conocía. Sólo me quedó confiar. Y efectivamente, el escenario se convirtió en el paraíso de los cherocas. Una pampa enorme, desértica, de donde emergían cuatro locales de dudosísima reputación con letreros huachafos y categóricos alusivos a night clubs. Aún no oscurecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí el polvo te cuesta diez lucas, me dijo Carlitos. Aunque si chamullas lo rebajas a ocho. Pero la frutilla del postre la ofrecía el quinto local. Alejado varios metros del resto, aparecía “Las pocitas”, un espacio con pinta de hotel de tres estrellas, de esos que se convierten en cinco en provincias. Ahí, según Carlitos, la cosa era distinta. También es puterío, me dijo cuando ingenuo, le pregunté si un hotel así podía captar clientela tan cerca del pecado. Acá te cobran entrada, dos lucas cincuenta, y el polvo es más caro, te sale veinte soles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de mi aventura chiclayana jamás había acudido a un burdel. Ni siquiera en las épocas más duras de mi soltería había cedido a esa antigua modalidad. Mucho menos desde que encontré a Luciana, y ni en mi despedida de soltero caí en las garras de una fémina que cobra por rozar su cuerpo con más de cien penes al año. Mi excusa tenía mucho de ética y de responsabilidad por mi salud. Todo muy elegante. Pero gran parte de culpa la tenía el hecho de que por mi velocidad en la eyaculación, pagar 200 soles (lo que cuesta una puta más o menos agraciada en Lima) no salía para nada a cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Carlitos no le di ninguna excusa, pero era obvio por mi pasmado rostro y por el hecho de que no dejé mi mochila en la camioneta, que nada iba a pasar. Le seguí la corriente rumbo al primero de los locales, mientras el crujir de los chifles en mi mochila fungía de banda sonora. El “Johana’s” tenía un amplio corredor por donde deambulaban los que bauticé como “despreciables”, muchachos misios y arrechos con pinta de experiencia en el arte de matar el tiempo en búsqueda de una puta bondadosa que les muestre algún presagio de sus servicios con un gesto o una travesura, para amenizar sus infames masturbaciones. También había clientes, pocos en realidad. Pasadas por centavos las cinco de la tarde, en Chiclayo y en cualquier parte, la gente con adquisición económica permanece en sus trabajos, así que las señoritas del “Johana’s” aprovechaban el rato para maquillarse, descansar o hablar por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “Johana’s” olía terriblemente. A sexo, a pecado, a cloro sazonado con espermatozoides disímiles. Y Carlitos lo atravesaba con natural familiaridad. Se acercaba a las chicas a consultarles el precio, les pedía “un poco más de información para el hombre”, señalándome, y ellas asentían mostrando indicios de sus vaginas sin afeitar o con frases que más que calentar, asustaban. Constaté que la información de Carlitos era verdad. Todas cobraban diez soles. Alguna te decía quince notando mi postura foránea, pero eran fáciles de regatear. Carlitos escogió a la que le parecía más agraciada y me dijo “ya, usted mismo es”, con un ademán de sostenerme la mochila. La chica no estaba mal en verdad, pero sin exagerar, si tenía DNI lo había sacado hace poquito. No tío, me voy a sentir un pedófilo. Con esa excusa safé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demás locales no tenían nada distinto al “Johana’s”. Eso me dijo Carlitos, tal vez entendiendo que sería difícil convencerme. Volvimos a la camioneta con el pretexto de esperar las seis y media de la tarde, hora de apertura de “Las Pocitas”. Nos estacionamos cerca de la puerta y cada tanto veíamos llegar a las chicas. Eran considerablemente más agraciadas que las del “Johana’s”. Bueno, quedaremos en que eran el doble de mejores, por eso su cariño costaba el doble. Carlitos no volvió a insistirme, y giró la conversación a temas banales. Yo no lo escuchaba. Cambié de postura por la tentación, y sólo pensaba en que a aquella muchacha de piel canela, alta y bien despachada que aterrizaba en “Las Pocitas” la hubiese podido cortejar si la encontrase en una discoteca limeña. O que a la siguiente, un poco más baja y sin tantos atributos, pero sin duda más bonita, le daría un beso sin ningún tipo de inconvenientes. Carlitos me preguntaba por mi trabajo y si era mi primera vez en Chiclayo, y yo pensaba que a razón de mi fugaz primer round, 40 soles sí podía gastar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas estábamos hasta que de pronto las frases de Carlitos me cautivaron, y pesaron más que mis hormonas pecadoras. Era un hombre entrañable. Jocoso y humilde, pícaro e indagador. Me preguntaba por Lima. Por el precio de la comida, por la calidad de los burdeles. Y sin preguntarme nada íntimo, me aconsejaba casi paternal. No te cases, no tengas hijos aún. Aprovecha tu juventud. Yo volvía a pensar en Luciana y en todos los planes que teníamos, tan fuera de aquello de aprovechar la juventud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Yo tengo una hija", me dijo Carlitos, "pero cinco mujeres". Siempre me ha sorprendido la manera de afrontar la fidelidad en algunas personas. Tal vez mi círculo sea el más aburrido de todos, pues aunque se hable de otras chicas y de las ganas de palpar otros cuerpos, no tengo amigos infieles. Y he sospechado que aquel que confiese ese pecado será vitoreado al inicio, celebrado con salud y palmaditas de hombro, pero luego confrontado y criticado en silencio. Pero estoy seguro que en sectores sociales distintos al mío, en círculos de amistad como el de Carlitos, la trampa es parte de la vida diaria. Estás en nada si no tienes una amante. Aún así, asumo que tener cinco es algo fuera de lo común en todos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias veces me he enfrentado a sujetos que exageran en sus anécdotas, y a simple deducción, Carlitos sería uno de ellos. Pero se encargó, luego de detallarme aspectos puntuales de cada una, de comprobarlos con llamadas a sus celulares. Descontó a su mujer, a ella no le marcó el teléfono. Habló con la trampa más antigua y con el altavoz encendido, le pidió perdón por no poder visitarla. Llamó a la que trabajaba en un colegio, y le comentó que le había gustado mucho el restaurante en el que cenaron la última vez. Se excitó charlando con su última conquista, quedando con obscenidades que ella no dudó en responder con similares frases, en un encuentro íntimo esa misma noche. Y se peleó con la más joven de todas, chica que tenía 29 años y que según Carlitos, era su amante desde los 17. Ella es la más jodida, me dijo luego de colgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en la mujer de Carlitos. Con qué detalles llenará su existencia para vivir la historia desde el otro lado sin darse cuenta. Carlitos me decía que jamás lo había ampayado. Que él sabía cómo hacerla. Y yo pensaba en la reacción de Luciana si siquiera se enterase de mi presencia en el “Johana’s”. No había espacio en mis temores para visualizar su rostro al descubrirme con mi eventual amante. ¿Podría perdonarme una canita al aire? ¿Yo podría manejar una doble relación? ¿Y una quíntuple? Somos hombres, ¿no?, tenemos necesidades, me decía Carlitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las palabras de mi nuevo amigo me llenaban de dudas. La vida es una sola, me decía, al final te vas a morir de viejo y vas a decir “tanto tiempo me pasé con esta mujer, tanto hice por mis hijos, ¿para qué?”. Yo pensaba en la escasa lista de mujeres que adornaban mi carrera de pingaloca. Y me preguntaba si acaso la manera de vivir de Carlitos, alejado del estrés del trabajo, con un sueldo pequeño, pero con el carisma suficiente para tener un hogar y cuatro amantes no era el verdadero objetivo de la vida. También en Luciana, en que jamás le había sido infiel, en que llevaba junto a ella seis años y medio. Y sazonado por el momento, con el rabillo del ojo miraba a las chicas que se aproximaban a “Las Pocitas”. Ya en el colmo de la enajenación, imploraba por que Carlitos me lleve de regreso al “Johana’s”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos antes de que den las seis y media, una llamada volvió a colocar a Carlitos en su rol de chofer con desidia constante. Había olvidado hacer unos envíos y debía regresar. No pude conocer “Las Pocitas”. No importa, le dije a Carlitos, igual no iba a pasar nada. Un pisotón típico de niño con rabieta golpeó a mi mochila, y el crujir de los chifles actuó como el sonido de mi conciencia. Será mejor así. Volveré a Lima con mis viáticos enteros y saldré a comer con el amor de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a todo esto chochera, dijo Carlitos finalmente, ¿tú cuántas mujeres tienes? Cuando le dije que sólo me conformaba con una, su respuesta me descuadró: si yo con esta cara tengo cinco, si me prestas la tuya yo llego a veinte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a Lima decidí olvidarme por completo de mi aventura en los burdeles. Aún sin pecar, no me parecía algo digno de contar, y no lo comenté ni con mis más cercanos amigos. Semanas después Luciana me dijo que estaba embarazada, y fue más fácil alejar de mi memoria a Carlitos, al “Johana’s”, a “Las Pocitas” y a los olores terribles que adornaron mi estadía chiclayana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás volví a un burdel. Mi hija se volvió lo más importante de mi vida y ni siquiera el fracaso de mi matrimonio me alejó del amor y de las ganas de contemplarla. He pasado algunos meses solo. No he tenido que rendir cuentas a nadie desde que Luciana dejó mi hogar. He tenido contacto con otras mujeres pero no es lo mismo. Compararía la acción con el imaginario de mi cuerpo en “Las Pocitas”. Polvo y a cobrar. Vacío y vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero dar marcha atrás, pero es duro. Sólo cuando reaparecen las dudas, vuelve Carlitos a mi memoria. La infidelidad ocurre cuando menos lo pensamos y de la forma más inesperada. ¿Habrán ampayado a Carlitos? ¿Con qué mentiras seguirá manteniendo su hogar? ¿Tenía razón en todo lo que me dijo? ¿Cuáles son las armas para ser un infiel empedernido? ¿Si lo fuiste una vez, lo serás siempre? Y retumban en mi cerebro llamadas misteriosas cerca de las once de la noche, cancelación de planes a última hora con excusas de trabajo extra, frialdad extrema en la intimidad. Confesiones y llantos. Y me pregunto si mi amigo chiclayano podría conquistar veinte mujeres con mi cara, aún si se entera que no seguí sus consejos. Y tuve que morderme el orgullo, y por temor a no tener siquiera una, acepté el perdón. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-9221052085260144512?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/9221052085260144512/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/12/lecciones-de-carlitos-f.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/9221052085260144512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/9221052085260144512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/12/lecciones-de-carlitos-f.html' title='Lecciones de Carlitos (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-1392304175362331213</id><published>2009-12-07T11:57:00.000-08:00</published><updated>2009-12-07T12:01:01.546-08:00</updated><title type='text'>Llegó Sudáfrica (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A Manuel Burga, con el odio de siempre.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Mundial ha empezado ya. Lo bueno de la globalización y de la información instantánea está en la posibilidad de emocionarse por la Copa del Mundo más allá de ser un invitado de piedra. Más allá de ser parte de un país que no sabe de clasificaciones desde hace 27 años. Y es que en el Perú nos hemos acostumbrado a mundiales ajenos, y eso no merma el fanatismo, no impide la emoción. No escuchar el himno en la cita más importante del planeta fútbol es una rutina, como lo es hinchar por Brasil o Argentina, anhelar que las figuras que nos regala la globalización lleguen enteras, o acaso desearle el mal a un país vecino. En el Mundial están todas las figuras que hemos aprendido a querer (y a conocer de verdad) desde que el fútbol se masificó con la televisión y se volvió pan de cada día con la Internet. Y este de Sudáfrica promete vértigo en nuestros televisores aún con nuestra camiseta de la selección guardada en el cajón con la ropa de verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mundial ha empezado ya, porque se acaban de sortear en Ciudad del Cabo los grupos que le dan forma de una vez en nuestros anhelos y pronósticos a ese mágico mes que esperamos con ansias cada cuatro años. Y desde ya podemos sacar conclusiones. La primera es que luego de dos mundiales con la suerte en el sorteo diametralmente opuesta, esta vez a Argentina le ha tocado un grupo accesible en el papel, y a Brasil el que será denominado como el “grupo de la muerte”. Después podemos decir que Uruguay la tendrá muy dura; que Paraguay tiene el escenario perfecto para demostrar por qué fue considerado durante largo período en las Eliminatorias como el mejor país de Sudamérica; y que Chile la ha sacado barata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación, un recorrido más profundo de lo que espero de nuestros hermanos de continente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Argentina:&lt;/strong&gt; Empecemos por Argentina, equipo del cual soy hincha acérrimo desde que tengo criterio para el fútbol, y mi viejo me contagió el amor por Maradona y Caniggia aquella lejana tarde de 1990 cuando los albicelestes eliminaron a Italia. Debe haber sido la primera vez que vi a mi viejo emocionado por un partido. Yo que en esa época, contagiado por los chicos de mi colegio, simpatizaba por Brasil, me volví maradoniano hasta hoy que le perdono sus exabruptos y confío aún en sus milagros para transformar a su selección en un equipo. Hoy Argentina es cualquier cosa menos un equipo. Y Diego tendrá que trabajar durísimo para plasmar en la cancha el 12 de junio a once muchachos que muestren presagios de triunfo, y no a un grupo de hombres confundidos, con los colores de su camiseta como única arma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Argentina logra formar un plantel serio, y Diego encuentra la manera idónea de rodear a Messi, la fase de grupos la tendrían que pasar caminando. Nigeria siempre es un duro rival, pero no es el equipo del 94 que metía miedo a cada segundo. Tampoco es el de la generación Atlanta 96 con Kanú como abanderado. Hoy tiene a Obafemi Martins como figura principal, un atacante veloz pero que hace rato perdió sitio entre los clase A. Después a Mikel, un mediocampista del Chelsea que es muy bueno. Y nada más. Pese a eso, es el rival más duro del grupo. Después está Grecia, que a partir de la Euro 2004 (con consagración y levantada de copa incluida) resulta un enigma, de lo contrario sería un equipo más. Prometen un buen trabajo táctico, como para vislumbrar un partido a cero hasta el minuto 76, y que luego Messi abra el camino para el primero, e Higuaín ponga el 2-0. Y termina el grupo la ascendente Corea del Sur. Llegan con el cartel de haber clasificado desde México 86 a todos los mundiales disputados. Y luego de haber terminado invictos en sus Eliminatorias, los de Ji Sung Park, volante veloz del Manchester United, su mejor figura, quieren demostrar que no fue casualidad lo del Mundial 2002, cuando anfitriones, llegaron a las semifinales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso la Argentina actual, sin un esquema definido, con Maradona sin respaldo popular, con Messi de caminante distraído, puede quedar primera del grupo. Con trabajo, sin dudas los del país del tango empiezan su aventura sudafricana en octavos de final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Brasil:&lt;/strong&gt; Es inevitable pintarse el corazón de verdeamarelho en los mundiales. Sobre todo para nosotros, tan acostumbrados a las derrotas, alquilar un sentimiento ganador es muy fácil, y Brasil nos viene dando motivos desde hace varios torneos como para sumarnos a su coche triunfalista. Esta vez el destino los ha posicionado en el grupo más difícil, pero estoy seguro de que a ellos les da lo mismo. El miedo, como siempre, es para el rival. A Brasil mientras más lejos lo enfrentas mejor. Corea del Norte está llamada a terminar con cero puntos su reintegro a la cita mundialista. Y los otros dos rivales, Costa de Marfil y Portugal, deben estar preocupados. Brasil tiene un equipo como para ser campeón. Desde ya afirmo que es mi candidato. Tiene al mejor arquero del mundo y una defensa muy solvente. En ofensiva, lo sabemos, Brasil siempre es Brasil. Lo mejor del grupo G es que se verán las caras Kaká, Cristiano Ronaldo y Drogba. Uno de ellos quedará fuera en primera ronda. Portugal ha perdido contundencia por la veteranía de hombres como Deco, Carvalho o Paulo Ferreira, pero tiene en Cristiano (si llega entero) al desequilibrio individual más trascendente del mundo. Y Costa de Marfil llega con un equipo sólido, con la experiencia de haber pasado por el “grupo de la muerte” en Alemania 2006 y con la promesa de no ser, como aquella vez, Drogba y diez más. ¿Mi pronóstico? Brasil está adentro. Y Corea del Norte debe estar comprando ya los pasajes de regreso. Entre Cristiano y Drogba (dos de mis jugadores favoritos) prefiero no opinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Uruguay:&lt;/strong&gt; Siguiendo con esta lista, cuyo orden obedece al corazón, es el turno de Uruguay. A los charrúas sí les ha tocado el “grupo de la muerte”. Dando por descontado un trabajo digno de Sudáfrica por ser local, Francia y México le dan un toque de impredecible al grupo A. A Uruguay no le sobra nada. Es evidente, desde la manera en que clasificó hasta el nivel de sus jugadores, no puede mirar por encima del hombro a nadie. Lo bueno es que lo saben, y tienen a un técnico inteligente como Tabárez que se encargará de repetírselo a todos sus hombres. A un equipo que ha perdido contra la peor selección peruana de los últimos años no se le puede augurar muchos éxitos, pero los uruguayos saben de hazañas. Y encuentran a sus rivales en mal momento. México se ha dormido en sus laureles, y ha convertido en pedantería aquello de ser un equipo de primer nivel. Hoy carece de figuras rimbombantes y ya le faltan el respeto hasta en su penosa Concacaf. Y a Francia le sucede lo mismo que a Argentina. No encuentra el equipo. Tiene que trabajar mucho porque jugadores hay. En esta serie cualquier cosa puede pasar. El “grupo de la muerte” se ha emparejado hacia abajo, y si sus representantes siguen caminando entre la mediocridad de sus actuales momentos, Uruguay podría clasificar. Pero de acá a seis meses todo puede cambiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Paraguay:&lt;/strong&gt; Paraguay navega en el mismo pedestal que Argentina y Brasil desde hace mucho, y ya es hora de demostrar aquello en el Mundial. Es cu cuarta cita consecutiva, y los agarra con la madurez necesaria como para predecir algo grande. A Paraguay se le debe pedir cuartos de final como mínimo. No hacerlo sería desprestigiar a Sudamérica, y seguir dándole motivos a la FIFA para que mantenga los cuatro cupos y medio cuando, por nivel, deberían ser cinco y medio. Tendrán de rival a vencer a la “desconocida” Eslovaquia, de la que sólo se conoce al central del Liverpool Skrtel; y a la que imaginamos débil Nueva Zelanda. Y completará el grupo la última campeona del mundo, Italia. Los italianos suelen ofrecer un planteamiento mezquino y no se hacen problemas si en la primera ronda regalan empates. Paraguay está llamado a clasificarse sin problemas. Les auguro, en el peor de los casos, 5 puntos, con empates ante Eslovaquia e Italia y triunfo con Nueva Zelanda; pero si llegan a 9 no habría nada de raro. Los del “Tata” Martino han demostrado tener un plantel competitivo con jugadores que se saben de memoria su libreto. Y Sudáfrica 2010 es su oportunidad de demostrarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chile:&lt;/strong&gt; Aunque la chapa de “enemigo” es menor a la del 98, nunca querré que a Chile le vaya bien. Aunque el odio haya mutado y ni se me pase por la cabeza la idea de seguirle los pasos a mi primo Camote que para Francia 98 arrancó de su álbum Navarrete la página de Chile, mi rencoroso corazón obtendrá la calma en Sudáfrica cuando el equipo de Bielsa esté eliminado. Para el análisis puedo decir que Chile realizó una magnífica Eliminatoria y gracias a Marcelo Bielsa goza de un equipo con credenciales positivos. Y subrayo a Bielsa (nombrado por tercera vez en el párrafo) porque en él me baso para decir que Chile tiene todo para alcanzar hasta los cuartos de final. Tiene todo para ser la “sorpresa” del Mundial. La experiencia en Bielsa le hará no cometer los errores del pasado. Carga con la maleta de haber quedado eliminado en primera fase en el 2002 cuando dirigía a Argentina. Y dos veces no le cortan la cola al gato, dice un dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chile enfrentará en su grupo a España, selección considerada por muchos como candidata al título. Pero el esquema de Bielsa, bien interpretado y con artífices en buena noche, tiene con qué hacerle frente. España trabaja como ninguno el balón en el mediocampo, no en vano cuenta con Xavi e Iniesta, los mejores volantes del mundo el último año, y con Cesc Fabregas, otro fuera de serie. Y arriba están enfiladitos con dos atacantes mortales: Niño Torres y Villa. Chile le puede jugar de tú a tú, y cualquier cosa puede pasar si “Chupete” Suazo convierte una de las tres oportunidades que seguro tendrá de liquidar a Casillas. Será un partido de ida y vuelta con pinta de Perú versus Brasil de México 70. Pero de todos modos, para los mapochos ese no es el partido. El rival a vencer es Suiza, una selección que ha mejorado mucho y aparenta ser muy sólida. Ahí está el Mundial para los de Bielsa. Y desde esta trinchera (que es la norte por única vez) afirmo, con envidia, que tienen todo para superarlos. Honduras tiene que despedirse acorde a su realidad, con cero puntos. Vienen de perder contra Perú, y eso es garantía suficiente como para decir que están en nada. A Chile lo seguiré pese a que no guardo simpatía ni por su camiseta ni por ninguno de sus jugadores. Al menos en el 98 yo era hincha oculto del “Matador” Salas. Y aquella vez festejé como goles peruanos los de Brasil que sirvieron para mandar a su casa a mi ídolo en octavos de final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El resto:&lt;/strong&gt; Ahora sólo queda esperar a junio para darle rienda suelta a la más grande emoción que el fútbol tiene reservada. No creo en los que dicen que tal Mundial fue mejor que otro. Todos han sido (y serán) extraordinarios para mí. Espero que aparezcan las figuras. Que los llamados a romper, la rompan (y que no se rompan antes de tiempo, como Zidane en el 2002 o Romario para Francia 98). Que campeone un sudamericano (si no es Argentina, que sea Brasil). Que África siga sorprendiendo con un equipo adorable, como Camerún del 90, Nigeria del 94 o Senegal del 2002. Que Alemania siga el rumbo de su historia pero con algo más de emoción que las últimas veces. Que Inglaterra demuestre por qué en los videojuegos sigue comandando la selección más fuerte del mundo, que aparezcan Lampard y Gerrard, porque esta vez sí es ahora o nunca. Que en Sudáfrica apreciemos la consagración de esa magnífica y poco valorada generación de holandeses que en la Euro 2008 fueron los mejores. Que Van der Vaart, Robben y Sneijder se olviden que alguna vez pasaron por el Real Madrid y muestren el exquisito fútbol que sólo en la casa blanca no rindió frutos. Que los italianos sumen fantasía a su catenaccio. Que Cristiano Ronaldo la descosa, que Messi haga seis goles, que Kaká sea Kaká, que Eto’o tenga un buen torneo, que Drogba haga un par de golazos, que Forlán esté diez puntos, que Cabañas nos reivindique a los sudacas con un codazo y un gol en un mismo partido. Que Maradona sea feliz. Que Dunga sea ganador pese a Dunga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bueno, la de siempre: que Dios me de vida para algún día, así sea lejano, poder escribir sobre un Mundial con mi camiseta de la selección al lado.           &lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-1392304175362331213?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/1392304175362331213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/12/llego-sudafrica-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1392304175362331213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/1392304175362331213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/12/llego-sudafrica-y.html' title='Llegó Sudáfrica (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2778439702780746684</id><published>2009-11-29T15:56:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T21:02:22.654-08:00</updated><title type='text'>Destellos del Derby (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;A falta de tertulias peloteras hace tiempo, les dejo mi apreciación del clásico del fútbol español, el partido más esperado del año. Y le dedico el texto a mis primos Camote y Roca, dos de mis compinches favoritos cuando se trata de hablar de fútbol, y que deben andar borrachos en algún bar de Catalunya. Visca el Barça.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace un par de semanas leí un artículo en el Deporte Total de El Comercio dedicado a Zlatan Ibrahimovic. Lo firmaba un columnista que no conocía, de esos que desfilan de vez en cuando en las últimas páginas del diario con artículos no del todo coyunturales, y decía que el delantero sueco era un jugador letal en partidos accesibles, pero intrascendente en los importantes. Juraba compartir la opinión con Arrigo Sachi, que goza con la autoridad de haberlo tenido cerca varias temporadas en Italia. Decía que Zlatan era un perfecto goleador de Liga, pues al ser este un torneo largo que suele coronar a los equipos que menos se complican ante rivales en el papel más débiles, el Barcelona podría dar por descontado buenos desempeños de su actual número nueve ante el Almería, el Bilbao o el Espanyol. Pero en los partidos más picantes o determinantes, de esos que aparecen con los clásicos y sobre todo en torneos como la Champions por ejemplo, extrañarían a Eto’o. Los números respaldan esa afirmación, pues Ibrahimovic ha ganado el Calcio italiano cinco temporadas seguidas (dos con la Juve y tres con el Inter) y en la Champions ha deambulado con más pena que gloria. Pero lo de intrascendente acaba de pasar a la historia hoy con su gol en el triunfo por uno a cero del Barcelona ante el Real Madrid, acaso el partido más importante del mundo en la actualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que este clásico ha tenido muchas contradicciones. Sobre el papel el Barcelona debía arrasar al Madrid (por actual momento, por localía), pero a mi entender eso no ocurrió, sobre todo en el primer tiempo. El Madrid complicó mucho al Barça jugándole de tú a tú, algo impensado en la Liga pasada, y si hubiese encontrado el Derby a Cristiano Ronaldo con ritmo, cualquier cosa podía pasar. En los pronósticos Iker Casillas tendría un excesivo trabajo, y fue Víctor Valdés el que puso el primer gol de la noche con ese atajadón a Cristiano. Los centrales del Madrid serían protagonistas, y para mí Carles Puyol fue el mejor jugador del partido. Lo que no pudo escapar de los pronósticos fue el resultado. Ganó el mejor, pero lo hizo porque pegó en el momento justo, no necesariamente por ser superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí fue fundamental Ibrahimovic. Entró por un deslucido Thierry Henry y en su primer contacto con la pelota la mandó a guardar. Como para callar a los que no lo tenían en los clásicos. Con su sola presencia “Ibra” es un peligro constante. Aún si permanece alejado del área, aún si viene de una lesión, aún si está impreciso como hoy. Jugadores como él o Messi tienen que estar en la cancha siempre, así el equipo se quede con diez. Así lo interpretó Guardiola, y eso fue lo que no entendió Pellegrini al sustituir a Cristiano Ronaldo cuando su equipo estaba en superioridad numérica en el campo, y al hacerlo, entregó el partido. Lo perdió ahí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tamaña estupidez del chileno, el clásico fue más azulgrana que nunca. Recién se pareció al de los pronósticos. Apareció la mejor versión del Barça, esa que no extraña a sus figuras si se lesionan, la misma que vuelve imperceptible la expulsión de uno de sus hombres. Messi demostró que es un jugador de equipo, y realizó una labor táctica fundamental, llena de sacrificio e inteligencia para descontrolar a sus rivales (que se llenaron de amarillas por detenerlo) aún alejado de los metros finales, que es cuando hace daño. Y se hizo la luz con ese poema al fútbol que suelen ofrecer Xavi e Iniesta cuando controlan los partidos, incluso si tienen como rival de contacto directo a un estratega nato como Kaká, que como todo el Madrid, desapareció después del ingreso de Benzema por Ronaldo. Dani Alves plasmó su personalidad y su estilo, que se complementa como ninguno en el mundo con el toque fino de Xavi, Iniesta y Messi, y luego de mandar dos centros a la tribuna en el primer tiempo, le puso el pase gol a Ibrahimovic y le cedió a Messi la gloria en bandeja para sellar el partido, pero Lío perdió, tal vez por primera vez en su carrera, ante el achique de Casillas. Y colaboró Keita, anduvo correcto Abidal, Toure hizo lo suyo. E inflaron el pecho los dos zagueros. Puyol demostró que hoy en día es de lejos, pero de muy lejos, el mejor central del mundo. Y Piqué su complemento ideal. Nunca se complican, son fuertes en el mano a mano, colaboran en ataque. Que se agarren los delanteros si España los mantiene juntos en el Mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Barcelona tiene con qué pelear el protagonismo en la Liga, en la Champions y en la Copa del Rey. No se caería el mundo si repiten el triplete al finalizar la temporada. Pero el Madrid ha demostrado que al menos en los partidos entre ellos, puede encontrar la fórmula para contrarrestar poderes. Si bien carece de seguridad en líneas puntuales como las de Albiol y Arbeloa, tiene el equilibrio en el mediocampo que extrañaba con Guti y Gago y que se hará prolijo con el correr de los partidos con Lass y Xabi Alonso. Y salvo Marcelo que no termina de convencer, goza de jugadores correctos como Pepe, Sergio Ramos e Higuaín (a ese dámelo siempre), y cuenta con la magia asegurada, salvo lesiones, de Cristiano y Kaká.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que tiene que hacer en el acto Florentino Pérez es mandar a Pellegrini de regreso a Santiago. Pero ya. Mantenerlo es tan absurdo como prescindir de Cristiano Ronaldo los últimos veinte minutos de un partido trascendental con el rival con uno menos. Y tan irrespetuoso como decir que si se trata de clásicos, Zlatan no moja. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2778439702780746684?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2778439702780746684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/11/destellos-del-derby-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2778439702780746684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2778439702780746684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/11/destellos-del-derby-y.html' title='Destellos del Derby (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-2937261513338460630</id><published>2009-11-25T08:57:00.000-08:00</published><updated>2009-11-26T13:01:04.158-08:00</updated><title type='text'>AdioZ (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Despojado de todo estilo elegante de redacción, a puro corazón, un texto largo, huachafo y cursi. Casi exclusivo para mis incondicionales. Los demás, no lo lean. Es una especie de epístola de despedida hacia los miembros de mi ex hogar. Prometo ahora que he logrado postear sin que se cumpla, por un día, un mes desde mi última vez, hacerlo más seguido. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Luego de 27 años de fervoroso estatus de mantenido, he dejado mi casa. Casi no ha habido tiempo para despedidas. Ni para añoranzas declaradas. Simplemente un sábado por la tarde, y sin hacer mucho aspaviento, les di la espalda a mis padres y a mis hermanos junto a una maleta y un futuro inquieto. Semanas después, mi familia dejó el último hogar en el que fuimos cinco para por primera vez desde 1990, volver a ser cuatro en una mudanza. Hoy en la casa de mi familia no están más mis pertenencias. No hay siquiera un espacio con mi sello. Tan sólo quedan en el alma de mis seres más queridos rezagos de mi presencia, de cada cicatriz que les dejé mientras les hacía compañía. Hoy que no cuento más con una cama unipersonal en el terruño de esas entrañables personas, quiero rendir un homenaje al último hogar que nos supo sentir como familia. A ese espacio que me exilió a un diminuto y asfixiante dormitorio y que por cuestiones ajenas a este texto, goza de la antipatía general de mi gente. Pero que para mí será especial eternamente. Porque pese a haber vivido en nueve casas distintas junto a mi familia, ese dúplex miraflorino encallado en la calle Ramírez Gastón marcó una etapa definitiva en la vida de los que llevan mi sangre, y cuando el tiempo se encargue de posicionar mi nuevo estatus en el mar de las anécdotas, yo le daré vida a ese pequeño pero íntimo porcentaje de mi ímpetu que hoy permanece en silencio, y que me gritará cada vez más fuerte que parte de mí se quedó ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un adiós gigante, de la A a la Z:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecer: no hay mayor placer al despertar que hacerlo sin obligaciones. Extraño la comodidad de amanecer en mi casa. El jugo de naranja sin necesidad de cansar mis brazos, la cama impecable minutos después. Los periódicos en la mesa. El “buenos días” de mi madre incluso cuando mi presencia venía cargada de culpa. Es inevitable, todo el que deja la casa de sus padres añora el relajo sin responsabilidad de los amaneceres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Balcón: por ahí miraba la bulla y si no hacía frío, escuchaba el futuro muy abrigado. Fue la dosis de respiro ante el encierro de mi cuarto. El aire ambiguo del que duda si atravesar la calle o quedarse en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cochera: fue mi primer indicio de independencia. La cochera de mi carro quedaba aparte de la del resto del edificio. Su espacio y el diminuto control negro eran sólo para mí. Cuando andaba tristón o me emocionaba más de la cuenta con una canción, me quedaba diez o quince minutos ahí. No había que rendirle cuentas a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DirecTV: mi cuarto no tenía Cable Mágico en mi última casa. Versus y los partidos de Alianza jamás atravesaron mi último cubículo. Sí había DirecTV, que si no tomamos en cuenta lo mencionado líneas arriba (que es básico), es mucho mejor. Tenía todos los canales de deportes, series y películas que desfilan en la oferta del cable en el Perú. Fui feliz madrugadas solitarias con Movie City, Cinemax (en diversas versiones), Cine Latino, etc. Hoy sí veo a mi Alianza en mi cuarto, pero películas, sólo en DVD.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espejo: he dicho que mi cuarto era minúsculo, casi una ratonera, pero tenía todo. Una cama, un televisor, un clóset, un baño. Y en el baño, un espejo. Era el núcleo de la habitación. Con esa otra dimensión al otro lado de los cristales mi espacio crecía. Enfrentándome día a día a esa liturgia, con prisa o sin ella, vestido o en toalla, dejé de pertenecer al grupo de los niños que odiaban los espejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Facilismo: lógico, tener servido all inclusive es descomunalmente conveniente. Hoy adoro el vértigo que significa luchar para llegar a fin de mes, aún cuando mi sueldo me dure exactamente 15 días, pero con el tiempo odiaré las cuentas y recordaré las épocas en las que mi única responsabilidad era existir. Ese facilismo que llega a enfermar con el paso de los años, pero una vez que logramos despojarnos de sus taras, quisiéramos volver a sus ramas aunque sea por un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grifo: pasé un poco más de un año en el departamento de Ramírez Gastón, pero desde el año 2001 viví, digamos, en el mismo barrio. Antes mi familia anduvo en la calle Gustavo Escudero, y nos acostumbramos con intensidad al grifo más cercano. En todo ese período lo he visitado en horas de lo más dispares. Muchas noches, algunas veces cerca de las siete de la mañana, incontables madrugadas. Los últimos tiempos dibujaron mi anatomía cabizbaja junto a mi hermano en ese establecimiento, y se lo agradezco con el alma por el aguante. Íbamos tan sólo para matar el tiempo, para ofrecerle más chances al insomnio. Por eso, sobre todo los martes de pichanga cuando la noche se alarga, extraño ese grifo con la misma intensidad con la que me volví su hincha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Internet: sobran las palabras. En estos tiempos de comunicación instantánea, básico contar con Internet. Felizmente en el hogar que hoy me cobija con amor y responsabilidad, el WiFi me sonríe, pero no sé hasta cuándo gozaré de esa suerte. Por el momento el presupuesto no tiene en cuenta ni por asomo boletas de Internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juergues: la parte bonita de ser un desempleado está en la escasez de responsabilidad por levantarse temprano. Entonces, si había una juerga entre semana, pues me sumaba sin pudor. Aunque no exageré mucho sobre todo los últimos tiempos, hubo épocas en las que salir por la noche a embriagarme los jueves era cuestión de rutina. Entonces llegar a mi casa a las cinco de la mañana para levantarme a la una de la tarde y simplemente comer con voracidad para esperar el fin de semana, era sumamente delicioso. Qué lejanos se ven los “juergues” hoy día. Una sola vez he ido a trabajar resaqueado un viernes en mi nuevo empleo. Juré no volver a hacerlo nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kiosco: cómo olvidar a la señora del kiosco. Pese a que jamás compartí con ella más palabras que “seño” o “Bocón”, su mirada enigmática, con esos ojos indescifrables y los gestos en otra parte, fueron parte de mis pasos apurados. Hoy que estamos a puertas de un nuevo Mundial, juro que cuando Navarrete o Paninni me deleiten con sus clásicos álbunes, me daré una vuelta por su kiosco a comprarle el clásico paquetón de figuritas con el que le alegraba la tarde. Sólo en esas oportunidades su sonrisa fue genuina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iglesia: mis viejos pertenecen a una comunidad católica, y han pasado casi 15 años con rituales que los separaban del hogar los sábados y uno que otro día de la semana por la noche. Aunque han perdido la batalla por suministrarme de su fervorosa fe, respeto con la célula más comprometida de mi ser todo lo que han dado por su iglesia. Y no en vano he sido niño, adolescente y adulto escuchando (a veces muy a lo lejos) la palabra de Dios. Soy creyente aunque no practico la religión. Pero converso con Dios y me persigno y lo evoco cuando estoy en aprietos. Y en mi existir quedan grandes porciones de la fe que profesan mis padres. En mis anhelos está la capacidad de perder la vida por el semejante, algo que hacen todos los miembros de la iglesia de mi familia, aquellos que mis padres llaman “sus hermanos de comunidad”. Y eso es más fuerte que cualquier religión. Más importante que la confesión o la hostia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nina: la nueva casa de mi familia queda a siete cuadras de mi trabajo. Todos los días a la una de la tarde empiezo los pasos apurados para llegar al almuerzo. Es toda una experiencia de verdad. Son 10 minutos de ida, 40 para almorzar y meterle a la sobremesa, y 10 más para regresar. Pero vale la pena porque así la sazón de Anita (Nina para nosotros) le pone el parche a mi hambre. Platos amados por la multitud, como el ají de gallina o la carapulcra por ejemplo, no los acepto ni en restaurantes, y si ella no me prepara el arroz con pollo, lo devuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olor: ¿A qué huele tu casa? Nadie sabe, pero reconoceríamos ese aroma entre millones sin ningún tipo de problemas. Mi casa era el perfume de mi mamá, la transpiración trabajadora de mi padre, los adornos de mi hermana, las camisetas de fútbol empapadas de mi hermano y mis zapatillas pezuñentas después de meter mil goles. También la fritura deliciosa cuando se avecinaba un bistec con papas fritas o la papa rellena más sabrosa del planeta. ¿A qué olía mi casa? No lo sé, pero era un aroma entrañable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parque: también está conmigo desde el 2001. La tenue luz de sus faroles por la noche que le daba forma a un paisaje silencioso mientras caminaba con alguna compañía grata en ese parque, es un lienzo para mi memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quieres: con signo de interrogación. Vivir en familia es gozar de los ofrecimientos. ¿Quieres más tequeños? ¿Quieres este pedazo de chocolate? ¿Quieres que te de un poco más de dinero? ¿Quieres mudarte de una vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ruido: parte de formar una familia es sumarse a un ruido exclusivo, casi un sello, una distinción. Debido a las reglas del hogar, los tipos de ruido se van plasmando. Y poco a poco ganan la batalla. Hoy que es de noche y escribo en silencio, no es difícil extrañar las carcajadas de mi madre frente a la televisión o sus canciones en la compu desde temprano; “el bajen el volumen” que fue una característica de toda la época universitaria de mi hermana cuando le daban esas ganas locas de dormirse temprano, como a las once y media de la noche, y mi hermano y yo andábamos gritando goles ficticios en la Playstation; los eructos y las tiradas de puerta de mi hermano, de niño la de su cuarto para manifestar su furia, de grande los cajones de la despensa para saciar su hambre a las tres de la mañana; o la voz a lo lejos de mi padre pidiéndome un favor, o simplemente comentándome un gol que estábamos viendo en televisores distintos, juntos pero separados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soledad: conforme uno va creciendo las ganas de emigrar son más fuertes, y los primeros pasos se suelen dar cuando nos quedamos con la casa vacía. Yo era feliz mientras estaba solo en mi casa. Era el rey. Hacía lo que me venía en gana. Había tiempo para todo, pero sobre todo para perderlo sin cuestionamientos asolapados ni interrupciones. Claro, la soledad era magnífica mientras me garantizaban que alguna vez, ya sea tarde o temprano, la casa volvería a estar llena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teléfono: ahora que me he tenido que enfrentar a contratos y a bancos y a AFPs, se me ha hecho muy difícil inhibir de mi paladar la frase 2715928 al momento de dar mi teléfono. Ese número me ha acompañado, creo, más de una década. Hoy no existe más. Como tampoco existe en mi bolsillo el último celular que fue cortesía de mis padres. Le tuve que decir adiós a mi Nextel. El último objeto, o la última cuenta, que me pagarán mis viejos (qué conchudo suena eso a los 27). Hoy mi nuevo teléfono me lo brinda mi chamba, y entre mis planes a futuro se encuentran adefesieros objetos que les pienso regalar a mis papás a manera de retribución. Y como ellos son de oro, los tomarán como si se tratase de lo mejor de lo mejor. Como si fuera un Nextel con radio ilimitado y 50 minutos libres sin pagar un mísero sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad: yo he sido un eterno estudiante universitario. Mi casa me ha soportado como un ser humano relacionado a parciales, finales y exposiciones un larguísimo período. Pese a que hoy disfruto con llegar a mi casa del trabajo y no tener nada más que hacer, extraño el ritmo de la universidad. Extraño sobre todo los horarios de mierda que me tocaban, como las clases a las siete de la mañana. Esas tiradas de pera eran deliciosas. Mi vieja las detestaba. “Igual voy a pasar, yo sé hasta cuándo puedo faltar”, le decía. Lo que nunca supo fue que cada fin de ciclo, casi rutinariamente, tenía que redactar mentirosos y suplicantes mails a mis profesores para que no me jalen por inasistencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Winning: soy adicto al Winning y no me da vergüenza confesarlo. Desde que tengo uso de razón, los videojuegos son para mí una connotación de mi verdadera pasión lúdica: el fútbol. Jamás me enganché con otras variantes. Mis consolas (ya sean de Nintendo, Súper, N64, PlayStation 1, 2 y 3) han recibido en un 98% juegos de fútbol. Y el Winning lidera el ranking. Como soy un solitario, soy de los pocos que siempre prefirió enfrentarse a la máquina que a un semejante. Y le contagié el vicio a mi hermano. Era ley algunas noches llegar a mi casa anhelando que él no esté frente a la Play. Y cuando lo veía inmerso en sus Master League, lo odiaba un poco. A él le pasaba exactamente lo mismo. La última consola que compartimos fue la PlayStation 3, y hoy navega, pesadísima y en un maletín deportivo, de casa en casa. Y es inevitable (aunque ya no nos odiemos) que cuando nos piquen las manos por hundirnos en los apasionantes torneos que nos regala el Winning y el juego no ande cerca, nos dejemos de extrañar un poquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Xmas: (perdón por la huachafería, pero la X es jodida) connotación de la Navidad en lenguaje gringo. ¿Qué ejemplo más claro de unión familiar que la Navidad? En mi casa esa época, que en realidad incluye casi todo diciembre, siempre fue especial. Cuando había bonanza económica y cuando éramos misios. Sólo recuerdos gratos para la Navidad. Ese espíritu heredado de mis padres lucharé por trasladárselo a mi hija (¿o será hijo?). Papa Noel no existe hijita, pero la Navidad sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zzz: por último, la hora de dormir. Las buenas noches, aunque a veces fueron gritos de cuarto a cuarto con la palabra “chau”, siempre existieron en mi casa. Cuando no me despedía de mi mamá por ejemplo, me invadía una sensación claustrofóbica. “¿Qué pasa si le ocurre algo en la noche?”. Despedirme de mis viejos cada noche era casi una cábala para mí. Una cuestión de conveniencia tal vez. Pero en fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las letras reservadas:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chelta: si le digo Marcelo a mi hermano él no voltea. Mi voz con su nombre está reservada para Salas, para Bielsa, para cualquiera de sus tocayos. Él es Chelta, y lo será mientras yo viva. Le puse esa chapa en honor a una palabra que él repetía de pequeño que se me extravió de la memoria, pero su apodo quedó. Mi hermano llegó al último barrio que compartí con mi familia siendo un gordito chinchoso al que sometía con llaves al estilo Dragon Ball y se fue convertido en un hombre más alto y más guapo que yo. Y como ya he dicho, me llevaré en el alma su aguante en mis últimas noches, cuando me ayudaba a pelearle al insomnio en madrugadas solitarias, todas mis angustias, en ese bendito camino que nos llevaba al grifo, a nuestro grifo, y donde le decía con palabras y silencios que no debería ser como yo (al menos no tanto). Mi hermano es mi amigo más querido, y de todo lo que “perdí” cuando dejé mi casa, su compañía es lo que más extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermana: cuando evoco a mi casa asoma mi hermana Paloma concentrada en su trabajo mientras yo perdía el tiempo, y la interrumpía casi por joder con preguntas absurdas. Y extraño su paciencia para jamás darme la espalda. Para tolerar mis imposiciones caletas como cuando éramos niños y el aburrimiento me llevaba a hacerla renegar. Fue mi primera enemiga, cuando era una chillona exagerada; y mi primera amiga, cuando tuvo el plus de presentarme a la que sería la madre de mis hijos. Mi hermana hoy ocupa mi lugar de hija mayor, y como conmigo le brota la empatía, seguro dirá que aprendió de mí. Yo aprendí de ella su sentido de perseverancia, y rescato que pese a tenerme cerca más de 24 años, no se haya contagiado de mis demonios. Y que haya sido yo el que más veces quedó “volando a la deriva”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá: soy y seré un hijo para siempre. Y mi madre es mi madre pues, con ella no hay objetividad. Comparto ese sentimiento con todo el que me lea, estoy seguro. Mi mami fue Mamá con mayúsculas mientras viví a su lado. Su luz aparece en todo rezago de felicidad que me regala el mundo. Y la tengo archivada en los más antiguos y trascendentales documentos de mi memoria. Como cuando a los tres años la esperaba a que llegue de su universidad y ella lucía una chompa beige que yo adoraba. Como cuando estaba por acabar la primaria y se sentaba conmigo para hacerme estudiar, y no cesaba hasta que le creyese la frase que repite hasta hoy: tú sí puedes. Como cuando se emocionaba hasta las lágrimas con mis escasísimos logros. A mi madre no le reprocho nada, y todo el que le cuestione algo, pues que se vaya a la reconcha de la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viejo: mi viejito siempre estará conmigo. El mismo que por un descuido casi me mata en nuestro primer hogar, cuando tal vez para cuidar a un niño tenía la misma experiencia que tengo yo hoy. El mismo que con un silbido a modo de saludo me devolvía a la tierra. El mismo que algún día me dijo “toma, es tuyo”, y me entregó mi primer auto. El mismo que sólo dormía tarde las noches de partido y que comía con la misma voracidad con la que hacía dieta, tres o cuatro panes con mantequilla. El mismo que me enseñó que cuando la vida te lesiona, con sacrificio y garra, y sobre todo fe, se puede uno recuperar. Yo ya quiero que nazca mi hijita(o) para intentar regalarle un papá como el que tengo yo. Y sobre todo porque será la única(o) capaz de despojar del pedestal de mis afectos a mis padres. Porque hoy ensayo un adiós a medias, pero sólo con ella estaré preparado para despedirlos definitivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: el Gabriel de la casa de familia no existe más. Con estas líneas se despide, con el compromiso explícito (siempre conchudeando) de seguir solicitando su ayuda y su compañía para siempre. Esta vez desde trincheras diferentes, pero con el cariño de toda la vida. Ya saben que pese a mis aires de autosuficiencia y a mi incapacidad de manifestar mis sentimientos a veces, siempre los necesité. Y los voy a seguir necesitando. Aunque los objetos de su nueva casa me señalen como un extraño, aunque me haya llevado mis contadas pertenencias, tengan la certeza de que un pedazo importantísimo de mi existencia se quedará con ustedes por los siglos de los siglos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah!, no se olviden nunca de mi voz en la ducha. Y sobre todo en estos tiempos, pongan play en “Amor y control”. Porque a pesar de los problemas, familia es familia. Y cariño es cariño. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-2937261513338460630?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/2937261513338460630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/11/adioz-y.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2937261513338460630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/2937261513338460630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/11/adioz-y.html' title='AdioZ (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4569169076809392190</id><published>2009-10-26T18:14:00.000-07:00</published><updated>2009-10-26T18:26:50.460-07:00</updated><title type='text'>Que no te cueste (tanto), Celeste (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A los doctores de la Cid, para que me la "devuelvan" enterita.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La capacidad autodestructiva de algunos personajes públicos es tan o más fuerte que el talento o la suerte que los llevó a ser (re)conocidos. Nunca lo entenderé. ¿Por qué un actor en la flor de su edad y en el momento cumbre de su carrera decide inyectar a su cuerpo una dosis mortal de pastillas? ¿Qué obliga a un ex galán de diversos (y renombrados) shows televisivos a sumirse en el más patético alcoholismo? ¿Ser el mejor es insoportable? ¿O acaso mirar la fama en retrospectiva convierte al futuro en el infierno terrenal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La depresión es la enfermedad de esta época, y los que siquiera mínimamente la hemos sufrido sabemos de su magnitud, pero que ocurra en gente que lo tiene todo me parece una de las grandes paradojas de la humanidad. ¿Qué compra la felicidad? A veces ni siquiera la salud (física, digamos) es el máximo tesoro. ¿Lo es el dinero? ¿El poder? ¿El sexo? Los actores, músicos y hasta deportistas que a menudo se suicidan llevan esa interrogante a dimensiones escalofriantes, y entonces la duda para mí cambia de giro: ¿Cómo una persona desequilibrada puede llegar a la fama? Qué mundo raro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unas horas mientras buscaba noticias por Internet me enteré del internamiento de Celeste Cid, una mujer argentina cuya belleza es incuestionable, con un rostro de porcelana y unos ojos inmensos que derretirían hasta al más gay de los gays. Ha llegado a la clínica por los problemas de siempre en la gente de la “farándula”: alcohol, depresión, mala alimentación. El tratamiento a seguir es casi idéntico al que tuvo que afrontar el gran Charly García, y su recuperación consiste en engordar diez kilos, no mirar televisión ni leer revistas, eliminar los hábitos nocturnos y alejarse de las malas influencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según los medios argentinos, la enfermedad de Celeste sería la alcoholexia, una mezcla entre alcoholismo y anorexia. Además se habla de bipolaridad y de diversos intentos de suicidio. Increíble, Celeste Cid (Yoko en Verano del 98) no está conforme con su vida. No está conforme con su cuerpo. Ella no tiene 50 años para comprenderla y mencionar que el distanciamiento de sus mejores tiempos le ha golpeado el alma. Celeste Cid ha cumplido el pasado 19 de enero 25 años y está en la flor de su talento (acaba de filmar una película) y de su belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es tan difícil la fama? ¿Qué se siente saber que el 80 por ciento de tus semejantes darían su vida por estar en tu lugar? ¿Es tan terrible tener la certeza de que para muchísima gente, por más que en su anodina existencia no lograrán ni rozarte la mano, eres alguien especial? A Celeste Cid la “conocí” un verano, que no fue del 98, mientras veía pedacitos de la serie que la lanzó a la fama. El idilio fue casi automático, y compartido a escondidas con varios de mis amigos. Después, en mi primera experiencia laboral, su rostro me alegraba las mañanas como protector de pantalla, y cuando los nervios o el mal humor me sobrepasaban, su sonrisa me devolvía la calma. Luego he sabido de ella a cuenta gotas, pero siempre, cuando la ocasión lo ameritaba, la he sacado a relucir, sobre todo cuando en una conversación asomaba la palabra belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy que tengo una nueva oficina para llenar la rutina de nervios y malos humores, su foto no está más en mi pantalla.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces juego a imaginarme cómo sería mi vida si fuese famoso. No perdería la humildad, me digo. Jamás andaría deprimido, me consuelo. Tal vez no sea así. Tal vez les quitaría el saludo a mis amigos más genuinos. Tal vez me escondería a llorar o a emborracharme hastiado de las adulaciones. Siempre es duro (porque genera hasta rabia si se tiene en cuenta que uno se las arregla para ser feliz mientras se lucha por llegar a fin de mes en el anonimato) enterarte de gente famosa que se suicida o termina hospitalizada por una terrible adicción, pero es más llevadera la noticia cuando los caídos son ex famosos. Ex sex simbols. Ex actrices de renombre. Resulta incomprensible cuando se habla de Heath Ledger o de Kurt Cobain. Resulta incomprensible cuando la que se está matando es la chica por la que alguna vez dijiste: “esta es, no hay mujer más hermosa en el mundo”. Y te pones a pensar en qué tan difícil es ser el número uno. Y los entiendes, porque ser el mejor es llegar a la cima, y porque ser el mejor es tener que demostrárselo en cada momento a todo el mundo, a todos los anónimos. Y porque ser el mejor, sobre todo, es creerte esa frase a ti mismo. Y ni siquiera Celeste Cid le ha podido creer a su espejo todo lo que tarde, muy tarde, le estoy diciendo yo.         &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4569169076809392190?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4569169076809392190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/10/que-no-te-cueste-tanto-celeste-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4569169076809392190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4569169076809392190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/10/que-no-te-cueste-tanto-celeste-y.html' title='Que no te cueste (tanto), Celeste (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-8409768178280996276</id><published>2009-10-15T17:18:00.000-07:00</published><updated>2009-10-15T17:23:46.143-07:00</updated><title type='text'>Vos sabés (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Conciencia en Offside ha permanecido largo tiempo en descanso. A diferencia de otras ocasiones similares, esta vez la tristeza no ha tenido nada que ver. Todo lo contrario. Esta reaparición está dedicada a la hermosa luz que es en estos momentos mi primer heredero. Y con este texto empiezo una larguísima etapa en la que absolutamente todo lo que escriba, todo lo que diga, todo lo que anhele, sera para él(ella). "Cómo te esperaba, cuánto te deseaba..."&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sé si serás mi amigo más fiel o mi eterna princesa, pero tengo clarísimo desde que supe de tu arribo a mi mundo que lo más importante de mi vida está contigo. Me he demorado mucho en escribirte y te pido perdón. Me he estado acomodando a tu noticia. He ido sumando cambios, diciendo adiós. Y en el camino imaginando tu presencia, tu voz, tu magia para brindarme el mejor regalo que un hombre puede anhelar. Con el tiempo, lo prometo, te escribiré tanto y tanto que me pedirás stop.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero empezar diciéndote que estoy muy emocionado por tu llegada. Que no sé bajo qué hechizo me has convertido en otra persona, al punto de poder gritarle al mundo que yo, tan amigo de la rutina y tan temeroso del paso del tiempo, hoy quisiera apretarle el botón de adelanto a los días para que ya estés conmigo, para que todos los momentos a tu lado sean cualquier cosa menos una rutina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me conocerás, y con anécdotas repetidas que en unos años sabrás de memoria y te romperán un poco la paciencia, podrás saber un poco de lo que fui antes de volver a nacer contigo. Pero para el libro de tu existencia, ese que lleva escritas apenas sus páginas iniciales, quedará el hecho de que cuando supe por primera vez de ti, tenía 27 años. Que era un hombre en camino a un vacío interminable. Que venía, con armas embusteras, perdiendo la batalla contra la vida. Que prefería el silencio, veneraba la quietud, apenas dormía y le hacía daño a mi cuerpo. Y encima, me estaba dando el lujo de perder una parte fundamental de mis afectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, en ese letargo que fue el mundo sin ti, el pasado era siempre mejor. Como si tuviese 80 años, como si la resignación hubiese colocado en el fondo de mi memoria los momentos gratos, y además, insertado una barrera inquebrantable. Pero todo terminó. Contigo he mutado. Me has sacado con dulzura de las tinieblas. Hoy que estás en camino no hay nada que anhele más que mi futuro, que llevará tu nombre y tu fuerza. Me has proporcionado desde ya las armas exactas. He vuelto a soñar, que es mejor que dormir. Y aunque el silencio será mi sombra hasta siempre, quiero transformarlo, plasmarlo en la contemplación, en el deseo de tu voz. Venerar esta vez el movimiento, tu movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imagino un ser maravilloso. Sólo eso. Sin importar tu género, serás maravilloso. Espero que heredes de tu madre la belleza. Que tus ojos se parezcan a los suyos, tan profundos y cautivantes (aunque no me haré problemas si llevas unos tristes, como los míos). Que tu pelo sí sea la mezcla perfecta y si eres mujer, no te deje de legado mi nariz (si eres hombre, ya verás, igual conquistarás). Que tengas estéticamente las manos de tu mamá, y sentimentalmente las mías. Que si eres mujer tus piernas sean infinitas, y si eres hombre, gusten de patear una pelota y seas todo menos delantero (pues te he dejado un poco alta la valla de goleador). Que no heredes mi timidez, y si no hay remedio, que encuentres más rápido que yo la manera de contrarrestarla. Que tu estómago prosiga en calma su camino, que nunca te juegue en contra, como el mío. Que no te condene, lo imploro, el insomnio. Que duermas plácidamente, como tu mamá, y me dejen la angustia y los fantasmas a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que tengas la risa a flor de piel. Y el buen ánimo te albergue la mayoría del tiempo. Que tengas muchos amigos. Que te rompan poco el corazón. Que jamás llegue a tu aura el bichito de la depresión. Que el amor y la sonrisa prevalezcan antes que lo material. Que no te rindas antes de tiempo, y cuando la derrota sea ineludible, desees con el alma la revancha. Que el día de mi adiós te encuentre fortalecido. Que me quieras tanto como quiero a tus abuelos, pero que estés preparado, mucho antes que yo, para caminar solo. Que el destino te sonría y hagas realidad tus propios anhelos. Los míos los cumpliré tan sólo al contemplarte. Que me digas papá, porque a partir de ti, ya no seré más un simple Gabriel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo haré hasta lo imposible por hacerte feliz. Lucharé en cada instante de mi vida por hacer de la tuya una más grata. No me imagino cuánto me podrás cambiar cuando por fin abandones la cuevita en la que te vas forjando para mirarme a los ojos, si desde ya, que apenas eres un puntito en el alma de tu mami, mi pasado ya no importa. Te seguiré esperando, siete meses se pasan volando. Y no tengas miedo, el hombre que fui antes de conocerte ya no existe. Y no volverá jamás, pues como escribió algún día un maestro que tuve: seré mejor por ti, bebé.       &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-8409768178280996276?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/8409768178280996276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/10/vos-sabes-y.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8409768178280996276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/8409768178280996276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/10/vos-sabes-y.html' title='Vos sabés (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-5541258586286854222</id><published>2009-09-10T07:56:00.000-07:00</published><updated>2010-11-18T12:30:30.684-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Cuatro gallos (F)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;em&gt;Un cuentito después de tiempo. Para los hermanos Saco. Los míos. Mis gallos.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquel día Chirozo y Manotas no quisieron pelear. Rechazando las leyes explícitas, se observaron breves segundos y dirigieron sus pensamientos hacia el infinito. Era mi primera vez en un coliseo para peleas de gallos. Un debut pacífico, pensé. Surgieron breves silbatinas. Los separaron. Los hicieron “pechar” con la danza infalible del pico a pico. Pero nada. Se pidió disculpas a la concurrencia. ¿Cada cuánto ocurre esto?, pregunté. Nunca, me dijo Guillermo, que para ese entonces refunfuñaba y casi déspota, anulaba todo compromiso futuro con el apostador que había elegido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo nos había insistido tiempo atrás. Vamos, se van a divertir. Por fin habíamos coincidido ese sábado, y éramos una vez más nosotros, como hace tanto. Aldo y Manuel me habían convencido. Van unos hembrones, me dijeron en dos mails por separado. Yo imaginaba que en las peleas de gallos me podría encontrar con cualquier cosa menos con hembrones. Todo lo demás estaba ahí, como en mi imaginación. El criollismo, la tradición. La música en vivo. Las apuestas. El sello del vicio, colorado y de ojos inyectados, en los gestos de los conocedores. Y cómo no, el trago. Aldo y Manuel andaban con sed. Fuera de acá, dijeron cuando Guillermo sugirió esperar hasta la pelea siguiente. Segundos después teníamos una botella de pisco a nuestra merced. Cuatro gallos, decía la etiqueta. Vaya nombre. Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo. Salud, compadre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada encuentro de los cuatro era un triunfo desde hacía algunos años, cuando la vida se había puesto seria, y el dinero, el trabajo y las mujeres nos habían alejado. No podíamos hallar entre las primeras carcajadas la fecha exacta de nuestra última vez. Yo tenía una hipótesis, pero preferí callar. Lo concreto es que éramos amigos desde siempre, y cuando estábamos juntos nos olvidábamos de interpretar los roles que nos había asignado el destino. Aldo no era más el payasito de su grupo de trabajo. Manuel no tenía que ensayar aquellas posturas importantes frente a los clientes de la empresa de su padre. Y Guillermo dejaba de vender, de exagerar, de mentir para ganarse el pan de cada día. No recordábamos detalles de nuestro último encuentro, generalmente bañado de risas, apodos y una que otra confesión, pero tenía la certeza de que esta vez el más necesitado de aquello era yo. Llevaba un mes sin empleo desde que la revista a la que le dedicaba mediocres artículos me había mecido por tercera vez en cuanto al aumento del miserable sueldo que me pagaban, y no tuve más alternativa que renunciar. Dignidad le dicen. Las pelotas. Andaba con la moral por los suelos, sin mucho por ofrecer y con la sospecha de que Mariana me había perdido la fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes gallos se diferenciaron totalmente de Manotas y Chirozo. Tanto que no tuve ni tiempo de memorizar sus nombres. Las peleas de estos animales duran realmente muy poco, escasos segundos vibrantes que de vez en cuando regalan a la multitud rastros de sangre. Parece que los gallos de pelea se atacan por instinto. Basta que sientan la presencia de un similar para empezar a pelear. Llevan cual prótesis una eficiente navaja, el arma mortal. Y todo concluye cuando el gallo derrotado (muerto) entierra el pico. En muchas peleas el vencedor deja de existir segundos después de su triunfo, y en pocas ocasiones, el triunfante logra permanecer entero para participar en otra pelea. Guillermo era el único especialista. Las apuestas corrían mínimo desde 50 soles y él se había adjudicado ya 200. Como en todo ritual en el que influye el azar, había que tener cierto tino para no perder por goleada. Poco a poco, sin siquiera hablar, nuestro amigo nos estaba incentivando a participar, a dejar de lado las apuestas internas que en su pico máximo de emoción, llegaron a cinco soles. Para ese entonces el gallo que más quería era el de nuestra botella. Sentí que me estaba emborrachando mucho antes que mis amigos. Debe ser el estrés, pensé. Y los observaba eufóricos ante las maniobras de los púgiles con plumas, interrumpiendo su rictus únicamente para contestar las llamadas de sus mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí Mariana no me había llamado. Tampoco me había puesto peros tras comentarle la posibilidad de salir un sábado por la tarde sin ella y a beber alcohol. Cosa rara. Mis tres amigos sí tuvieron complicaciones. Aldo hasta tuvo que mentir. Más tarde, cuando las peleas hayan declarado al campeón y el pisco nos embarcase a la conversación sincera, hablaría de mi trabajo y del dolor por un ingrato futuro económico. Me darían consejos y tal vez propondrían algún contacto. Cholo, ya sabes que si necesitas billete, pídeme nomás. Hubiese preferido hablar de Mariana. Les hubiese comentado a mis tres gallos el tiempo que llevaba sin hacerle el amor, sus gestos forzados al hablarme, su escasez de compromiso, su poca similitud con la mujer que me había hecho pensar en el para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las peleas de gallos sí hay hembrones. No sé bajo qué criterio acuden en masa a ese lugar tan ajeno a las discotecas en las que terminarán la noche. Lo cierto es que, sin exagerar del todo, en el coliseo podemos encontrar casi un desfile de modas. Todas acompañadas de grandes grupos de hombres de la clase más alta de la capital, atiborrándose de cervezas y convirtiendo el palco preferencial del lugar en una connotación de un after party de concierto de lujo. En algún momento de la jornada nos dirigimos hacia allí, a contemplar a las chicas. Ese era, según los mails de Aldo y Manuel, nuestro propósito principal de la actividad sabatina al fin y al cabo; y con el pretexto de comprar unas cervezas, iniciamos el patético espectáculo que suele ofrecer un grupo de cuatro ex chiquillos que ni siquiera por la experiencia y el garbo que ofrece una billetera con tarjetas de crédito son capaces de confrontar a una dama. Nuestros ojos destilaban pisco y excitación. La antítesis de lo que necesitaba cualquier mujer en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hubo algo que me empujó a cambiar la historia. Quizás el hecho de creerme por primera vez aquello de “no tengo nada que perder”. Tal vez el velorio en el que se hallaba mi celular. O el vértigo que ofrece una pelea de gallos. Y es que el cortejo tiene similares desenlaces, hay un perdedor y un sobreviviente, o en el peor de los casos, la indiferencia de Chirozo y Manotas. Escogí a una linda chica, lucía un saco verde y la sonrisa perfecta. Pude haberle dicho cualquier cosa pero para la anécdota quedarán frases como mi papá cría gallos, es el santo de una amiga y no, no tengo novio. Mis tres gallos observaban más allá cómo un beso en la mejilla aparentaba el triunfo del cuarto, el más necesitado de gloria, que se selló un rato después con un salud a lo lejos que se prestaba para todo tipo de interpretación. Hubo varios picotazos de envidia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para una de las últimas peleas, entre Aldo, Manuel y yo juntamos 50 soles y apostamos, tercos, en contra del gallo que eligió Guillermo. Perdimos, y contrapesamos la desazón embutiéndonos un par de sánguches de lechón y una porción de anticuchos. La noche aún tenía camino por ofrecer y cada uno un plan distinto junto a sus parejas. No nos veríamos hasta dos semanas después, cuando los convoqué para darles la noticia. Esa noche Mariana me recibió en su casa sin variar su indiferencia. Odié a Chirozo y a Manotas. Pensé en los sobrevivientes y en su dañado futuro. Y quise enterrar el pico, pero quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-5541258586286854222?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/5541258586286854222/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/09/cuatro-gallos-f.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5541258586286854222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/5541258586286854222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/09/cuatro-gallos-f.html' title='Cuatro gallos (F)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-4121516916250138789</id><published>2009-08-20T17:31:00.000-07:00</published><updated>2009-08-21T01:10:21.327-07:00</updated><title type='text'>Promesas incumplidas de la pelota (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Este texto le rinde homenaje a los futbolistas que por una u otra razón, no rindieron lo que se esperaba de ellos. Hay algunos ejemplos discutibles, otros que son un consenso. En todo caso están los que alguna vez, con su talento o su poder mediático, me ilusionaron en vano. Está dedicado a todos mis amigos peloteros. Todos ellos unas promesas incumplidas.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los consagrados:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El dribleador de emociones&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que Ronaldinho sorprenda con sus amagues de fantasía o que Cristiano Ronaldo deslumbre al mundo con sus bicicletas, hubo un jugador que hizo del fútbol una connotación del malabarismo. Se hacía llamar Denilson y era brasilero. Contemporáneo de Ronaldo, supo protagonizar en su momento el fichaje más caro del mundo en la temporada 98-99, cuando aterrizó en el Betis de Sevilla. Nunca colmó las expectativas. Con la camiseta de su selección, fue protagonista en el título de la Copa América en Bolivia 97, pero luego sus actuaciones se fueron diluyendo. Ni siquiera su presencia en el fantástico equipo brasileño del Mundial de Francia 98 será recordada amablemente. Denilson fue una estrella fugaz. Hábil como pocos para dejar desparramados y humillados a los rivales, cuando le tocó ser efectivo, cuando le llegó la hora de ponerse un equipo al hombro, decepcionó y decepcionó. En el Betis jamás se olvidarán de él. El fichaje que los hizo soñar con títulos y consagraciones internacionales los terminó hundiendo en reproches y silbatinas; y una larga racha de frustraciones que se coronaría incluso años después con el descenso. Denilson jugó luego en Francia, Arabia Saudita y Estados Unidos sin cambiar su suerte. Retornó a Brasil en búsqueda de afecto popular y tampoco destacó. Lo último que se supo de él fue que anduvo por el fútbol de Vietnam, haciendo gala de su pasado para cerrar contratos millonarios hasta el final de su carrera. Las lesiones lo terminaron por hundir hace poco, a los 32 años. Una lástima. No hubiese sido raro tenerlo como protagonista de las portadas de diciembre a enero, publicitando su llegada, con bombos y platillos, a algún equipo “grande” de nuestro alicaído fútbol. Eso sí, para mí y todos los futboleros de mi generación, esa bendita e imposible jugada que venera Cristiano Ronaldo, de mover los pies por encima del balón y burlar rivales sin tocarlo, está inmortalizada como “la de Denilson”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La tetera negra&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Los juegos olímpicos no le llegan ni a los tobillos al Mundial, pero hubo un año en el que el fútbol fue protagonista de las olimpiadas, y logró captar televidentes casi a la par de la Copa del Mundo. Fue en Atlanta 96, cuando por Sudamérica participaron Brasil, abanderado por Ronaldo, y la Argentina de la fantástica generación de Orteguita, Crespo y el “Piojo” López. La medalla de oro tenía que caer en uno de estos dos equipazos. Pero el campeón vino de África. Liderados por el extraordinario Nwankwo Kanu, Nigeria dio la sorpresa, eliminando en semifinales al “Scratch”, y en la final derrotando a Argentina con un gol en el último minuto. Kanu fue en ese entonces el mejor del mundo. Desplazó a Ronaldo incluso. Era un jugador atípico, pues medía casi dos metros. Pero el ardid de su juego estaba a ras del suelo. Poseedor de una técnica exquisita, con olfato goleador y solidario. Un crack. Apareció en el Ajax de Holanda y luego de su mentada participación en Atlanta 96 lo compró el Inter de Italia. Un problema en el corazón casi acaba con su carrera, pero logró sobreponerse. Volvió al fútbol para beneplácito de los que lo amábamos, aunque jamás fue el mismo. Ni en el Arsenal fantástico de Wenger, donde nunca se ganó la titularidad. Ni en su selección. Luego de pasar desapercibido de la óptica mundial del fútbol, apareció a cuentagotas en el Portsmouth inglés, equipo en el que juega hasta hoy. A veces dan ganas de verlo, pero su lejanía con aquel morocho de bigotes pálidos que festejaba transformándose en una enorme tetera sus golazos, hacen que uno cambie de canal. Kanu pintaba para refuerzo rimbombante del Real Madrid cuando apareció en el fútbol. Hoy, a los 33 años, es un master en actividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El ídolo ingles&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberto Ayala hasta hoy debe tener pesadillas con el partido por octavos de final en el Mundial de Francia 98 entre su Argentina e Inglaterra. Aunque aquella vez el triunfo fue albiceleste, Ayala pasó a la historia porque sufrió la fractura emocional de su cintura al ser amagado por un petizo de dieciocho años que respondía al nombre de Michael Owen. Ese fue el inicio de la que sería, según vaticinio de todo conocedor del buen fútbol, la brillante carrera del futuro crack inglés. Owen estaba destinado a ser el hombre orquesta de la Inglaterra campeona del mundo luego del lejano 66. Eso jamás ocurrió. Pese a varios buenos partidos con el Liverpool inglés, y uno que otro gol vestido con los colores de su país, Owen jamás se sacó de encima la chapa de ser una promesa. Nunca despegó. Y aunque tuvo siempre la suerte de su lado en cuanto a poder mediático (recordemos su sonada transferencia al Real Madrid), el Liverpool volvió a ser gigante una vez que él abandonó el equipo. Después las lesiones terminaron por desligarlo de la simpatía del hincha. Llegó al Newcastle, club con el que descendió la temporada pasada. Y hoy tiene una nueva oportunidad (acaso esperando su despegue a los 30 años) en el Manchester United, equipo que le ha dado la camiseta número 7 (sí, la de Cristiano Ronaldo, Beckham y Cantoná). Para muestra de lo que es Owen es cuestión de consultarle a Konami, la empresa líder en videojuegos peloteros. Owen ha sido siempre en el Play Station un modelo de lo que pudo haber sido en el césped. Veloz y goleador. No confío en una buena etapa suya en el Manchester, ya le perdí la paciencia. Pero en el Winning, a Owen dámelo siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El “Puma” merengue&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El Real Madrid, acostumbrado a comprar siempre a lo mejor del mercado, en la temporada 1999-2000 se adjudicó de los servicios de Nicolás Anelka. El “Puma” venía de grandes campañas en el Arsenal de Inglaterra, donde fue ídolo. Y por su porte de boxeador y su extraordinaria precisión en el área, era fácil imaginarlo como el delantero potente que le faltaba al Madrid, su hombre gol. En síntesis, un calco (o una aproximación) a lo que había sido Ronaldo algunas temporadas atrás en el Barcelona. No fue así. Habitualmente relegado a la suplencia por el cumplidor Fernando Morientes, el paso de Anelka por la entidad blanca (aunque coronado con la Champions del 2000) pasó rápidamente al olvido. La carrera del “Puma” tuvo un tremendo bajón. El PSG de Francia, el Manchester City y el Fenerbache de Turquía fueron los clubes donde intentó en vano reposicionarse como un delantero A1. Luego de un resurgimiento en el Bolton de la Premier League, fue fichado por el Chelsea. Anelka en ese club, reconociendo su lugar como atacante de un nivel secundario, ha adoptado la postura que más le conviene hoy: ser actor de reparto. En el Chelsea matan por Drogba. El “Puma” es el delantero que de vez en cuando les regala un hat-trick, pero a la hora de la hora, falla un penal decisivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los efímeros:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El “angelito” de Madrid&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En un fútbol tan comercial y globalizado como el de hoy es difícil valorar a los ídolos. Terminan siendo reemplazados al primer error, o resistidos por la hinchada. Más difícil se pone la cosa si el ídolo es un delantero. El Real Madrid podrá ser el equipo más derrochador de la historia en cuanto a fichajes se refiere, pero ha sabido mantener en un alto pedestal a su jugador emblema: Raúl. A inicios de esta década corrió el rumor de que aparecería el heredero de Raúl, y que llegaría de las divisiones menores del club. El señalado era Javier Portillo, un atacante eficiente que superó todos los récords del fútbol infantil con la casquilla merengue. Dicen que anotó más de 700 goles, y eso fue suficiente para que el madridismo se ilusione con su “nuevo Raúl”. Nunca pasó nada. Portillo jamás se ganó la titularidad, y fue perdiendo peso en el plantel hasta que terminó (luego de un paso fugaz por la Florentina) en el Gimnastic, equipo con el que perdió la categoría, y posteriormente en el Osasuna. Alguna vez fue portada por su look atrevido y por sus ganas ventiladas de superar a Raúl. Hoy pasa desapercibido en la Liga de las estrellas. Pobre, Portillo no la tuvo fácil. Estamos hablando de Raúl, un crack que supo dar siempre un poco más que los delanteros que le trajeron para desterrarlo. Y en esa índole mencionamos a Anelka, Owen, Ronaldo, Van Nistelrooy, Huntelaar. ¿Portillo? Hasta por acá suenan las carcajadas de Raúl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Guillermo hay uno sólo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Carlitos Bianchi lo calificó como el mejor jugador del Boca Juniors que ganó el título argentino en 1998. Y es que Adrián Guillermo, el popular “Escobillón”, resolvió partidos claves con su inclusión desde el banco de suplentes. Delante de él estaban los mentados Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto, y se tuvo que comer sin reclamos la suplencia. Pese a eso, sus amagues y su veloz desborde eran reconocidos por la hinchada xeneise. Cuando fue convocado a una selección sub 20 de Argentina sufrió la rotura del ligamento cruzado de su rodilla derecha. Entre Boca y la selección se echaban la culpa. Al final corrió el rumor de que se había lesionado jugando en su barrio. “Escobillón” se quedará en la retina de todos los que disfrutamos con ese Boca de Bianchi que recién empezaba a gritarle al mundo su poderío. Tiempo después de ese 98 se consagrarían y no pararían en una bendita racha de ganar campeonatos hasta hoy. Claro, sin “Escobillón” en el plantel. Tal vez le jugó mal el apellido. Guillermo en Boca es y será siempre el mellizo Barros Schelotto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los nuestros:&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El diablo de la botella&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Perú somos especialistas en ensalzar a las promesas. Llenarlos de portadas y elogios para después disfrutar de su caída. Hay muchísimos ejemplos de futbolistas que aparecieron como futuros cracks y terminaron en el olvido. Se me viene a la cabeza el “Diablo” Carazas por ejemplo. Un jugador que se “encontró” el “Puma” Carranza en una pichanga de barrio y se lo llevó a la “U”. En ese equipo destacó en una Copa Libertadores ante los uruguayos, y hasta llegó a la selección que jugó la Copa América de Bolivia 97. Luego la carrera del “Diablo” se fue diluyendo. Aunque tuvo un afortunado desliz por el Belgrano de Córdoba, su nivel bajó hasta que caló (entiendo que hasta hoy) en equipos de Segunda. Dicen que siempre fue “amigo” de la bebida y la mala noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los “Potrillos” cremas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La “U” del 98 se consagró campeón gracias al trabajo de Osvaldo Piazza con los juveniles. De ese plantel salieron prospectos de cracks que terminaron apagándose. Hoy nadie se acuerda de Cotito o de Matellini, habituales piezas de recambio. Y la carrera de “Machito” Gómez o “Pompo” Cordero ha tenido mucho más bajos que altos. Hubo una época en la que Alfredo Gonzáles soñó con venderlos al extranjero y hacerse millonario. Hoy los tiene que padecer cuando de vez en cuando, si les toca enfrentar a la “U” con sus equipos de provincia, sacan a relucir un poquito del talento que alguna vez ilusionó a la fanaticada merengue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El agrandado&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso más reciente y por eso no menos patético es el de Reimond Manco. Estandarte principal de la selección sub 17 de “los Jotitas”, adoptó demasiado rápido las malas mañas de los futbolistas de nuestro país. No tenía ni cuatro partidos en Primera y ya se comportaba como consagrado. Fue vendido al PSV de Holanda, y en ese club, que alguna vez supo idolatrar a la “Foquita” Farfán, nunca se acomodó. Hoy anda lesionado y desmotivado. Aún no llega ni a los 10 partidos en Primera pero ya viste “Dolce &amp;amp; Gabana”, maneja un carrazo y mete mujeres a la concentración. Una vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El mío:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparecer a los 16 años en la selección de tu país. Jugar una Copa América a esa edad y ser figura. Anotarle un golazo a Argentina. Ser vendido al Parma de Italia. Todo eso le pasó a Jhonier Montaño, actual jugador del Alianza Lima. Es uno de los tantos volantes ofensivos que han tenido que cargar con la responsabilidad de suplantar al “Pibe” Carlos Valderrama en Colombia. Y así como Mayer Candelo, Giovanni Hernández o el “Mao” Molina, se quedó en el camino. Jhonier desapareció de la retina del hincha mundial hace tiempo, y recaló en el Sport Boys del 2007 para resurgir de las tinieblas. Literalmente. Hoy lo soportamos en Alianza Lima, anhelando ver a aquel muchachito revelación de una Copa América, y muy de vez en cuando, disfrutamos de la exquisitez de su zurda. Montaño, para mí, aún hoy es una promesa incumplida. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-4121516916250138789?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/4121516916250138789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/08/promesas-incumplidas-de-la-pelota-y.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4121516916250138789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/4121516916250138789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/08/promesas-incumplidas-de-la-pelota-y.html' title='Promesas incumplidas de la pelota (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-6886328712627763098</id><published>2009-08-13T02:30:00.000-07:00</published><updated>2009-08-13T02:35:35.826-07:00</updated><title type='text'>Mad about Weeds (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A Pende, Luquillas, Rafo y Yorch, quienes en este largo período de ausencia, me reclamaron hasta enfadados mi abandono a la conciencia. Ojo, texto machista.  Mujeres abstenerse, por si las moscas. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alguna vez un futuro cineasta me comentó que para él era básico en una película que la protagonista femenina sea muy atractiva. Que sea linda, me dijo, genera química con el espectador. Hace unos días fui al cine a ver “La felicidad trae suerte”. Un film que tiene como protagonista a una mujer. En teoría, a un personaje adorable. No la soporté. La dosis de belleza falló. Y fue más fácil notar su extrema delgadez, el disonante ritmo de su risa, su poco agraciada encía. Recordé a mi amigo cineasta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de hacer un breve repaso por las mujeres que me han conquistado en la pantalla grande (liderando el ranking, y perdón por la franqueza, la mágica Cameron Díaz) llegué a la conclusión de que la belleza de la mujer se vuelve incluso más importante en las series de televisión. Muchas veces es un factor determinante para volver a ver un capítulo pese a que la trama no es del todo buena. Y en mi vida hay casos clarísimos, como “Verano del 98” por María Celeste Cid o “Rebelde Way” por Luisana Lopilato, la inolvidable Mía, que logró un consenso en el apogeo de la serie en el Perú: todos los hombres la amábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay ocasiones en que el contenido de la serie supera a cualquier protagonista, y en el camino, gracias a su desempeño, terminamos templados de una mujer sin que sea necesariamente una top model. Ahí triunfa el talento. Y el desenlace es parecido al amor: creemos que la actriz es en la vida real como su personaje, y la queremos para nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha pasado en tres distintas etapas de mi vida. Con tres series televisivas. Con tres mujeres protagonistas. La historia se confabula de la misma manera: seguir a la multitud y engancharse tarde a un éxito televisivo, disfrutar de la trama, conocer a la protagonista, someternos a ella hasta el punto de sentir celos cuando un pobre diablo alcanza sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me sumé a la apoteósica cantidad de fanáticos de Friends una tarde de finales del 2000, cuando el sexteto más popular de los noventas alborotaba las noches del mundo entero. Y recuerdo que antes de que surja el idilio, Jennifer Aniston era para mí una rubia común y corriente, de cabeza algo más grande de lo normal y voz chillona que no duraba ni dos segundos en mi televisor. Hoy reto a cualquiera a competir por quién anticipa más rápido sus intervenciones en los archirepetidos pero imprescindibles capítulos de su serie. A Rachel la amaré eternamente. Y con Jennifer Aniston seré un juez implacable al momento de calificar si valen o no la pena sus eventuales parejas en cuanta película aparezca, con un régimen que ni siquiera Matt LeBlanc pudo superar cuando a los guionistas de Friends se les ocurrió que Joey podría conquistar a Rachel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi primer amor de pantalla fue otro. Y ocurrió en el despertar de mi adolescencia, cuando las chicas del mundo real empezaban a llenar de baches mi corazón. Yo me moría por tener una novia, y quería a la de Paul Buchman. Helen Hunt hacía el papel de Jamie en la fabulosa “Mad About You”. Yo la veía todas las noches antes de dormir por el canal 5, y fue la primera mujer que me conquistó por su carisma. Jamie no poseía un rostro hermoso. Tampoco un cuerpo escultural. Pero era fundamentalmente adorable. Tierna, graciosa, sarcástica y cruel. En ese entonces, a la chica que me volvía loco en mi mundillo adolescente la veía parecida a Helen Hunt, y fantaseaba con una relación con ella tan chévere como la de Paul y Jamie. Quería que me extrañe cuando me vaya de viaje y que no soporte una fiesta sin mí, como ellos. Quería un Murray como mascota antes que a un hijo. Quería ser cineasta y enloquecer deliciosamente por mi propia Helen Hunt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaya que estoy viejo. Las series han variado de tónica. Las relaciones de pareja ya no venden. Tampoco los grupos de amigos perfectos en las orillas de una cafetería. Hoy lideran la audiencia éxitos como “24”, “Prison Break” o “Héroes”, programas que me rehúso a seguir por mera flojera. Hoy están de moda las series ambientadas en hospitales, que no hacen más que recordarme que algún día moriré, y rescatando a “Scrubs”, no las tolero. Hoy es la voz carcajearse por disfuncionales antihéroes como el gran Charlie en “Two And a Half Men”, o sacarle le lengua a la nostalgia para descubrir algún detalle nuevo en el eterno “Seinfeld”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero dentro de los modernos éxitos también hay espacio para el amor. Hoy mi mujer inalcanzable favorita no está inmersa en una mágica relación de pareja. Tampoco es la mesera más sexy de la historia de las cafeterías. Hoy mi chica preferida tiene la mirada esquiva y es una oda al relajo mientras pasa la vida vendiendo marihuana. Se llama Nancy Botwin y en la vida real la conocen como Mary-Louise Parker. Es la protagonista de una serie llamada “Weeds”, que una tarde de domingo, similar a las de Agrestic, barrio ficticio donde viven los Botwin, encontré junto a mi novia en algún canal de cable. Como los tiempos han cambiado también en la velocidad, seguimos el desenlace desde sus inicios gracias a la magia de la piratería de nuestro país y a un dvd que de vez en cuando ronca. Así hemos pasado temporada tras temporada en maratónicas jornadas de fin de semana, mientras Nancy me conquistaba con muecas indescifrables y una voz como la hierba, apacible y embustera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi idilio con “Weeds” me deja como a los ancianos frente al Internet. Ya no sé qué esperar. Si mi actual chica inalcanzable vende hierba para sobrevivir a la viudez y lo hace magistralmente, cómo será la próxima. Nancy, como Rachel, y a diferencia de Jamie, tiene sexo con muchos hombres. Ese fue el primer avance. El primer cambio. Lo que es menester de la protagonista de “Weeds” es su capacidad de involucrarse con hombres casados, con negros, o con latinos perversos. Y según avanzan las temporadas se vuelve más promiscua. Para beneplácito de sus fanáticos, incluso, ya ha aparecido con las tetas al aire. Cuánto hubiésemos dado por gozar con los pechos de Rachel. A Nancy la queremos todos. Y sus encantos alcanzan hasta a su cuñado, que la observa con voracidad morbosa; o a su hijo menor, que le dedica no pocas masturbaciones a antiguas fotografías que la muestran desnuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una época en la que soñaba con hacer las típicas cosas de pareja con una chica que me volvía loco. Luego deseé con controlada morbosidad tener sexo con una “amiga” en una cafetería. Hoy quiero tocarle la puerta a la “dealer” más hermosa del mundo, y si me lo permite, alucinar el futuro juntos.&lt;br /&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-6886328712627763098?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/6886328712627763098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/08/mad-about-weeds-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6886328712627763098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/6886328712627763098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/08/mad-about-weeds-y.html' title='Mad about Weeds (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_dOTLQS33qLg/TMctDHPMjNI/AAAAAAAAAGQ/yzVwK6JjaXg/S220/con+In%C3%A9s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2855412792592300408.post-7119807992548546142</id><published>2009-07-14T01:23:00.000-07:00</published><updated>2009-07-14T01:41:37.177-07:00</updated><title type='text'>Ninguna como la mía (Y)</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;A mis primos Guille y Javicho, con el alma y el consuelo que no les puedo dar. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En uno de los recuerdos más añejos de mi infancia aparece Cecilia. Estoy en San Bartolo y es de noche. Mis padres se preparan para la juerga sabatina y a mí me va a costar dormir. Entonces asoma una mujer de ojos imponentes que me quiere leer un cuento, y me la presentan como mi tía. Debe haber sido su belleza, pues eran sus años mozos y a todos nos consta que Cecilia fue una mujer hermosa, pero hasta el día de hoy recuerdo esa escena. Ella leyéndome con cariño de tía. Ella sorprendida por mi habilidad al seguirle la trama con vocación de maestra. Quién diría que tiempo después se convertiría en una mujer fundamental para mi vida. Y construiríamos una relación que no tiene nombre, que sobrepasa los adjetivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cecilia fue mi profesora desde sexto grado hasta quinto de media, y escenificó magistralmente lo que significó (y lo que significa) Los Reyes Rojos para mí: autoridad, amistad, amor maternal, orgullo mutuo. Yo entré al colegio en segundo grado de primaria. Debo poseer un récord, pues jamás cursé el primero. Me adelantaron cuando notaron luego de una serie de exámenes que yo había aprendido en mi nido todo lo que enseñarían en el primer año de la primaria. Entonces recuerdo haber sido alguna vez el nuevo del salón, y todo nuevo atraviesa por el ritual de presentarse en una ceremonia repleta para decir, entre otras cosas, de qué colegio proviene. Yo no llegaba de ningún colegio, y me daba una vergüenza extrema contar que venía, a segundo grado, de un lugar llamado “Mi pequeño mundo”. Sentía esas temibles cosquillas en el estómago que no me abandonan hasta hoy cuando estoy en aprietos. Quería desaparecer. Cuando llegó mi turno y me hicieron la pregunta de rigor ya me estaba cagando en los pantalones. Mi primera opción era quedarme callado, pero erróneamente elegí la segunda. “¿De qué colegio vienes?”, me dijeron. “No me acuerdo”, respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que las carcajadas se apoderen del lugar, apareció Cecilia. “Él no viene de otro colegio, viene de frente de un nido”. Desde ese momento entendí que en Los Reyes Rojos jamás estaría solo. Desde ese momento Cecilia se robó mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después llegaron años hermosos. Cecilia fue para mi promoción una profesora espectacular. No hay quién no la haya querido. Nos amó y la amamos. Nos vio crecer. Superar las pruebas de sexto, descubrirnos en la secundaria. Tuvo que soportar nuestra adolescencia y nuestros cambios hormonales y físicos. Nos dijo adiós entre lágrimas cuando nos tocó partir. Y supo siempre cómo tratarme. Notó mi tendencia al perfil bajo y jamás me exigió salir de allí. Cuando había que levantarme el ego, me engreía con abrazos o exageradas felicitaciones que me enrojecían el rostro. Cuando había que encarrilar mi desidia, ponía cara de mala, y con voz autoritaria, me obligaba a estudiar un poco más. Cuando había que desahuevarme se las ingeniaba para obligarme a cantar en una mítica clausura. Y cuando había que plasmar la furia o la reprimenda severa, no podía. A Cecilia como a mi madre, le gané esa batalla clave, cuando el amor te incita a callar, a pasar por alto ciertas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ella tengo infinitos recuerdos. Su festejo como si fuera un gol (o en su caso, un punto que valdría un set) en cada uno de mis triunfos. Cuando pasé las pruebas de sexto o cuando me paré frente al mismo público de mi debut en Los Reyes, pero nueve años después, a cantar los coros de “La llave”. Cuando en primero de media se enteró que me gustaba una chica de quinto y no cesó de molestarme hasta lograr que aquella rubia espectacular se diera cuenta de mi existencia, alegrando mis mañanas. Cuando tiempo después, en cuarto de media, nos encontramos con la misma rubia en un campamento en Cerro Azul, y le noté a Cecilia el pícaro gesto que la caracterizó al momento de la chacota, y al descubrir mi rostro adusto a lo lejos, entendió que esta vez debía callar. Cuando a la hora del vals en el quinceañero de mi hermana me sacó a la fuerza de mi escondite, y gracias a ella hoy tengo esa foto que por mi timidez no debió existir. Cuando me dijo en tercero de media que estaba orgullosa de mí, y me susurró al oído: “ahora sólo te falta una hembrita”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué paradoja Cecilia, las hembritas no desfilarían muy a menudo por mí desde aquel otoño del 96. Me bastaron poquísimas. Por eso hoy escribo sin pudor que entre las tres o cuatro mujeres más importantes de mi vida estás tú. Por eso te voy a recordar para siempre. Por eso hasta hoy, casi tres semanas después de tu partida, sueño contigo todas las noches. Por eso cada vez que hablo de ti me emociono. Por eso recién le gano la batalla a mi cobardía, y a mi manera, como lo hice con Constantino, me despido tecleando agradecimiento. Por eso, como diría Vicentico, “juro que la cara voy a dar cada vez que alguien te nombre, aquí o allá”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cecilia ya no está más entre nosotros. Parece increíble, pero no la veré ya en las clausuras del cole, o en el malecón de San Bartolo. Parece mentira que no tendré su saludo. Su sonrisa partida, su criollismo, su porte de diva linda. Su enigmática mirada y sus manifestaciones de afecto tan particulares y especiales, que para mí siempre valieron por dos. Me deja como legado una escolaridad entrañable, el recuerdo de su imagen impactante ya sea leyéndome un cuento o gastándome una broma. Y sobre todo, me deja a dos primos extraordinarios, en los que la veré reflejada siempre, siempre, siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Reyes Rojos estamos de luto. Se fue la reina. Sólo nos queda el orgullo de haberla conocido, de haber plasmado en nuestra educación tanto amor y compromiso. Una maestra de verdad. Los Reyes Rojos sabemos que todos tienen a su profesora favorita, pero ninguna como la nuestra. Ninguna como la mía. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2855412792592300408-7119807992548546142?l=concienciaenoffside.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/feeds/7119807992548546142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/07/ninguna-como-la-mia-y_14.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7119807992548546142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2855412792592300408/posts/default/7119807992548546142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://concienciaenoffside.blogspot.com/2009/07/ninguna-como-la-mia-y_14.html' title='Ninguna como la mía (Y)'/><author><name>Gabriel Reaño</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13553619946181683148</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/200
